«Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser las dos cosas a la vez, pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado.» (El Príncipe, Nicolás Maquiavelo)
Davos, Suiza, fue el escenario para mostrar la demolición del viejo orden de la modernidad occidental basada en la racionalidad del iluminismo, y el montaje del nuevo orden brutal del poder desnudo. El fin de la OTAN y de la ONU, y la propuesta de un nuevo orden en torno a un lema-oxímoron, “La Junta de la Paz”, que ha convertido al mundo en un gran negocio inmobiliario, encabezado por el nuevo Príncipe vitalicio, autonombrado, Donald Trump.
El tiempo se mueve en grandes ciclos. Se juntan la figura del antiguo Cesare Borgia (1475-1507), de la transición a la modernidad, el poderoso que está por encima de las reglas; con la figura más antigua de Marco Licinio Craso (115 a 53 aC.), el Cónsul del ascenso de Roma, que adquirió su riqueza gracias al fuego y la guerra, con grandes inversiones en bienes inmobiliarios urbanos, mientras sacaba provecho de las miserias públicas.
Pero no se trata de Trump, apenas el personaje loco dentro de la obra, atrás actúa un nuevo Estado profundo-profundo. El desmontaje del Deep State de los Globalistas, mientras se consolida el nuevo Deep-deep State de los MAGA, como dice Alexander Dugin. Un poder obscuro, con figuras como Elon Musk, dueño de Tesla y Space X; Matt Schlapp, Presidente de la Unión Conservadora Estadounidense (ACU); Peter Thiel, empresario e ideólogo de la nueva tecnología; Steven Miller, el cerebro atrás de la política antiinmigración de Trump; Curtis Jarvin, el ideólogo de la “Ilustración obscura”, en torno a un “Estado-corporación” y a la “Catedral” formada por las universidades de élite y los medios de comunicación corporativos; el think tank Claremont Institute, que fundamenta la estrategia de ataque al Deep State y de promoción de una visión conservadora; la New Right, dentro del Partido Republicano, que impulsa la cultura norteamericana hacia posiciones nacionalistas y proteccionistas.
La ironía es que Trump monta la obra frente a los ojos de Europa, el templo derruido de la modernidad Occidental en retirada. El insulto, la diatriba, el chantaje, la amenaza de los aranceles y de la invasión militar, el negocio final, las dos presas simbólicas Groenlandia y Gaza, pero en realidad el tesoro disputado es el poder y la riqueza mundiales. Un mensaje que deja a Europa lejos de las grandes decisiones. La caída de la modernidad arrastra también la caída de su cuna, la Europa del Iluminismo y la razón. Crear el adversario que puede ser vencido.
El método del loco que crea el caos, para terminar en la concesión, promete que no se trata de la invasión militar a Groenlandia, la soberanía de Dinamarca y de Europa no está en peligro. La propuesta es un gran negocio inmobiliario, la compra de terrenos, con vista al mar y al Ártico. Allí estará el nuevo domo dorado para enfrentar las amenazas de Rusia y de China. Un lenguaje performático, desnudado de la complejidad del paso entre el significante y el significado, en el borde del símbolo primario, para conectarse inmediatamente con la pasión, la reacción, la respuesta, primero el caos, la incertidumbre, luego el temor y finalmente la sumisión y la obediencia.
En Groenlandia no hay la participación de los otros invitados, se trata del hemisferio exclusivo de la Doctrina Monroe 2.0, la variante Don-roe, el control exclusivo desde el Ártico a la Antártica. Sólo están invitados los nuevos poderosos de “America First”. No se trata del petróleo, como en Venezuela, en Groenlandia está la fuente de minerales y tierras raras necesarias para un Silicon Valley 2.0. El reparto, la venta, ya se realizó en planos. Sólo hay que legalizar el negocio, imponer la aceptación sumisa de Europa.
