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Rusia: Las bambalinas de YUKOS

Fuentes: World Data Service

El escándalo que envuelve a YUKOS, la principal exportadora de petróleo rusa, refleja un punto de confrontación potencial entre el gobierno y el empresariado. Esas tensiones se pusieron de manifiesto después de una reunión el día primero entre el presidente Vladimir Putin y 21 representantes de la flor y nata del mundo de los negocios […]

El escándalo que envuelve a YUKOS, la principal exportadora de petróleo rusa, refleja un punto de confrontación potencial entre el gobierno y el empresariado.

Esas tensiones se pusieron de manifiesto después de una reunión el día primero entre el presidente Vladimir Putin y 21 representantes de la flor y nata del mundo de los negocios de Rusia, la Unión Rusa de Industriales y Empresarios (RSPP).

Aunque en ese encuentro, primero desde noviembre, no salió a relucir el consorcio petrolero, si se discutieron otros asuntos de suma importancia para las relaciones entre la administración Putin y la comunidad empresarial.

Putin abogó para que los empresarios paguen los impuestos, muestren responsabilidad social y contribuyan a vencer la pobreza. Señaló que los fondos liberados por la reducción de impuestos debían invertirse en producir y aumentar los salarios.

Según Moscow Times, en la reunión estaba ausente Anatoly Chubais, gerente ejecutivo de Sistemas Energéticos Unificados, quien antes había sostenido una entrevista con el primer ministro Mijail Fradkov, para hablar sobre la reforma del sector.

La publicación moscovita indicó que el banquero Vladimir Potanin censuró lo que llamó inestabilidad de la banca desde que dos instituciones medianas (Sodbiznesbank y CreditTrust) vieron revocadas sus licencias en junio.

Putin consideró que la intervención estuvo totalmente justificada porque el Banco Central tiene que pensar en los intereses del sector financiero y en los de los depositantes. También hubo fricciones con la pequeña y mediana empresas (en Rusia apenas 17% de la fuerza laboral, la menor del mundo). Serguei Borisov, presidente de Opora, criticó que esos medios temen a la competencia, pero en Rusia es a los funcionarios oficiales.

Por su parte, el primer ministro Mijail Fradkov estimó que el caso YUKOS no debe ser dramatizado y citó los resultados bursátiles para señalar que no hay razón para hablar de crisis y declinación.

El jefe de estado se detuvo en la responsabilidad social de los empresarios más que en los pormenores del caso de la corporación petrolera fundada por Mijail Jodorkovsky, desde hace ocho meses en detención preventiva.

El hombre de negocios enfrenta también cargos de fraude y evasión de impuestos (alrededor de 7,000 millones de dólares) a dirimir en juicio señalado para el 12 de julio. Iguales cargos llevaron a su socio Platon Lebedev, a la cárcel hace un año.

Jodorkovsky ha querido presentarse como una víctima de maquinaciones gubernamentales en lugar de un simple delincuente de cuello blanco, en tanto Putin ha negado que quiera la quiebra de un consorcio como YUKOS.

Ese mismo día llegó a temperatura elevada el caso de YUKOS con una incursión de ocho horas de la policía en el edificio de 20 plantas que le sirve de cuartel general en Moscú, como parte de una investigación criminal por fraude y evasión de impuestos.

Ese consorcio, con unos 90 millones de barriles de crudo anuales (1,72 millones diarios), produce más que Libia, pero se le reclaman por el momento 3,400 millones de dólares en impuestos dejados de pagar en 2000. A tal suma podría agregarse otra igual por 2001 y tal vez los atrasos de 2002 y 2003, con lo que la cifra llegaría a unos 10,000 millones de dólares en adeudos al fisco ruso por parte de la firma.

Por otra parte, y de forma inmediata, la corporación tiene que honrar 2,600 millones de dólares en créditos otorgados por acreedores extranjeros, adicionales a los adeudos al Servicio Federal de Impuestos de Rusia.

YUKOS ha tratado de presentarse como centro de una conspiración que pudiera resultar muy perjudicial para el país, al afirmar que se paralizaría 20% de la producción de crudo de Rusia con este caos. De hecho, sus acciones han perdido la mitad de su valor desde abril último y el vocero de la empresa, Alexander Shadrin, alegó que se habían confiscado las computadoras durante la incursión policial. Esa versión fue negada por las autoridades, aunque reconocieron que se decomisaron varias cajas de documentos importantes.

La firma -cuyas reservas alcanzan a 1,000 millones de dólares- propuso pagar los impuestos de 2000 con su 35% de acciones en Sibneft, pero las autoridades ignoraron la oferta y exigieron el pago en cinco días, según Shadrin.

Putin, en este caso, ha imitado a Poncio Pilatos, aquel funcionario de Galilea que, según la Biblia, se lavó las manos en el caso de Jesucristo.

El presidente se limitó a decir que los tribunales tienen la última palabra en este caso, para restarle la importancia política que han querido darle algunos, al afirmar que la persecución se debe al apoyo de Jodorkovsky a los opositores.

Parece que YUKOS exagera su importancia, pues la compañía que opera los oleoductos indicó que puede reemplazar sus suministros con otros productores para mantener a Rusia de segundo país exportador mundial.

Lo que está en juego es un fuerte rumor de que el gobierno ruso quiere volver a retomar en sus manos la industria nacional, buena parte de la cual fue privatizada cuando la debacle de la URSS. No faltan quienes afirman que la idea es presionar para reemplazar a los dueños de YUKOS con otros más leales al estado y que el plan del ministro de Finanzas, Alexei Kudrin, es que Menatep, mayor accionista de YUKOS, pase al estado.

Aquellos pasos dieron lugar a la formación de una clase obscenamente rica en un país empobrecido, fenómeno que hasta empresarios como Andrei Korkunov, de Confecciones Odintsova, han tenido que reconocer que es mal visto en Rusia.

Algunos analistas, apegados a los círculos empresariales, han señalado que es hipocresía del gobierno la andanada contra el consorcio y dejar que el resto de la elite empresarial siga en libertad de acción.

Sin duda, el mundo de los negocios rusos requiere una buena escoba y en el momento actual no se sabe aún si la que esgrime el Kremlin es suficientemente buena para llevar la tarea hasta el final.