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Farmacéuticas y países ricos impiden el acceso a medicamentos baratos a los países del Sur

Fuentes: archipielagonoticias.com

* La Declaración de Doha, que permite acceder a genéricos, sigue sin aplicarse
* Novartis y Pfizer denuncian a la India y Filipinas para asegurarse sus beneficios

El 14 de noviembre de 2001 los líderes mundiales firmaron la Declaración de Doha, que anteponía la salud de las personas a los beneficios económicos. Cinco años después, a las personas más pobres de los países en desarrollo todavía se les niega el acceso a medicamentos baratos que pueden salvar sus vidas.

El documento ‘Patentes contra pacientes: Cinco años después de la Declaración de Doha’, hecho público por Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España, afirma que los países ricos hacen muy poco, o nada, para cumplir sus obligaciones. En algunos casos, debilitan de forma consciente el alcance de este acuerdo.

En la declaración se afirma que los países en desarrollo pueden anteponer las garantías de salud pública a las reglas de propiedad intelectual de la Organización Mundial del Comercio (conocidas como ADPIC) con el fin de asegurar el acceso a medicamentos genéricos más baratos. Estas medicinas representan la forma más eficaz para mantener unos precios asequibles, asegura el informe.

«Los países ricos han traicionado el espíritu de la Declaración de Doha -afirma Ariane Arpa, directora general de Intermón-. La declaración contempla las medidas adecuadas, pero exige voluntad política para ponerlas en marcha. Y los países ricos no la tienen. Vamos hacia atrás, y hay gente que sufre y muere innecesariamente».

Desde 2001 la situación ha empeorado para las personas enfermas en los países en desarrollo. Más de cuatro millones de personas se contagiaron de sida en 2005; y el cáncer, considerado como un ‘problema de ricos’, está aumentando en la población de los países en desarrollo a un ritmo que hace prever que se duplique el número de enfermos en el año 2020, un 60% de los cuales vivirán en países en desarrollo.

La Organización Mundial de la Salud asegura que el 74% de las medicinas para combatir el sida está controlado por monopolios, que el 77% de los africanos no tiene acceso a un tratamiento y que el 30% de la población mundial sigue sin recibir medicamentos de forma regular.

Hay muchas razones que explican esta situación, pero la más importante es que los países ricos, especialmente EEUU, acosan a los países empobrecidos para que acepten reglas más estrictas sobre propiedad intelectual, que permitan a las empresas farmacéuticas preservar sus monopolios. Esto reduce la competencia de los medicamentos genéricos y mantiene los precios muy altos.

«Las estadísticas mundiales de salud son desoladoras, y aún así EEUU continúa negociando acuerdos comerciales con reglas cada vez más duras que limitan a los países el uso de las garantías sanitarias. De ser aplicados, estos acuerdos obligarán a Colombia a pagar 940 millones de dólares más cada año hasta el 2020 para cubrir los costes de sus medicinas, lo que afectará a seis millones de pacientes. Algo similar ocurrirá en Perú, donde los precios de los medicamentos pueden incrementarse un 100% en 10 años y un 162% en 18 años», afirma Gonzalo Fanjul, responsable de investigación de Intermón Oxfam.

Garantías sanitarias

Otros países ricos, especialmente los de la Unión Europea, se han mostrado pasivos ante la estrategia de los EEUU. Las compañías farmacéuticas han ido incluso más allá, desafiando directamente a países como la India y Filipinas que han tratado de utilizar las garantías sanitarias que contempla la regulación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En 2005, varias asociaciones de enfermos de cáncer en la India utilizaron las leyes nacionales de propiedad intelectual para frenar el intento de la compañía suiza Novartis de patentar su anticancerígeno Glivec. Está acción permitió a las empresas indias seguir produciendo un medicamento genérico que cuesta 2.700 dólares por paciente y año, frente a la versión de Novartis que ronda los 27.000 dólares por paciente y año.

Sin embargo, Novartis ha apelado recientemente la decisión de los tribunales, desafiando el derecho de la India a interpretar los acuerdos ADPIC para proteger su salud pública. Si Novartis triunfa en su empeño, podría poner en peligro la industria de genéricos de aquel país. La India es el mayor exportador de medicamentos genéricos del mundo, un 67% de los cuales los vende a países en vías de desarrollo.

Mientras, en Filipinas, el Gobierno ha hecho análisis y ha aprobado una versión genérica de Novarsc, un medicamento para el corazón que en estos momentos está patentado por la compañía estadounidense Pfizer. Las autoridades quieren asegurar una versión barata de Novarsc, que cueste un 90% menos, y que esté en el mercado en cuanto termine la patente, que expira en junio de 2007.

La presión de EEUU

Oxfam Internacional considera que la acción del Gobierno es congruente con las reglas ADPIC y con las leyes de propiedad intelectual filipinas. Sin embargo, Pfizer ha demandado al Gobierno de este país. Si gana, limitará la capacidad gubernamental de acceder a medicinas más baratas y de aplicar las garantías ADPIC.

«Los países en desarrollo tienen la obligación de utilizar todas las medidas que protejan su salud pública, pero cuando tratan de hacerlo se enfrentan a una gran presión», afirma Fanjul.

Para que la Declaración de Doha funcione, Oxfam pide, entre otras medidas, que la OMC revise el impacto del ADPIC para asegurar que todos los países pueden proteger sus sistemas públicos de salud. Además, la ONG ha solicitado a EEUU que deje de presionar a los países pobres para que adopten criterios más estrictos sobre propiedad intelectual, especialmente en las negociaciones de acuerdos de libre comercio.

«Los países ricos deben cumplir sus compromisos y dejar de socavar la Declaración de Doha con acciones que únicamente les benefician a ellos. Ahora, más que nunca, necesitamos un sistema comercial global que anteponga la salud a los beneficios económicos y que asegure medicamentos baratos para todos», concluye Fanjul.