Trump comenzó su gestión con un frenético ritmo de medidas reaccionarias para apuntalar un proyecto autoritario. Pretende estrangular las conquistas democráticas, criminalizar las protestas populares y someter a los opositores.
El magnate desembarcó en la Casa Blanca con un paquete de decretos para imponer esa agenda e intenta reorganizar el Estado con hombres de confianza. Estima que la ausencia de ese personal frustró la efectividad de su primer mandato y se dispone a neutralizar cualquier obstrucción, con una inmediata purga de funcionarios.
Comenzó esa limpieza premiando la lealtad a su liderazgo. Indultó a los procesados por el asalto al Capitolio, disipando las últimas dudas sobre su complicidad con ese intento de golpe de estado. Con ese perdón confirmó la hipocresía de las condenas yanquis a ese mismo tipo de asonadas en otros países. El nuevo presidente blanqueó el descarado desconocimiento del orden institucional, que los escribas del Norte suelen presentar como un vicio latinoamericano.
Con esa absolución apuntaló también a las milicias de la ultraderecha, que conforman el ala extrema del trumpismo y corporizan la gran tradición de violencia que corroe a la sociedad estadounidense. Cientos de grupos paramilitares con 50.000 miembros activos son los principales responsables de las endémicas masacres, que atormentan las calles y los colegios de incontables ciudades.
Trump elogia a los voceros de la Asociación Nacional del Rifle y aprueba la tenencia de 44 millones de armas, que gran parte de la población maneja con total naturalidad. Bendice explícitamente los rituales de la cultura militar, viril y paranoica que degrada la vida del país.
MAYOR CORROSIÓN INTERNA
El magnate inicia su nuevo mandato con el control del Congreso, la Corte Suprema y el Partido Republicano. Pero necesita acallar primero a sus rivales del ¨Estado Profundo¨ y del alto mando militar, que suelen digitar la política estadounidense rodeando al ocupante de la Casa Blanca. Frente las previsibles presiones de esos dueños del poder, Trump amenaza desclasificar los archivos que documentan la complicidad de esos sectores con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy.
Utiliza su verborragia pendenciera, para reforzar una base social popular muy hostil al progresismo liberal. Incentiva, además, el resentimiento de los trabajadores blancos pobres contra sus pares latinos, asiáticos, afroamericanos, culpabilizando a esos desposeídos por las desgracias que generan los capitalistas. Encubre en los hechos a los enriquecidos que esquilman a todos los explotados, sin distinción de origen, color o género.
El éxito de Trump se explica por la gran penetración de esa ideología reaccionaria en el nuevo mapa demográfico del país. Se estima, que en el 2060 uno de cada tres estadounidenses pertenecerá a un grupo racial no blanco. Ese dato no debería suscitar preocupaciones de ningún tipo, pero es explotado por el magnate para generar temor, desamparo y sentimientos de revancha.
Trump empoderó a los sectores ultraderechistas del partido Republicano (Groypers, Fundación Heritage), para multiplicar sus cruzadas misóginas y anti-LGBTQ. Ese sector pondera la imaginaria esencia blanca, patriarcal y protestante de la nación estadounidense. Son expertos en dividir a los pueblos en antagonismos artificiales, que consolidan la dominación de los acaudalados (Johnson, 2025).
La afinidad de ese ideario con el nazismo salta a la vista, cuándo los personajes del nuevo gobierno transparentan impulsivamente sus convicciones. Ese sincericidio explica el impactante saludo fascista que exteriorizó Musk.
El trumpismo concentra su estrategia reaccionaria en la inmigración. Convirtió a los trabajadores foráneos en el chivo expiatorio de todos los males del país. Atribuye a ese sufriente sector el deterioro general de los salarios, blanqueando a los capitalistas y ocultando la gran contribución de los extranjeros al incremento de los ingresos fiscales.
Para acentuar esa campaña, el magnate inició su gestión negando la ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados. Aprobó también las redadas en escuelas e iglesias, militarizó las fronteras e instauró un clima de guerra interna.
Pero esa andanada conduce a una pérdida de la mano de obra barata utilizada en el agro y en muchos servicios en las ciudades. El encarecimiento de esas actividades introduce un primer límite económico a la campaña antiinmigrante. El segundo obstáculo es la probada inefectividad de las expulsiones, que desembocan en mayores oleadas de ingresantes.
La afluencia masiva de latinoamericanos al Norte no es un acto criminal, motivado por resentimientos hacia la opulenta sociedad estadunidense. Ese primitivo argumento es tan insostenible como la identificación de la migración con el narcotráfico. Los desamparados del Sur cruzan el Río Grande, como consecuencia del despojo imperial que sufren sus países de origen.
Trump agravará esa confiscación e incentivará, por lo tanto, la marea de ingresantes ilegales. En los hechos, el magnate criminaliza, maltrata y atemoriza a los indocumentados, pero no detalla cómo expulsará a 10 millones de inmigrantes. Necesitaría muchos años para completar su denigrante operativo de captura y destierro aéreo de los extranjeros.
