Israel y EEUU han intentado instrumentalizar las protestas en Irán y usarlas para sus propios objetivos, incluso con una declaración del Mossad israelí en la que aseguraba que sus agentes estaban con los manifestantes “en el terreno”.
Lo que ocurre en Irán estas semanas ofrece pistas sobre la política exterior de Trump y obliga a analizar algunas cuestiones globales. Las protestas, iniciadas a finales de diciembre en Teherán y protagonizadas en un primer momento por comerciantes del Gran Bazar, se reprodujeron en los días posteriores en otros puntos de la capital. Las principales demandas giraron esta vez en torno a la situación económica del país, marcada por la precariedad y una inflación que afecta a amplios sectores de la población.
El 7 de enero, el sindicato de conductores de autobuses de Teherán, que participó en las protestas, emitió un comunicado en el que exigía medidas contra “la desigualdad y la explotación” del “orden político-económico” iraní y en el que condenaba la represión de las autoridades. También rechazaba “líderes prefabricados impuestos desde arriba”, “la dependencia de potencias extranjeras” y “cualquier propaganda, justificación o apoyo a la intervención militar por parte de gobiernos extranjeros, incluidos Estados Unidos e Israel”.
¿Por qué mencionaban a Washington y Tel Aviv? Porque en aquellos días ya habían surgido elementos que mostraban un intento de instrumentalizar desde el exterior esas protestas legítimas y capitalizarlas políticamente para fines propios.
El Gobierno iraní suspendió el servicio de Internet y las llamadas telefónicas internacionales, lo que dificultó durante varios días el acceso a información fidedigna. Finalmente, a mediados de esta semana fue posible establecer comunicación directa con iraníes residentes en el país.

Un reportaje del Financial Times, publicado este viernes, recoge varios testimonios de testigos “que revelan un relato confuso de los disturbios, en el que los agitadores se mezclaron con manifestantes genuinos” y señala que en algunas protestas hubo “grupos de hombres vestidos de negro, ágiles, rápidos”, “con aspecto de comandos”, que “prendían fuego” al mobiliario urbano y luego “pasaban rápidamente al siguiente objetivo”. “Sin duda estaban organizados, pero no sé quién estaba detrás”, afirma uno de los manifestantes.
“Los enfrentamientos se cobraron la vida no solo de ciudadanos desarmados que formaban parte de multitudes sin líderes, sino también de personal de seguridad bien equipado”, indica la investigación del Financial Times.
Este sábado el ayatolá Jamenei confirmó que hay “varios miles de muertos”, evitó mencionar el papel de las fuerzas de seguridad iraníes en ese balance y atribuyó la violencia a las acciones de “los alborotadores” y a “la sedición planificada por Estados Unidos y el régimen sionista [Israel]”.
La represión que las autoridades iraníes suelen ejercer contra manifestantes disidentes ha sido documentada en otras ocasiones por organizaciones de derechos humanos y es bien conocida. Jamenei no hablaba tanto para el exterior como para la población local. Las declaraciones públicas de autoridades israelíes y estadounidenses en las últimas semanas han contribuido a darle argumentario para su público y a facilitar relatos inciertos que reducen las manifestaciones reales a una operación de injerencia exterior.
Israel y EEUU
El pasado 29 de diciembre, poco después de registrarse las primeras protestas en Teherán, un portavoz oficial de los servicios secretos israelíes en el exterior, el Mossad, publicó en la red social X el siguiente mensaje, escrito en farsi, idioma oficial iraní:
“Salgamos juntos a las calles. La hora ha llegado. Estamos con vosotros. No solo en la distancia y verbalmente. También estamos con vosotros en el terreno”.
“El Mossad incita a protestas en Irán, dicen agentes con mensajes en farsi”, tituló el diario israelí The Jerusalem Post.
El 1 de enero, la ministra israelí de Innovación y Tecnología, Gila Gamliel, difundió un vídeo dirigido a los manifestantes iraníes en el que aseguraba que “Israel está con vosotros y os apoya de todas las formas posibles”.
