(Por motivos de seguridad, se omite el nombre del estudiante entrevistado)
Antes que nada, ¿cómo se encuentra usted?
Para ser sincero, es difícil hablar de estar bien en estas condiciones. Vivimos una situación en la que cada día escuchamos el nombre de un amigo, un compañero de clase o de lucha que ha sido asesinado o detenido. Las familias están de luto, las universidades cerradas, Internet cortado, y vivimos en una especie de vacío informativo que en sí mismo constituye una forma de tortura psicológica. Emocionalmente, estamos en una mezcla de ira, tristeza y esperanza. Ira por tanta injusticia y derramamiento de sangre, tristeza por la pérdida de seres queridos, y una esperanza obstinada basada en la convicción de que esta situación no es sostenible. Quizás lo más importante que nos mantiene en pie es este sentido de responsabilidad histórica: no podemos quedarnos en silencio y permitir que estos crímenes queden impunes. Pero debemos ser honestos: la presión psicológica es enorme. Muchos de nosotros sufrimos ansiedad, insomnio y un miedo constante. Miedo a la detención, miedo por la vida de nuestros amigos, miedo a un futuro incierto. Aun así, seguimos en pie y seguimos luchando.
A pesar del corte de Internet y de la represión generalizada, han salido al exterior imágenes de la masacre cometida por las fuerzas de seguridad. Sin embargo, las protestas no se han detenido e incluso se han visto escenas de alegría y solidaridad en las calles. ¿Qué sentimientos experimenta cuando sale a las calles de Teherán?
Respuesta: Lamentablemente, fue solo cuando las personas empezaron a recuperar acceso individual a Internet y vimos los videos que comprendimos realmente lo que había ocurrido. La verdad es que ninguno de nosotros sabía la magnitud de la represión y la masacre a las que nos enfrentábamos. Irán es un país grande y diverso, y en las protestas recientes muchas regiones del país se sumaron y fueron reprimidas brutalmente. Debido al corte de Internet, incluso las líneas telefónicas y los mensajes de texto estuvieron casi dos días inactivos. Los SMS se restablecieron cerca de una semana o diez días después, y las llamadas telefónicas tras dos días. Un dato impactante es que durante las primeras dos horas del corte telefónico no se podía llamar ni a emergencias médicas ni a la policía; incluso las líneas de emergencia estaban fuera de servicio. Ver esas imágenes después de los hechos fue un golpe devastador. Estas escenas de alegría y solidaridad en las calles me parecen muy selectivas. Personalmente, siento que uno de los mayores peligros que amenazan el futuro de estas protestas es la exposición excesiva al sufrimiento. Desde que Internet volvió —aunque en realidad nunca volvió del todo— pasamos de un corte total a una situación en la que, con enormes dificultades, solo un porcentaje muy pequeño de la población, quizá menos del 10 %, incluso entre mi entorno que se considera la élite de Teherán, tiene acceso, y además de forma intermitente e inestable. No vimos ni un solo video repetido, no escuchamos ni un solo nombre repetido. El volumen de sufrimiento, el volumen de asesinatos, las imágenes existentes son realmente insoportables y nunca se borran de la mente humana. Por eso no puedo decir que estemos viviendo una situación emocionalmente buena. En mi opinión, uno de los mayores peligros actuales es precisamente el trauma, el dolor y la disminución de nuestra capacidad de resistencia.
La chispa inicial de las protestas fue la presión económica, la alta inflación y la caída del valor del rial; pero muy rápidamente vimos una radicalización de las demandas y un paso de las reivindicaciones económicas al rechazo total del sistema. ¿Cómo explica este proceso?
No se trata de un giro repentino ni de una politización súbita. En primer lugar, quienes encendieron la chispa inicial en Teherán fueron los comerciantes del bazar, una institución históricamente central para la República Islámica y parte de su núcleo duro. Estas protestas son el resultado directo de políticas que trasladaron durante años la presión económica a los sectores más silenciosos y empobrecidos. Con la devaluación continua del rial y el endurecimiento de las sanciones, el régimen llegó a un punto en el que ya no podía descargar toda la presión sobre los sectores más bajos. Aunque las sanciones golpean sobre todo a los pobres y aumentan la desigualdad, el saqueo sistemático de los recursos por parte del régimen convive con el hecho de que Irán tenga uno de los mayores números de millonarios de la región. Finalmente, el régimen recurrió a políticas neoliberales como la eliminación del tipo de cambio preferencial, el aumento del IVA y los recortes presupuestarios, extendiendo la presión a sectores más amplios, incluido el bazar. El rápido aumento del dólar fue la chispa, pero la sociedad iraní llevaba años en una situación de “fuego bajo las cenizas”. El descontento acumulado por la pobreza, la represión, las ejecuciones, los asesinatos y el gobierno religioso ya había vaciado al sistema de toda legitimidad. El levantamiento de “Mujer, Vida, Libertad” tras el asesinato de Jina Amini fue otro ejemplo de este patrón recurrente.
¿Qué papel desempeña la universidad en este contexto?
La universidad ha sido históricamente un espacio de pluralidad y uno de los pocos lugares presentes de forma constante en todos los movimientos sociales de Irán. Es un lugar donde se practica la democracia, donde conviven personas de distintas regiones, clases y visiones políticas. La memoria histórica del 7 de diciembre de 1953, cuando tres estudiantes fueron asesinados tras el golpe de Estado, sigue marcando su identidad. La universidad ha logrado superar falsas dicotomías y resistir intentos de instrumentalización. Por su diversidad y su carácter colectivo, a menudo la llamamos una “pequeña república”, un espacio donde se ensayan formas de decisión colectiva y deliberación democrática.
