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Europa acaricia con pavor las cabezas de sus hijos

Fuentes: Rebelión

Estos últimos días Occidente se ha encargado de demostrar que la crisis de Ucrania hasta ahora sólo está beneficiando a Moscú y no deja de producir efectos no deseados por los agentes del Departamento de Estado, confirmando el nivel de improvisación del plan del Pentágono, que con la pretendida defensa de Ucrania esperaba poner de rodillas al presidente Putin y desmembrar a la Federación de Rusia.

Lo que no se está verificando, al punto de que las consecuencias,  más allá de la muerte de rusos y ucranianos, la están comenzando a pagar los ciudadanos europeos y norteamericanos con inflación, desabastecimiento y una sensación cada vez más notoria de que algo está por cambiar de modo irreversible. Circunstancias que también sufre el resto del mundo, pero bueno, sabemos que ese resto es el resto.

Gracias al seguidismo sumiso de la OTAN, los mandatos de Washington han conducido a Europa al borde del colapso energético con todas las derivaciones que esto acarrea, fundamentalmente para la industria, dada la dependencia de muchos países europeos de los hidrocarburos rusos.

Es llamativo que nadie haya alzado la voz para advertir a los dirigentes europeos que se estaban gatillando en la boca cuando decidieron seguir a pie juntillas los planes del Departamento de Estado. Lo que también vale para los políticos norteamericanos que no se interpusieron a los nefandos planes de Biden y la canalla que lo maneja que ha llevado al país a una inflación del diez por ciento.

No cabe duda de que Rusia fue arrastrada a un conflicto que jamás tuvo intención de comenzar, ya que de haberlo querido y no estar apremiada por la amenaza de la OTAN, habría esperado al invierno para cortar los suministros energéticos, lo que rápidamente habría puesto a Europa de rodillas mendigando algo de calor para el inhóspito invierno. Lo que sucederá irremediablemente si el conflicto se extiende hasta entonces y posiblemente detone el sistema político que desde hace ya casi cinco meses ha mostrado que no es más que una cáscara hueca.

Rusia no se ha amilanado en estos meses de operaciones en Ucrania, y a pesar de la monumental catarata de armamento y medios norteamericanos y europeos puestos a disposición del ejército, los mercenarios y los grupos nazis que sostienen a Volodímir Zelensky, no han logrado hacer retroceder en nada a la Operación Z. que casi con exactitud de ajedrecista avanza cumpliendo ciclo tras ciclo de manera incontenible

Sin duda alguna sonrisa habrá brotado en el presidente Putin al ser informado de que algunos de sus conspicuos enemigos ya han comenzado a marchar a cuarteles de invierno, como el británico Boris Johnson, el italiano Mario Draghi o la estonia Kaja Kallas.

Lo que quizás sea para tomarse más en serio es el patético paso de comedia que protagonizaron el presidente francés Emmanuel Macron y su par norteamericano Joe Biden a la salida de una de las tantas reuniones de la cumbre del G-7 que se desarrolló el mes pasado en el castillo de Schloss Elmau en los Alpes Bávaros (Alemania), donde la se vio a Macron agarrando del brazo, casi con brusquedad, a un Biden ausente para, entre el ruego y la exigencia y olvidando que estaba frente a docenas de periodistas, reclamar acerca de la imposición norteamericana de que Europa deje de comprar petróleo ruso antes de fin de año, pleno invierno europeo, por si alguien no lo advirtió.

En ese momento Macron informó al geronte norteamericano, además de a todos los periodistas que en estado de éxtasis presenciaban la “mini cumbre”, de que en una entrevista telefónica con Mohamed bin Zayed (MbZ) el sheikh de Emiratos Árabes Unidos (EAU) le dijo: “Estoy al máximo (refiriéndose a la capacidad de producción petrolera)”, para seguir con que: “Los saudíes pueden aumentar en 150.000 (barriles por día), tal vez un poco más, pero no tendrán una gran capacidad antes de seis meses”.

Tal información fue lo que disparó a Macron a correr detrás de Biden a la vista de todo el mundo y entre el ruego y la exigencia pedirle que incrementara su producción petrolera. Algo que políticamente es muy difícil frente a las legislativas norteamericanas del próximo noviembre, dada la presión de los lobbies ambientalistas, lo que podría hacer tambalear, todavía más, al tambaleante presidente norteamericano.

Europa necesitará compensar la faltante de dos millones de barriles al día para sustituir las importaciones rusas y hasta ahora nadie parece con posibilidades de cubrir ese blanco que se generará si Estados Unidos no rectifica la prohibición de suspender la importación de los vitales insumos rusos.

La emotiva entrevista entre el desencajado Macron y el ausente Biden fue interrumpida por el asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos Jake Sullivan, quien aconsejó a los egregios mandatarios que terminarán con el papelón público y se alejarán de los periodistas que transmitían en directo para los casi 450 millones de ciudadanos de la Unión  Europea (UE), muchos de los cuales en ese momento empezaron a acariciar con pavor las cabezas de sus hijos.

Como si faltasen noticias para profundizar la tragedia que vive Europa, se conoció que un nuevo misterio se precipitó a tierra en la noche del sábado, del que como todos los misterios la información es escasa. Un avión carguero ucraniano, fabricado en la era soviética, cayó entre las localidades de Antifilippi y Palaiochori, en el norte de Grecia.

