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Estados Unidos, China y el coronavirus

¿Un director de orquesta fuerte o una nueva partitura?

Fuentes: DeWereldMorgen

De repente un virus estalla. En poco tiempo «pandemia» se convierte en la palabra de moda. Vemos estadísticas de infecciones y muertes diarias en las horas de mayor audiencia y noticias de última hora. De repente hablamos de confinamiento, higiene de manos, mascarillas, infección asintomática, COVID-19, «Quédate en casa». Primero miramos todos hacia el este. Ahora estamos viendo nuestra propia región. Toda persona mínimamente inteligente comprendió que el mortal virus SARS-Cov-2 no tiene pasaporte nacional.

En la lucha contra la pandemia cada vez se hacen más llamamientos a la cooperación, la investigación y el intercambio de información, así como a la rápida producción de una vacuna, a través de las fronteras y los sistemas sociales. El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, también declaró que una vacuna es la única solución segura para dominar esta crisis. Ocho mil millones de personas, todos tenemos derecho a esa vacuna, ya sean ricos o pobres, física o psicológicamente débiles o fuertes, de cualquier origen, religión, filosofía de vida, género, edad, etc.

Pero, ¿qué personas u organizaciones mundiales con autoridad pueden, una vez que la vacuna esté lista, asegurar realmente una distribución justa en la que se “sirva” por igual a los grupos y países más débiles? Seguramente, la opción de un jugador privado con la patente bajo el brazo no es la mejor.

Estos temas nos mantienen despiertos mientras llegan las imágenes sobre el coronavirus al continente africano y a América Latina. Nos da escalofríos el ensordecedor silencio mediático sobre el virus en los distintos campos de refugiados de Grecia, por ejemplo, pero también en la frontera mexicana con EE.UU. o en los territorios palestinos.

Y luego miramos con asombro toda una serie de acontecimientos ocurridos en las últimas semanas en la lucha contra la pandemia. Vimos a un gobierno chino sistemáticamente calumniado por Trump y su gobierno, y vimos una Unión Europea paralizada por discusiones internas desde el comienzo del brote.

Un director carente de toda credibilidad en una orquesta sin instrumentos

Los EE.UU, gran ejemplo del mundo occidental, ya tiene muchas más infecciones y muertes de coronavirus que China. Las cifras son chocantes.

Al comienzo del brote el Presidente Trump no tiene más que elogios para el gobierno chino y su forma de actuar. La CNN detectó al menos doce declaraciones públicas del presidente en este sentido: «Trump alabó repetidamente la respuesta a la crisis del presidente chino Xi Jinping diciendo que la ha manejado ‘muy bien’ y que estaba haciendo ‘un muy buen trabajo con una situación muy, muy difícil’”. Durante ese período, no hubo ninguna infección públicamente conocida en los Estados Unidos. Era una “gripe común”, un “engaño de los demócratas”.

Cuando la cantidad de infecciones y muertes aumenta rápidamente la vida en Nueva York se paraliza. La capacidad de los hospitales resulta ser en gran medida inadecuada, no hay suficientes equipos de protección disponibles para los trabajadores de la salud, aparecen infecciones en otros estados y se hace evidente que, después de Italia y España, casi toda la UE está en problemas y Trump todavía se niega a tomar medidas contra el COVID-19 pero… de repente el presidente norteamericano empieza a llamar al COVID-19 “el virus chino”.

Durante una de sus numerosas conferencias de prensa, el 19 de marzo, el presidente de los Estados Unidos, claramente molesto, se enfrenta a un periodista que hace una pregunta no tan superflua: «Hay informes de docenas de casos de incidentes racistas contra chinos en el país, ¿por qué sigue usted utilizando el término ‘chino’? – Trump: «Viene de China. Por eso, es de China”.

Los virus no tienen un origen étnico. Ya el 11 de febrero de 2020 el Director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró muy firmemente que el virus necesita un nombre fácilmente pronunciable que «no se refiera a ningún lugar geográfico, ningún animal, o ningún individuo o pueblo».

Durante semanas publicaciones racistas se hacen virales en las redes sociales atacando los chinos y por extensión a los asiáticos.

Se acumulan los informes de conflictos racistas, algunos más violentos que otros. La vil adhesión de Trump al término «virus chino» ha llevado innegablemente al brote de un racismo virulento. Así lo demuestra una encuesta estadounidense en la que se agruparon más de 650 quejas en una semana (18-25 de marzo de 2020). «Se ha escupido a personas al salir de las tiendas, conductores de Uber y Lyft se negaron a recoger a asiáticos, hay hostigamiento verbal y on line, y abusos físicos», según la página web lanzada por el Consejo de Política y Planificación para Asia y el Pacífico (A3PCON) y Chinese for Affirmative Action (CAA).

Las políticas racistas contra China de Trump también tienen repercusiones en el foro internacional. La declaración final de la cumbre (por videoconferencia) de los siete países más ricos (G7) sobre la intención de luchar juntos contra el virus COVID-19 nunca se materializa porque los EE.UU. insisten en incluir el término «virus de Wuhan» en el texto. Interrogado al respecto, Mike Pompeo, el Ministro de Asuntos Exteriores, dice: «El gobierno chino tenía la responsabilidad de alertar al mundo del peligro del virus. El hecho de que no hubiera una declaración final es un problema táctico, pero no importante».

