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‘Ahora estamos unidos’: las divisiones étnicas en Myanmar se suavizan tras el golpe de estado

Fuentes: The New York Times
Traducido para Rebelión por Cristina Alonso

En medio de la resistencia al régimen militar, hay quien dice que la democracia no puede prosperar sin el respeto a las minorías que han sido perseguidas durante décadas.

La desinformación del ejército de Myanmar ha sido burda pero eficaz.

Propagandistas del régimen militar afirmaron que un grupo étnico llamado Rohingya estaba quemando sus propias aldeas y quería inundar Myanmar, de mayoría budista, con hordas islámicas. Los Rohingya estaban inventando historias, decían los militares en 2017, sobre los soldados cometiendo violaciones y asesinatos en masa.

La verdad es que los soldados estaban llevando a cabo operaciones genocidas contra las minorías étnicas de Myanmar, lo que quizá era demasiado impactante de contemplar para la mayoría étnica Bamar en el país.

Pero cuando los militares de Myanmar tomaron el poder este año y mataron a más de 750 civiles, Daw Sandar Myo, una maestra de una escuela de primaria, se dio cuenta de que las décadas de persecución sufridas por los Rohingya y por otras minorías eran, después de todo, reales.

«Después del golpe, vi a los soldados y a la policía matando y torturando gente en las ciudades», explicó. «Entonces empecé a sentir empatía por los Rohingya y por los otros grupos étnicos que han sufrido mucho más que nosotros por todos estos años».

La resistencia más visible de la mayoría Bamar al golpe de estado del 1 de febrero se ha manifestado en forma de protestas masivas, desobediencia civil, huelgas de trabajadores e incluso inicios de tentativa a la lucha armada.

Pero se está produciendo otra transformación silenciosa: una creciente aceptación de la diversidad étnica de la nación, algo que estuvo notablemente ausente durante la anterior transición política. Con la violencia militar desatada de nuevo, hay quien reconoce que la democracia no puede prosperar sin respetar a las minorías étnicas que han sufrido décadas de persecución.

Más de un tercio de la población de Myanmar se compone de minorías étnicas, que habitan la vasta frontera donde se concentran los recursos naturales del país. Sus insurgencias contra el ejército de Myanmar, que ha gobernado la nación durante la mayor parte de las últimas seis décadas, figuran entre los conflictos civiles más duraderos a nivel mundial.

Estas minorías étnicas tienen buen conocimiento de cómo luchar contra el Tatmadaw, nombre por el que se conoce al ejército de Myanmar. Y dicen conocer, mejor que los Bamar, cuán inestable puede ser el país cuando el ejército actúa como fuerza de ocupación en lugar de como protector del pueblo.

«Myanmar nunca ha tenido una democracia real, ya que no había esperanza para las personas pertenecientes a minorías étnicas», explicó el Teniente Coronel Mai Aik Kyaw, portavoz del Ejército de Liberación Nacional Ta’ang, una de las fuerzas rebeldes luchando por la autonomía en Myanmar. «Si se compara con lo que han sufrido las personas pertenecientes a minorías étnicas durante 70 años, lo que la gente Bamar está ahora sufriendo no es nada».

Según advierten las Naciones Unidas Myanmar se dirige, con la toma de poder por parte de los militares, hacia una guerra civil, pudiendo incluso desintegrarse como país.

«Myanmar está al borde de fracasar como estado, del colapso del estado», dijo Richard Horsey, asesor principal sobre Myanmar y perteneciente al Grupo Internacional de Crisis, en una sesión informativa de abril del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Horsey añadió, sin embargo, que la crisis existencial de Myanmar tras el golpe de estado ha catalizado el reconocimiento nacional sobre la importancia de la etnicidad para ser un país más inclusivo y cohesionado.

«En medio de todo este horror, hay que reconocer y aplaudir el carácter transformador de la resistencia contra el régimen militar «, añadió Horsey. «Ha surgido una nueva generación de acción política que ha trascendido las viejas divisiones y antiguos prejuicios y ofrece grandes esperanzas para un futuro Myanmar que abrace, y esté en paz, con su diversidad».

A principios de abril, se estableció un gobierno civil de oposición para contrarrestar a la junta militar, ya que se ha encarcelado a mayoría de dirigentes electos en el país, incluida Daw Aung San Suu Kyi.

Por primera vez en la historia del país, el Gobierno de Unidad Nacional, como se conoce a la nueva autoridad en la oposición, ha apoyado abiertamente el federalismo en lugar de la autoridad centralizada. Una constitución consagrando el federalismo podría ayudar a liberar a las minorías étnicas de la supremacía Bamar que ha dominado la política en Myanmar desde que el país se fundó en 1948.

El gabinete del gobierno en la oposición también cuenta con más representantes de minorías étnicas que el gabinete formado por la Liga Nacional para la Democracia (NLD), el partido de Aung San Suu Kyi.

El NLD es la única fuerza política popular a nivel nacional en Myanmar, pero tiene un historial reciente de instigación a la persecución de las minorías étnicas. Aunque el partido ganó una reelección aplastante en noviembre, más de un millón de personas pertenecientes a minorías étnicas fueron privadas del derecho al voto.

Durante sus cinco años de reparto del poder con el Tatmadaw, dirigentes civiles del NLD han defendido las atrocidades continuas de los militares contra las minorías étnicas. Hace décadas, Aung San Suu Kyi recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha no violenta por la democracia. Sin embargo, calificó el éxodo forzoso de 2017 de 750.000 personas Rohingya como un evento derivado de «operaciones de limpieza» contra una revuelta terrorista. Los Rohingya fueron, de hecho, víctimas de una campaña bien documentada de limpieza étnica.

