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Reanuda la ayuda económica y militar y propone que se integre a una parte de la guerrilla del EPL en el Ejército Real Nepalí

La presión de India pone fin a las protestas antimonárquicas

Fuentes: Rebelión

Las movilizaciones masivas que se han producido en Nepal durante el mes de abril han terminado con un sabor agridulce para una gran parte de la población. Las formaciones políticas agrupadas en la Alianza de los Siete Partidos (ASP) aceptaron la oferta del rey Gyanendra para poner fin a las protestas (que han causado 15 […]

Las movilizaciones masivas que se han producido en Nepal durante el mes de abril han terminado con un sabor agridulce para una gran parte de la población. Las formaciones políticas agrupadas en la Alianza de los Siete Partidos (ASP) aceptaron la oferta del rey Gyanendra para poner fin a las protestas (que han causado 15 muertos -aunque aún hay 4 heridos en estado crítico- y 5.144 heridos, de ellos 526 como consecuencia de los disparos de policía y Ejército, así como 9 desaparecidos y más de 1.000 detenidos) a cambio de restaurar el parlamento, abolido por el mismo rey en el año 2002. «Un error histórico», a juicio de la guerrilla maoísta puesto que no se ha puesto fin a la monarquía ni se ha manifestado voluntad alguna, por parte de esos partidos, de tocar la columna vertebral sobre la que se asienta el poder del rey: el Ejército Real Nepalí. No obstante, pese a esa primera valoración, la guerrilla ha decretado un alto el fuego de tres meses para dar tiempo a que el nuevo gobierno de la ASP ponga en marcha el acuerdo de 12 puntos alcanzado con ellos el mes de noviembre de 2005.

 

La ASP ya presentó al rey Gyanendra, el día 24 de abril, aún con las movilizaciones en la calle, una «hoja de ruta» hacia la democracia que fue aceptada por el monarca tras consultar con India, que llegó a enviar a un enviado especial, Karan Singh, parlamentario y ex embajador en EEUU, para que mediase en la crisis. El rey recibió garantías de India de que nada más aceptar esa «hoja de ruta» de la ASP se iba a reanudar la ayuda, tanto económica como militar, a Nepal. Esa «hoja de ruta» presentada por la ASP al rey incluía cinco puntos: restauración del parlamento, disuelto en 2002; formación de un nuevo gobierno compuesto por los partidos de la ASP y que sólo será responsable ante el parlamento; celebración de elecciones para una Asamblea Constituyente [aunque sin fijar el tiempo necesario para ello], a lo que se invitará a los maoístas; formación de un gobierno interino en el que puedan estar los maoístas y en ese momento, elegir la fecha para iniciar el proceso para elegir la Asamblea Constituyente (1).

 

La ayuda económica ofrecida por India, de la que no se ha dado ninguna cifra por el momento, se restableció el día 25 «para ayudar al nuevo gobierno a consolidarse» y «paliar las restricciones severas que está sufriendo el pueblo de Nepal debido a la interrupción del comercio durante la huelga general». Según el diario «The Himalayan Times» (2), India se comprometió a «reiniciar de inmediato el transporte de productos petroleros o derivados del petróleo y enviar comestibles y otras mercancías necesarias». Se estima que la huelga general causó pérdidas por valor de 19.000 millones de rupias (unos 34’5 millones de euros) (3). También asumió el compromiso de enviar rápidamente fondos para que el gobierno nepalí no tenga problemas de liquidez y pueda pagar a sus funcionarios, especialmente a policías y militares y evitar, así, una fuente de conflicto puesto que estos dos estamentos son los únicos en los que aún se apoya el rey.

 

La intervención de India en la crisis ha sido crucial, no sólo presionando al rey para que acepte la «hoja de ruta» de la ASP, sino a los maoístas. Al primero le convenció de la necesidad de dar marcha atrás en la represión «antes de que los espirales de la situación hagan que esté fuera de control» [en referencia a la rebelión maoísta] y garantizando la reanudación de la ayuda militar. El jefe del Ejército de India, J.J Singh, prometió a su homólogo del ERN, Pyar Jung Thapa, toda la ayuda necesaria para «recomenzar las operaciones contra los maoístas en cuanto la situación se estabilice» (4) aunque, al mismo tiempo, le sugirió incorporar a miembros de la guerrilla al Ejército «en aras de la paz» y si se proclamaba un alto el fuego.

A los segundos, la presión les llegó desde su organización hermana, el Partido Comunista de India (maoísta). El secretario general de este partido, Sitaram Yechury, mantuvo una reunión la noche del lunes con los dos principales dirigentes del Partido Comunista de Nepal (maoísta), Prachanda y Bhattarai, para convencerles de la necesidad de levantar el bloqueo de carreteras que habían anunciado en respuesta a la decisión de la ASP de poner fin a las protestas sin haber logrado la caída del rey y proclamar un alto el fuego que permitiese el inicio del proceso para elegir la Asamblea Constituyente (5). El 1 de septiembre de 2005, el PCN (m) y el Partido Comunista de India (maoísta) firmaron una declaración conjunta en la que se denunciaba «el expansionismo indio» y «la campaña de represión brutal» llevada a cabo por las fuerzas gubernamentales hindúes en Andhra Pradesh. Evitar la represión de India contra los maoístas de ese país puede haber sido una de las razones por las que la guerrilla nepalí ha decidido levantar el bloqueo que había decretado y anunciar el alto el fuego de tres meses.

