Mientras la acción terrorista de la “Liga Epstein” continúa contra Irán, sumando secuaces de Europa y Medio Oriente, la censura aplicada por el régimen sionista y el Pentágono la están convirtiendo en una entelequia.
En sus brumosas sombras solo se pueden distinguir los muertos y la destrucción del lado iraní, mientras que en el enclave sionista solo son carreras a los refugios, sin ninguna otra consecuencia que algún esguince o un coitus interruptus. Al tiempo que las docenas de naves estadounidenses, algunas atrancadas y otras atrapadas en el Mediterráneo Oriental, el Golfo Pérsico y el Mar Arábigo parecieran ser parte de una estudiantina en viaje de fin de curso, sin que ninguno de los misiles y drones persas ni siquiera los roce por babor ni por estribor.
¿Cuál es la verdad de esta guerra, entonces? Yo no lo sé, pero sí estoy seguro de que cada día que pasa, y ya van diez, hora a hora es más difícil de distinguir de aquel dicho que ni siquiera la IA adjudica a Sigmund Freud: “No hay que confundir el deseo con la realidad”. Aunque uno se tiente a creer que los misiles y drones persas y del Hezbollah les están dando a los ocupantes ilegítimos de Palestina algunas cucharadas de los hectolitros de sopa envenenada que las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) hace más de 500 días están obligando a tragar al pueblo gazatí.
Además de los ataques de hoteles en diferentes ciudades de los emiratos del Golfo donde tropas estadounidenses se habían alojado después de que sus respectivas bases fueran atacadas por cohetería persa, junto a la demolición de radares, lo que habría dejado ciegos a los conductores de la guerra. Importantes daños se han registrado en el Cuartel General Avanzado del Comando Central de EE. UU. de la base aérea de al-Udeid, en Catar, al igual que las de al-Dhafra (Emiratos Árabes Unidos), Ali al-Salem (Kuwait), Prince Sultan (Arabia Saudita) y el cuartel general de la Quinta Flota estadounidense en Bahréin, que además en este último caso despertó una rebelión popular de la mayoría chií, que está haciendo tambalear a la monarquía sunita y proestadounidense del rey Hamad bin Isa al-Jalifa.
Más allá de que Teherán, en estas últimas horas, ha declarado que fueron ataques de falsa bandera por parte de la «entente Jeffrey Epstein», intentando provocar una reacción de las monarquías contra Irán. Lo mismo han hecho en dos oportunidades contra Turquía y otra con Azerbaiyán, una nación fuertemente ligada al ente sionista.
En este contexto los precios del petróleo se dispararon cerca de los 120 dólares por barril cuando el día anterior al inicio del conflicto estaban a menos de ochenta. Y eso es solo por ahora, ya que, a partir del cierre del estrecho de Ormuz, con los días, este fenómeno no solo se afirmará, sino que se agravará, ya que amenaza directamente la producción y el transporte marítimo en Oriente Medio.
Más allá del deseo, la realidad hace difícil creer que a la colosal alianza de Trump con el sionismo les esté siendo tan difícil aniquilar las defensas iraníes y ubicar y destruir las “ciudades” subterráneas donde se terminan de armar, se almacenan y a su tiempo se disparan las pesadillas que perturban los sueños de la foca gangosa y de Netanyahu.
Algunas versiones indican que el Führer de Tel Aviv ha enviado a su familia a Estados Unidos y que incluso él mismo se habría “exiliado” momentáneamente en Alemania junto a la mayoría de las aeronaves de flota del gobierno judío, junto al Wing of Zions, el Boeing 767-338ER, que Netanyahu utiliza en sus giras intencionales.
Verdad, fantasía, realidad o deseo, es cierto que la decapitación del Gobierno del líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei, no provocó el efecto pensado -desmoronándose- y que las multitudes, esta vez sin operadores de la CIA y el Mossad en territorio, salgan a protestar. Se han visto multitudes acompañando los funerales del ayatollah e incluso ya se ha elegido a su hijo, Mojtaba, como sucesor.
