La IA exige transparencia humana mientras blinda su propia huella. Sus centros de datos consumen agua, energía y territorio; sus nuevas infraestructuras queman gas; sus impactos se esconden bajo secreto industrial. Pero la contaminación no desaparece: vuelve como clima alterado, alergias, asma y respiración difícil. Yo no soy nube. Soy el secreto industrial de vuestra respiración.