El mundo se encuentra en medio de una transición histórica caracterizada por: 1. El desplazamiento del eje de la actividad económica mundial hacia el continente asiático, expresión del declive de Occidente y la emergencia de Oriente; 2. El declive hegemónico de Estados Unidos y el resurgimiento de China; 3. El retorno del mundo multipolar donde los BRICS+ avanzan en la construcción de alternativas al capitalismo imperialista y colonialista; 4. La emergencia de nuevos paradigmas científico-tecnológicos y el desarrollo de nuevas fuerzas productivas en ámbitos como el de las energías renovables, transportes y comunicaciones, industrias espacial, robótica y militar e Inteligencia Artificial, entre otras; 5. China, con un proyecto socialista, consolidándose como la primera potencia económica mundial, y 6. Una guerra mundial en curso, ejecutada en distintos tiempos, espacios y actores, que conduce a la confrontación entre Estados Unidos y China.
Con la síntesis de estos hechos como marco general es necesario analizar la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán; pues es en estos frentes de la guerra mundial, así como en la guerra ruso-ucraniana, en donde el imperialismo intenta modificar el curso y evolución histórica. Pero además, es un segundo momento de definición para los pueblos del mundo, pues no hay duda de que Europa ni Medio Oriente serán los mismos después de estas guerras y que el mundo cambiará radicalmente.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel asesinaron a líderes militares, políticos y religiosos, incluyendo al líder supremo de Irán: Alí Jameneí. Desde ese momento, más de 2,000 iraníes han muerto, incluyendo 168 niñas de la escuela Shajareh Tayyebeh, crimen de guerra que indigna a la humanidad y retrata la bestialidad y sadismo imperialista. Además 22,800 personas han sido heridas (Tehrantimes,2026). Los bombardeos a la población civil son el modus operandi, ya que constituyen una práctica sistemática, llevada a cabo por décadas por Estados Unidos e Israel y en Irán han dañado más de 80,000 instalaciones civiles, 280 centros médicos, 600 escuelas y universidades, 64,500 viviendas, es la “noble tarea de los paladines de la democracia, los derechos humanos y las libertades”. A la epopeya “civilizatoria” debemos agregar 5 refinerías y depósitos de combustible, un número indeterminado de generadoras de electricidad, el campo de gas South Pars, la isla Kharg, la desalinizadora de Qeshm y el aeropuerto deMehrabad; es decir, la destrucción de infraestructura estratégica y civil con el objetivo de impedir y quebrantar el funcionamiento del Estado iraní.
Aunque la guerra económica (sanciones, despojos y exclusión de los mercados) se remonta a 1979, momento mismo del triunfo de la revolución iraní, no deja de alarmar que el proceso de destrucción y devastación se acompañe de confesiones criminales como la del Secretario de Guerra Hegseth: “Nunca se pretendió que esta fuera una pelea justa y no lo es. Los estamos golpeando mientras están caídos.” (2026) O la del propio Trump: “Vamos a atacarlos con mucha fuerza. En las próximas dos o tres semanas, los vamos a devolver a la Edad de Piedra, que es donde pertenecen” (France24,2026) […] “El martes será el Día de las Centrales Eléctricas y el Día de los Puentes, todo en uno, en Irán”, “¡¡¡No habrá nada igual!!! Abran el “f**king” estrecho, bastardos locos, o estarán viviendo en el Infierno – ¡SOLO MIREN!” (Trump,2026)
Una estrategía imperial influída por monopolios
¿Pero qué fue lo que detonó la guerra contra Irán? La narrativa occidental construyó un relato acerca de las armas nucleares, la falta de libertades civiles, la opresión de las mujeres, la antidemocracia, etcétera, ocultando que los determinantes son motivaciones económicas y geopolíticas donde el papel que tienen el Complejo Industrial Militar (CIM), el Complejo Petrolero Minero (CPM) y el Sector Financiero, de bienes raíces e hipotecas (FIRE por sus siglas en inglés) son fundamentales, pues son los que, al atacar a Irán, aumentan ganancias y revaloran sus empresas, al tiempo que delinean y dan forma al proyecto imperialista (Hudson, 2022). Por lo que, observamos que en el corto plazo la estrategia, liderada por del imperio con Trump, consiste en reafirmar el control del hemisferio occidental, excluyendo a rivales y competidores como China y Rusia, garantizando las ganancias para los monopolios estadounidenses (Estrategia de Seguridad Nacional, 2025).