Todavía queda el discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, un burócrata que gestionó la crisis del 2008 desde la City de Londres e impulsó y gestionó el Bréxit en 2020, el lamento del cisne. La reproducción de algunas verdades desde atrás, “no estamos en una transición, sino en una ruptura, el fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal”, para tratar de juntar a las potencias medias, a fin de resistir, en algo, la avalancha de la destrucción de las reglas de los tiempos del globalismo triunfante, y buscar una espacio propio en medio de la disputa y los acuerdos, el reparto del mundo de los tres grandes. Invoca con añoranza los viejos valores globalistas, “el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”. Aunque él mismo es un ejemplo de su disolución. La invocación a China, a fin de buscar alguna protección para la OTAN-, frente al nuevo monarca salido de su propia casa, mientras siguen enfrascados en la autodestrucción de Europa en la Guerra de la OTAN contra Rusia. Y al final la sumisión a la compra de Groenlandia.
El negocio es diferente en Gaza. El reparto y la sumisión al nuevo monarca mundial sobre los cadáveres de los niños, las mujeres, los hombres de Gaza. El negocio de la reconstrucción, después de la destrucción total, el genocidio y el espacio vaciado. El cinismo de la oferta, las mansiones, los resorts en un panorama asombroso. El tema de fondo está en la “Junta de la Paz”. Inicialmente se pensaba que podía abordar el conflicto en Gaza, pero la nueva versión, presentada en Davos, la muestra como una “organización internacional” que promueve la estabilidad, la paz y la gobernanza “en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”. El derecho de admisión cuesta mil millones de dólares. La presidencia vitalicia, según el Estatuto, es para Trump, más allá de su segundo mandato, El Príncipe al desnudo, declara que es un tiempo en que se requiere un Dictador.
El objetivo es sustituir a la ONU y crear una alianza que pueda desplazar a los BRICS y a la propuesta de la Ruta de la Seda de China. Ha invitado también a Rusia y a China, pero hasta el momento han evadido la respuesta.
Trump es el depredador que muestra las cartas del negocio. Un tiempo de destrucción del viejo orden normativo y la imposición de un nuevo orden por la fuerza y el miedo.
En la versión iluminista, la modernidad parte del legado de Descartes, de Newton, la ciencia y la razón como soporte de la verdad. Pero ahora podemos ver que más bien son los personajes e ideólogos de la fuerza y el poder los reales padres de la modernidad capitalista. Podríamos trazarnos otra imagen si vemos que las fuentes están en Maquiavelo, el ideólogo de la separación entre política y moral, y en Hobbes, el ideólogo del poder absolutista, del Leviatán.
Cesare Borgia fue el modelo de El Príncipe moderno, predicado por Maquiavelo. Los consejos del pragmatismo político, para conquistar, retener y ampliar el poder, priorizando la eficacia sobre la moralidad: ser temido, antes que amado; ser zorro y león; la palabra dada es secundaria; la crueldad aplicada en un solo golpe; la única ocupación del Príncipe debe ser la guerra perpetua. Y ahora los ideólogos de la fuerza y el poder desnudo regresan por la puerta de la racionalidad cínica, el conocimiento y la información separados de la verdad y la humanidad.
El Príncipe mundial se ve obligado a enfrentar y negociar con los otros polos de poder. Estamos en la transición desde la hegemonía unilateral del Occidente Globalista a la hegemonía multi-trilateral, en torno a los tres Estados-imperio-civilización, los Estados Unidos del proyecto Maga de Trump, la Gran Rusia, el proyecto de la Tercera Roma de Putín, el “Socialismo” chino de Xi Jinping. Todavía el tiempo violento del reparto, aunque evitan la confrontación bélica directa, y más bien las guerras se mueven en las fronteras de las zonas de influencia, Ucrania, Venezuela, Irán. El conflicto Palestino-Israelí tiene un carácter diferente, la frontera sobre el sentido de la humanidad.
Una transición violenta en contra de las fuerzas y países subordinados y, sobre todo en contra de los pueblos. Gaza, Minneapolis, son los signos.
El reto es construir un Frente Antifascista desde abajo, como la nueva forma de unidad de los pueblos de América Latina y del Sur Global, para impulsar una política de paz, no-alineamiento y defensa de la humanidad y la madre-naturaleza. Un proyecto de cuidado compartido, para rechazar todas las invasiones y dominaciones, y proteger la vida, sobre todo para las nuevas generaciones.
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