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El coronavirus en Nueva Caledonia es un indicador de colonialidad

Fuentes: Middle East Eye

Traducido del francés para Rebelión por Susana Merino

Foto: Una vivienda ocupada en el centro de Nouméa (AFP)

Visto desde adentro, el riesgo de contaminación con el coronavirus muestra el proscenio de lo que será el segundo referéndum de autodeterminación previsto para setiembre de 2020 en Nueva Caledonia porque los desafíos planteados por la pandemia serán también los del referéndum.

El gran público – y el mundo periodístico – ignora el excepcional carácter de la colonización francesa en Nueva Caledonia (Pacífico Sur).

Este conjunto de islas y de archipiélagos no solo es una colonia penitenciaria, como Guyana, y una colonia de poblamiento, como Argelia, sino también, y sin duda sobre todo, es una colonia de “reservas” para los melanesios según el modelo de las reservas destinadas en los EEUU a los amerindios y en Australia a los aborígenes.

Hoy en día ese tipo de poblaciones diseminadas por el mundo se denominan “pueblos autóctonos”, que es lo que son. ¿Cuál es la situación de esta Colectividad de Ultramar francesa en momentos en que una enorme pandemia ha apresado entre sus garras a todo el mundo?

¿Son los canacos los olvidados del Pacífico? Cuando el covid-19 llegó por avión hasta las puertas de la Nueva Caledonia (o Kanaky) el presidente del Senado tradicional Hippolyte Wakewi Sinewami-Htamumu declaró el 17 de marzo: “La protección de la vida humana en este país de 19.000 km2 y 260.000 habitantes merece las decisiones más draconianas. Nuestro territorio puede verse diezmado rápidamente, en especial sus aldeas o sus islas más pequeñas pobladas con algunas centenas o miles de almas”.

Frente a la amenaza, la fragilidad de los canacos

En efecto, colonización significa población “diezmada”. Entre 1774 y 1920 la población canaca disminuyó entre un 75 % y un 95 %, especialmente a causa de las enfermedades introducidas por los europeos. Entre 1853 y la década de 1920 la población se redujo a la mitad al pasa de 55.000 habitantes a 27.000. Por su parte, la población de Tahití, que se calculaba en 60.000 individuos en 1767, pasó a tener 20.000 en 1820 y 9.000 en 1830.

Según el censo, en 2014 había una población de aproximadamente 105.000 canacos (frente a los 46.000 que había en 1969) que suponían en 2014 el 39 % de los habitantes (frente a casi el 46 % en 1969).

En los años 1970 el gobierno francés “hizo blanco”, según la expresión de un alcalde de Numea, al fomentar la inmigración europea debido al “boom del níquel”.

La ley francesa “prohíbe recopilar o tratar datos de carácter personal que evidencien, directa o indirectamente, los orígenes raciales o étnicos de las personas”, salvo en Nueva Caledonia.

Se han establecido ocho afiliaciones de comunidades: europea, indonesia, canaca, ni-vanatuaisa, tahitiana, vietnamita, wallisiana, futuniana. Actualmente Nueva Caledonia está formada por tres provincias: Norte, Sur e Islas.

Los canacos constituyen el 70 % de la provincia Norte, el 94 % de las islas Lealtad, que constituían, hasta su abolición en el año 1946, reservas indígenas.

Las conexiones aéreas y marítimas se interrumpieron rápidamente entre las islas, tras la suspensión del amarre de cruceros. Los cruceros es un sector en alza regular en Nueva Caledonia

Uno de los lideres mundiales en materia de cruceros, el grupo Carnival, realiza el 85 % de las escalas. Un promedio de 200.000 viajeros de cruceros hace escala anualmente en Lifou y más de 400.000 en el conjunto de islas. La falta de ganancias es actualmente evidente.

Sin embargo, en Drehu (Lifou) el jefe máximo del distrito de Wet, Ukeinesiö Sihaze, ha decidido detener las escalas en la bahía de Easo. En Maré se impidió amarrar a otros dos barcos procedentes de Australia los pasados 1 y 2 de febrero.

