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Andrés Piqueras participa en el curso El mundo después de la pandemia, de la Academia de Pensamiento Crítico y la FIM

Estados Unidos y el “enemigo” ruso: una continuación de la Guerra Fría

Fuentes: Rebelión [Imagen: Departamento de Defensa Estados Unidos]

La desigualdad de ingresos mundial disminuyó en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, antes que Thatcher accediera a la presidencia del Gobierno en el Reino Unido (1979) y Reagan en Estados Unidos (1981). El punto de inflexión fue el Consenso de Washington (1989) para la aplicación de ajustes neoliberales en los países del Sur.

Los investigadores Jomo Kwame Sundaram y Vladimir Popov señalaron en un artículo –La creciente desigualdad mundial de ingresos (revista Sin Permiso, 2013)- que las tendencias más recientes apuntaban a que la clase trabajadora participaba cada vez menos en la distribución funcional de la renta. Esta merma se producía pese al incremento de la productividad laboral. “La creciente concentración de la riqueza en las últimas décadas es coherente con la aceleración del crecimiento del poder de los rentistas”, añadían los autores.

El análisis pone en contexto la conferencia del sociólogo Andrés Piqueras en el curso sobre El mundo después de la pandemia, que está desarrollándose vía digital con más de 360 alumnos matriculados. Integrado por dos ejes, Malestar social y Declive imperial, el curso tiene como organizadores a la Academia de Pensamiento Crítico y la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

Una segunda referencia en la ponencia de Piqueras es el artículo titulado ¿Occidente contra Rusia (y China)? (Rebelion.org y Alainet.org, septiembre 2020), en el que el autor se preguntaba: “Si Rusia ya no es un ‘peligro comunista’, ¿por qué sigue estando en el punto de mira de Estados Unidos?”     

En los comienzos del siglo XX, el geógrafo británico Halford John Mackinder destacó la importancia de la región de Eurasia para el dominio del mundo: la teoría del Heartland o “Isla Mundial”. Años después, uno de sus discípulos, el profesor universitario y geoestratega estadounidense Nicholas John Spykman, prolongó las reflexiones de Mackinder sobre la importancia de Eurasia; a Spykman se le ha considerado un referente de la geopolítica anglosajona durante la Guerra Fría. “Desde entonces los británicos fueron acompañados por los estadounidenses en esa obsesión, y no han dejado de rodear militarmente a la URSS, primero, y después de nuevo a Rusia”, concluye Piqueras.

Andrés Piqueras es profesor en la Universitat Jaume I de Castelló y miembro, desde hace más de una década, del Observatorio Internacional de la Crisis (OIC). Su línea de investigación tiene como ejes la mundialización, las nuevas identidades y los sujetos colectivos. Entre sus obras figuran Capitalismo mutante (Icaria, 2015), La tragedia de nuestro tiempo. La destrucción de la sociedad y la naturaleza por el capital (Anthropos, 2017) y Las sociedades de las personas sin valor (El Viejo Topo, 2018).

Investigadores de la ONG Archivo Nacional de Seguridad con sede en la Universidad George Washington revelaron -en agosto de 2018- que los planes de guerra nuclear estadounidenses incluyeron la posibilidad de una acción de represalia contra objetivos nucleares, militares, urbanos e industriales de la URSS. Ocurrió durante la presidencia del demócrata Lyndon Johnson (1963-1969). Entre los objetivos, destruir la Unión Soviética como “sociedad viable” y arrebatarle la condición de “gran potencia industrial”. Los documentos forman parte del denominado Plan Operativo Integrado Único (SIOP, siglas en inglés). Otro ejemplo es la Operación Dropshot, que consistía en un ataque previsto durante la década de los 50 contra objetivos considerados estratégicos de la URSS, entre otros ciudades y pueblos (300 bombas atómicas y miles de toneladas de explosivos convencionales).

“Tras la caída y desmembración de la URSS, la nueva Rusia no se libró de ese acoso. Estados Unidos persigue también desmembrar a este país y reducirle a una entidad sometida y dependiente. A la desestabilización en el Cáucaso, Chechenia, Georgia, Azerbaiyán, se unió por fin el brutal golpe de estado en Ucrania con la imposición de bandas fascistas en el gobierno. Actualmente está en marcha otra ‘revolución de colores’, esta vez en Bielorrusia, bien para absorber al país en la órbita atlantista o, en su caso, deshacerlo”, explica Andrés Piqueras.