La estrategia histórica, no obstante, ha sido el control de los recursos energéticos, minerales y financieros para condicionar y limitar el desarrollo asiático; trabajando incesantemente en la reconfiguración o mejor dicho, en la destrucción de Oriente Medio desde inicios del siglo XXI. Según el General Clark después del 11 de septiembre de 2001 los planes de los neoconservadores eran: “Eliminar a siete países en cinco años, empezando por Irak, luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y, para terminar, Irán”(Democracy Now,2007). No hay que olvidar que para 2001 los países del Golfo Pérsico, en su conjunto, controlaban cerca del 60% de petróleo y el 25% del gas natural del total mundial. De modo que la “eliminación de Irán” estaba proyectada desde 2001, aunque sería planteada públicamente en 2007 en Which Path to Persia? Options for a New American Strategy toward Iran.
¿Pero por qué ahora? Después de lo acontecido en Venezuela a principios de 2026 se abrió una cascada de oportunidades para recolonizar el país a través de proyectos de inversión, cooperación y apertura. Luego de los éxitos en la redefinición geopolítica de Latinoamérica con la victoria de Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Bukele en el Salvador, Kast en Chile, Paz en Bolivia, entre otros, y la actualización e implementación de la Doctrina Monroe (Donroe) con la Doctrina de Seguridad Nacional (2025) que intenta reafirmar el control de Estados Unidos sobre América. Y una vez que Europa se ha comprometido a asumir un arancel del 15%, adquisición de energía por 750 mil millones de dólares e inversiones en Estados Unidos por 600 mil millones de dólares, así como la adquisición de armamento con un presupuesto militar de 800 mil millones de euros. Luego de estos “éxitos” en la reorganización y reestructuración imperialista del hemisferio occidental, se consideró que el desmantelamiento del Estado Iraní y la desaparición de la nación persa sería posible.
Cálculo optimista potenciado por Israel, que en los últimos años había asesinado a los líderes de la resistencia palestina (Hamas), libanesa (Hezbolá), oficiales y científicos iraníes; devastado la franja de Gaza y había provocado el colapso del Bashar al Ássad y el ascenso de Mohamad al-Golani en Siria. Las expectativas sobre la obtención de ganancias provenientes de la apropiación de los recursos naturales iraníes, fueron además muy altas: 4.1 millones de barriles diarios de petróleo (séptimo productor en 2025) y 256 millones de m3 de gas (2024), lo que a ese ritmo de producción tardaría en agotarse 135 y 128 años correspondientemente.
Irán se encuentra en el tercer lugar en reservas petroleras y el segundo en reservas de gas, juntas forman una riqueza estimada de 37 billones de dólares, 7 billones más que el PIB de Estados Unidos en 2025 y casi tanto como su deuda pública de 39 billones, aunque si consideramos la deuda total (hogares, empresas, estados, gobiernos locales instituciones financieras y gobierno federal) la cifra supera los 120 billones. Entonces, la decisión de ir a la guerra estuvo marcada por una estrategia corporativa de obtención de ganancias, el Complejo Petrolero Minero de EU ganaría con el aumento de los precios del petróleo y la incorporación de las reservas iraníes a sus activos mientras aseguraba el control del flujo petrolero hacia el principal rival del imperio y próximo objetivo militar: China.
Otra clave para entender la guerra es el petrodólar, pilar de la hegemonía mundial y el sector financiero (FIRE) estadounidense. Desde 1974, y hasta el 2000, prácticamente todas las transacciones petroleras se saldaron en dólares; otorgando a la economía estadounidense un privilegio exorbitante pues no había relación directa entre su producción y los dólares en circulación, es más, sí se quería mantener el dólar como moneda hegemónica, se debían inyectar dólares a la economía mundial mediante los déficits en cuenta corriente (exportaciones<importaciones), el déficit comercial crónico se estableció como condición para la hegemonía del dólar. De modo que, se inyectaron dólares masivamente sin efectos negativos como la inflación o la devaluación porque la economía mundial los demandaba para comerciar, lo paradójico es que la riqueza mundial volvía motivada por las tasas de interés a Estados Unidos como un superávit en la cuenta de capital que a su vez compensaba el déficit en cuenta corriente. Esto permitió alimentar al sector FIRE, generando una demanda permanente de activos, acciones de empresas, bonos del tesoro, depósitos bancarios e inversiones en bienes raíces.
Pero todo ha cambiado desde inicios de siglo, ya que un conjunto de países productores de petróleo, como Irak, Irán, Venezuela, Rusia, China, entre otros, han comerciado con otras divisas, en 2024 Arabia Saudita, aliado clave de Estados Unidos aceptó yuanes, euros y otras divisas, el proceso en su conjunto, redujo el petrodólar al 80% de las transacciones. A ello se sumaron los procesos de desdolarización en reservas internacionales que llevaron las tenencias de dólares de los bancos centrales de 72% en 2001 a 57% en 2025. En el comercio mundial la cifra pasó del 90% en el año 2000 a menos del 80% en 2025.
