El frente abierto de guerra ininterrumpida: cuatro años en Ucrania, Venezuela, el genocidio de Israel sobre los habitantes de Gaza, los ataques sobre Líbano, los bombardeos sobre Yemen, las repetidas agresiones en Siria, la guerra de los 12 días contra Irán, bombardeos a Nigeria, todos estos episodios se dan en una lucha de base común, la hegemonía de los Estados Unidos versus el nacimiento de un mundo multipolar.
El gran enemigo de Israel y los EE.UU ha sido, desde la revolución islámica de 1979, el gobierno soberano que se instauró en Irán. Las reclamaciones de EE.UU y el Estado sionista sobre las supuestas amenazas nucleares son un pretexto para el cambio político.
Recientemente se planteó el desarme del potencial de misiles de Irán, en una postura que hace imposible llegar a una negociación exitosa.
Irán llegó a un acuerdo sobre el uso de la energía atómica con occidente, negociación que fue desconocida en el primer gobierno de Donald Trump. Desde esos tiempos el plan para colocar un gobierno títere manejado por EE.UU e Israel ha estado corriendo en diferentes etapas que están por culminar con un ataque militar al corazón del país persa.
Hay al menos siete premisas que hacen altamente probable un ataque militar de envergadura sobre Irán el que comenzó con la manipulación de la sociedad civil del país para la explosión de manifestaciones sangrientas orquestadas por el Mossad y la CIA con la utilización de agentes infiltrados y coordinados por el sistema Starlink para sembrar el caos y la violencia como justificación de una intervención militar.
Scott Bessent declaró en los primeros días de febrero de 2026, que el departamento del Tesoro de los EE.UU estuvo detrás de la destrucción de la economía iraní, crearon el descontento popular que derivó en enfrentamientos sangrientos, evidenciaron que el gobierno de Irán era posible de socavar desde dentro.
Bessent explicó cómo provocó una retirada masiva de depósitos, lo que llevó al banco central iraní a imprimir más dinero. Como consecuencia, la moneda iraní se devaluó drásticamente, la inflación aumentó significativamente.
Se puede apreciar como existe una combinación de medidas de guerra contra Irán para ir debilitando el poder político, socavando la economía, obligando a la represión de los manifestantes que lleva al aumento del resentimiento.
Cuando se escribe este artículo, la suerte está echada, pero como ocurre en cada conflicto armado, las consecuencias de cómo terminará es de difícil cálculo, pudiendo expandirse como una conflagración a todo Medio Oriente e incluso llegar a un conflicto mundial.
En Irán se juega el futuro de la geopolítica, el cómo será el mundo en los próximos decenios en un enfrentamiento que definirá la hegemonía mundial.
Las siete premisas que definen la ocurrencia de la contienda son:
- El despliegue descomunal de poder de los EE.UU en la región con los portaaviones Gerald R. Ford y el Abraham Lincoln con sus respectivas naves para repostar, protección y ataque. La instalación de más de 150 naves en sus bases de Europa y Medio Oriente. Dispositivos de guerra electrónica. Un equipamiento bélico que no se veía desde la guerra de invasión a Iraq. Este despliegue implica un gasto importante del presupuesto de guerra de la nación norteamericana, que, de ser un bluf o solo una demostración de fuerza, sin obtener resultados significativos, se vería como una muestra de debilidad.
- La necesidad de cortar el suministro de hidrocarburos al primer competidor de los EE.UU., China. La maniobra que dio control a los estadounidenses de Venezuela les entregó la primera reserva de petróleo del mundo, Irán posee la tercera. El propio Trump alabó la capacidad energética que ostenta por administrar el crudo venezolano. China es un país dependiente del petróleo ya que quedó excluida del país caribeño, la caída de Irán sería un golpe demoledor para el crecimiento tecnológico que lo haría perder soberanía y peso específico en el mundo. La carrera por el desarrollo de la inteligencia artificial entre EE.UU y China, que implica enormes gastos energéticos, se decantaría por el primero. El generalmente comedido canciller ruso, Sergei Lavrov, acusó a los EE.UU. de “intentar controlar el mercado energético mundial”, variando su clásico estilo diplomático.
- El control del estrecho de Ormuz por donde pasa el 20% de la energía del mundo, que está bajo control persa. Paralelamente, Irán apoya a los hutíes de Yemen, por lo que su caída les daría el dominio sobre el Mar Rojo a los estadounidenses, ahora amenazado por los misiles hipersónicos yemeníes. La configuración de los Brics+ supone, no solamente un reto económico para los EE.UU., sino que, una permanente amenaza a estrechos y pasos que son claves para las rutas marítimas, estratégicas para la seguridad de las cadenas de suministros.
- Evitar la consolidación de la alianza entre Rusia, China e Irán, que conjuntamente muestran una fuerza militar apabullante, una población de más de 1600 millones de personas y capacidades tecnológicas superiores. La caída de Irán representa un factor de división territorial y de rutas de integración entre Rusia y China.
- Destruir la principal amenaza para el Estado sionista de Israel en la región. El reemplazo del gobierno islámico implica permitir al principal aliado de los EE.UU no tener rivales en su zona de depredación. El apoyo del régimen de Trump a Israel ha sido absoluto, dejando que aniquile Gaza y eliminar a su arbitrio a los rivales árabes en el Medio Oriente.
- La ideología de supremacía racial del Estado sionista israelí. La eliminación de Irán permite el proyecto sin contrapeso del Gran Israel con el sometimiento de toda resistencia musulmana. El primer ministro Benjamín Netanyahu no ha ocultado su predilección por la creación de un super Estado sionista que barriese con todos los pueblos rivales de Medio Oriente.
- El control del mercado energético implica la permanencia para las próximas décadas del petrodólar como esencia del sistema mundial de divisas. Este punto es visto por los ideólogos como el centro de la hegemonía estadounidense.
La destrucción de Irán lograría materializar la estrategia de mantención del mundo unipolar poniendo a China bajo una presión insostenible. No sabemos cuál será la reacción del país asiático que podría salir del guión de poder suave del comercio para salvaguardar sus intereses de futuro.
Los movimientos en apoyo de Irán de Rusia y China se han mantenido soterrados, sin hacer estridencias, pero desde la guerra de los 12 días, estos países deben haber aprendido la lección sobre cómo crear una resistencia militar de mayor cohesión.
Si el golpe estadounidense no es de magnitud decisiva, la retaliación iraní caerá con todo el peso de sus misiles hipersónicos sobre tierras hebreas. Esta sería una condición para que los sionistas usen su arsenal nuclear ante una situación existencial.
Los peligros de la nueva aventura bélica de Trump ponen bajo amenaza la sobrevivencia de todo el planeta, en una escalada de compleja resolución que puede llevar a una guerra nuclear general.
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