Por lo que, para la Liga Epstein no va a resultar sencilla su pretensión de hacer lo mismo que en Venezuela, donde, luego de la captura de la sabandija Maduro, provocando un inédito cambio de Gobierno sin mover una ficha, ya que la versión tropical de la Pandilla de los Cuatro: Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López, entre la difícil opción de estar presos o muertos, o seguir ricos y seguros, se quedaron con la última.
En Teherán todo fue diferente: el ayatollah a todas luces, eligió su martirio como último mensaje a su pueblo, convirtiéndolo en un ejército de noventa millones de shahids (mártires) antes que en traidores.
La atención de la prensa mundial, que más allá de sus versiones interesadas acerca de la verdad, sabiendo que, según han dicho más de algunos analistas estadounidenses, estaríamos viviendo las primeras horas de la Tercera Guerra Mundial, ya que tanto China como Rusia saben que solo es cuestión de tiempo para que la cosa vaya contra ellos.
Por lo que Irán se ha convertido en la última frontera antes de lo que sería un seguro holocausto nuclear.
La guerra de al lado
Apenas horas antes del inicio de la acción terrorista contra Irán por parte de la “Liga Epstein”, la guerra entre Pakistán y Afganistán, que de alguna manera involucra a India, que juega claramente a favor de Kabul, había estallado después de meses de mutuas provocaciones. (Ver: Afganistán: los mullahs en su laberinto.)
Si bien este conflicto no es nada menor, ya que Pakistán e India cuentan con armamento nuclear, tanto Afganistán como Pakistán cuentan con fronteras con Irán, las que suman entre las dos más de mil ochocientos kilómetros.
A pesar de lo que se podría especular acerca de que, a partir de los bombardeos sobre Irán, el conflicto junto a su frontera oriental se iba a detener, fue todo lo contrario, y como si se quisieran estar posicionando para una nueva fase del conflicto que, más que regionalizarse, podría alcanzar escala global. Por lo que Kabul e Islamabad continúan con fuerza sus operaciones a lo largo de los casi 2.600 kilómetros de la Línea Durand, la frontera establecida por los británicos en 1893 y que Kabul nunca reconoció oficialmente.
Los continuos choques armados, bombardeos, atentados y desplazamientos masivos de población a ambos lados de la frontera se han incrementado en estos últimos tres días de una guerra que formalmente no ha sido declarada como tal.
Un atentado explosivo en la localidad de Wana, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa (Pakistán), dejó dos policías y dos civiles muertos, además de una veintena de heridos. El atentado según Islamabad fue realizado por el Tehrik‑e‑Taliban Pakistan (TTP), el grupo insurgentes de origen pakistaní, a los que Islamabad acusa de ser financiado por India y tener estrechos lazos con los mullah de Khandahar que les permite utilizar al territorio afgano como retaguardia, donde restablecerse y organizar nuevas acciones contra el gobierno pakistaní.
Ese es el argumento, posiblemente cierto, que ha justificado las operaciones militares transfronterizas del ejército paquistaní que, en estos últimos seis meses, antes de iniciada la guerra, bombardeó Kabul en dos oportunidades.
La crítica situación se había iniciado tras la fuga de Estados Unidos de Afganistán en agosto del 2021 y la toma de Kabul por parte de los talibanes, que, a medida que se asentó el presumible patrocinio de los mullahs a los TTP y a los grupos insurgentes de Baluchistán, se fue haciendo más notoria, con la fuerte sospecha de que Nueva Delhi financia a todos los grupos que operan desde Afganistán contra Islamabad.
La alianza entre Pakistán y Arabia Saudita, que fundamentalmente incluye vínculos militares, incluidos acuerdos de cooperación en materia de defensa que prevén asistencia mutua en caso de amenazas externas, la que ya se disparó en los primeros años de la guerra de Riad contra Yemen de 2015, obligaría a ambas naciones a ponerse espaldas con espada contra mullahs y ayatollahs, un arrullo de los cielos para Trump y Netanyahu, extendiendo la guerra a zonas de alto interés económico y estratégico para China y Rusia, lo que finalmente obligará a ambas naciones a precipitarse en una guerra que va mucho más lejos del Golfo Pérsico hasta el Hindu Kush.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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