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El ejército de Myanmar adopta la estrategia de los «cuatro cortes» para acabar con la oposición al golpe de Estado

Fuentes: Al Jazeera
Traducido para Rebelión por Cristina Alonso

La táctica se utiliza en contra de la ciudadanía en un intento de reprimir el apoyo a la resistencia, aunque parece estar siendo contraproducente.

El 24 de mayo, en el estado Kachin, en Myanmar, Awng Di, de 13 años, se acercó a la casa de su tía hacia el mediodía para alimentar a las gallinas. Treinta minutos después, artillería pesada alcanzaba el gallinero; Awng Di murió antes de llegar a la clínica más cercana.

«Nuestra familia nunca se ha metido en política… Sólo intentamos sobrevivir», dijo la madre de Awng Di a Al Jazeera. «Ahora, los maldigo [a los soldados del ejército] cada vez que los veo».

Desde abril, el municipio de Momauk, de donde procedía Awng Di, ha sido escenario de enfrentamientos entre el Tatmadaw, el ejército de Myanmar, y el brazo armado de una organización de las minorías étnicas, el Ejército para la Independencia Kachin. El recrudecimiento de la violencia en Momauk y otras partes del estado Kachin ha desplazado a más de 11.000 personas, según estimaciones de la ONU.

Los enfrentamientos en Momauk muestran una escalada de los combates en todo el país desde el golpe militar del 1 de febrero, a medida que se reanudan o aceleran conflictos de décadas entre el Tatmadaw y las organizaciones armadas de las minorías étnicas en las zonas fronterizas de Myanmar, y surgen fuerzas civiles de defensa en municipios que no habían visto combates anteriormente.

En respuesta al aumento de la resistencia armada, el Tatmadaw ha lanzado indiscriminadamente ataques aéreos y terrestres contra zonas civiles, desplazando a 230.000 personas desde el golpe. Las fuerzas de seguridad también han saqueado e incendiado viviendas, han bloqueado el acceso a la ayuda humanitaria y el transporte de artículos de socorro, han restringido el suministro de agua, han cortado las redes de telecomunicaciones, han bombardeado lugares de refugio y han dado muerte y arrestado a personas voluntarias que intentaban proveer con ayuda humanitaria.

Según Naw Htoo Htoo, directora de programas del Grupo de Derechos Humanos Karen, las pautas de violencia del Tatmadaw desde el golpe de estado son la continuación de una estrategia conocida como los “cuatro cortes”, que el ejército empezó a utilizar contra la etnia Karen en la década de 1960 y que desde entonces ha desplegado contra la población civil en otros territorios habitados por minorías étnicas.

«[El Tatmadaw] ya no utiliza las palabras ‘cuatro cortes’, pero la estrategia es definitivamente la misma que la de los cuatro cortes que han utilizado contra la población étnica durante más de 70 años», explicó Naw Htoo Htoo.

A través de medios como la restricción del acceso a los alimentos, a fondos, a servicios de inteligencia y a reclutamiento, la estrategia pretende minimizar el apoyo básico de la resistencia armada y poner a la población civil en contra de los grupos de resistencia.

Además del estado Karen, el ejército también han utilizado esta estrategia en zonas que incluyen los estados Kachin y Rakhine, sobre todo en el norte del estado Rakhine en 2017, cuando sus «operaciones de limpieza» obligaron a cientos de miles de personas, en su mayoría musulmanes de la etnia Rohingya, a cruzar la frontera hacia Bangladesh.

Según Kim Jolliffe, investigador independiente que estudia seguridad y conflicto en Myanmar, la estrategia de los cuatro cortes «trata a la ciudadanía no solo como ‘daño colateral’, sino como un recurso fundamental en el campo de batalla».

«Se les ataca directamente con una violencia extrema y ven cómo se destruyen, de forma intencionada, sus medios de vida, de manera que los grupos armados no puedan encontrar santuario y apoyo civil», declaró a Al Jazeera.

Violencia indiscriminada

Desde el golpe de estado, el Tatmadaw parece haber ampliado el uso de la estrategia de los cuatro cortes en todo el país, incluyendo las zonas predominantemente pobladas por la mayoría étnica Bamar. A finales de marzo, después de que las fuerzas de seguridad saquearan hogares en el municipio de Gangaw de la región central de Magway, la población local comenzó a contraatacar con rifles de caza. El Tatmadaw respondió con explosivos pesados y fuego de ametralladoras, matando a cuatro personas y obligando a más de 10.000 a huir a zonas boscosas, según el medio local de comunicación Myanmar Now.