Yechury también transmitió a los dirigentes del PCN (m) la voluntad de la ASP de mantener el acuerdo de 12 puntos firmado en noviembre de 2005, así como el compromiso de «cambiar la denominación de Ejército Real de Nepal por la de Ejército Nacional». Dentro de este compromiso está la «positiva disposición» a que una parte de los cuadros del Ejército Popular de Liberación, brazo armado del PCN (m), se integre en ese nuevo Ejército Nacional, según ha reconocido el general Pyar Jung Thapa (6). Esta es una de las reivindicaciones históricas de la guerrilla. Thapa dijo al periódico hindú que «los partidos tienen ahora una oportunidad de solucionar el problema de la insurrección maoísta» y mostró su disposición a «trabajar con cualquier gobierno y el Ministerio de Defensa en aras de la paz». Es de suponer que el general jefe del ERN haya hecho estas declaraciones apaciguadoras después de conocer que el gobierno de la ASP tiene la intención de retirar de la legislación nepalí el calificativo de «terrorista» a los miembros del PCN (m) y de decretar el alto el fuego con la guerrilla, algo a lo que siempre se había negado el rey. De hecho, en la tregua anterior a la que acaba de decretar la guerrilla, que tuvo lugar entre los meses de octubre de 2005 y enero de 2006, el ERN no sólo se negó a proclamarla sino que incrementó sus ataques contra los maoístas, llegando a bombardear localidades que habían sido tomadas por ellos.

El EPL ha demostrado en estos diez años de guerra popular revolucionaria que tiene cuadros y combatientes excepcionales puesto que está llevando la iniciativa militar, como quedó de manifiesto en el mes de agosto de 2005 al asaltar la base de Kalikot y causar al ERN 159 muertos entre sus soldados y capturar a otros 52. En plena ofensiva contra la monarquía, la guerrilla intensificó sus ataques contra el Ejército Real en Malangawa, Nawalpur, Butwal, Kapailvastu, Laxminagar, Golpark, Sukhhanagar, Mahendra, Sitúan, Bharatpur y otras ciudades más pequeñas (7).

Los maoístas han afirmado en repetidas ocasiones que tienen capacidad militar como para tomar Katmandú, pero que optaban por la vía política para reforzar la alianza con los partidos políticos de la ASP y derribar al rey en el convencimiento que «el régimen feudal autocrático no será superado sin la fusión del movimiento pacífico y de la resistencia militar» (8). Para estos días van a convocar una movilización en Katmandú y las ciudades que circundan la capital en una demostración de fuerza y para recordar a la ASP que sin ellos no hubiese sido posible la movilización popular.

La rebelión maoísta en India

India necesitaba urgentemente poner fin a la revuelta popular en Nepal para evitar el contagio en su territorio, donde los maoístas son fuertes en 12 de los 28 estados que componen administrativamente India. Los principales bastiones de la guerrilla maoísta son Andhra Pradesh, Madhya Pradesh, Orissa, Maharashtra y Bihar, pero también están extendidos en Chatisgarh y Jharkhand. Uttar Pradesh, Asma, Uttaranchal, Kerala y Tamil Nadu .

La estrategia es penetrar en las áreas rurales, consolidarse en ellas y, una vez que consideran seguras sus bases de apoyo, ir estableciendo coordinaciones eficaces y efectivas entre las diferentes células en otros Estados. Es la estrategia clásica y que tan buenos resultados ha dado en Nepal. Al igual que sus camaradas nepalíes, los maoístas indios respetan a los cargos locales -incluyendo a policías- si el pueblo considera que son honestos y no están comprometidos en casos de corrupción o represión. También respetan a las empresas que están instaladas en sus zonas de influencia, pero las cobran un «impuesto revolucionario», que oscila entre el 15 y el 20% de sus beneficios, con el que financian sus actividades. En muchas partes de las zonas donde están implantados son el estado, impartiendo justicia y cobrando impuestos.

Si hay que hacer caso a los informes de los servicios de inteligencia de India, maoístas de ese país se han «fogueado» en la guerra popular revolucionaria de Nepal, de donde han traído mayor formación política y experiencia militar. Estos servicios de inteligencia estiman que el Ejército Guerrillero del Pueblo (nombre de la rama militar de los maoístas indios) contaría con 8.000 combatientes, 25.000 milicianos -defienden las bases de apoyo y realizan labores de inteligencia y ayuda logística a los combatientes- y 50.000 cuadros políticos. Cifras pequeñas si se tiene en cuenta que India es un país con cerca de 1.000 millones de habitantes, pero el rápido desarrollo del movimiento maoísta ha encendido las alarmas entre la élite política india, hasta llegar el primer ministro, Manmohan Singh, a decir que «la amenaza maoísta es la más grande amenaza a la seguridad con que se enfrente India» (9).

El frente interno es importante y por eso India ha actuado con celeridad en Nepal. Además, no se podía permitir el lujo de tener dos conflictos abiertos en sus zonas de influencia, puesto que el otro sitio candente es Sri Lanka. El recrudecimiento de la guerra con los tamiles y la parálisis de las conversaciones de paz van a obligar a India a volver su mirada hacia esa zona, una vez apagado, siquiera temporalmente, el fuego nepalí.

 

 

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(1) Kantipur Online, 24 de abril de 2006.

(2) The Himalayan Times, 25 de abril de 2006.

(3) The Himalayan Times, 27 de abril de 2006.

(4) The Hindu, 26 de abril de 2006.

(5) India Daily, 25 de abril de 2006.

(6) Express India, 26 de abril de 2006.

(7) «La ofensiva contra la monarquía es total», Rebelión, 22 de agosto de 2006.

(8) AFP, 14 de febrero de 2006.

(9) The Pioneer, 27 de abril de 2006.

 

 

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