Trump usó, como es típico, el racismo para desviar la atención. Añadió el adjetivo «chino» desde el momento en que el virus comenzó a propagarse en los EE.UU. y cuando los medios de comunicación comenzaron a criticar su reacción inicialmente lenta. Llamar al virus «chino» sirvió a Trump para dos propósitos: primero, culpó a China de la crisis en lugar de al gobierno de los Estados Unidos; segundo, “ofreció a los medios de comunicación un blanco al que dirigir su ira, en lugar de dirigirla a la respuesta del gobierno de EE.UU al virus», declara el renombrado Dr. Chi Wang, presidente de la fundación para la política china-EE.UU. La CNN también llega a esta conclusión: «Este cambio en el tono de Trump es un profundo cambio en la visión del presidente sobre China, de esta forma está tratando de poner la responsabilidad de la actual pandemia mundial y la respuesta al brote sobre los hombros de Beijing”.

Después de una llamada del presidente chino Xi a su homólogo en EE.UU. el 27 de marzo, Trump deja de usar la etiqueta racista del virus.

Pero desde principios de abril han vuelto a surgir el racismo y los ataques debido a las persistentes imputaciones, mentiras y calumnias contra el enfoque chino de tratar el corona y contra el gobierno, con el resultado (o, quizás, mejor dicho el objetivo) de desviar la atención pública de la política de «¡Estados Unidos primero!” del presidente fracasado. Cada vez más estadounidenses creen en todo tipo de teorías de conspiración o análisis incorrectos culpando a China, al gobierno chino y al PCC la miseria de la pandemia.

El director de orquesta fracasado pierde la batuta

Mientras tanto, la pandemia se extiende por todos los EE.UU. a gran velocidad. En Estados Unidos los servicios sociales públicos son casi inexistentes desde hace años. Al igual que en Europa empieza una verdadera caza de ropa de protección médica, mascarillas, camas de cuidados intensivos y respiradores, kits de pruebas, etc. La pandemia obliga al presidente ultraliberal Trump a imponer medidas casi socialistas al capitalismo americano. Trump libera una enorme suma de dinero para inyectar en la economía (2.000 mil millones de dólares).

Al gigante automovilístico GM y la multinacional 3M se les instruye para que produzcan respiradores y tapabocas, y los principales bancos son «llamados al rescate». Todo ello intervenciones económicas centralizadas típicas del socialismo.

Se pensó incluso en el estadounidense común y corriente… todos los estadounidenses sin ingresos reciben 1.200 dólares. Eso parece mucho, pero la gente ya sabe que esto no podrá endulzar el trago amargo. Un trabajador medio estadounidense, que tiene un seguro de salud, puede tener que pagar hasta 1.300 dólares por la hospitalización, sin contar las facturas de los médicos, que se estiman en otros 1.300 más.

Millones de estadounidenses sin seguro corren el riesgo de recibir una factura de miles de dólares. Y de los más de 13 millones de trabajadores sin papeles nadie habla. No se gasta un solo dólar en ellos. La ausencia de una seguridad social fuerte en los Estados Unidos causará un gran terremoto social. «Estos problemas no salen de la nada. Incluso sin pandemia mundial, los estadounidenses se enfrentan a enormes gastos de atención médica en comparación con el resto del mundo, y millones de nosotros a menudo hemos pospuesto la atención médica por la preocupación del gasto. Pero con el COVID-19, un problema que conocemos desde hace mucho tiempo en todo el país, se vuelve mucho más urgente».

No hay ópera de Beijing para Trump

Mientras el virus se propaga a gran velocidad y amenaza con un colapso económico Trump tiene un nuevo hallazgo. Según él, China advirtió al mundo demasiado tarde, es más, quiso encubrir el brote del virus. Se refiere al ahora fallecido Dr. Li Wenliang como un «soplón». Por lo tanto, China es responsable de toda la coronamiseria en el mundo, pero especialmente en EE.UU. «¡Tenían que habernos avisado sobre el coronavirus!»

Nadie afirma que el gobierno chino sea perfecto y que no haya cometido ningún error, pero convertir una decisión policial equivocada para evitar el pánico y no difundir inmediatamente la detección del nuevo virus a nivel internacional en acusaciones irracionales y graves, como si el Partido Comunista Chino hubiera querido encubrir el brote del virus, perder así el tiempo y cargar al resto del mundo con la coronamiseria es un poco exagerado, ¿verdad?

China fue el primer país visitado por el virus desconocido. Al igual que otros países del sudeste asiático, China tiene malos recuerdos de enfermedades como el SARS (2003) y el MERS (2012), que causaron la muerte de cientos de víctimas. Al igual que Corea del Sur y otros países de la región, el gobierno chino ha aprendido de la lucha contra el SARS y el MERS, ha trabajado conjuntamente en el ámbito epidemiológico y virológico y ha elaborado planes de contingencia. Pero el miedo al brote de un nuevo virus se ha mantenido vivo, por supuesto.