El Pentágono difundió una nota informativa, el pasado 7 de mayo, en la que el almirante de la Armada y dirigente del Comando Estratégico de los Estados Unidos, Charles A. Richard, explicitaba una de las vías “disuasorias” para enfrentarse con los “adversarios potenciales”, Rusia, China y Corea del Norte: el despliegue de submarinos con armas nucleares, bombarderos y misiles balísticos intercontinentales.

Además Piqueras menciona el “cordón” de misiles y tropas de la OTAN instalado entre Rusia y Europa. Así, el Departamento de Estado norteamericano aprobó en marzo de 2020 la (posible) venta a Polonia de  180 misiles y 79 unidades de lanzamiento Javelin por valor de 100 millones de dólares (Polonia ingresó en la OTAN en 1999, el mismo año que la República Checa y Hungría). Además en las maniobras militares Defender Europe de 2021 participan Estados Unidos y otros 25 países, entre ellos España, con 28.000 soldados y un despliegue entre marzo y junio en 16 países europeos.

El pasado 2 de junio CNN en Español dio cuenta de las maniobras aéreas de la OTAN denominadas “Allied Sky” (Cielo Aliado), en la que han participado –en 12 horas- cerca de un centenar de aviones de 22 países asociados a la alianza militar. El canal norteamericano lo interpretó como un “mensaje a Rusia”, en las fechas previas a la reunión que mantendrán los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin en Ginebra.

La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) estadounidense aprobada en diciembre de 2017, durante el mandato de Trump, considera a Rusia y China potencias rivales de Estados Unidos y  Poderes “revisionistas”. Según Andrés Piqueras, “el pecado ‘mortal’ de Rusia ha sido que el presidente Putin comenzara hace aproximadamente una década a desafiar el orden neoliberal para defender la sociedad de los efectos destructores de las políticas implantadas por la globalización de la era Yeltsin y la ‘estrategia del shock’ de las potencias imperiales”.  

“Porque recuerda la historia de Rusia, Putin ha retornado a la política de defender la soberanía nacional y a la ‘intervención estatal’ en los asuntos económicos y sociales, que no excluye la planificación sectorial o ramal”, añade el autor de La opción reformista: entre el despotismo y la revolución.

Andrés Piqueras ha destacado, asimismo, la suma de fuerzas entre Rusia y China para impulsar políticas de crecimiento y desarrollo económico. En mayo de 2015, los presidentes Putin y Xi Xinping conmemoraron en Moscú el 70 aniversario de la victoria contra el nazismo; además de acuerdos para la financiación de proyectos rusos por parte de bancos chinos, los mandatarios firmaron una declaración “sobre la cooperación bilateral en el desarrollo de la Unión Económica Euroasiática y el cinturón económico de la Ruta de la Seda”, informó el portal ruso RT.

El pasado 1 de junio el titular de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, declaró a la agencia Sputnik que el valor del comercio entre los dos países se ha multiplicado por 13 en las dos últimas décadas (de 8.000 millones en 2001 a 104.000 millones de dólares a finales de 2020). Que la comparación tenga como referencia inicial 2001 no es una cuestión baladí: ese año Rusia y China firmaron el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación. Actualmente, añadió Lavrov, las dos potencias desarrollan 70 proyectos de inversión por valor de más de 120.000 millones de dólares.

“Un creciente número de países se han incorporado a esta dinámica regional”, subraya Piqueras en el curso de la Academia de Pensamiento Crítico y la FIM, “lo que contrasta con la imprevisible política de caos y desestabilización de Estados Unidos y sus aliados”. “Demás está decir que si esta iniciativa ruso-china se desarrolla según lo previsto, incorporando a Irán, Siria y otras formaciones sociales de Asia Central y Occidental, esta será, como hubiese dicho (el geoestratega estadounidense) Brzezinski, la derrota final para la ambición de supremacía global de Estados Unidos. Hoy la incorporación de Irán al eje de Estabilidad, tras ser asediado también por las agresiones de Washington, es ya un hecho”, remata Andrés Piqueras.

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