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Crítica del discurso de Joan Clos, director de ONU-Habitat, en Quito

Fuentes: observatoriohabitat3.org

El pasado 18 de junio Joan Clos, exalcalde de Barcelona y director desde 2010 del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), pudo departir su visión sobre el estado de la urbanización en un encuentro con periodistas organizado por FES-ILDIS en el que estuvo presente el Observatorio de Habitat III. Les ofrecemos un […]

El pasado 18 de junio Joan Clos, exalcalde de Barcelona y director desde 2010 del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), pudo departir su visión sobre el estado de la urbanización en un encuentro con periodistas organizado por FES-ILDIS en el que estuvo presente el Observatorio de Habitat III. Les ofrecemos un resumen crítico de la ponencia de Joan Clos elaborado desde el Observatorio de Habitat III. Al final pueden encontrar la ponencia completa ofrecida en la ciudad de Quito.

El resumen gira en torno a cinco pilares con los que ONU-Habitat está encarando este proceso. El primer pilar es que se asume que el mundo es urbano, y las ciudades son el lugar donde es deseable habitar. El segundo pilar es un modelo urbano como el mejor espacio para el capital por sus economías de escala, quedando lo rural reducido a lo indeseable y a lo que se vaciará en el futuro, omitiendo la lógica de despojo y desplazamiento que en el mundo se está dando. El tercer pilar que sigue al anterior, es que en América Latina el mayor problema es la dispersión territorial del modelo urbano, cuando en las décadas anteriores parecía haber un consenso respecto a que los mayores problemas de la región eran la desigualdad, la exclusión o la urbanización por desplazamiento de las áreas rurales. El cuarto pilar es la subordinación de la participación ciudadana a la técnica urbanística, como forma de enmascarar una hegemonía de las élites en la ciudad. El quito pilar es que Habitat III y la propia ONU-Habitat no tienen relevancia, que será solo un espacio para el debate y que no se tomarán decisiones vinculantes a ningún nivel.

1. El mundo ya es urbano y en el futuro lo será más.

ONU-Habitat proyecta que más del 90% de personas en América Latina vivirá en ciudades para 2050. Se enmarca este crecimiento en el contexto de urbanización a nivel planetario, que según las cifras de la propia ONU ya ha sobrepasado el 55%, y seguirá al alza. Hay poca reflexión sobre las causas de esta continua migración del campo a la ciudad, o si es lo mejor para nuestras sociedades. Incluso, por parte de Joan Clos se ensalza el modelo urbano como la síntesis de lo que somos como sociedad:

«El 55% de la población es urbana y esto va a continuar, y la cultura del planeta es urbana aunque no vivas en la ciudad, porque la cultura con la que convivimos en el mundo es fruto de la urbanización. La democracia se generó con la ciudad, la industrialización se generó con la ciudad, el feminismo se generó con la ciudad, los derechos humanos se generaron con la ciudad… con la convivencia colectiva de los humanos, con un trabajo colectivo. Las sociedades anónimas, los sindicatos, lo que forma parte de la esencia de la sociedad moderna es una cultura urbana, independientemente de que solo sea la población el 55% urbana, pero la cultura somos urbanos, aunque vivamos en el campo… ya utilizamos el whatsapp o el twitter aunque vivamos en el campo.»

Lo cual, señala que en los espacios rurales no hay convivencia colectiva de las personas. Se desprecia de forma sorprendente la capacidad de las sociedades campesinas e indígenas para proponer otra manera de mirar el futuro, y todas las propuestas de alimentación, feminismos, organización política, etc, que en estos espacios emergen. La sociedad capitalista industrial se señala como el modelo deseable, que nos proporciona lo mejor que la humanidad contiene, desde una mirada ausente de la historia de colonización y despojo capitalista que ha llegado a conformar el desarrollo geográfico desigual. De esta forma, el vaciamiento del campo no solo parece algo consustancial a la modernidad, sino un objetivo de inclusión de la población. Vaciar el campo se justifica además en motivos ambientales:

«Ya tenemos el 55% urbanizado que ocupa el 2,2% del suelo del planeta, lo cual está muy bien porque podemos proteger el planeta, pero hay una tendencia al crecimiento de la mancha urbana con menores densidades que genera problemas de mucha clase, también ambientales.»