En los últimos años el equipo del virólogo Dr. Shi Zhengli, con sede en Wuhan, ha llevado a cabo investigaciones científicas a nivel internacional sobre el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), los murciélagos y los numerosos virus que albergan, entre otros. Ha estado trabajando con sus colegas internacionales durante más de quince años y, al igual que esos colegas, sabía que un virus como el SARS-COV-2 aparecería algún día. Los científicos no entran en pánico, recurren a la investigación y el análisis hasta que se pueda ofrecer la mayor certeza. Los agentes de policía no quieren que cunda el pánico, que lleva al caos y la inestabilidad. Los hombres de la ley vigilan profesionalmente todas las razones posibles de disturbios. A veces puede ser necesario intervenir. En el caso de los mensajes en WeChat del Dr. Li Wenliang no era necesario intervenir.

La película se rebobina en el informe del Ministerio de Supervisión, que no sólo detecta corrupción, sino que también investiga el (mal) comportamiento de, entre otros, la policía. Sobre la base de este informe los agentes de policía que castigaron al Dr. Li Wenliang por «difundir rumores» han sido sancionados. El Dr. Li Wenliang, oftalmólogo y miembro activo del Partido Comunista de China, no es en absoluto un «soplón», que es en lo que los medios de comunicación occidentales querían convertirlo. Estaba preocupado, además de otros médicos y científicos, y se puso en acción. Desafortunadamente murió de COVID-19 el 7 de febrero, después de infectarse durante una consulta con un paciente (infectado asintomático). Póstumamente, por desgracia, se limpió su nombre y las autoridades admitieron públicamente que habían cometido un error y se disculparon.

¿Tiempo perdido?

Sin embargo, ciertos políticos y medios de comunicación, junto con Trump, siguen repitiendo que el gobierno chino perdió tiempo al principio de la pandemia o miró hacia otro lado. Por el contrario, varias fuentes como los informes de la OMS, los artículos de Newsweek, las cronologíasdel China Daily y el Financial Times muestran que China respondió con rapidez y precisión, y que pusieron al tanto alas instituciones internacionales muy temprano durante el proceso del brote.

El 27 de diciembre la Dra. Zhang Jixian, del Hospital de Medicina Integrada Tradicional y Occidental de Hubei, informa de tres pacientes en su hospital que sufren de una neumonía por causa desconocida. El mismo día el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Wuhan organiza una investigación epidemiológica y pruebas. El 29 de diciembre el mismo hospital informa de otros cuatro pacientes que sufren la misma neumonía desconocida, todos del distrito del Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan.

El 30 de diciembre, expertos de la Comisión de Salud de Wuhan investigan y envían dos breves informes. Uno a las 3:10pm y el otro a las 6:50pm. Estos documentos recomiendan que los pacientes sean tratados como «neumonía de causas desconocidas». Los dos documentos se envían on line a un grupo limitado de médicos implicados y a los órganos superiores de gestión de la Comisión Nacional de Salud. Alrededor de las 5.30 pm el Dr. Li Wenliang recibe el mensaje de sus colegas. A las 5:43 p.m., según el informe del Ministerio de Supervisión, el Dr. Li Wenliang reenvió el mensaje en su grupo de WeChat (compañeros de su formación médica): «Se confirman siete casos de SARS en el mercado mayorista de mariscos de Huanan» y «los pacientes están aislados en el departamento de emergencias de nuestro hospital». A las 6:42 p.m., publica otro mensaje: «La última noticia es que la infección se ha confirmado y el virus está siendo investigado. Por favor, no difundas la información y deja que los familiares se encarguen de la prevención».

El mismo día, el Dr. Shi Zhengli asistió a una conferencia en Shanghai. Alrededor de las 19h se le informa de los siete pacientes con neumonía cuya causa es desconocida. Rápidamente toma el tren de vuelta a Wuhan y regresa a su investigación anterior. Se le da la tarea urgente de investigar con su laboratorio lo antes posible si se trata de un nuevo coronavirus.

El 3 de enero el Dr. Li Wenliang es reprendido erróneamente por la policía local por difundir «rumores» sobre el brote del virus.

Un notable incidente ocurre el 4 de enero de 2020. El director del Centro Chino de Control y Prevención de Enfermedades telefonea al director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. Discuten acerca del brote de la extraña neumonía. Ambos acuerdan mantenerse en estrecho contacto, compartir información y cooperar tecnológicamente.

El 7 de enero de 2020 finalmente está listo el resultado de la investigación del laboratorio del Dr. Shi Zhengli. Es casi seguro: el coronavirus SARS-Cov-2 (relacionado con el virus del SARS) causa la neumonía. El código genético del virus es 96 % idéntico al de un coronavirus que el equipo del Dr. Shi Zhengli había identificado en murciélagos de herradura en la provincia de Yunnan.