El Antonov An-12 operado, según se dice ahora, por la carguera ucraniana Meridian, cubría la ruta Serbia-Bangladesh, con doce toneladas de “carga peligrosa”. Según vecinos de la zona, el avión explotó en el aire y se precipitó ya en llamas. Denys Bohdanovytch, director general de Meridian, informó de que los ocho tripulantes, todos ucranianos, habían muerto.

Mientras, las autoridades locales han ordenado a los vecinos del área  no salir de sus casas, sellar puertas y ventanas y utilizar mascarillas, en previsión de no aspirar “vapores peligrosos y tóxicos” emitidos por el material que transportaba la aeronave. Enseguida, hacia el lugar partieron patrullas entre los que se incluyen, además del personal de rescate, expertos en explosivos y llamativamente agentes de la Comisión de Energía Atómica griega, por lo que ya se está presumiendo que el vuelo no se dirigía al sudeste asiático, sino que transportaba algún tipo de armamento ¿nuclear? hacia Ucrania. Grecia ya presentó reclamos ante Serbia y Ucrania por no haber informado de las características de la carga.

Quizás sea hilar muy fino, pero sin duda es llamativo que el avión con la “carga peligrosa” haya partido de Serbia algunos días después de las declaraciones de su presidente, Aleksandar Vuvic, que con el dramatismo que la situación amerita declaró en una entrevista a medios rusos que cumplidos algunos próximos objetivos del Kremlin “Vladimir Putin, presentará una propuesta. Y si Occidente no la acepta, se desatará el infierno”.

Mientras tanto, las malas para el comediante Zelenski no terminaron en Grecia y en las declaraciones de Vuvic, ya que a pocas horas de conocerse la caída del Antonov con “carga peligrosa” se informó, sin poder confirmar que ambas noticias están relacionadas, de que Zelenski, despidió nada menos que a Ivan Bakanov, jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y a la fiscal de crímenes de guerra Iryna Venediktova, después de que se descubriera que, aparentemente, dirigían una red de espionaje rusa. Bakanov, hasta hace pocas horas, fue uno de los hombres más poderosos del Gobierno del comediante e íntimo amigo desde la infancia, mientras que Venediktova desempeñó un aguerrido papel en los juicios contra los prisioneros rusos acusados de crímenes de guerra. Según se ha conocido, la red de espías manejada por Bakanov y Venediktova tendría a más de 60 agentes entre los funcionarios gubernamentales, habiéndose conocido por lo menos 651 casos de supuesta traición y colaboración con Moscú. Muchos de los agentes descubiertos ya estarían trabajando, desde los territorios controlados por Rusia.

Estados Unidos, con grandes costos y sin haber logrado absolutamente nada más que provocar la muerte de miles de personas, la destrucción de decenas de ciudades y pueblos, además de una crisis financiera mundial que está poniendo todo de cabeza, por lo que nadie puede avizorar las consecuencias finales de este conflicto en el que Rusia ya ha conquistado una cuarta parte de Ucrania y las tres cuartas partes de su capacidad industrial. Un logro demasiado contundente para revertirlo.

Un viaje al caluroso desierto de la realpolitik

En una pirueta solo posible en el campo de la realpolitik, el presidente Biden, viajó al Golfo Pérsico -seguramente llevando en sus oídos el pedido desesperado de su amigo Macron- donde debió soportar el zamarreo de los saudíes a quienes durante la campaña electoral del 2019, para diferenciarse de Donald Trump, trató al reino de “Estado paría”, por aquello del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018, tras lo que se negó en su momento a entrevistarse con el príncipe heredero Mohamed bin Salman (MbS), hombre fuerte del régimen wahabita y responsable principal de la muerte del periodista, sin mencionar a Yemen, donde los muertos de MbS son centenares de miles más.

En la gira relámpago de la semana pasada también visitó el enclave sionistapara ratificar la alianza con su principal socio en el mundo, donde se volvió a comprometer con que Irán no tendrá acceso a energía nuclear, pero al menos no escuchó la insistencia de los sionistas de que era urgente iniciar una guerra urgente contra Teherán. Al tiempo Biden cumplió con la formalidad de pasar por Palestina, para enfrentar más tarde el verdadero motivo de su llegada Riad, donde se reunió con el rey Salman y con su hijo el príncipe MbS, lo que muchos interpretaron como un indulto de Biden al príncipe para avanzar enseguida hacia lo que importa, el petróleo. Del que hasta ahora no ha conseguido traerse un litro, lo que sin duda angustiará a Macron y al resto de los europeos, que se preparan para un fresco invierno. Tampoco Biden consiguió convencer a los sauditas de tomar una actitud más beligerante frente a Rusia.

A pesar del fracaso, Biden intervino en la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que se celebró en la ciudad saudita de Yedda con la presencia de sus seis socios: Arabia Saudita, Catar, Bahréin, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, en la que también participaron Jordania, Egipto e Irak, donde insistió en que “No nos alejaremos y dejaremos un vacío para que lo llenen China, Rusia o Irán. Y buscaremos aprovechar este momento con un liderazgo estadounidense activo y basado en principios”. Sin especificar claro qué principios.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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