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación pasan a ser un indicador del progreso, en el que su mercantilización no parece un problema, sino la meta. No existen problemas de acceso por clase o por género, es la ciudad la que marca la diferencia. Pero ni siquiera éstas van a librar a la humanidad de la tendencia a la urbanización, según Clos. En el siguiente pasaje puede apreciarse la fuerte ideología de desprecio al campo que emana del director de ONU-Habitat, donde las aplicaciones para smartphone de las trasnacionales alimentarias parecen ser la prueba actual de los logros colectivos de la humanidad:

«Esta visión romántica de que el ideal de los seres humanos es vivir en el campo, es que con internet o las nuevas tecnologías podríamos volver al campo… pero lo que se está viendo es lo contrario, el uso de las nuevas tecnologías incrementa con la urbanización. Ahora hay una aplicación de internet que se usa mucho en Nueva York y es que pides desde tu oficina el café al Starbucks de abajo, y cuando llegas por el café no haces la cola. El uso de las nuevas tecnologías se desarrollan por el aprendizaje común de la gente que está junta, es cierto que la tecnología da muchas ventajas si vives en el campo, estás mucho mejor en el campo gracias a internet, pero el hecho de que existe internet no quiere decir que la gente va a volver al campo.»

2. La ciudad como el espacio del mercado y la especialización.

El principal motivo esgrimido por Joan Clos para que la ciudad sea el espacio del presente y del futuro, es su capacidad productiva. ONU-Habitat no disimula su visión de la ciudad, en la que la generación de plusvalía será la piedra angular del progreso de la sociedad.

«La proximidad de los factores de producción que permite incrementar la productividad. Hay menos costes de transacción. Si tienes que hacer una empresa, un negocio, y a 100 metros tienes el abogado, la compañía que te busca los empleos, la compañía de publicidad… esto aumenta la productividad de la economía en un factor como de 100 veces: esto permite que aumenten los mercados, la especialización.»

La visión económica neoclásica en la que la ciudad es el modelo perfecto de competencia y de superación personal, se contrapone a la escasez de vecinos (de mercado) que hay en las áreas rurales, y ello pareciera ser el motivo principal de la supremacía de las ciudades.

«En una ciudad puedes especializarte aunque seas electricista. En el pueblo tienes que servir para todo, porque solo hay 20 familias o 100, un día tienes que arreglar la bombilla, otro televisor, otro día la máquina de ordeñar. En una ciudad puedes especializarte, y si eres especialista, se puede cobrar ¿más o menos? La especialización, ya lo dijo Adam Smith, genera valor.»

La especialización como mano de obra parece la meta de las sociedades y de las personas para tener un mejor puesto laboral, con mayor remuneración. Para Clos pareciera que la vida en las áreas rurales está destinada únicamente a quienes no pueden buscarse un mejor porvenir:

«Si tu quieres tener un especialista en fibra óptica es más fácil tenerlo en la ciudad que en un pueblo de 200 habitantes en la cumbre de una montaña. Un señor que es especialista en fibra óptica, en un pueblo de 200 habitantes en la cumbre de una montaña no puede vivir, no puede pagarse su especialización.»

El modelo urbano a seguir se muestra de manera nítida, deben ser los espacios centrales del capital que reúnen una gran inmensidad de población la imagen para el resto de la ciudades del mundo, en un esquema territorial diseñado en realidad para obtener la mayor cantidad de dinero posible de las personas, espacios diseñados para el trabajo alienado:

«Una ciudad bien ordenada, Manhattan tiene 56.000 habitantes por kilómetro cuadrado, y Hong Kong 96.000, y se puede vivir con buen diseño urbano con mucha densidad… Tienes que conseguir la compacticidad pero a un precio, que es el diseño urbano. Decimos que recomendamos que las densidades sean por encima de 10.000-15.000 por kilómetro cuadrado porque con menos es complicado tener economías de aglomeración.»