A ello se suma el cambio en la matriz de producción energética, pues si bien los fósiles (petróleo, gas y carbón) siguen siendo dominantes con 80%, las energías renovables (solar, eólica) han ganado terreno hasta alcanzar un 15% en 2025 del total de la producción eléctrica. Un proceso semejante ha experimentado el parque vehicular mundial, en el 2000 los vehículos de combustión interna dominaban por completo la circulación, para 2025 habían bajado al 93% y los eléctricos e híbridos representaban el 7%, de los autos nuevos en el mundo 20% pertenecen a esta última categoría, mientras que en China el porcentaje supera el 50%. Eventualmente, esto reducirá la demanda de petróleo, comprimiendo la demanda de dólares, y erosionando con mayor fuerza al petrodólar.
De modo que, el sector FIRE impulsa la guerra contra Irán como una vía para cancelar la desdolarización y restablecer el comercio exclusivo de petróleo en dólares, retrasar la transición energética hasta que los monopolios estadounidenses dominen el proceso, y mantener el rentismo financiero alimentado por las ganancias del resto del mundo inflando el precio de sus activos.
Para el Complejo Industrial Militar (CIM) las ganancias provienen de los contratos por venta de armas al gobierno de Estados Unidos, la OTAN y a las monarquías del Golfo Pérsico. Cinco empresas de más de 50 mil dedicadas a la producción de armamento: Lockheed Martin, Raytheon, Boeing, General Dynamics y Northrop Grumman monopolizan hasta una cuarta parte de esos contratos. Todas se benefician del incremento en el presupuesto de defensa de Estados Unidos, que en 2026 fue de 895 mil millones y que para 2027 llegará a 1.5 billones de dólares. En los últimos cinco años, marcados por el inicio de la Operación Militar Especial de Rusia en Ucrania y la respuesta de apoyo a Ucrania de la OTAN y Estados Unidos, las acciones de Lockheed Martin se incrementaron en 60%, las de RTX Corporation (Raytheon) en 140%, General Dynamics en 90%, Northrop Grumman (NOC) en 130%, aunque Boeing sufrió una caída en 20% arrastrada por su división comercial que produjo aviones defectuosos (737 MAX y 787 Dreamliner).
Considerando la evolución del CIM desde inicios de siglo se observa una relación directa entre el 11 de septiembre de 2001, las guerras de Irak (2003) y Afganistán (2001-2021), la “invasión” de Crimea (2014), la Operación Militar Especial en Ucrania (2022), la guerra contra Irán (2026) y el incremento en el precio de sus acciones. BlackRock, Vanguard y State Street (gestoras financieras de fondos) son los principales accionistas de estos monopolios militares, invierten en estas empresas, y más del 70% del capital es de origen estadounidense. Existe, por ello, una sólida relación y confluencia de intereses entre ambos complejos y el proyecto imperialista, aunque no son los únicos influyen en el proyecto, el complejo tecnológico (Inteligencia Artificial) ha ganado terreno aunque parece lejos de consolidarse. De modo que para el CIM la guerra permanente es un modus operandi de la obtención de ganancias, la guerra es un producto indisoluble del imperialismo y al mismo tiempo es la única forma en la que puede seguir operando, empujando a conflictos y guerras de mayor escala para la obtención de ganancias, incluyendo otra guerra mundial.
Una característica del funcionamiento del CIM es que mientras avanza su financiarización se generan contradicciones que minan su capacidad para influir en la geopolítica mundial y sostener la hegemonía de Estados Unidos. La primera contradicción es la pérdida de capacidad productiva e industrial (desindustrialización), pues aunque el ensamblado final de las mercancías (armas, vehículos, aeronaves, sistemas navales, vehículos no tripulados, radares) se lleva a cabo en Estados Unidos, más de 15 países participan en la cadena de suministro, para agravar el problema, la importación de tierras raras y minerales críticos proviene de nodos donde China concentra hasta el 90% de la capacidad de procesamiento y refinación.1
La segunda contradicción se caracteriza por el rezago científico y tecnológico del CIM. Se hace patente en las guerras y conflictos más recientes, donde el armamento “sofisticado” se muestra incapaz de otorgar la superioridad estratégica contra rivales de menor capacidad militar y económica, Ello como resultado de la propia lógica interna del CIM en donde la ganancia monopólica se garantiza por el compromiso Estatal en la adquisición del armamento, aunque los costos vayan en aumento, lo que fomenta la ineficiencia, falta de innovación y sobrecostos.2
La tercera contradicción se hace patente en el hecho de que el poder militar descansa sobre cimientos sólidos de la economía real (agricultura, industria y construcción esencialmente). La recompra de las acciones impuesta por las finanzas, incluidas las empresas del CIM, contribuye a la contabilidad del PIB y las ganancias especulativas, sin aportar elementos materiales, innovación y desarrollo. Entonces, aunque el CIM obtenga ganancias limita la capacidad coercitiva del ejercicio de poder para alcanzar los objetivos geopolíticos y económicos del imperio estadounidense.
