Pocas semanas antes de que Benjamín Netanyahu vendiera a Donald Trump la Operación Furia Épica, con la que en un par de días lograrían deshacerse del Gobierno de los ayatolás y hacerse de todo su petróleo, lo que es evidente que no se ha logrado, el Pentágono había comenzado a buscar la forma de expulsar a Rusia de África.
Para lo que necesita sí o sí quebrar la relación de Moscú, con la peligrosa presencia de Rusia en África y particularmente con la Alianza de Estados del Sahel (AES), el trípode anticolonialista compuesto por Mali, Burkina Faso y Níger, que desde hace tres años, luego de exterminar la ominosa presencia francesa y estadounidense de sus países, resiste a los embates del terrorismo fundamentalista financiado por los países del Golfo Pérsico y articulado desde Washington y París, utilizando una vez más a las khatibas de al-Qaeda que operan en el área con el nombre de Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, por sus siglas en inglés) y la franquicia de Daesh, Estado Islámico en el Gran Sahara (EIGS).
Además, el Pentágono necesita cortar la provisión de equipamiento y mercenarios rusos a las filas del ejército de Khalifa Hafther, quien controla todo el este de Libia, y después de años de cortocircuitos con Moscú, la diplomacia y la inteligencia del presidente Vladimir Putin, ha logrado en varios países del continente incrementar su presencia.
Más allá de los ingentes esfuerzos de los muyahidines, apoyados por Francia y los Estados Unidos, las AES, han resistido y mantenido la unidad.
El poder de los terroristas ha conseguido mantener por semanas el bloqueo de los accesos de petróleo y otros insumos vitales a ciudades como Bamako, la capital de Mali, con más de cuatro millones de habitantes. Mientras que las incursiones a aldeas, donde además de asesinar a los takfiris (apóstatas) incendian viviendas y sembradíos; saquean desde vehículos a animales y cosechas. A su retirada, más allá de la estela de destrucción que dejan, obligan a los jóvenes a incorporarse a la milicia. Estos ataques prácticamente cotidianos han provocado que solo en Burkina Faso el número de personas desplazadas alcance los dos millones y medio.
También son centenares las bajas que han provocado entre las filas de los ejércitos regulares de estos tres países, donde son frecuentes las emboscadas, ataques a unidades militares, atentados y sabotajes contra instalaciones vitales tanto para los militares como para el desarrollo de la vida civil, usinas eléctricas o plantas potabilizadoras, por ejemplo.
En este contexto el pasado sábado 25 de abril muyahidines aliados a los separatistas tuaregs, del Frente de Liberación de Azawad (FLA) del norte de Mali, lanzaron una ola de ataques y atentados, coordinados contra diferentes puntos de Bamako entre los que se incluye su aeropuerto Modibo Keïta, a unos 15 kilómetros del centro de la capital, que se encuentra junto a una base de la Fuerza Aérea, y otros centros urbanos del centro y norte del país. Ya en 2024, el JNIM había atacado el aeropuerto y un campo de entrenamiento militar próximo a Bamako donde asesinaron a decenas de efectivos.
La operación del sábado se convirtió en la mayor acción terrorista de estos últimos años. En un comunicado, las FAMa (Fuerzas Armadas de Mali) informaron que, tras algunas horas de combate, los terroristas se habían replegado y la situación estaba bajo control.
Los ataques incluyeron la principal base militar de las FAMa, ubicada en la localidad de Kati, cercana a Bamako. Allí se encuentra el ministro de Defensa, Sadio Camara, a quien algunas fuentes han dado por muerto. Algunos videos muestran columnas de camiones y motocicletas transitando por las calles de Kati.
También se registraron ataques en algunas localidades del centro de Mali, como Sévaré y Mopti, Kidal y Gao, donde algunas informaciones refieren a tiroteos y cadáveres en las calles.
