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El marco de trabajo de la OMC no es sino un intrincado ejercicio de complacer los intereses de Bruselas y Washington

Campaña comercial de tópicos

Fuentes: La Jornada

En los 10 meses posteriores al colapso de la junta ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Cancún, en septiembre del año pasado, hubo muchas advertencias, dirigidas a los países en desarrollo, de que si no cooperaban, el sistema multilateral de comercio se erosionaría al punto de no poder repararse. La última oportunidad […]

En los 10 meses posteriores al colapso de la junta ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Cancún, en septiembre del año pasado, hubo muchas advertencias, dirigidas a los países en desarrollo, de que si no cooperaban, el sistema multilateral de comercio se erosionaría al punto de no poder repararse.

La última oportunidad de salvar el sistema multilateral, les dijeron, era la pronta aprobación de un marco de trabajo (posterior a Cancún) que podría, entre otras cosas, adaptarse para hacer del comercio un instrumento del desarrollo. Dos influyentes bloques de países en desarrollo, el Grupo de los Veinte y el Grupo de los Noventa, se mostraron escépticos y, no obstante, se abrieron a la posibilidad de que la jerarquía de la OMC rompiera con la tradición y produjera un documento de negociación que respetara sus intereses.

Tenían razón en ser escépticos. El llamado Marco de Trabajo de Julio, divulgado por la directiva del consejo general de la OMC hace poco más de una semana, está tan cargado en favor de los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea que uno se pregunta dónde han estado -desde el desmadejamiento de la reunión de Seattle en 1999- estos gobiernos.

En el área más contenciosa, la agricultura, el marco de trabajo no es sino un intrincado ejercicio de complacer los influyentes intereses agrocomerciales de Bruselas y Washington. Para este último, el Marco de Trabajo de Julio propone una expansión de la caja azul que asignaría más de 100 mil millones en subsidios dirigidos a alimentar los intereses agrícolas estadunidenses según su programa de 2002, conocido como Farm Bill. Para la Unión Europea, el documento propone protegerla de los sustantivos aranceles fijados a los llamados «productos sensibles», es decir, aquellos bienes agrícolas que suman 20-40 por ciento de sus ramos arancelarios.

Entre tanto, nada concreto se ofrece para cumplir lo que demandan los países en desarrollo: restricciones en el acceso a los mercados que conserven su seguridad alimentaria y protejan a sus pequeños productores de la competencia desleal. Estas preocupaciones se dejan para «futuras negociaciones». Quizá el ejemplo más flagrante de estos dobles criterios es el texto que pospone para futuras negociaciones lo que exigen los países de Africa occidental que producen algodón: poner fin al escandaloso subsidio de 2 mil 800 millones de dólares que Estados Unidos otorga al algodón y que ocasiona graves penurias a los cultivadores de Africa occidental, al derrumbar el precio global de la fibra.

El sesgo contra los intereses de los países en desarrollo va más allá de la agricultura. La propuesta del Marco de Trabajo de Julio en el área de bienes industriales simplemente resucita el llamado texto Derbez, que de manera rotunda se rechazó en Cancún. Con su propuesta de recortes abruptos en muchos de los ramos arancelarios, los países en desarrollo denuncian el Marco de Trabajo de Julio como una receta para que se desindustrialicen.

Unilateralmente, este marco vuelve a negociar el asunto de la «facilitación del comercio», uno de los llamados Nuevos Aspectos que en la reunión ministerial de Doha, en 1991, se acordó no negociar a menos que fuera un consenso explícito entre todos los miembros. Da coraje también que se mencione la intención de responder a algunos asuntos cruciales para el sur global -la instrumentación de reglas onerosas de la OMC y el principio de «tratamiento especial y diferenciado» para los países en desarrollo- sin ofrecer propuesta específica alguna, pues los deja, como la agricultura, para «futuras negociaciones».

No sorprende entonces que India, país en desarrollo y uno de los actores centrales en la OMC, haya rechazado formalmente el Marco de Trabajo de Julio como base de las negociaciones, tan pronto como lo invocaron. Muchos otros gobiernos también han expresado oposición, así como muchas organizaciones de la sociedad civil tales como Third World Network, Public Citizen, Council of Canadians, Focus on the Global South y otros grupos que pertenecen a la red Nuestro mundo no está en venta.

Los países en desarrollo esperaron casi diez años para que las superpotencias comerciales que dominan la OMC mostraran sensibilidad a sus esfuerzos por cambiar el comercio global: -de ser un instrumento de su dominación a servir de mecanismo y herramienta de su desarrollo económico. Por esta paciencia, la recompensa es una serie de textos y marcos de negociación antidesarrollistas que culminan con el Marco de Trabajo de Julio. Así, mientras deliberan sobre este documento en los últimos días del mes, los gobiernos de los países en desarrollo deberían considerar el hecho de que rechazar el documento de julio ya no es suficiente. Es tiempo de que exploren o creen activamente otros mecanismos comerciales o marcos de trabajo para que el comercio y el desarrollo sean complementarios. El desarrollo es un objetivo que ya no puede conseguirse dentro del paradigma de la OMC.

* Director ejecutivo de Focus on Global South, con sede en Bangkok, y profesor de sociología y administración pública en la Universidad de las Filipinas

Traducción: Ramón Vera Herrera