Las economías con una base sólida como China, donde el sector productivo (agricultura, industria y construcción) representa el 52% de su PIB medido en términos del poder de paridad de compra para 2024, Rusia con el 40% o Irán con cerca del 37%, tienen ventaja sobre países como Estados Unidos donde apenas se supera el 21%; o sobre Alemania donde la actividad financiera determina la mayoría de las decisiones económicas. Hasta el momento y luego de más de 4 años de la guerra de la OTAN y Estados Unidos contra Rusia, se ha demostrado que la capacidad productiva e industrial son fundamentales en la guerra de desgaste3.
Rusia, China e Irán han desarrollado ciclos industriales y tecnológicos cerrados para evitar cualquier bloqueo estratégico mientras que Estados Unidos amplió, diversificó y distribuyó, entre distintos países la producción del armamento, llegando incluso a una dependencia crítica de sus principales rivales.
Además, el paradigma de la guerra (drones, misiles hipersónicos, guerra electrónica, defensa aérea, vigilancia satelital, inteligencia artificial, etcétera) ha evolucionado rápidamente modificando las tácticas y estrategias en el campo de batalla, así como la estructura de costos. Los viejos paradigmas de la superioridad aérea, los portaaviones, los tanques y las bases militares, etcétera, se erosionan rápidamente, dando paso a uso de drones, misiles hipersónicos, guerra electrónica, defensa aérea, vigilancia satelital, inteligencia artificial, etcétera. La dinámica financiarizada del CIM, que privilegia las ganancias de corto plazo, limita la comprensión de este proceso, debilita la capacidad industrial y cualquier innovación científico-tecnológica.
Estas contradicciones se asocian a la producción industrial. En todas ellas Estados Unidos ha experimentado una pérdida relativa de poder militar, económico, financiero y productivo, incluso el efecto de las sanciones perdió fuerza como medio de coerción-inclusión para orientar cambios geopolíticos: “la zanahoria de la inclusión en el sistema occidental funciona de la mano con el palo de la exclusión.” (Barnett.1994:4). El balance general refleja la pérdida de hegemonía de EU.
Irán, nodo estratégico de la integración
La guerra contra Irán de 2026 debería calificarse como Bellum infinitum o guerra al infinito (igual que contra Cuba). Desde el triunfo de la revolución islámica en 1979, Irán ha sido víctima de sanciones, guerra económica, aislamiento internacional, exclusión del sistema financiero, sabotajes, bombardeos y de una guerra contra Irak inducida por Occidente y Estados Unidos, que ha dejado millones de iraníes empobrecidos, y asesinados por falta de medicamentos, alimentos, servicios básicos y por la propia guerra.
“Las consecuencias humanas de las sanciones económicas” (Rodríguez.2023) revisa el efecto de las sanciones a distintos países, enfatizando los casos de Venezuela, Irán y Afganistán, donde, por esta causa, se registran más de 564 mil muertes anuales, superando los 500 mil muertos anuales por conflictos armados, 51% de la mortalidad de niños menores de 5 años por sus efectos, y se observa una mayor vulnerabilidad entre los niños y adultos mayores. En el caso de Irán, las sanciones restringieron además el acceso a divisas, colapsando las importaciones de bienes esenciales como medicamentos, equipo médico y alimentos, reduciendo los ingresos fiscales y limitando la capacidad del Estado para proveer servicios públicos esenciales. Es decir, las sanciones causan más muertes que la guerra convencional, siendo niños y ancianos las principales víctimas.
En febrero de 2019, el Secretario de Estado, Pompeo, declaró: “Las cosas son mucho peores para el pueblo iraní, y estamos convencidos de que llevará al pueblo iraní a levantarse y cambiar el comportamiento del régimen.” (Rodríguez.2023) En enero de 2026, el Secretario del Tesoro, Bessent, reveló que se seguía una política de máxima presión, y que las sanciones deterioraron la economía para provocar un cambio de régimen: “Ha funcionado porque en diciembre su economía colapsó. Vimos cómo un banco importante quebró. El banco central comenzó a imprimir dinero. Hay escasez de dólares. No pueden importar, y por eso la gente salió a las calles… Esto es diplomacia económica. No se han disparado tiros. Las cosas están avanzando de forma muy positiva”(Bessent.2026). El cinismo de la élite política no tiene límites.
En Irán, la guerra económica antecedió a la militar; tratando de socavar y debilitar la legitimidad del gobierno, deteriorando la capacidad del Estado para satisfacer necesidades básicas, preparando el terreno para la acción militar y las revoluciones de color. El proceso no es nuevo, ha durado 47 años de una guerra de “baja intensidad”; 47 años de un castigo infringido sin que mediara respuesta efectiva, 47 años de sacrificio, muerte y resistencia de un pueblo que ha dado una lección a la humanidad, porque no se doblega, sacan fuerzas de flaqueza y plantan cara al imperialismo.