El 2 de enero, Mike Pompeo, ex secretario de Estado de EEUU y exdirector de la CIA durante la primera presidencia de Trump, quiso felicitar el año “a todos los iraníes que están en la calle y también a todos los agentes del Mossad que caminan junto a ellos”.
Siete días después, el pasado 9 de enero, el ministro de Patrimonio del Gobierno israelí, Amichai Eliyahu, insistió en la misma idea, en una entrevista con la radio del Ejército de Israel: “Cuando atacamos Irán el año pasado, estábamos en su territorio y sabíamos cómo preparar el terreno. Puedo asegurarles que nuestra gente está trabajando allí ahora mismo”. Eliyahu añadió que esa presencia no actúa directamente “para derrocar al régimen iraní”, sino para “garantizar que Irán no pueda amenazarnos de ningún modo”.
El 10 de enero el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, escribió en la red X: “EEUU apoya al valiente pueblo iraní”. El senador republicano Lindsey Graham aplaudió públicamente su comentario y añadió: “A los líderes del régimen: su brutalidad contra el gran pueblo iraní no quedará sin respuesta. Hagamos que Irán vuelva a ser grande otra vez”. Donald Trump retuiteó esas palabras de Lindsey Graham como muestra de respaldo a su afirmación.
Un día después, el presidente de Estados Unidos afirmó que “Irán está buscando libertad, quizá como nunca antes. ¡EEUU está listo para ayudar!”. Horas después anunció aranceles contra cualquier país “que haga negocios con Irán”, en un claro mensaje dirigido a China.
El martes 13 de enero, la cadena de televisión israelí Canal 14 aseguró que “actores extranjeros están armando a los manifestantes en Irán con armas de fuego reales, lo cual es la causa de los cientos de integrantes del régimen asesinados. Cada uno es libre de adivinar quién está detrás”, señaló su reportero Tamir Morag.
Ese mismo día el presidente Donald Trump alentó a los iraníes a “seguir protestando, dijo que ”la ayuda“ estaba en camino y añadió las siglas ”MIGA“ (Make Iran Great Again), variante de su famoso MAGA (Make America Great Again), con las que llama a ”hacer grande a Irán otra vez“. Las había empleado ya el 22 de junio de 2025, cuando EEUU bombardeó Irán.
También esta semana el ex jefe de la Dirección de Inteligencia militar de Israel, Tamir Hayman, actual director del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, aseguró que existe coordinación entre los ejércitos de Estados Unidos e Israel para impulsar acciones en Irán: “No hay una acción cero en este momento”, añadió.
Por su parte, el candidato favorito de Israel para Irán, Reza Pahlavi, anunció el miércoles “una nueva fase para el levantamiento nacional”.

El hijo del sha
Pahlavi, hijo del sha, vive en EEUU desde 1978 y lleva tiempo realizando llamamientos de este tipo. En 2023 se reunió con Netanyahu en Tel Aviv y mantiene una estrecha alianza con el Gobierno israelí.
El padre de Pahlavi fue un producto a la medida del intervencionismo anglosajón en Oriente Medio. Contribuyó al golpe de Estado impulsado por la CIA y Londres en 1953 contra el Gobierno democrático iraní de Mossadeq, que había nacionalizado el petróleo del país, controlado hasta entonces en gran parte por Reino Unido.
Ese golpe permitió al monarca concentrar más poder y fue una de las primeras acciones encubiertas de Estados Unidos para derrocar un gobierno extranjero en tiempos de paz. El sha fue un gran aliado de Washington y gobernó con autoritarismo y represión hasta su derrocamiento en 1979 por una gran revolución popular que fue rápidamente secuestrada por las facciones reaccionarias del régimen actual.
Ese legado –entre otros factores– explica que su hijo, Reza Pahlavi, genere recelos en una parte significativa de la sociedad iraní. Sus vínculos con EEUU y Tel Aviv, su defensa del sionismo israelí y las simpatías que despierta en algunos políticos derechistas estadounidenses, europeos e israelíes, alimentan la percepción de un perfil diseñado a la medida del relato occidental.
