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El señor de las cadenas

Fuentes: Galicia Hoxe

Para Negrita Imagine que se encuentra en una gran sala junto con seiscientas personas, campesinos y campesinas, llegadas de todos los países, con vestimentas diferentes, idiomas propios, rasgos particulares, pero con la misma chispa en sus ojos, con igual temperatura de corazón, con latidos sincronizados. Todas unidas de la mano en un corro gigante. E […]

Para Negrita

Imagine que se encuentra en una gran sala junto con seiscientas personas, campesinos y campesinas, llegadas de todos los países, con vestimentas diferentes, idiomas propios, rasgos particulares, pero con la misma chispa en sus ojos, con igual temperatura de corazón, con latidos sincronizados. Todas unidas de la mano en un corro gigante. E n el centro sentada en una silla, una mujer africana encadenada, con los ojos vendados y la boca precintada. El silencio es completo, tenso.

Por uno de los extremos entra una mujer campesina corriendo, detrás un hombre la persigue, la alcanza y la maltrata. Cae al suelo. En otro extremo una mujer labrando el campo, a su lado un hombre dándole órdenes sin cesar, finalmente la empuja y cae al suelo. En un rincón un hombre acosa a una mujer, quiere su cuerpo sin más, su carne vacía. La mujer se resiste, grita, se defiende, pero finalmente cae al suelo. Se representa su violación. Más lejos una hombre carga en la cabeza de una mujer un saco de leña, ella lleva los 50kg en su cabeza, el camina delante sin cargas. Y otras escenas similares se repiten, finalmente siete mujeres caídas en el suelo.

Entonces entra una nueva persona, se llama Juana -en el Caribe le llaman la Negrita. Enrollada a su cuello lleva puesta una pañoleta verde de La Vía Campesina, la organización mundial del pequeño campesinado. Despliega su voz potente y canta: » Hermano dame tu mano vamos juntos a buscar una cosa pequeñita que se llama libertad, esta es la hora primera este es el justo lugar, abre la puerta que afuera la tierra no aguanta más.»

Detrás de ellas más mujeres con las pañoletas verdes recorren el pabellón dándoles la mano a las mujeres caídas, que se levantan recuperadas con dignidad, y juntas se acercan a la mujer encadenada.

Mientras Juana sigue: «Mira adelante hermano es tu tierra la que espera sin distancias, ni fronteras que pongas alta la mano sin distancias, ni fronteras esta tierra es la que espera el clamor americano levanten pronto la mano al señor de las cadenas.»

Y las cadenas se rompen. La mujer se libera, y con ella el corro de personas, el mundo campesino que la rodea.

Con esta escenificación el pasado mes de octubre en Maputo se puso en marcha la campaña mundial contra la violencia hacia las mujeres en el mundo rural, victimas por duplicado de la violencia capitalista y de la violencia patriarcal. Una campaña imprescindible.

Gustavo Duch Guillot. Director de Veterinarios Sin Fronteras