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Trump, el imperio y la amenaza global

Fuentes: Rebelión

El ataque de Estados Unidos contra Venezuela no es un acto de defensa de la democracia, de la seguridad ni de la legalidad internacional: es terrorismo de Estado en toda regla. Las palabras que utiliza Washington —narcotráfico, orden, libertad— no son más que excusas para ocultar lo que realmente sucede: sumisión forzada, saqueo de recursos y castigo a quienes no obedecen. Venezuela se ha convertido en un objetivo porque no se doblega a los dictados del imperio y porque sus recursos, especialmente el petróleo, incomodan a la hegemonía estadounidense.

Donald Trump no es un presidente normal: es un peligro público global, un dirigente acorralado por la corrupción, acusado de presuntos abusos sexuales y presunta pederastia, blindado por el poder y rodeado de redes de impunidad. Gobernar para él no es servir al pueblo: es intimidar, saquear, amedrentar y, si hace falta, matar. Controla el mayor arsenal militar del planeta, incluidas armas de destrucción masiva, y tiene la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte de millones de personas con una irresponsabilidad aterradora.

En el plano internacional, su moral es inexistente. Trump no solo desestabiliza países como Venezuela, Colombia, México, Cuba o incluso Groenlandia: abraza y protege a Benjamín Netanyahu, un dirigente acusado por la Corte Penal Internacional de presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad. Mientras Gaza es arrasada, mientras civiles inocentes son asesinados, mientras escuelas, hospitales y campos de refugiados son destruidos, Trump financia, arma y justifica la barbarie, garantizando impunidad y humillando a la justicia internacional. Estados Unidos, bajo Trump, no es un espectador: es cómplice directo de la masacre.

Y mientras tanto, la Unión Europea calla. Calla de forma insólita y servil, ignorando el desprecio flagrante por el derecho internacional. Europa prefiere obedecer antes que defender la legalidad, prefiere proteger los intereses de un imperio armado antes que a los pueblos a los que dice representar. El silencio europeo, su falta de principios y su complicidad activa convierten a la UE en parte del problema, en un actor secundario que avala, por omisión, crímenes y agresiones.

La escalada del imperio es evidente y extremadamente peligrosa. El problema no es solo Venezuela: Trump amenaza a toda la región latinoamericana, manipula la diplomacia con chantajes permanentes y trata países y territorios como botines coloniales, desde Groenlandia hasta Cuba. Su política exterior es un ejercicio de matonismo global, una amenaza directa para cualquier Estado que ose resistirse.

La pregunta ya no es si habrá más ataques, más invasiones o más sanciones ilegales. La pregunta es: ¿quién será el siguiente? ¿España, por su sumisión a Washington y su relación con Marruecos? ¿Groenlandia, tratada como mercancía colonial? ¿Cuba, castigada por resistir? ¿O la propia UE, condenada a la complicidad con el terror imperial?

Porque cuando un presidente acorralado por la corrupción, rodeado de denuncias de presuntos abusos sexuales y presunta pederastia, aliado con dirigentes investigados por crímenes de guerra y con acceso a armas de destrucción masiva controla la mayor potencia militar del planeta, el problema no es político, ni diplomático, ni ideológico: es una amenaza directa para la humanidad.

Traducción al español de “Trump, o imperio e a ameaza global

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.