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“Es improbable que este cohete de alto octanaje y gran velocidad dirigido contra Teherán tenga éxito”

El programa nuclear de Irán: una crisis fabricada

Fuentes: Sin Permiso

Rodeado por estados nucleares, el programa atómico de Irán es escasamente irrazonable. ¿Entonces por qué Washington ha fabricado esta crisis? Escribe Tariq Ali.

Hasta ahora, lo que ha impedido que la crisis en Irak se convirtiera en un desastre total para los Estados Unidos ha sido la colaboración abierta de los clérigos Iraníes. La política extranjera Iraní – fragmentaria y oportunista – siempre ha sido determinada por las necesidades e intereses del estado clerical en lugar de por una clara estrategia antiimperialista. En el pasado, esto ha llevado a una colaboración de facto con Washington en Afganistán e Irak. Durante la guerra Irán-Irak, los clérigos no vacilaron en comprar armas al régimen israelita para luchar contra Irak, entonces apoyado por Gran Bretaña y EE.UU. Con la invasión angloamericana de Irak – esperando, sin ninguna duda, que allanar el camino para el derrocamiento de Saddam Hussein y el Mullah Omar les permitiría un período de tregua -, el régimen tomó una posición más dura en la cuestión nuclear.

La administración Bush parece haberse hecho a la idea de una lucha segura contra Irán, directamente, o a través de los israelitas, cuyos nuevos líderes se han referido al presidente Iraní como un psicópata y un nuevo Hitler. ¿Por qué Washington ha fabricado esta crisis? La hipocresía de Bush, Blair, Chirac u Olmert – sus propios estados están armados con miles de armas nucleares -, haciendo un casus belli de lo que es, al decir de todos, un primario avance de Irán hacia la tecnología necesaria para la calidad más baja de autodefensa nuclear, apenas necesita ser explicada. Así, cuando estos poderes se permiten agrandar su armamento nuclear sin límite, ¿por qué no puede Teherán hacer lo propio?

El país no sólo esta rodeado de estados atómicos (India, Pakistán, China, Rusia, Israel), sino que también se enfrenta a un cordón de bases americanas con potenciales o reales reservas nucleares en Qatar, Irak, Turquía, Uzbekistán y Afganistán. Los portaviones y submarinos nucleares americanos patrullan las aguas de su costa sur. Históricamente, Irán tiene razón para temer amenazas del exterior. Su gobierno laico democráticamente elegido fue derrocado con ayuda angloamericana en 1953, y la oposición laica fue destruida. De 1980 a 1988, los poderes occidentales incitaron a Saddam Hussein a asaltar Irán, y cientos de miles de iraníes murieron. Más de 300 proyectiles iraquíes fueron lanzados a ciudades y objetivos económicos iraníes, sobre todo a la industria del petróleo. En las fases finales de la guerra, EE.UU. destruyó casi la mitad de la armada Iraní en el Golfo y, para colmo, derribó un avión civil atestado de pasajeros.

Para el estado clerical, la guerra del terror ha sido lo mejor y lo peor a la vez. Los precios del petróleo se han disparado. Los regímenes enemigos en ambos lados, Bagdad y Kabul, han sido derrocados. Los partidos Shiies Iraquíes a los que estuvieron apoyando durante años están ahora en el poder. Washington ha tenido que confiar en su ayuda para sostener sus ocupaciones en Irak y en Afganistán. A pesar de todo, las tensiones sociales en Irán son altas. En este contexto, el nuclear es uno de los pocos proyectos del régimen que sirve para generar unidad. Cabe recordar que el programa nuclear Iraní empezó bajo el Shah, con tecnología ofrecida por los americanos. Jomeini postergó el proyecto, al considerarlo no-islámico. Se reiniciaron los trabajos, con los rusos asumiendo la construcción de los reactores de Bushehr, comenzada por los alemanes orientales en los años setenta. De salida, Irán, como Alemania, Países Bajos o Japón, ha querido desarrollar el ciclo nuclear completo, incluyendo el enriquecimiento de uranio. Rusia amenazó varias veces con imponer condiciones en las entregas de combustible. Se importó clandestinamente del vecino Pakistán uranio enriquecido; no el proceso, pero al no comunicarlo, se estaban contraviniendo los acuerdos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA).

