Acaba de efectuarse la reedición de una obra que busca hacer el balance de cuatro décadas de retorno al orden constitucional en Argentina. El autor mira el presente con una perspectiva sombría que quizás corresponde al naufragio de toda una visión del mundo. Y al surgimiento de nuevos antagonismos que marcarán el futuro cercano.
Categoría: Argentina
Se ha vuelto habitual la aseveración de que el actual oficialismo “no tiene nada enfrente”. El diagnóstico es concluyente. No hay una oposición dinámica, con ideas renovadas y proyectos atractivos para el conjunto de la sociedad. Un análisis objetivo de la situación lleva a matizarlo. Al menos como perspectiva que asoma en el horizonte.
El sentido estratégico de la contrarreforma laboral libertaria que se encuentra en el Congreso de la Nación –esto es, división y debilitamiento de la fuerza de trabajo y, con ello, un desprecio superlativo por la salud y la vida obrera en pos de acrecentar las ganancias patronales– ya tiene vigencia parcial en el campamento minero de Veladero, al que trabajadores, periodistas de la zona y especialistas califican como una “república” aparte en territorio sanjuanino.
Esta reforma laboral no busca equilibrio: busca disciplinamiento. Y lo hace con una premisa brutalmente honesta aunque mal disimulada: convertir al trabajador en una variable de ajuste y al empleo en una mercancía descartable.
La media sanción de la reforma laboral regresiva apunta hacia un triunfo histórico de la clase de los capitalistas. No sólo del gobierno. Sería en vano e incluso perjudicial tratar de menoscabar esa victoria. Peor todavía si se optara por la negación. Sí se impone evaluar las alternativas que se abren.
El poder económico concentrado requiere desde hace tiempo un cambio regresivo en la relación laboral, disminuyendo la capacidad de negociación de las trabajadoras y los trabajadores.