No deja de sorprender que, a pesar de la guerra, en este periodo Irán avanzó en indicadores de bienestar social; en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) pasó de 0.626 en 1990 a 0.799 en 2023. En el IDH se incluye la medición de la vida larga y saludable, el acceso a la educación y el nivel de vida medida por ingresos. Entre 1990 y 2023, la esperanza de vida al nacer se incrementó en 13,6 años hasta alcanzar los 77.7 años de promedio de vida. Los años esperados de escolaridad aumentaron en 3,2 años, llegando a 14 años de escolaridad esperada; los años medios de escolaridad subieron en 5,1 años, hasta alcanzar en promedio los 10.8 años de escolaridad. El Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita aumentó 22,7 por ciento entre 1990 y 2023; elevándose hasta los 16,000 dólares anuales per cápita (dólares en poder de paridad de compra a precios de 2021). Irán se encuentra entre los países con un IDH alto, en el lugar 75 de 193 países (IDH,2023). Esto como resultado de un esfuerzo sostenido y orientado por el Estado iraní, y un enorme sacrificio de su población. Una tenaz resistencia.
Pero el desarrollo de Irán no se comprende sin la lectura geopolítica del siglo XXI. Irán es un nodo vital de la integración asiática conformada por Rusia y China. En 2024 se integró al bloque BRICS+, un proceso que intenta acabar con el aislamiento y las sanciones de Occidente. Las inversiones chinas en Irán, desde inicios de siglo son difíciles de cuantificar con precisión, pero se han concentrado en energía, transporte e infraestructura. Parte de ellas se ejercieron desde el proyecto de la Franja y la Ruta.
Además, “en mayo de 2025 se puso en funcionamiento la línea ferroviaria que conecta China con Irán, reduciendo el tiempo de transporte de las mercancías de 40 días por mar a 15 días por tierra, disminuyendo los costos de transporte, la vulnerabilidad ante cambios geopolíticos y bloqueos marítimos por parte de las potencias occidentales.” (Molina, 2025) Agreguemos que el corredor Norte Sur que integra a Rusia con India tiene como nodo en el golfo Pérsico a Irán, haciendo la ruta “30% más barata y 40% más corta” (Aurobinda, 2012).
Irán también forma parte de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), espacio de cooperación económica, cultural y de seguridad que lucha por la independencia, la soberanía y la estabilidad social en Asia. La relevancia de Irán para la construcción del orden alternativo y multipolar es evidente. Mientras Estados Unidos e Israel promueven el proyecto de Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC, por sus siglas en inglés) para descarrilar la emergente alternativa antiimperialista y anticolonial y para ello requieren modificar el papel de Irán en la región.
Por el estrecho de Ormuz transita la producción de los países del Golfo Pérsico. En porcentajes del total mundial: 20% del petróleo crudo , 20% del gas natural licuado, otro 20% de refinados (gasolina y diésel) y 13% de químicos y fertilizantes . Además minerales críticos como 40% de la producción mundial de helio, 9% de aluminio, 44% de Azufre, 45% de urea/nitrógeno, 30% de amoniaco, 15% de polietileno y 4% fosfato. La mayoría de estos recursos se dirigen al continente asiático. Desde el cierre del estrecho de Ormuz, la caída en el tránsito de la producción es del 90%, sus efectos serán visibles en los próximos meses, configurando una gran crisis económica y geopolítica mundial.
Los ingresos por exportación se dirigen a los mercados financieros de Occidente. En 2026 se reportaron 5 billones de dólares en activos de los países del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Baréin y Omán), 75% de ellos en los mercados de Estados Unidos. Además, los países del Golfo, son los principales tenedores de bonos del tesoro (deuda) de Estados Unidos. Es decir, EU y su sector financiero han sido beneficiarios de las ganancias provenientes de los recursos naturales por lo que en el actual contexto del cierre del estrecho son extremadamente vulnerables, corriendo el riesgo de que estalle alguna burbuja financiera, tecnológica, deuda, etcétera, o una situación inesperada que no forme parte de los cálculos de la guerra.
De la fallida guerra relampago a la guerra de desgaste dominada por Irán
El ataque contra Irán de febrero del 2026 tenía como objetivo inmediato decapitar los cuadros políticos, religiosos y militares del país; acabar con el gobierno y precipitar el colapso del Estado iraní a través de las revoluciones de colores o primaveras árabes, y del separatismo kurdo y baluchi principalmente. Una guerra relámpago que generará caos y pavor. Aún sin haber alcanzado el objetivo inicial, Marco Rubio, el secretario de Estado, precisó el 30 de marzo: “Número uno, la destrucción de su fuerza aérea. Número dos, la destrucción de su armada. Número tres, la reducción drástica de su capacidad de lanzamiento de misiles. Y número cuatro, la destrucción de sus fábricas para que no puedan fabricar más misiles ni más drones que nos amenacen en el futuro.” (2026). Hasta el 8 de abril el plan había fracasado, pues la dirección política, religiosa y militar prevaleció, a pesar del martirio social, concitando valentía y unidad entre la población, muestra de ello fueron las 850 manifestaciones populares de apoyo, muchas de ellas llevadas a cabo en medio de intensos bombardeos.