Según el informe de la OMS, «las autoridades chinas han identificado un nuevo tipo de coronavirus, que fue aislado el 7 de enero de 2020. Los días 11 y 12 de enero de 2020 la OMS recibió información más detallada de la Comisión Nacional de Salud china en el sentido de que el brote estaba vinculado a la exposición en un mercado de pescado de la ciudad de Wuhan. El 12 de enero de 2020 China compartió la secuencia genética del nuevo coronavirus para que otros países pudieran utilizarla en el desarrollo de kits de diagnóstico específicos».

Según leemos en una entrevista a Hans Kluge, el médico belga director de la OMS en Europa, no es cierto que el jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declarara pandemia el brote de COVID-19 «demasiado tarde» (11 de marzo), como afirman los EE.UU. y otros, queriendo así demostrar la influencia de China en la OMS.

Según la microbióloga holandesa Rosanne Herzberger, los científicos chinos «expusieron rápidamente el código genético del virus y lo compartieron con todo el mundo». ¿Por qué es eso positivo y especial? Porque permitió a científicos de todo el mundo utilizarlo para realizar investigaciones, para realizar pruebas de diagnóstico y finalmente vacunas. Y sobre una posible culpabilidad: «Seamos honestos, el MERS viene de Oriente Medio [Arabia Saudita, nota de los autores], la gripe suele venir de las aves, el VIH viene de monos africanos. Es bastante aventurero pretender que China es la causa de todos nuestros problemas. Hay una gran tendencia a buscar culpables, pero quien la tiene en este caso no está claro».

La cronología del inicio de la pandemia muestra la rapidez de la reacción desde abajo hasta arriba y desde arriba hasta abajo. Después de aproximadamente una semana la OMS estaba al tanto así como los EE.UU. – por lo menos el Servicio Nacional de Salud -. El hecho de que se haya logrado esta respuesta rápida y eficiente se debe a los procedimientos y protocolos que China, la OMS y muchos otros países que han experimentado el SARS, MERS – epidemias de ébola – han preparado para el peor de los casos.

Las afirmaciones que asumen que el gobierno chino perdió tiempo y que esto ha causado que el mundo sufra esta coronamiseria son incorrectas.

Precisamente al reaccionar tan rápidamente China ha ganado tiempo para el mundo. Estas acusaciones de retraso también forman parte de una agenda secreta.

Los EE.UU. tienen otra crítica, sobre el «mal manejo de la situación» por parte del gobierno chino. La Organización Mundial de la Salud es muy clara al respecto. El informe de la Misión Conjunta OMS-China publicado a finales de febrero de 2020 concluye: «Dado que se trata de un virus totalmente desconocido, China ha desplegado probablemente la contención más ambiciosa, adaptada y estricta de una enfermedad nunca antes vista en la historia.

La salud ¿primero?

En muchos países occidentales, donde se aplicaron las recetas neoliberales que crean crecimiento mediante recortes de los presupuestos estatales, en los servicios públicos, los servicios de salud pública se han reducido considerablemente. Esto se ha vuelto dolorosamente claro en las últimas semanas.

El «deberían habernos advertido sobre el coronavirus» de Trump es, por lo tanto, una de las imputaciones más cínicas. Después de todo, son precisamente los «canales abiertos» a través de los cuales China y los EE.UU. trabajan juntos en el campo de la investigación médica y científica los que han sufrido recortes por Trump. Y trabajar con China no es ninguna ficción, es posible. El Centro Gubernamental de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) lleva años trabajando muy bien con el Ministerio de Salud de China en el marco de la OMS. El acuerdo de cooperación existe ya desde 2003. Después de la epidemia de SARS (2003) muchas áreas científicas han trabajado juntas para evitar más tragedias y para prevenir posibles pandemias. Incluso bajo el mandato de George W. Bush la cooperación en la investigación científica de los virus y las epidemias fue extremadamente buena. Deborah Seligsohn, politóloga de la Universidad de Villanova que trabajó para la embajada de Estados Unidos en Beijing de 2003 a 2007 y estudió la atención sanitaria en China, [D1] dice que los Centros para el Control y la Prevención de la Salud (CDC) en Atlanta enviaron 40 expertos -bajo los auspicios de la OMS- a China para ayudar a combatir el SARS: «Ellos dieron los consejos más internacionales en el combate de la enfermedad. Los estadounidenses ayudaron a sus colegas chinos a hacer informes, rastrear contactos, llevar a cabo un aislamiento adecuado, etc., todo lo que se necesitaba hacer”. El esfuerzo resultó en un éxito notable. El SARS se controló en gran medida en Asia.

Cuando el virus de la gripe H1N1 estalló en 2009 «las autoridades sanitarias de los Estados Unidos y China intercambiaron información y tecnología para facilitar la vigilancia nacional de la propagación del H1N1 y para desarrollar una vacuna».

Cuando el virus H7N9 surgió cuatro años más tarde «los CDC chinos y americanos colaboraron compartiendo datos epidemiológicos y realizando investigaciones conjuntas. Cuando los investigadores chinos desarrollaron una vacuna la compartieron rápidamente con sus homólogos estadounidenses, que produjeron una versión en los Estados Unidos».