Los insurgentes habrían conseguido posiciones en algunos barrios de la ciudad de la norteña ciudad de Kidal, epicentro de la rebelión separatista tuareg de 2012. Al mismo tiempo, voceros del movimiento Azawad afirmaban que sus fuerzas tenían el control pleno de la ciudad y de algunas zonas de Gao, otra ciudad del noreste del país. Lo que no fue confirmado por ninguna otra fuente.
Mientras que en la ciudad de Gao, la ciudad más extensa del norte del país, con poco menos de 100.000 habitantes, algunos pobladores informaron de disparos y las explosiones que habrían comenzado en las primeras horas del sábado.
El origen de mal
Esta joint venture entre terroristas y milicianos tuareg ha vivido diferentes alternativas desde su comienzo en 2012, cuando los tuaregs, aprovechando el periodo de anarquía que se abrió tras el golpe de Estado contra el presidente Amadou Touré, y toda la región se encontraba fuertemente conmocionada por lo que se estaba viviendo en Libia tras el derrocamiento y martirio del coronel Gadafi, los legendarios hombres azules creyeron estar frente a una nueva oportunidad para concretar la creación de Azawad, su mítica nación que se extiende desde el norte de Mali y abarca vastas regiones de Mauritania, Argelia, sur de Libia y Níger. Si bien sus reivindicaciones son indiscutibles, como tantos otros pueblos como los baluchis, kurdos o saharauis, la presencia colonial y la continuidad de sus herederos formales han hecho imposible concretar esas pretensiones
Esto habilitó a que algunas khatibas de al-Qaeda que la CIA había transportado a Libia, financiadas por Arabia Saudita, se mudaran al norte de Mali e infiltraran la rebelión del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), la alianza de las tribus tuareg, dando así oportunidad a Francia de ocupación militar activa en su antigua colonia, primero con la Operación Serval y más tarde la Barkhane, hasta que fue expulsada en 2022, tras el golpe de los coroneles encabezados por Assimi Goïta, quienes hasta ahora siguen gobernando el país y fueron los promotores de la alianza anticolonial, que tanto preocupa a Washington y sus socios europeos.
Estados Unidos necesitará trabajar muy fuerte en África, continente que las últimas administraciones han mantenido al margen de sus intereses, lo que permitió a China afianzarse en lo comercial y a Rusia en lo político y militar. Un coctel demasiado amargo para los estadunidenses.
Y empieza por lo principal: Libia, que es el país con mayores reservas petroleras del continente, a las que las grandes petroleras estadounidenses están intentando regresar después de años de ausencia. Ya en febrero, Chevron cerró un acuerdo para la explotación petrolera frente a las costas libias; al tiempo que la Exxon Mobil en 2025 acordó su regreso al país tras haberse retirado en 2013. Sin duda en este contexto de la guerra en Medio Oriente este tipo de negociaciones se multiplicarán no solo en Libia, sino que necesitan retornar con urgencia a la región del Sahel rica en uranio y otros minerales
No por nada se conoció que apenas dos semanas atrás llegó al sur de Libia el teniente general John Brennan, del ejército de los Estados Unidos, quien fue recibido por dirigentes de grupos armados libios, que se han mantenido enfrentados durante años y ahora parecen estar dispuestos a unirse después que Brennan consiguiera que realizaran junto a tropas estadounidenses ejercicios militares conjuntos, con miras de incorporarlos a la lucha armada para expulsar a Rusia del continente. A estos ejercicios se han sumado dotaciones del ejército alemán brindando asistencia médica y las fuerzas turcas ofrecieron apoyo con drones, además de representantes de Italia, el Reino Unido, Egipto y Francia, y fuerzas del Chad, vecino del sur de Libia y por el este de Níger, además de la inteligencia ucraniana que tiene una gran actividad en el norte de Mali y en Sudán, operando contra cualquier tipo de interés ruso.
Más allá de las guerras que se libran en Medio Oriente, donde no es una utopía que Estados Unidos pueda perder su condición de potencia reinante, será en África donde tarde o temprano se dará la batalla que marque el destino de todos por las próximas décadas.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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