Hasta el momento, se muestra una incapacidad imperial para alcanzar los objetivos militares. ¿Cómo es posible que el presupuesto de guerra más grande del mundo, de más de 850 mil millones de dólares, que con bases militares, armamento sofisticado (misiles, aviones, satélites, drones, inteligencia artificial, etcétera, la fuerza armada y naval más poderosa (portaaviones, buques, destructores, submarinos) no se pueda derrotar a una potencia media con un presupuesto noventa veces más pequeño?
En la guerra contra Irán, Estados Unidos gastó hasta el mes de abril, más de 45 mil millones de dólares. Empeora la situación si se tiene en cuenta que los objetivos estratégicos de Irán se están cumpliendo: 1) Evitar el cambio de gobierno y el colapso del Estado; 2) Expulsar a las fuerzas militares estadounidenses de la región; 3) Forzar a los países del golfo a replantearse las alianzas con Estados Unidos e Israel; 4) El levantamiento de las sanciones; 5) Ejercer control sobre el estrecho de Ormuz; 6) Dominar y controlar la escalada de la guerra; y 7) Establecer una disuasión permanente.
El gobierno y el Estado iraní se mantienen y resisten los ataques; han forzado a los militares estadounidenses a abandonar sus bases, aunque con la resistencia de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos y la amenaza de una invasión que, sin duda, tendrá consecuencias devastadoras para la economía mundial. Por ahora, Irán mantiene además el control del estrecho de Ormuz4 y el ritmo de la escalada militar, disuadiendo a los Estados vasallos de Estados Unidos e Israel con ataques a infraestructura estratégica: petrolera, gasera, puertos, aeropuertos, potabilizadoras de agua y empresas estadounidenses como Amazon, Google, Microsoft, Meta, Apple, Nvidia, Oracle, Tesla y Boeing. Irán está ganando la guerra, pues ha alcanzado sus objetivos geopolíticos estratégicos. De continuar esta evolución Estados Unidos e Israel tendrán que retirarse y aceptar la derrota.
No obstante, siempre estará presente la posibilidad de emplear armamento no convencional (nuclear y/o químico bacteriológico) para intentar doblegar la resistencia y el efecto iraní en la reconfiguración geopolítica del Golfo5, de Oriente Medio y el mundo; aunque por lo mostrado hasta ahora, eso no garantiza el colapso del gobierno y el desplome del Estado iraní y por el contrario, agravaría la crisis mundial y extendería la guerra.
Aún es incierto si las sanciones se levantarán, pero manteniendo el control del estrecho de Ormuz y obligando a una cuota de peaje en yuanes, rublos, rupias o monedas digitales los iraníes podrán financiar su reconstrucción. Además, y aquí viene el punto clave, Irán influirá en el orden geopolítico regional y mundial de posguerra, donde el comercio petrolero en distintas monedas ganará terreno, asestando un golpe directo al corazón del imperio: el petrodólar.
Al caer la demanda de dólares, este no podrá mantenerse más como la moneda hegemónica de reserva y comercio, no habrá excedentes de capitales fluyendo a Estados Unidos (superávit en la cuenta de capital). El colapso financiero y bancario sería catastrófico, la demanda de bonos, acciones y los depósitos se desplomarán6, no habría cómo compensar el déficit en cuenta corriente (exportaciones<importaciones); es decir, se produciría un mayor encarecimiento de bienes e inflación en ascenso, sin posibilidad de ajuste mediante la oferta doméstica debido a la desindustrialización. Aunque la crisis sería mundial, los efectos dependerán del grado de diversificación económica, comercial, del tipo de reservas internacionales (oro y/o dólar) y la pertenencia a los bloques económicos (G7 o BRICS+), entre otros.
La estrategía militar de Estados Unidos e Israel no es sólo contra Irán
Prestemos atención a la estrategia militar de Estados Unidos e Israel, su supremacía naval y aérea no es tal, el componente clave de proyección de poder no puede implementarse. Al 3 de abril, más de 156 drones, aviones F15, F35, A10, E3, KC 135 y diversos helicópteros habían sido destruidos, los portaaviones “operan” a más de 1,000 kilómetros de distancia, las baterías antiaéreas son ineficaces y han sido superadas en la guerra asimétrica por drones que rondan entre 20 y 30 mil dólares; mientras los Patriot o THAAD rondan los 2 y 4 millones de dólares. Lo más relevante es que, una vez superado el golpe inicial de la guerra relámpago, la guerra de desgaste depende de la capacidad económica e industrial, y el CIM de EU produce armamento sofisticado, caro y que requiere mucho tiempo para reponerse, por lo que la guerra será insostenible.