LOS CONFLICTOS QUE SE AVECINAN
La ideología y práctica reaccionaria de Trump se ha expandido junto al declive del liberalismo progresista. El desplome del partido Demócrata sintetiza un descreimiento que contamina a todo el sistema político. Ese régimen enflaquece, porque funciona negando todos los ideales de bienestar, progreso o justicia que tanto pondera.
El parlamentarismo liberal ya no enmascara la descarada plutocracia que impera en el país. Por esa razón, los mitos de ese modelo han perdido verosimilitud entre los votantes y funcionalidad entre los poderosos (Majfud, 2025). Esa combinación de decepción e inefectividad explica el avance del magnate, frente a sus principales rivales internos.
Pero la promesa trumpista de engrandecer nuevamente a la primera potencia, choca con la avería estructural que padece el sueño americano. Un millón de personas viviendo en las calles, fallecimientos cotidianos por sobredosis y masacres periódicas por el descontrol de las armas, ilustran la dramática realidad estadounidense.
Esa degradación se verifica también en los estudiantes agobiados por el endeudamiento, las diferencias sociales abismales en aumento y la total carencia de ahorros. Tres de cada cinco estadounidenses carecen de reservas mínimas para afrontar la supervivencia futura, en el país con menor protección social estatal del mundo desarrollado.
Trump se dispone a potenciar además ese desamparo, para favorecer a los 50 individuos más acaudalados, que poseen casi la misma riqueza que la mitad de los habitantes del país.
Esos padecimientos se agravarán en lo inmediato por la decisión oficial de introducir un gran ajuste en el empleo público. Ese recorte es el punto de partida del Proyecto 2025, que sus colaboradores elaboraron para reducir el plantel del gobierno federal, traspasando funciones a las administraciones provinciales.
Se proponen reducir los programas asistenciales, anular los derechos de las personas transgénero y amputar todas las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión. El proteccionismo externo de Trump coexiste con ese neoliberalismo extremo en el plano interior.
Por ese camino, no existe la menor posibilidad de recrear la era dorada del capitalismo estadounidense, que se asentó en una significativa incidencia del gasto social y la inversión pública. Trump vuelve recargado, pero con proyectos que contradicen todas sus promesas.
Se dispone a implementar atropellos contra las conquistas sociales, deportaciones de inmigrantes, restricciones al aborto y redistribuciones regresivas del ingreso, que son enfáticamente rechazadas por enormes sectores de la población. No tiene mandato para instrumentar agresiones, que alimentarán la resistencia de los afectados.
Su ofensiva incluirá al sindicalismo, porque el proyecto de la ultraderecha exige mano de obra sumisa y amoldada a la desregulación laboral. Con esa docilidad esperan contrarrestar el encarecimiento de los costos que suscita el proteccionismo. Por eso Musk, Bezos y todos los superricos que apuntalan a Trump son tan hostiles a la mera existencia de sindicatos en sus empresas (Blakeley, 2025). Pero ese atropello, anticipa tensiones con la nueva “Generación U” de trabajadores embarcados en reconstruir los gremios.
Los mismos choques se avizoran con los movimientos sociales que irrumpieron en los últimos años, en defensa de los derechos afroamericanos (Black Lives Matter), las demandas del feminismo (Marcha del Millón de Mujeres) y la solidaridad con Palestina (Gindin, 2025).
El trumpismo emergió como respuesta reaccionaria a la impactante presencia callejera de esas nuevas formaciones y ha logrado hasta ahora neutralizar el protagonismo de esos sectores. En su regreso a la Casa Blanca, el magnate pudo evitar las protestas que rodearon el debut de su primera gestión (La Botz, 2025).
El desánimo creado por Biden y Harris y el estancamiento de la izquierda inciden en ese reflujo, pero vaivenes de ese tipo se han verificado en todas las secuencias de lucha contra la derecha. La batalla recién comienza y hay muchos signos de gestación a una gran resistencia. El verdadero futuro de Estados Unidos se dirime en ese plano.
Referencias
Johnson Craig (2025). La batalla de los Groypers https://jacobinlat.com/2025/01/la-batalla-de-los-groypers-por-el-partido-republicano/
Majfud, Jorge (2025). La inmensa alegría de un Augusto Trump, https://www.nodal.am/01/augusto-trump-por-jorge-majfud/
Blakeley, Grace (2025). El giro fascista de Elon Musk 12/01/ https://sinpermiso.info/textos/el-giro-fascista-de-elon-musk
Gindin, Sam (2025) ¿Qué piensa hacernos Trump en estos tiempos convulsos? 26/01
https://sinpermiso.info/textos/que-piensa-hacernos-trump-en-estos-tiempos-convulsos
La Botz, Dan (2025). Trump busca un cambio radical en EE UU, ¿Cuál será la reacción del país? 23/Ene https://vientosur.info/trump-busca-un-cambio-radical-en-ee-uu-cual-sera-la-reaccion-del-pais/
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Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz
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