Un fallo de una cámara neoyorquina liberó al Estado argentino de la sombría amenaza del pago de una indemnización milmillonaria en dólares. Se abrió de inmediato la disputa por la paternidad del alivio judicial, en días azarosos para un gobierno acorralado por el tono grisáceo del panorama económico y los casos de corrupción de reciente conocimiento público.