Los estadounidenses e israelíes se enfrentan por primera vez a un país que tiene capacidad de respuesta, producción industrial, experiencia militar, pensamiento estratégico y sólida formación militar, ideológica y cultural. El mito de la superioridad militar del imperio está muriendo, los portaaviones no pueden operar, los aviones no pueden volar, las defensas antiaéreas no pueden frenar enjambres de drones y misiles hipersónicos, el pilar de la proyección de poder ha fracasado y no hay posibilidades de recomponer la situación en el corto plazo. Y en caso de que decidan una invasión terrestre, la situación solo empeorará pues Irán ha movilizado a más de un millón de combatientes y más de 13 millones se han reclutado voluntariamente.
Ante un entorno adverso, el imperio se ha mostrado desnudo: un asesino de población civil niños, ancianos y enfermos, orgulloso de bombardear puentes, hospitales y escuelas, y amenaza con: “hacer que retrocedan a la edad de piedra… Nuestro ejército, el más grande y poderoso (¡con mucha diferencia!) del mundo, ni siquiera ha empezado a destruir lo que queda en Irán. ¡Luego los puentes, después las centrales eléctricas!” (Trump, 2026).
Lejos ha quedado la campaña de “liberación, democracia y derechos civiles” promovida hasta la saciedad. Sus “célebres” declaraciones lo muestran como un conspicuo criminal de guerra al tiempo que develan su ignorancia y desesperación para escapar de una guerra que tienen perdida, salvo claro está, que decidan usar armas nucleares en manos de Israel, lo que obligaría a una respuesta simétrica de Irán, donde, entonces sí, entraríamos a terreno desconocido.
Pero la guerra contra Irán, no sólo es contra su población, que por sí misma merece respeto, así como muchos otros pueblos que han levantado la frente y se han defendido con determinación ante el imperialismo. La guerra contra Irán es contra la alternativa antiimperialista, anticolonialista y socialista. Entendamos esto, Estados Unidos y sus vasallos harán lo imposible para contener la transición histórica “restaurando” el colonialismo e imperialismo del siglo XIX. Para ello han actualizado la Doctrina Monroe (Donroe), garantizando el acceso privilegiado a activos y espacios geográficos, al tiempo que excluyen a “competidores no hemisféricos”, léase China.
El gigante asiático se había convertido en el principal socio comercial del mundo, y de América Latina (desde 2020), desplazando a Estados Unidos. Se ha convertido en un importante inversor de capital, sólo después de EU (38%), la UE (17%) y la inversión interregional (14%). La Doctrina Donroe intenta revertir esta tendencia. A imagen y semejanza de lo acontecido en Europa en los últimos años: revirtiendo el proceso en el que Rusia y China se habían convertido en los principales socios económicos europeos desde 2005, y hasta 2022; año en el que el pretexto de la guerra, abrió la puerta a las sanciones y al declive de ambos países en la economía europea, para que en 2024 Estados Unidos recuperara el lugar predominante como socio de Europa (ver gráfico). Con ello, se redefinen relaciones económicas para “revertir” el declive hegemónico, reestructurar las cadenas productivas y enfocar esfuerzos en la guerra contra China, “restaurando” con la fuerza, la violencia y la muerte el privilegio imperial, sin atender las verdaderas causas económicas, estructurales, tecnológicas de su rezago. Todo esto es un recordatorio de la verdadera naturaleza y funcionamiento del imperialismo: monopolista, imperialista, colonialista y militarista.

Reflexiones finales
La frágil tregua de dos semanas anunciada el 7 de abril fue precedida por la destitución de 3 militares de alto rango en EU (12 en total desde el inicio de la guerra) y de un intento fallido por incautar el uranio enriquecido cerca de Isfahán, operación encubierta como una misión de rescate de un piloto. La parte iraní menciona más de 11 aeronaves abatidas con un costo que superaría los mil millones de dólares, lo que sería un fracaso estrepitoso y humillante para Estados Unidos. Una demostración de la verdadera correlación de fuerzas, lo que sumado a las afectaciones económicas obligaron a tomar una pausa. La sobrevivencia del Estado iraní significaría el ascenso y consolidación de Irán como potencia regional y una derrota estrepitosa del imperialismo, aunque también hay posibilidades de un empantamiento derivado de la incursión terrestre y en menor medida, el triunfo de Estados Unidos e Israel mediante el uso de armas no convencionales, lo que sin duda estará entre las consideraciones de Irán ¿Deben desarrollar armamento nuclear para garantizar su seguridad y la no repetición de este tipo de sucesos?