Incluso cuando la crisis del ébola estalla en África occidental en 2014 los científicos estadounidenses y chinos han unido sus fuerzas «en un laboratorio construido por los chinos en Sierra Leona y transportado con suministros por un avión de transporte chino a Liberia». Como señaló el Centro Carter, “muchos de los expertos en salud enviados por China para combatir el ébola fueron adiestrados por los estadounidenses que la administración Bush había enviado a Beijing una década antes [1]».

El irresponsable recorte de presupuesto en el CDC de los EE.UU. Hecho por el Presidente Trump ha socavado gravemente la cooperación. En 2018 The Washington Post informó que la administración Trump impuso una «dramática disminución» en las «actividades de prevención de epidemias» mundiales que Obama había iniciado después de la crisis del ébola. Este año, incluso en medio de la coronacrisis, Trump propuso reducir a la mitad la contribución financiera de los Estados Unidos a la OMS. Estos recortes afectaron especialmente a la cooperación de EE.UU. con China. Desde que Trump asumió el cargo tanto el CDC como los Institutos Nacionales de Salud han reducido su personal en China. La Fundación Nacional de Ciencia ha cerrado completamente sus oficinas en el país. El razonamiento del gobierno de los Estados Unidos es que «si colaboras en la investigación con los científicos chinos, ayudas a China a desarrollar toda su capacidad, y eso no es bueno para los Estados Unidos porque China es un competidor estratégico».

Hay que seguir trabajando juntos

Una vacuna contra el síndrome de la enfermedad COVID-19 parece ser cada vez más la mejor opción para calmar este mundo a la deriva y, sobre todo, para frenar el dramático aumento del número de muertes. La crisis sanitaria mundial demuestra una vez más que una estrategia contra un virus mortal debe basarse en la ciencia y en la comunicación clara e inequívoca de un «comando unido» que sea legitimo y una a la mayor cantidad posible de países.

¿Dónde están las Naciones Unidas, más precisamente el Consejo de Seguridad de la ONU? Hasta el día de hoy una de las organizaciones políticas mundiales más importantes permanece en silencio. Las sesiones anteriores no han llevado a ninguna decisión y han quedado atrapadas en debates sobre cómo hacer frente a la pandemia. La parálisis se produjo después de que Estados Unidos presionara a los 15 países del Consejo de Seguridad de la ONU para que aprobaran una resolución en la que se culpara a China por haber liberado el coronavirus. Este tipo de gestiones – claramente parte de la estrategia de Trump para disfrazar su responsabilidad por la tardía y desordenada respuesta al mortal virus en casa – indudable y comprensiblemente choca con un veto chino. Mientras tanto, la imponente sala del Consejo de Seguridad permanece vacía, no por la distancia de seguridad, sino por la distancia política.

Durante la cumbre extraordinaria del G20 a finales de marzo el presidente chino Xi Jinping pidió una mayor cooperación internacional e insistió en la unidad y la solidaridad. «La comunidad de la naciones debe actuar rápidamente para detener la propagación del virus y China estará más que dispuesta a compartir sus buenas prácticas, realizar investigaciones y desarrollos conjuntos de medicamentos y vacunas, y prestar asistencia, en la medida de lo posible, a los países afectados por la pandemia».

En una llamamiento de cinco presidentes, que recibió muy poca atención en los medios, podemos encontrar los ingredientes para una acción rápida. Se insta a las instituciones internacionales, como la OMS, el Banco Mundial, el FMI, la Cruz Roja, la Media Luna Roja, las alianzas para vacunas, las asociaciones filantrópicas, las organizaciones de científicos farmacéuticos y las empresas privadas a que unan sus fuerzas en una asociación sólida. Esta unión de fuerzas debe asegurar que se produce una vacuna contra COVID-19 lo antes posible. Los cinco Presidentes piden urgentemente un compromiso financiero amplio para una investigación científica transparente y el intercambio, para la distribución equitativa de equipos de prueba y medicamentos para el tratamiento en la fase crítica de la enfermedad. Además, piden que se haga todo lo posible para llevar todos los recursos (vacunas, equipos de prueba y medicamentos) a todos los rincones del mundo, a todos los necesitados, incluidas las poblaciones vulnerables y los refugiados.

Este llamamiento subraya, como se ve en el texto «los enormes beneficios de una respuesta mundial coordinada y cooperativa a la crisis, y se hace hincapié en el suministro de un tratamiento y finalmente una vacuna como un `bien público mundial´ ejemplar».

Las instituciones científicas públicas y las empresas privadas trabajan a contrarreloj para producir una vacuna. Paul Stoffels, Vicepresidente del Comité Ejecutivo y Director Científico de Johnson & Johnson [2], dice que están trabajando estrechamente y a nivel mundial con la OMS, competidores privados y otros para encontrar la fórmula mágica. Para Johnson & Johnson, la meta es: «1.000 millones de vacunas […] en febrero o marzo del año que viene […] empezando con el llamado uso de emergencia». Advierte enfáticamente: «No se equivoquen: se necesitará una gran solidaridad mundial».