Se trata evidentemente de un modo de jerarquizar las prioridades. Y también una manera de expresar, ante la amenaza de la pandemia, la fragilidad de los canacos, en todo el país, tanto para los que viven en “tribus” como los que habitan las ciudades, porque es preciso saber que la tribu es desde 1867 el reconocimiento administrativo de la organización canaca.

La sociedad canaca está estructurada en torno a una organización llamada » tradicional » con el clan como base. Los clanes se reúnen en tribus, dentro de distritos tradicionales, agrupados en áreas tradicionales.

El argumento de todos los responsables canacos es que nada vale más que la vida. En 2013 el Senado tradicional abordó la cuestión de la incorporación de un orden jurídico canaco al orden jurídico del Estado. Con tal objeto emprendió una reflexión sobre la definición de una base común de los valores canacos y los principios fundamentales de los derechos autóctonos canacos.

El primer artículo se refiere a la vida: “La vida es sagrada. La sangre, fuente de vida, proviene del tío uterino”. Este texto desembocó en una Carta del Pueblo Canaco.

Efectivamente, si en Nueva Caledonia el 17 % de la población vive bajo el umbral de la pobreza, la precariedad y la pobreza se hallan distribuidas étnicamente: el 52 % en las islas Lealtad, 35 % en la provincia Norte y 9 % en la provincia Sur.

La composición étnica de la provincia Sur, que agrupa al 75 % de la población global, incluye un 33 % de europeos (los descendientes de los deportados condenados a trabajos forzados de Argelia, “los cabilios del Pacífico” se clasifican como europeos), 26 % de canacos, 10,7 % de wallisinos y futunianos, 2,6 % de polinesios y la mayor parte de los asiáticos del archipiélago.

En el 2014 la tasa de empleo en toda Nueva Caledonia era del 70 % para los no canacos, 40 % para los canacos. Un poco más del 56 % de los canacos no tiene ningún diploma, frente a un poco más del 16 % de los no canacos.

El presidente de Nueva Caledonia, Thierry Santa, declaró el 16 de abril: “Actualmente están dadas todas las condiciones para retomar plenamente la actividad económica, con estricto respeto de los gestos para contener la pandemia”.

Ante la inexistencia de nuevos enfermos, después de los 18 casos registrados en abril, Nueva Caledonia se halla preservada. El confinamiento, que comenzó a medianoche del 24 de marzo, se levantó del lunes 20 de abril.

Los comercios, los servicios y las demás empresas han reiniciado sus actividades a excepción de los bares, las discotecas, los cines o los ámbitos deportivos. Pero el Senado tradicional mediante un comunicado ha manifestado su oposición al levantamiento del confinamiento (llamado “confinamiento organizado”) por parecerle apresurado y sin suficiente preparación.

Existe mucho temor por parte de los canacos: “Las consecuencias sanitarias de la introducción del virus serían graves en un país en el que existen elevados factores de comorbilidad y en donde los usos sociales son fuertemente comunitarios”, afirma preocupado Daniel Goa, presidente del partido independentista Unión Caledoniana.

Los factores de comorbilidad son los que se hallan entre otros pueblos autóctonos, especialmente en los EEUU: alcoholismo, obesidad, diabetes. El consumo de alcohol constituye un problema de salud pública tan grande que su venta está prohibida en ciertos días de la semana a partir de mediodía.

Flagrantes desigualdades

En 2015 se observó un aumento regular de los casos de lepra en la población melanesia. La tuberculosis se había estabilizado en aquel momento con una prevalencia en las poblaciones melanesias, wallisianas y vietnamitas.

Tres arbovirosis han circulado en Nueva Caledonia. Desde hace tiempo Nueva Caledonia se viene enfrentando epidemias de dengue. El chicunguña entró en 2011 a causa de la importación de dos casos de Indonesia y el virus zika ingresó al territorio en noviembre de 2013 debido a la importación de 35 casos de la Polinesia francesa. ¡El covid-19 no pasará!

