La rivalidad entre EE UU y China está que arde. Cualquier acercamiento que pudiera vislumbrarse a raíz de la cumbre prevista del secretario de Estado Antony Blinken con Xi Jinping en febrero voló por los aires cuando los cazas estadounidenses abatieron el globo chino sobre el océano Atlántico. Bajo acusaciones mutuas de espionaje ilegal y tras los anuncios de sanciones, la cumbre anunciada a bombo y platillo ha quedado pospuesta.