3. El mayor problema urbano de América Latina es… la falta de compacticidad.

El propio Clos se lanzó la pregunta de cuáles son los problemas de la urbanización en Latinoamérica. Señaló únicamente un reto principal desde su visión: la baja densidad de población de las ciudades. Lo cual enlaza con la visión de la ciudad como un factor productivo más que como un espacio de vida. Problemas como la desigualdad o la exclusión están fuera de la escena o están subsumidos a la ausencia de generación de factores productivos.

«Uno de los problemas más extendidos en Latinoamérica es la baja densidad… La urbanización es de 2.000 habitantes por kilómetro cuadrado. A 2.000 o 3.000 no se consiguen las economías de escala que genera el incremento de la productividad urbana. Y si encima está mal diseñada tienes congestión, pagas el coste y no obtienes el beneficio…»

La segregación social con la que son diseñadas las ciudades, el conflicto de clases y étnico que se desarrolla en las mismas o los motivos por los que tantas personas han llegado en toda América Latina desde los sectores rurales son ignorados por Clos desde una visión eurocéntrica. Para él, los motivos de la urbanización dispersa en el continente son los deseos del ideal de vida estadounidense hacia los espacios periurbanos, cuando en América Latina responden solamente a una amplia minoría de las clases altas:

«Mucha gente cree que lo mejor es la ciudad con la casa individual, la piscina si puede ser. ¿Cuál es la ciudad ideal que nos gustaría a todos tener? Si lo miramos desde el punto de vista individual todos sabemos lo que queremos, que es una casa con jardín y piscina. Pero esto no se puede tener en el planeta tierra con una población de 10 mil millones de habitantes.»

4. La participación ciudadana es elegir entre tres propuestas técnicas

La falta de participación en la toma de decisiones a la hora de construir la ciudad. El derecho a la ciudad se ha configurado como una de las bases de las luchas urbanas que cuestionan la ciudad de las plusvalías y del capital. Sin embargo, no hay una idea desde ONU-Habitat de hacer efectiva la participación, ni siquiera en el evento de Habitat III, donde la participación se ha relegado a Side Events. El saber técnico es la clave en la visión de ONU-Habitat, un saber técnico objetivo y neutro, la ideología de la técnica que es un dispositivo fundamental de las élites para materializar la ciudad de la productividad que indicaba Clos.

«El hecho de que vivamos en la ciudad no quiere decir que comprendamos las cosas más complicadas y complejas de la urbanización. Una cosa es que te guste la comida y la otra ser buen cocinero, o que te guste el fútbol y que seas un buen entrenador de fútbol. En el caso de la urbanización ocurre lo mismo, que de la urbanización todo el mundo se atreve a hablar, porque la conocemos íntimamente, y por ello tenemos la percepción subjetiva de que entendemos la urbanización.»

El público del evento, un tanto desconcertado, se preguntaba entonces cómo quienes habitan los barrios populares, sin acceso a los conocimientos técnicos, pueden llevar a cabo una participación ciudadana. Después de de décadas de discusiones en torno a la Producción Social del Hábitat, en las que se ha logrado visibilizar que son los habitantes quienes hacen las ciudades en los barrios populares, que son la mayoría en el mundo. La visión ideológica de Clos respecto a la participación es clara:

«Porque aquí muchas veces entran en contradicción una visión utópica e infantil que cualquier cosa consensuada o participada es buena. No necesariamente. La participación es una base básica como signo, señal de calidad democrática. Hay que hacer las cosas participativamente. Ahora, hay que hacer participativamente las cosas que hay que hacer participativamente, las que tiene que hacer un técnico las tiene que hacer un técnico. No haces una operación quirúrgica con una comisión, escoges a un cirujano y a un anestesista que sepa hacer la intervención quirúrgica. No es una cuestión de participación, una intervención quirúrgica. En el diseño urbano pasa lo mismo, hay aspectos técnicos del diseño urbano.»