Las inquietudes manifestadas por los canacos son también la formulación de un diagnóstico social y político. Aunque el PBI por habitante registrado en el 2016 ponía de manifiesto un nivel de vida bastante elevado (28.500 euros), ocho veces superior al de las Fidji, 17 veces el los Vanuatu, treinta veces el de Papua-Nueva Guinea, el coste de la vida en Nueva Caledonia es entre un 30 % y un 70 % más alto que en Île-de-France. Las desigualdades son extremas en Nueva Caledonia, como en los llamados países “emergentes”.

La relación interdecil, que mide la diferencia entre los ingresos del 10 % más rico y los ingresos del 10 % más modesto, se estima en 7.9 (en comparación con 3.6 en Francia y 5.8 para todos los DOM [Dominios de Ultramar]), según el informe sobre Nueva Caledonia del Overseas Emission Institute (edición 2018). Esto demuestra lo mucho que están expuestos los canacos a todo tipo de golpes del destino.

En 2018 el referéndum de autodeterminación previsto por los Acuerdos de Numea votó a favor de permanecer unido a Francia, en contra de la independencia, con el 56.4 % de los votos. En 2020 se celebrará un segundo referéndum, en principio en septiembre.

Pero más allá de la cuestión de la soberanía política, que no es suficiente para constituir la independencia, como ha demostrado de sobra Françafrique, el problema étnico y social va unido, como siempre, a un problema económico.

Cuando Chérifa Linossier fue presidenta de la Confederación de Pequeñas y Medianas Empresas (CGPME) sostenía que Nueva Caledonia seguía siendo una “economía de factoría”, ya que el níquel (8 % de las reservas mundiales) representaba solo el 4 % del PIB (y 4.000 empleos).

Para la fracasada candidata a la alcaldía de Numea en 2020, “la biodiversidad [en Nueva Caledonia] es única en el mundo. Nueva Caledonia podría ser la start-up francesa para el desarrollo sostenible, pero solo los científicos parecen estar interesados en esta riqueza”. Los científicos, sin embargo, no son los únicos interesados.

Es también una dimensión muy importante de la cultura canaca, aunque los canacos implementen un desarrollo sostenible que no pasa necesariamente por las vías científicas y económicas mencionadas.

La Carta del Pueblo de Canaco hace del respeto al espacio natural un principio: «El vínculo con la tierra refleja la relación carnal y espiritual de un clan con el espacio natural donde se encuentra su montículo de origen en el que aparecieron sus antepasados y con los espacios de montículos sucesivos que jalonan su historia. En términos más generales, el vínculo con la tierra refleja la relación emocional que vincula a la familia / el clan y la tierra que lo vio nacer y crecer».

La colonialidad no es solo un término revolucionario de salón. Lo dicen los que no lo viven. Quienes lo viven no utilizan ese vocablo nacido en (y para) las universidades.

Si el COVID-19 se extendiera en Nueva Caledonia, causaría más víctimas entre unos que entre otros, no solo debido a la comorbilidad, sino también a causa de las condiciones económicas, políticas y sociales que son las que exigen mayor vigilancia. En este sentido, este coronavirus es un indicador de colonialidad.


Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Middle East Eye.

Seloua Luste Boulbina es filósofa y politóloga, exdirectora de Programas en el Colegio Internacional de Filosofía de París (2010/2016) y actualmente es investigadora en la Universidad Diderot de París 7. Teórica de la descolonización, se dedica a temas coloniales y postcoloniales en sus aspectos políticos, intelectuales y artísticos Sus obras principales son Les Miroirs vagabonds ou la décolonisation des savoirs (arts, littérature, philosophie) (Les presses du réel, 2018), L’Afrique et ses fantômes, Écrire l’après (Présence Africaine, 2015/ Indiana University Press, 2019), Les Arabes peuvent-ils parler ? (Blackjack 2011, Payot Poche 2014), Le Singe de Kafka et autres propos sur la colonie (Sens Public, 2008/Les presses du réel 2020). Dirigió Dix penseurs africains par eux-mêmes (Chihab, 2016), Décoloniser les savoirs (La Découverte, 2012), Un monde en noir et blanc (Sens Public, 2009), Réflexions sur la postcolonie (PUF, 2007).

Fuente: https://www.middleeasteye.net/fr/opinion-fr/coronavirus-nouvelle-caledonie-colonialite

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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