El llamamiento más notable lo hizo un grupo de cien académicos chinos. En una carta abierta instan a los Estados Unidos y China a trabajar juntos para luchar contra la pandemia de COVID-19.

Destacan que están agradecidos por la ayuda de la comunidad internacional, incluyendo las donaciones de los amigos estadounidenses durante la fase más crítica de la lucha contra COVID-19 en China continental. Y que respetan los programas y políticas de control de epidemias emprendidos por otros países. «En esta etapa de la pandemia, la fuente y el origen exactos de COVID-19 siguen siendo desconocidos, estas preguntas no tienen importancia en este momento y señalarse con el dedo es humillante y ofensivo para todos. Al final todos respetaremos los resultados de los científicos. Al igual que muchos otros países, China es una víctima del virus, pero también tiene una historia de éxito en la lucha contra el virus y está dispuesta a cooperar con otros países para detener la propagación de la pandemia [3]».

¡Vamos, Europa!

¿Y dónde está Europa? La Unión de 27 países, que en conjunto suman 446 millones de habitantes, un bloque de poder que sigue a China (1.430 millones) y la India (1.300 millones) en orden de rango, pero precede a los EE.UU. (325 millones). La Unión Europea está entre la espada y la pared. Sigue considerando a EE.UU. el aliado más importante y Europa depende en gran medida de los EE.UU. para la protección militar (contra Rusia). Pero la UE también quiere hacer negocios con China. Esto pone en una situación difícil a países como Hungría, Italia, Grecia y Polonia. Existe una alianza militar con los EE.UU., pero a nivel económico hay una dinámica de crecimiento hacia China. También los Estados más prósperos de la UE, se encuentran cada vez más en esta difícil situación.

China es considerado como un socio importante para abordar diversos problemas mundiales, como el cambio climático, pero mientras tanto, varios gobiernos europeos comparten las fuertes críticas de los Estados Unidos (donde apenas hay diferencias de opinión entre demócratas y republicanos) sobre el sistema político-económico centralizado de China. También el sistema meritocrático de liderazgo, en el poder legislativo y ejecutivo, choca con una completa falta de comprensión por parte de todos aquellos que siguen asumiendo la superioridad occidental. Navegar a ciegas bajo la bandera capitalista (neo)liberal y la negativa casi irracional a abrirse al enfoque chino suelen provocar reacciones distorsionadas e injustificadas medidas de castigo contra China. En parte debido a esto, las propuestas y proyectos de cooperación mundial de China, como la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, reciben una oposición desproporcionada.

Al mismo tiempo los europeos tampoco están encantados con la actual administración de los EE.UU. y su política ultraliberal porque choca con los intereses y valores europeos.

También está el tema de la financiación impuesta de la OTAN, el hecho de que todos los derechos de importación que se han incrementado y ahora se suma la pandemia y un par de cuestiones difíciles más: los EE.UU. han decidido unilateralmente cerrar su espacio aéreo a los países europeos, los EE.UU. ofrecen sistemáticamente más dinero para ganar los contratos de compra de mascarillas, dejando a otros países sin nada. Incluso, el presidente de los EE.UU. trata de traer a la empresa alemana Curevac a los EE.UU. y así obtener los derechos exclusivos de una vacuna contra el coronavirus.

La lucha contra la pandemia deja cada día más clara la posición ambigua de la mayoría de los países de Europa Occidental, que no se deciden ni por los EE.UU. ni por China. Cuando China pide entonces cooperación mundial, como hizo recientemente el Presidente Xi Jinping en el G20, reina un silencio ensordecedor en los círculos europeos.

Divisiones internas en la UE

El presidente de la UE, Charles Michel, y los demás líderes europeos apenas se hacen notar en el frente de la lucha contra la pandemia. En lugar de crear un mando unificado de los países europeos y establecer todas las medidas extraordinarias y estructuras organizativas necesarias para que la UE pueda ser un socio fuerte en la lucha mundial contra el virus, los líderes de la UE sólo han tenido unas pocas buenas intenciones y algunos comentarios.

Sin embargo, la demanda de un enfoque unificado de la pandemia en Europa era fuerte cuando los líderes de la UE se reunieron por videoconferencia a finales de marzo para discutir su respuesta en conjunto. Durante la crisis financiera (2010) y la crisis migratoria (desde 2015) los Estados miembros de la UE se vieron forzados a trabajar juntos para “evitar algo peor» y para hacer más fuerte eso que llaman la Unión. Pero ahora varios gobiernos tienen que tener en cuenta a nacionalistas y populistas de derecha que, por un lado, culpan a la UE de abandonar a «su país» y, por otro, socavan a la UE de todas las maneras posibles.

Las mismas grandes palabras están siendo utilizadas en la actual crisis sanitaria por los gobiernos nacionales y las instituciones de la UE, que «harán todo lo que sea necesario».

La Unión Europea no ha mostrado exactamente su mejor cara en la lucha contra el coronavirus. Francia y Alemania han presentado un proyecto de financiación de la crisis por parte de la UE (los principales destinatarios de los fondos serían España, Italia y Portugal) que Holanda, Austria, Polonia y Suecia han rechazado de plano. Además, se ha producido el cierre nunca antes visto de las fronteras internas del espacio Schengen. Barreras físicas, atajos cerrados con bloques de hormigón y controles policiales como resultado de las diferentes visiones sobre cómo luchar contra el virus, si construir o no la inmunidad de grupo, todo tipo de confinamientos, etc.