Pero la toma de poder por parte de los militares ha llevado a un examen de conciencia.

«La sangre que se ha derramado tras el golpe ha provocado un cambio radical en la opinión pública sobre federalismo e inclusión», dijo el analista político U Khin Zaw Win, quien fue preso político en el pasado y que lleva mucho tiempo defendiendo los derechos de los grupos étnicos en Myanmar.

«Aunque el NLD sigue siendo popular, el país ha avanzado desde el golpe”, añadió. «Ya no se trata de una restauración del NLD».

Hasta el momento, el nuevo gobierno de unidad es poco más que un compendio de declaraciones políticas enviadas por aplicaciones encriptadas. No tiene ejército o reconocimiento internacional.

Si quiere tener éxito necesitará el apoyo de las mismas minorías étnicas que han sido perseguidas durante tanto tiempo.

Los miembros del gobierno en la oposición ya han buscado refugio en las zonas fronterizas de Myanmar, donde las fuerzas armadas de las minorías étnicas controlan el territorio. Jóvenes activistas están recibiendo, en estas regiones de la frontera, entrenamiento en armas para formar una resistencia armada al Tatmadaw. Las recientes explosiones de oficinas gubernamentales y empresas vinculadas al ejército en entornos urbanos son una señal de sus intenciones.

Unir fuerzas con las minorías étnicas implica otras consideraciones tácticas. Al principio del golpe la junta militar trasladó, desde bases remotas a las ciudades, a muchas de las divisiones de infantería más temidas de Myanmar. Desde entonces las fuerzas de seguridad han asesinado, de un solo disparo, a decenas de menores. Personalidades en pro de la democracia han aparecido sin vida, algunas con signos de tortura.

Con el Tatmadaw ocupado en las ciudades, los grupos armados de las minorías étnicas han lanzado sus propias ofensivas coordinadas en las zonas fronterizas. Decenas de soldados del Tatmadaw han muerto en los últimos combates cuando tropas insurgentes invadían sus puestos de avanzada, según residentes locales y organizaciones armadas de las minorías étnicas.

La esperanza es que, con las milicias étnicas presionando en territorios fronterizos y una resistencia armada aumentando en las ciudades, el Tatmadaw se vea obligado a luchar múltiples frentes.

«Si las organizaciones armadas de los grupos étnicos luchan juntas contra el ejército de Myanmar, habrá mejores resultados para el país», dijo el Coronel Mai Aik Kyaw, del Ejército de Liberación Nacional Ta’ang.

Pero la unidad es efímera entre los grupos étnicos armados, algunos de los cuales reservan la misma potencia armamentística para utilizarla entre sí que con el mismo Tatmadaw. Algunos de los grupos principales, como los Shan y los Karen, tienen más de una rama armada representándolos. El control de estos territorios fronterizos significa también el acceso lucrativo a sus minas, selvas e instalaciones ilícitas de fabricación de drogas.

Myanmar es un entramado de culturas, incrustado entre India y China. Incluso la noción de pureza de los Bamar está en entredicho. La Sra. Aung San Suu Kyi es, en parte, de ascendencia Karen. Otras personas Bamar tienen ascendencia india o china. Gran Bretaña, que colonizó lo que entonces se conocía como Birmania, llamó al país «una zona de inestabilidad racial», según Thant Myint-U, historiador y autor de «La historia oculta de Birmania».

«Myanmar nunca ha sido un lugar de categorías raciales y étnicas ordenadas», aclaró. «Acabar con la dominación política de comunidades minoritarias por parte de los Bamar puede verse favorecido por un sistema de gobierno más descentralizado. Pero lo que es igualmente importante es un programa radical para acabar con la discriminación en todas sus formas y una nueva visualización del país como un lugar que siempre ha sido hogar de muchos pueblos distintos.»

Esta semana, los soldados del Ejército de Liberación Nacional Karen invadieron un puesto de avanzada del Tatmadaw al otro lado del río desde Tailandia. En marzo, las fuerzas Karen capturaron otra base al este de Myanmar, lo que provocó los primeros ataques aéreos en 20 años del ejército contra aldeas Karen. Las represalias del Tatmadaw en zonas pobladas por minorías étnicas han matado a decenas de personas.

A medida que se intensifican los combates, decenas de miles de personas se han visto desplazadas en todo el país, especialmente en el territorio Karen y en el norte, donde el Ejército de la Independencia Kachin está avanzando contra el Tatmadaw.

Por primera vez, la Unión Nacional Karen ha recibido donaciones de personas Bamar para las víctimas civiles del Tatmadaw, contó Padoh Saw Man Man, portavoz del grupo. «Ahora estamos unidos con el pueblo Bamar, y creo firmemente que ganaremos si luchamos juntos contra el Tatmadaw», añadió.

Hannah Beech es la Directora en jefe de la oficina de The Times en el Sudeste Asiático desde 2017, con sede en Bangkok. Antes de incorporarse a The Times, fue reportera de la revista Time durante 20 años desde sus bases en Shanghái, Pekín, Bangkok y Hong Kong. @hkbeech

Fuente original en inglés: https://www.nytimes.com/2021/04/30/world/asia/myanmar-ethnic-minority-coup.html

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