No hay ninguna prueba de que Irán esté más cerca ahora de las armas nucleares que Irak en septiembre de 2002, cuando Blair y Cheney aseguraron al mundo que Bagdad representaba una verdadera «amenaza» nuclear. Los Informes, en 2003, de una secta algo demente, el e-Khalq de Mojahedin, relativos a investigación nuclear preliminar en la instalación de Natanz, no constituyen una prueba. Pero en la lucha de los poderes europeos por reforzar su relación con Washington después de la invasión de Irak, Francia, Alemania y Gran Bretaña fueron perspicaces forzando acuerdos extras en Teherán. El régimen de Jatami capituló inmediatamente. En diciembre de 2003, firmaron el «Protocolo Adicional» exigido por el EU3, aceptando una «suspensión voluntaria» del derecho al enriquecimiento garantizado por el Tratado de no Proliferación (TNP).

Después de tres meses, la IAEA los condenaba por no haberlo ratificado; en junio de 2004, sus inspectores descubrieron casos de trabajos de enriquecimiento, absolutamente legal de acuerdo con el TNP, pero prohibidos por el Protocolo Adicional. Israel ha alardeado de su intención de destruir Natanz (el contraste con el disimulo con que bombardeó el reactor de Osirak en Irak en 1981 es una medida del nuevo equilibrio de fuerzas). En el verano de 2004, una mayoría de los dos partidos del Congreso americano aprobó una resolución para tomar «todas las medidas apropiadas» para prevenir un programa de armas iraníes, y se especuló con una «sorpresa en octubre», antes de la elección presidencial de 2004. Se presentaron así los planes antes de la victoria de Mahmoud Ahmadinejad en las elecciones presidenciales iraníes de junio de 2005.

Ahmadinejad recogió el voto del descontento con los pobres resultados de Jatami entre 1997 y 2005. Las condiciones económicas habían empeorado, y Jatami, que había defendido los derechos de los inversores extranjeros, había conculcado también los de los periódicos independientes o los de los estudiantes. Maniobrando ineficazmente entre presiones contradictorias, agotó su crédito moral. Contrariamente a algunos informes, Ahmadinejad no ha impuesto nuevas restricciones puritanas hasta ahora en el ámbito social. En cambio, los que pueden sentirse más defraudados son sus primeros partidarios: los millones de jóvenes, desempleados de clase obrera, hacinados en condiciones de vida de sobrepoblación, con una necesidad desesperada de una política de desarrollo nacional que ni el neoliberalismo ni el voluntarismo islamista le proporcionarán.

No es base para una política exterior hacer exhibición del atraso fundamentalista negando el genocidio nazi contra los judíos o proferir la amenaza de borrar a Israel del mapa. Enfrentarse a los enemigos de Irán requiere una estrategia inteligente y perspicaz, no la tomadura de pelo actua,l entre oportunista y maniobrera, nacida de los intereses inmediatos de los clérigos.

A trueque de allanar el camino del derrocamiento de los regímenes baas iraquí o talibán afgano, y de apoyar las ocupaciones americanas de esos países, no se ha logrado tregua alguna. El subsecretario de estado norteamericano ha hablado de «incrementar la presión». El ministro de defensa israelí, Shaul Mofaz, ha dicho que «Israel no aceptará una capacidad nuclear iraní, y debe tener la capacidad para defenderse, con todo lo que esto implica, y para ello nos estamos preparando». Hillary Clinton acusó a la administración Bush de «minimizar la amenaza » iraní, y exigió presionar a Rusia y China para imponer sanciones a Teherán. Chirac ha hablado de usar las armas nucleares francesas contra un «estado delincuente». Quizá el cohete de alto octanaje y gran velocidad tiene simplemente el objetivo de asustar a Teherán y tornarla sumisa. Es improbable que esa intimidación tenga éxito. ¿Se embarcará entonces Occidente en una nueva guerra? En tal caso, el campo de batalla podría extenderse del Tigris al Oxus. Sin garantías de éxito.

Tariq Ali es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO

Traducción para www.sinpermiso.info : Paco Ramos

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