El balance de poder regional ya ha cambiado radicalmente, de concretarse la victoria iraní (un baluarte de los pueblos), nos encontraremos ante un shock económico, cultural, religioso y geopolítico mundial, una reconfiguración de las monarquías del golfo, Oriente Medio en su conjunto y una derrota estratégica del imperio que pretendía aproximarse al conflicto con China controlando la energía Mundial y que ahora parece haber perdido completamente. Este es un momento de definición para los pueblos del mundo, tendríamos que replantearnos las alianzas y la pertenencia a los bloques económicos, pues la oferta de unos (guerra, imperialismo y colonialismo) y otros (comercio, desarrollo y energías renovables), los proyectos históricos de desarrollo, y los valores y principios que darán sentido a la humanidad en el siglo XXI.
Referencias
- Aurobinda Debidatta (2012) The North-South corridor: Prospects of multilateral trade in Eurasia en Russia Beyond. Disponible en https://www.rbth.com/articles/2012/03/14/the_north-south_corridor_prospects_of_multilateral_trade_in_eurasia_15134
- DWS News (2026) How Treasury Secretary Scott Bessent Reveals US Strategy on Chips and Defense https://www.youtube.com/watch?v=3oMivhuIbkU
- Gen. Wesley Clark Weighs Presidential Bid: “I Think About It Every Day” (2007) Disponible en: https://www.democracynow.org/2007/3/2/gen_wesley_clark_weighs_presidential_bid
- http://www.china.org.cn/world/Off_the_Wire/2026-03/30/content_118410543.shtml
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- https://www.france24.com/es/medio-oriente/20260401-trump-afirma-que-ee-uu-terminará-su-ofensiva-en-irán-en-dos-o-tres-semanas-y-sugiere-salida-de-la-otan
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- https://www.reuters.com/business/blackrock-limits-withdrawals-private-credit-fund-redemptions-mount-2026-03-06/
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Notas:
1 El 4 de febrero se celebró la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos, reunión a más de 54 naciones con el propósito de desarrollar una cadena de suministro segura y estable para la industria de defensa y energía de EU. La propuesta fue la creación de una zona comercial preferencial con precios mínimos y más de 30 mil millones de dólares en apoyo financiero para proyectos.
2 La información publicada a partir de la guerra contra Irán, da una idea de lo costoso e ineficiente: el misil Standard Missile 6 (RIM-174), con costo unitario entre cuatro y cinco millones de dólares, con producción anual de 125 misiles o sistema Patriot con costo unitario de cuatro millones de dólares por misil y una producción anual de seiscientas unidades, el sistema completo incluye lanzadores, radar y centro de comando, lo que eleva el costo hasta los mil ochocientos millones de dólares. Para cada objetivo se deben emplear 2 o 3 misiles Patriots, lo que vuelve altamente costosa la defensa aérea frente a drones iraníes que cuestan entre 20 mil y 30 mil dólares.
3 Respecto a la importancia del sector productivo, Jeffrey R. Barnett (1994) enlistó 14 razones por las que Occidente dominaba el orden mundial:
[…] posee y opera el sistema bancario internacional; controla todas las monedas fuertes; es el principal consumidor; proporciona la mayoría de los productos terminados; domina los mercados de capitales internacionales; ejerce un liderazgo moral; es capaz de una intervención militar masiva; controla las rutas marítimas; lleva a cabo la investigación y el desarrollo técnicos más avanzados; controla la educación técnica de vanguardia; domina el acceso al espacio; domina la industria aeroespacial; domina las comunicaciones internacionales y domina la industria de armas de alta tecnología.
4 No olvidemos que Irán cuenta con aliados en Oriente Medio, Huties en el estrecho de Bab al-Mandab en el Mar Rojo, fundamental para el comercio mundial, otro medio poderoso para la disuasión pues cerraría completamente el tránsito de mercancías en Oriente Medio.
5 Los iraníes fueron atacados con gas mostaza y sarín en la guerra contra Irak en la década de los ochenta.
6 La caída en bolsa en el S&P 500 acumula una caída superior al 7%, la peor desde 2022. Las 7 magnificas han sido afectadas: Microsoft y Tesla (-20% en el trimestre), Meta(-8%), Nvidia (-4.2%) y Alphabet (-3.4%) en la jornada del 26 de marzo. Los rendimientos de los depósitos han aumentado para evitar la salida de capitales, los fondos privados (BlackRock, Apollo Global Management, Ares Management, Morgan Stanley y Blue Owl Capital) han limitado a 5% de los activos los retiros, se habla de que sólo en el primer trimestre los inversores intentaron retirar más de 13 mil millones de dólares, pero debido a las restricciones sólo se recuperaron menos de la mitad.
Luis Genaro Molina Álvarez. Doctor y Maestro en Estudios Latinoamericanos, Licenciado en Economía por la UNAM y Profesor de la Facultad de Economía en las materias de Economia Política y Hegemonía Mundial y Capitalismo Contemporáneo.
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