El municipio de Pauk, en la región de Magway, también vivió la violencia indiscriminada en la noche del 15 de junio, cuando más de 200 casas de la aldea de Kinma ardieron hasta los cimientos, acabando con la vida de una pareja anciana que quedó atrapada en su hogar. Dos personas residentes de Kinma que hablaron con Al Jazeera bajo condición de anonimato dijeron que no sabían de ningún enfrentamiento que condujera al incendio, pero según Myanmar Now, el incidente se produjo días después de escaramuzas entre combatientes de la resistencia local y policías y soldados de paisano.

Una persona residente dijo a Al Jazeera que vio al menos a nueve personas vestidas de civil entrar en la aldea hacia las 11 de la noche del 15 de junio, prender fuego a las casas y disparar contra el ganado, los cerdos y los búfalos.

El Tatmadaw ha culpado del incidente a 40 «terroristas» y ha dicho que los medios de comunicación que le acusan de incendiar el pueblo están intentando desacreditarlo.

El portavoz militar no respondió a las llamadas repetidas de Al Jazeera en busca de comentarios sobre los incidentes de violencia o el uso de la estrategia de los «cuatro cortes».

Actualmente, las personas residentes de Kinma están dispersas en aldeas cercanas o se alojan en refugios improvisados en la selva, donde se están quedando sin alimentos y suministros, según informa Than Tun Aung, seudónimo de una de las dos personas residentes entrevistadas en Kinma por Al Jazeera. «Recoger la ayuda humanitaria es un desafío, porque puede haber policías o soldados en el camino», dijo. «Siempre estamos alerta y a punto para echar a correr».

Todas las vidas están amenazadas’

El estado Kayah y el vecino estado Shan, que se habían mantenido pacíficos antes del golpe, también han sido objeto de intensos ataques del Tatmadaw desde el 23 de mayo, cuando un grupo autodenominado Fuerza de Defensa del Pueblo Karenni invadió una comisaría de policía en la ciudad de Moebye, en el municipio de Pekon del estado Shan, y los combates se extendieron rápidamente por toda la región. Mientras que combatientes de la defensa civil llevaban a cabo emboscadas selectivas con armas caseras, el Tatmadaw lanzó lo que la ONU describió como «ataques indiscriminados», disparando artillería y armas de fuego contra zonas civiles y desplazando a 100.000 personas, la mayoría de las cuales viven ahora en las selvas cercanas.

Las iglesias, donde algunas personas han buscado refugio, han sido atacadas en repetidas ocasiones, incluida la Iglesia del Sagrado Corazón en el municipio de Loikaw del estado Kayah, que fue bombardeada el 24 de mayo, matando a cuatro personas.

El suministro de ayuda en los estados Kayah y Shan es difícil y peligroso. El Tatmadaw ha bloqueado el flujo de mercancías a los municipios afectados por el conflicto, detenido y asesinado a personas voluntarias y matado a dos personas desplazadas cuando intentaban ir a buscar arroz a sus casas.

Joseph Reh, un cooperante voluntario en el municipio de Pekon que prefiere no revelar su verdadero nombre por razones de seguridad, informó a Al Jazeera que su grupo utilizó inicialmente banderas blancas mientras repartían la ayuda, con la esperanza de que les ofreciera protección, pero que las fuerzas de seguridad les dispararon de todos modos.

Su grupo hizo acopio de alimentos y otros artículos en una escuela, pero al principio no pudo distribuirlos por el riesgo de ser atacado. La tarde del 8 de junio, cuando personas voluntarias intentaron llevar sacos de arroz a las personas desplazadas que se escondían en las montañas, las fuerzas de seguridad dispararon contra la furgoneta del grupo, obligándola a dar marcha atrás, informó Reh.

«A causa de eso, descubrieron dónde guardamos nuestros alimentos y suministros», añadió Joseph Reh. «Vinieron a la escuela, se llevaron todos nuestros suministros a un campo y los quemaron esa misma noche». En total, dijo, destruyeron más de 80 sacos de arroz, así como reservas de otros alimentos secos, suministros médicos, una ambulancia y un coche.