Para Clos la participación es un elemento que puede llevar al populismo, una herramienta fácilmente manipulable. Por ello la participación no debe ser en abstracto, sino en base a proyectos técnicos que considera objetivos.

¿Se pueden hacer trampas con la participación? ¿Sabéis cómo hacer trampas con la participación? Fácil verdad… Lo que puedes hacer en democracia es que me hagan 3 buenos diseños técnicos y elegimos cuál de los 3 construimos.»

5. Habitat III, espacio sin trascendencia política

Por último, fue sorprendente cómo el Director de ONU-Habitat mostró crudamente la escasa relevancia que otorga al megaevento Habitat III, donde reconoce que no se tomarán decisiones. Ignora el papel ideológico que tienen estos espacios promovidos por la ONU, pero muestra la debilidad institucional por la que atraviesa ONU-Habitat:

«Naciones Unidas tiene como objetivo proponer ideas a los estados, pero Habitat no urbaniza, no es responsable de lo que los gobiernos hagan en cada uno de los países. Es responsabilidad de los estados miembros… Lo que sí hacemos en Habitat III es promover debate».

Preguntado por la influencia de las trasnacionales en el organigrama de Naciones Unidas, Clos niega la mayor, y considera que la baja relevancia de Habitat III aleja a las corporaciones del evento, cuando lo cierto es que hay dentro del Habitat oficial gran cantidad de espacios donde las trasnacionales pueden discutir directamente con los gobiernos, a diferencia de la sociedad civil:

«La infiltración en Naciones Unidas no es muy importante, creo yo. El debate interesante es la capacidad de las corporaciones de penetrar a los gobiernos. Nosotros somos Naciones Unidas, solo somos lo que son el colectivo de las naciones… Si ves el cambio climático seguro que hay presiones porque hay muchos intereses corporativos. Pero cuando son cumbres que no son legislativas las corporaciones no tienen mucho interés, no les parecemos (ONU-Habitat) peligrosos en este sentido.»

6. Bonus

(a) Pese a que continuamente se enuncian las maravillas de la competencia, competitividad y productividad de los espacios urbanos, como acto fallido, en las preguntas, Clos reconoce que el modelo urbano que promueve ONU-Habitat es una excepción, una anormalidad cuando se produce. Aunque desde un punto de vista eurocéntrico, llega a reconocer que las veleidades de la ciudad ideal son fantasías de la planificación:

Hay lugares del mundo donde funcionan ciudades democráticas, como Ámsterdam, que funciona relativamente bien, si vas a Copenhague, San Diego, hay lugares que se vive relativamente bien. Si hay en lugares donde se ha conseguido ¿es algo conseguido para todos y a la vez? No. Porque predomina en muchas partes muchos problemas. El Estado es débil, los sistemas de redistribución de la renta no existe, las élites se apoderan de las riquezas extractivas. Si miramos desde el punto de vista estadístico, lo normal es lo antiguo. Lo anormal por minoritario es la ciudad óptima.

(b) A fin de cuentas, la gestión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en Barcelona y el conjunto del Estado español en los años 80 y 90 del S.XX es para Clos, como ex-alcalde de Barcelona y ex-ministro de Industria, el ejemplo para el mundo. Un ejemplo que omite la profunda crisis en la que se encuentra el modelo político y económico español, basado en la especulación inmobiliaria y los bajos salarios que el PSOE implementó:

Como alcalde de Barcelona me preguntaban qué arquitecto les ha hecho esta ciudad moderna de los Juegos Olímpicos. Yo me quedaba atónito ante la pregunta. No, la ciudad óptima no es fruto de un arquitecto, ni de los arquitectos. Terminó la dictadura, vino la democracia, se universalizó la sanidad, se pusieron las pensiones públicas, se aumentó la pensión de desempleo… la buena ciudad no se consigue solo con las piedras.

En este link está la ponencia completa, con las preguntas formuladas por el público y las respuestas de Clos: Ponencia de Joan Clos en PDF.

Fuente original: https://observatoriohabitat3.org/2016/07/06/discurso-de-joan-clos-en-quito-director-de-onu-habitat/