Aunque cuenta con ciertos apoyos en una parte de la diáspora iraní, esta dista mucho de ser homogénea y en ella existen importantes sectores liberales y de la izquierda, entre otros, que mantienen una oposición al régimen al margen de Pahlavi. En los últimos meses el hijo del sha ha sido reivindicado en algunas concentraciones celebradas en Europa y Estados Unidos, en las que símbolos monárquicos iraníes a veces se mezclan con banderas israelíes y pancartas con el lema «De MAGA a MIGA», es decir, “De ‘Hagamos América grande otra vez’ a ‘Hagamos Irán grande otra vez’”.
En junio de 2025 la ministra de Innovación israelí, Gila Gamliel, publicó un vídeo en sus redes sociales, bajo el título “El próximo año, Teherán”, en el que, mediante inteligencia artificial, mostraba “el día después”, con Benjamin Netanyahu, ella misma y el propio Reza Pahlavi caminando sonrientes por las calles de la capital iraní.
Las sanciones
Israel apela a la libertad del pueblo iraní mientras lleva décadas aplastando los derechos del pueblo palestino y comete un genocidio en Gaza. Tel Aviv trata de reforzar su hegemonía en Oriente Próximo, donde ocupa más territorios que hace dos años, y busca desde hace tiempo la caída del régimen de Irán, su principal adversario en la región.
Estados Unidos, por su parte, pretende limitar el comercio y las alianzas de China con Irán, proveedor de alrededor del 13,4 % del petróleo importado por Pekín, que Teherán cobra en moneda china o mediante inversiones en infraestructuras. Washington ha aprovechado el contexto de los últimos días para anunciar aranceles del 25% contra los países que comercien con Irán.
Las actuaciones de Estados Unidos para presionar a países o modificar gobiernos suelen apoyarse en estrategias que lleva tiempo aplicando contra Irán. Una de ellas son las sanciones. Al igual que ocurre con Venezuela, Washington impone desde hace años restricciones al comercio iraní, con el pretexto de frenar el desarrollo de su programa nuclear. La Unión Europea, Reino Unido, Australia, Canadá o Japón también aplican sanciones contra Irán, aunque de forma más limitada.
Estos castigos han dañado seriamente la economía del país, con consecuencias directas para su población. Son políticas que contrastan con las buenas relaciones y alianzas que los países occidentales sí mantienen con otras naciones que violan habitualmente los derechos humanos y actúan con represión violenta.
Los argumentos de Washington y Bruselas que apelan a la defensa de las libertades o al bienestar de las poblaciones pierden credibilidad ante la aplicación de un doble rasero, con derechos que suelen ser de quita y pon. Por ejemplo, la UE anunció esta semana que prepara más sanciones contra Teherán, pero no aplica medidas similares ante los crímenes de Israel, país con el que sigue manteniendo acuerdos preferenciales.
Trump expresa su simpatía por los iraníes que salen a las calles a protestar mientras defiende la represión contra manifestantes en su propio país. No le preocupa la libertad del pueblo iraní. Lo que le interesa es que Irán concentra las terceras mayores reservas de petróleo del mundo y las segundas de gas, forma parte del estrecho de Ormuz y mantiene una relación estratégica con China –también comercial– y con Rusia.
En los últimos días varios Estados de la región –principalmente Arabia Saudí, Turquía, Catar y Omán– han actuado para advertir a Washington de los riesgos y las consecuencias de una intervención militar estadounidense contra Irán. El ataque militar israelí en suelo catarí el pasado mes de septiembre encendió las alarmas en varios gobiernos árabes y aceleró el pacto de defensa bilateral firmado ese mismo mes entre Arabia Saudí y Pakistán.
Precisamente esta semana, en medio de los rumores sobre un posible ataque militar contra Irán, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán impulsaron el borrador de un acuerdo trilateral de cooperación en defensa. Pakistán es el único país de mayoría musulmana que posee armas nucleares. En Oriente Próximo el único Estado que cuenta con armamento nuclear es el que en los dos últimos años ha bombardeado seis países e impulsado un genocidio en Gaza: Israel.
Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/maga-trump-miga-hijo-sha-pasando-iran_129_12915739.html