«Destruyeron cosas que no debían destruir y que no estaban relacionadas con las fuerzas de defensa del pueblo contra las que luchan», comentó Joseph Reh. «Los suministros de alimentación eran para las personas desplazadas… La ambulancia que quemaron no estaba relacionada en absoluto con la lucha. Llevaba escrito RESCATE y el logo con la cruz roja».

Según Joseph Reh, las fuerzas de seguridad dispararon hacia las montañas durante los dos días siguientes, restringiendo aún más la entrega de ayuda.

Además de la escasez de alimentos y suministros, las personas desplazadas se enfrentan a la insuficiencia de alojamiento y atención médica. En el municipio de Mindat, en el estado Chin, donde las fuerzas civiles de defensa tomaron rifles de caza y armas caseras a mediados de mayo, el Tatmadaw lanzó ataques con armas pesadas que desplazaron a más de 20.000 personas. Al menos seis personas desplazadas han muerto desde entonces por falta de acceso a asistencia sanitaria, según Radio Free Asia.

«Todo está bajo control militar y todas las vidas están amenazadas», dijo Salai Shane, seudónimo del jefe de un grupo voluntario de respuesta a emergencias en Mindat. Salai Shane nos describió las «dificultades extremas» que enfrentan al intentar acceder a las personas desplazadas.

El 13 de junio, uno de los vehículos de su grupo fue confiscado cuando iba desde Pakokku, en la región de Magway, a Mindat, mientras transportaba alimentos e impermeables. Desde entonces, Salai Shane ha perdido el contacto con el conductor del vehículo. Las fuerzas de seguridad detuvieron a otro miembro del grupo el 19 de junio y confiscaron su motocicleta y los suministros de ayuda que llevaba para las personas desplazadas. Durante la semana que estuvo detenido, fue golpeado e interrogado, según relató Salai Shane.

Dado que personas voluntarias cooperantes han sido asesinadas a balazos en el estado Kayah, Salai Shane dice que teme especialmente la entrega a pie de ayuda humanitaria. «A veces no hay ruta para las motos y tenemos que cargar los artículos en varios viajes», explicó. «Si estamos en el bosque o la selva, nos pueden matar y hacer desaparecer nuestros cuerpos».

El ejército alimenta la ira

Según el investigador independiente Kim Jolliffe, el Tatmadaw está dispuesto a hacer «cosas incomprensibles» a la población para mantener el control. «Sólo conoce una forma de enfrentarse a la oposición y es someter a todos los elementos disidentes de la sociedad mediante la fuerza extrema», afirmó.

Aunque la estrategia de los cuatro cortes puede tratar de poner a la población en contra de la resistencia armada o debilitar una resolución, Naw Htoo Htoo, del Grupo de Derechos Humanos Karen, dice que es probable que el enfoque sea contraproducente.

«A corto plazo, podría haber algún impacto en la resistencia armada debido a la escasez de alimentos y agua y al acceso limitado a los recursos, pero a largo plazo, [el Tatmadaw] no podrá gobernar en ningún sitio», dijo. «Cuanto más oprimen al pueblo, más se fortalece la ciudadanía, porque cuando atacan deliberadamente a todo el mundo, la gente les odia más».

Víctimas de la violencia del Tatmadaw desde el golpe de estado dijeron a Al Jazeera que las experiencias han cimentado su odio hacia las fuerzas de seguridad y las han convencido todavía más de asegurar su caída.

«Nunca podremos ver al ejército de forma positiva», dijo Than Tun Aung, de la aldea Kinma, a Al Jazeera. «Sólo queremos seguir viviendo en paz como agricultores… Tenemos que acabar con este régimen militar o sufriremos toda nuestra vida».

En Mindat, Salai Shane ha llegado a una conclusión similar. «Si las fuerzas de defensa civiles pudieran derrotar al ejército y expulsarlo de la zona, podríamos reanudar libremente negocios y actividades agrícolas y vivir mejor», explicó. «No podemos separar las dos cosas: los grupos de resistencia armada están formados por personas civiles, porque todas odiamos al régimen militar y aspiramos a abolirlo. Restringir la ayuda a la población civil solo retrasará el movimiento de resistencia armada, pero no podrá detenerlo.»

Fuente original en inglés: https://www.aljazeera.com/news/2021/7/5/the-people-hate-them-more-indiscriminate-attacks-on-civilians

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