¿Qué consignas se escuchan hoy en las calles y cómo se relacionan con “Mujer, Vida, Libertad”?
Hoy se escuchan con fuerza consignas como “¡Viva el Sha!” o “Esta es la última batalla, los Pahlaví volverán”, lo que marca una ruptura con 2022. Estos lemas provienen de sectores distintos, más envejecidos y empobrecidos. Sin embargo, dentro de la universidad siguen resonando con fuerza consignas como “Muerte al opresor, sea Sha o Líder” y “Mujer, Vida, Libertad”. Esta ruptura entre calle y universidad se explica por la desesperanza social y por la capacidad de Reza Pahlaví de capitalizar ese enojo, algo que no logró en 2022. Aunque las encuestas muestran que los monárquicos son minoría, la eliminación o el silenciamiento de otras alternativas permitió que su figura apareciera en las consignas, sin que ello implique la inexistencia de alternativas reales.
¿Cómo ha sido la represión del movimiento estudiantil?
La presencia del Basij infiltrado en concentraciones universitarias, la violencia física, la discriminación educativa, las suspensiones, la expulsión de estudiantes, la cancelación de alojamientos, la presión sobre las familias y las citaciones de seguridad han sido herramientas sistemáticas de represión. Muchos estudiantes fueron convocados como “testigos” para privarlos de garantías legales y luego enviados a organismos de inteligencia, donde enfrentaron amenazas. La represión en las universidades es severa, pero aun así protestar allí ha sido históricamente menos letal que en la calle, donde el enfrentamiento es directo con armas de fuego. Por eso resulta especialmente grave que en este movimiento haya estudiantes asesinados dentro o en los alrededores de las universidades.
¿Cómo evalúa el vínculo entre universidad, trabajadores y sociedad?
Las huelgas surgieron como reacción a la represión y a la crisis económica, pero muchos sectores evitaron una participación más amplia por temor a fortalecer a Reza Pahlaví y a un entorno con posiciones autoritarias, antifeministas y antiétnicas. Sin embargo, la historia demuestra que sin la alianza con trabajadores, docentes, camioneros y sectores productivos, el cambio estructural es casi imposible. La huelga general sigue siendo una de las herramientas más poderosas, como lo fue en 1979. El régimen ha logrado debilitar al movimiento obrero organizado, lo que dificulta esta articulación, pero desde la universidad es imprescindible construir puentes, dialogar y mostrar solidaridad. Lo ocurrido en Arak es solo un ejemplo del potencial existente.
¿Qué pueden hacer las fuerzas progresistas en Occidente?
Muchas instituciones y figuras que apoyaron a Palestina guardaron silencio frente a los crímenes cometidos en Irán, lo que ha generado una profunda decepción. La República Islámica ha instrumentalizado políticamente la causa palestina, y una lectura simplista basada en “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” ha llevado a justificar o ignorar la represión en Irán. Algunas voces incluso repitieron la retórica oficial que presenta a los manifestantes como terroristas. Las fuerzas progresistas deben romper este silencio, denunciar los crímenes actuales e históricos del régimen y reconocer que incluso ser de izquierda sigue siendo criminalizado en Irán. Medidas simbólicas como órdenes judiciales internacionales podrían tener un impacto importante. Además, debe señalarse la complicidad de empresas y redes internacionales que colaboran con el aparato represivo del régimen.
¿Por qué consideran peligrosa la construcción mediática de una alternativa “desde arriba”?
Porque la historia iraní demuestra que imponer desde arriba el futuro de la sociedad conduce al desastre. La revolución de 1979 comenzó con una pluralidad de demandas y terminó en una dictadura religiosa. La universidad defiende que cualquier alternativa debe surgir desde abajo, desde la sociedad, a través de luchas reales y procesos colectivos, no ser impuesta desde el exterior por medios o figuras individuales.
¿Las protestas carecen de liderazgo?
No. Existen liderazgos reales, con trayectoria política y social, pero son colectivos, no una sola figura. La universidad puede ser un espacio clave para practicar la política horizontal, formar en democracia, producir discurso crítico y actuar como puente entre distintos sectores sociales.
¿Cuál es el próximo paso del movimiento?
Respuesta: El primer paso es insistir en la reapertura de las universidades, hoy cerradas por el temor del régimen. El boicot a los exámenes virtuales es una forma de resistencia y de memoria. Tras la reapertura, las protestas universitarias continuarán. Sin embargo, el momento es complejo: la represión ha dejado a la sociedad exhausta y traumatizada. El camino siguiente requiere una combinación de estrategias: reorganización y cuidado de las fuerzas, resistencia en múltiples formas más allá de la calle, construcción de huelgas coordinadas, elaboración de una visión clara del futuro de Irán y fortalecimiento de una solidaridad internacional auténtica entre pueblos y movimientos. La universidad, como siempre, está en la primera línea: como espacio de resistencia, de ideas y de esperanza. Incluso si la cierran, incluso si hay detenciones o apagones de Internet, la lucha continúa por un Irán libre, democrático y justo.
Gracias
Bahram Ghadimi, por parte del Colectivo Pensamiento y Lucha
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