A estos desacuerdos internos también se sumó una descarada carrera por conseguir equipos de protección médica, mascarillas, respiradores. Esta desagradable batalla competitiva se convirtió silenciosamente a una actitud de «¡Mi país primero!», Exactamente como Trump con su «¡Estados Unidos primero!».

¿Peor que Lehman Brothers?

Pero eso no es todo. Las economías occidentales han caído en una espiral descendente «con el pie en el freno» desde las crisis pasadas. A pesar de la crisis de los bancos, el adagio neoliberal se ha mantenido tanto en Europa como en los EE.UU. El rigor presupuestario -o sea, los recortes en los servicios públicos, por tanto, también la atención sanitaria- iba a estimular el crecimiento y mantener los dividendos lo suficientemente altos para los accionistas. Pero el motor del crecimiento ha estado chisporroteando durante bastante tiempo, los dividendos continúan distribuyéndose, pero la economía no arranca. «El choque de la coronacrisis está golpeando a una economía que ya era débil antes de la pandemia y a un sistema financiero que nunca se ha recuperado realmente de las consecuencias de la crisis financiera de 2008».

Poco después de la FED (Reserva Federal) en EE.UU., el Banco Central Europeo decidió también verter unos grandes cubos de agua sobre el «fuego pandémico» que se estaba extendiendo. El 18 de marzo se liberaron 750.000 millones de euros para los Estados miembros europeos. El 9 de abril la Reserva Federal ya echa más agua: 2.300.000 millones de dólares (2.100.000 millones de euros). Sin embargo, nadie sabe si estos esfuerzos serán suficientes.

Gita Gopinath del FMI no predice nada bueno para los próximos meses de 2020 ni para el año siguiente. En un informe (preliminar) del 15 de abril dice que la pandemia causa «el gran confinamiento», en referencia a la «Gran depresión» del siglo pasado. Una recesión económica que, como mínimo, es peor que la de la crisis financiera de 2010. «Es muy probable que este año la economía mundial experimente su peor recesión desde la Gran Depresión y supere la que se vio durante la crisis financiera mundial hace una década. El Gran Confinamiento, como se podría llamar, reducirá el crecimiento global de forma dramática» … una – no se atreve a decir la palabra – depresión.

El sistema neoliberal en todo el mundo se está resquebrajando y la simple pregunta de «¿quién va a pagar todo eso?» parece abrir la Caja de Pandora.

Al parecer, la UE está demasiado ocupada consigo misma para contribuir a configurar una cooperación mundial contra la pandemia. La ambigua dependencia de los Estados Unidos y la desconfianza hacia China, junto con su propia y profunda crisis (económica), hacen de la UE un candidato paralizado para el liderazgo mundial.

La política de la oveja negra es un obstáculo para la cooperación mundial

Ciertos jefes de gobierno, formadores de opinión u otras voces destacadas todavía consideran necesario señalar a China como culpable de todo lo que sale mal debido a sus propias acciones, medidas tomadas demasiado tarde, déficit causados por ahorros anteriores, etc. Entonces, es culpa de China.

Incluso algunos incidentes bastante excepcionales en la propia China, causados por malentendidos o pánico, se magnifican y se vuelven virales en todo el mundo. Hubo ciudadanos africanos y afroamericanos en Guangzhou a los que se trató (según los implicados) de forma “demasiado” severa después de que la cantidad de infecciones en China aumentara de nuevo. Ha habido acusaciones internacionales de racismo a través de las redes. Los nacionalistas aprovecharon y aumentaron estos incidentes, y así llevaron preguntas por parte de la Comisión de la Unión de Países Africanos al embajador chino en esos países.

Los Estados Unidos echan aún más leña al fuego y condenan a China por racismo, mientras que justamente fueron varios embajadores de países africanos los que mediaron. Las redes civiles locales de africanos en China, como BlacklivityChina.com, también están tratando de calmar las tensiones. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró que su país concede ahora prioridad absoluta a la detección de «contaminaciones procedentes de importaciones de ultramar», que China nunca tolerará los prejuicios racistas pero que «puede haber habido malentendidos en la aplicación de las nuevas directrices sobre prioridades en materia de las contaminaciones importadas».

Estas imputaciones son contraproducentes para una cooperación óptima más allá de todas las fronteras y que tanto se necesita para producir y distribuir ese «bien público mundial» (la vacuna) lo más rápidamente posible.

El llamamiento del Presidente chino Xi Jinping se basa en el deseo de una cooperación transparente. Y tiene todas las razones para hacerlo. China tiene la experiencia más sistematizada hasta ahora en la lucha contra el virus. Países como Singapur y Corea del Sur pueden sin duda contribuir, entre otras cosas, a que se comprenda mejor cómo funcionan la detección de infecciones y los contactos. Taipei (Taiwán), a través de su cooperación con Beijing, ha contribuido sin duda también a una mejor comprensión de la lucha contra COVID-19.

Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, responde a la mentira de que China habría ocultado la información de Taipei en la OMS «ya que después de que estalló la epidemia la Comisión Nacional de Salud de China informó rápidamente a la región de Taiwán de la situación. A mediados de enero, expertos de Taiwán ya hicieron una visita sobre el terreno a Wuhan y mantuvieron conversaciones con expertos del continente».

El informe sobre las experiencias de China y su respuesta al mortal COVID-19 fue resumido en detalle por el Dr. Bruce Aylward después de la Comisión Mixta OMS-China y ya estaba disponible para su estudio y debate a finales de febrero. El informe, sin embargo, no ha sido (suficientemente) utilizado como base por otros países, porque el Presidente Trump y su gobierno presentaron a la OMS como un instrumento de China. La OMS es una organización internacional independiente y de base científica financiada por 194 países.

Durante la lucha contra el virus se creó una cooperación positiva y constructiva entre los diez países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) más China, Japón y Corea del Sur. Esta “asociación 10+3” representa a unos 2.200 millones de personas de países del sudeste asiático, donde la pandemia está más o menos bajo control. Esa solidaridad podría servir de ejemplo para los Estados occidentales, que siempre actúan de forma acusadora hacia esos países.

¿Así que ahora todos juntos por una vacuna?

Puesto que es muy probable que las medidas actuales contra el COVID-19 no funcionen lo suficiente como para eliminar completamente el coronavirus, las universidades, compañías farmacéuticas y laboratorios de todo el mundo están buscando diligentemente una vacuna. Se están acelerando al máximo los lentos procesos de desarrollo, ensayo y aprobación de vacunas o medicamentos.

Podemos encontrar la última información sobre el desarrollo de una vacuna en la OMS. En todo el mundo se están desarrollando actualmente setenta vacunas contra el coronavirus. Además de los laboratorios chinos, japoneses y estadounidenses, también empresas de Bélgica, Alemania y España, entre otros, están trabajando en una vacuna o un medicamento. Tres de los setenta estudios mencionados están en una fase más avanzada. Los investigadores están probando actualmente en seres humanos las vacunas que se están desarrollando allí. Un fármaco experimental de la empresa CanSino Biologics Inc. con sede en Hong Kong, junto con el Instituto de Biotecnología de Pekín ya está avanzado en el proceso de prueba, según la agencia de prensa Bloomberg. También hay dos empresas estadounidenses que están muy avanzadas: Moderna Inc. e Inovio Pharmaceuticals Inc.

El 9 de abril Jeremy Farrar (Wellcome Trust) hizo un notable llamamiento a los «más ricos del mundo» del Foro Económico Mundial: se necesitan 8.000 millones de dólares a corto plazo, lo confirma el Global Preparedness Monitoring Board, afiliado a la OMS. «Científicos de todo el mundo se están movilizando a una velocidad sin precedentes, pero los países están liberando dinero muy lentamente. Si no se llena el vacío para finales de este mes, se perderá la opción de crear oportunidades cruciales para que se puedan desarrollar y producir a gran escala medicamentos y vacunas prometedoras», afirma Farrar.

¿Cómo es posible que no se pueda liberar inmediatamente esta cantidad? El contraste con los más de 2.000.000 millones de dólares que han recibido los mercados financieros es enorme.

Loables iniciativas globales (artísticas) están tratando de recaudar fondos. Pero los más ricos de este mundo podrían poner a disposición esta suma en un instante si asumieran un poco de la responsabilidad.

La competencia es feroz, pero hace pensar, porque ¿cuál es el motivo principal? ¿Los posibles miles de millones en beneficios o la salud de la humanidad? Existe esta competencia entre intereses privados, pero la cuestión también es ¿cómo los gobiernos y los países utilizarán la futura vacuna?

El gobierno de los Estados Unidos ya ha ofrecido mil millones de dólares a un gigante farmacéutico alemán para comprar la exclusividad de una futura vacuna. Ese no es un buen ejemplo.

Además, tendrá que haber una búsqueda urgente para garantizar una distribución justa, al menos para cada país.

Nota desafinada

Al final del viaje parece obvio que la OMS tomará el liderazgo en la realización, producción y distribución de la vacuna. Se plantea la cuestión de si la OMS es lo suficientemente fuerte, no sólo desde el punto de vista financiero sino también político, para ser una fuerza de mando en la distribución de un «bien público mundial». El ataque de Trump a la OMS mediante la suspensión (falta de pago) de la contribución de los Estados Unidos hasta que una investigación demuestre que la OMS ha manejado bien el brote pandémico es francamente escandaloso y poco prometedor.

¿Existe todavía la esperanza de que los «rivales sistémicos» se encuentren a tiempo y se tiendan la mano para sacar, al menos, una importante lección de solidaridad y cooperación mundial de esta pandemia?

Traducido del neerlandés por Sven Magnus.

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2020/04/22/een-sterke-dirigent-of-een-nieuwe-partituur-vs-china-en-het-coronavirus/

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