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Contragolpe por todo Líbano

La solución fracasada del ejército suní

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Quienquiera haya asesinado el miércoles al parlamentario libanés antisirio Walid Eido sabía que Siria sería acusada y que el país se acercaría más a la guerra civil. Las facciones pro-gubernamentales salieron en masa por el paseo marítimo Roauche de Beirut entonando consignas antisirias y contra Hezbolá, pero hasta ahora no han ocurrido enfrentamientos serios.

Otra consecuencia puede ser que se infunda nueva vida a la probabilidad de un Ejército Suní del Norte respaldado por EE.UU. para enfrentar a Hezbolá y a los palestinos. El Ejército Suní del Norte parecía factible por lo menos hace un par de años – durante el Plan «B» – en aquel entonces Plan «C» – que se convirtió en el Plan «D» en las sesiones del Club Welch para decidir quién iba a controlar el Líbano.

Para el Club, formado por David Welch, Samir Geagea, (Fuerzas Libanesas) Walid Jumblatt (Milicia drusa PSP) y presidido por Saad Hariri, (Movimiento Futuro) más algunos aliados, como el actual Primer Ministro Fuad Siniora, las alternativas eran simplemente blanca y negra: el futuro del Líbano será controlado por Israel y EE.UU. o el Líbano será controlado por Siria e Irán.

El papel que jugarán los propios libaneses dependerá de «variables.» Entre ellos estaba la necesidad de una victoria del gobierno de Bush en Iraq, la destrucción de Hezbolá, líder de la resistencia libanesa y movimiento nacionalista, que impidiera el colapso virtual de Israel, cada vez más visto en el Pentágono como tambaleante, al acercarse el juicio de la historia.

Cuando algún brillante estudiante graduado escribe una disertación doctoral intitulada: ¿Quién perdió al Líbano? la tesis podrá argumentar que fueron los efectos de los eventos históricos que ahora se desarrollan, incluyendo a Nahr al-Bared, y que fermentan en Ain el Helweh, y otros diez campos de refugiados palestinos. Esto, aparte del contragolpe de la debacle de la invasión de 2003 del gobierno de Bush en Iraq que desató un horrible conflicto chií/suní y la guerra civil. Dentro de 9 meses de la invasión de Iraq, el temor del fenómeno del «levantamiento chií» creó rápidamente pánico en Washington, Riyadh y Ammán. Los dos reyes Abdullah explicaron a todo el que quisiera escuchar que se estaba conformando una peligrosa Media Luna Chií que iría desde Iraq, pasando por Iraq, al Líbano.

El gobierno Bush escuchó, y sin dejar de crear nunca un problema en Oriente Próximo para el que no tuviera una solución, siguió la orientación de los neoconservadores y de los sioconservadores en sus filas e informó a sus aliados suníes de un nuevo gran proyecto.

«Fue un ‘despertar’ verdaderamente ‘epifánico, espiritual'» lo llamó recientemente un estudiante de la Universidad [US]americana de Beirut. La solución obvia para controlar la creciente influencia regional de Irán y Siria, era crear rápidamente un Ejército Suní del Norte para enfrentar a un ejército Libanés Chií del Sur (Hezbolá). El asesinato de Rafic Hariri, y de esos siete creadores de opinión libaneses asesinados desde entonces, aceleró el proyecto.

El norte del Líbano parecía ser el campo de reclutamiento perfecto para el ejército más reciente del Líbano porque el área es abrumadoramente suní, favorable a Hariri, tiene un alto nivel de desempleo, muchos jóvenes capaces dispuestos a ser reclutados y la comunidad se siente excluida de los progresos económicos del sur.

Además, el norte del Líbano tiene un aeropuerto bien situado en Keilaat, que, según este guión, podría ser convertido en una base de EE.UU. que incluiría una instalación de entrenamiento para la nueva fuerza.

Al leer entrevistas con miembros de Fatah Intafada, Fatah al-Islam, Jund al Sham, Osbat al Ansar, Jund Allah y numerosas facciones de la OLP, más residentes de todos los 12 campos de refugiados palestinos del Líbano, así como de varias ONG y de experimentados observadores de los campos, parece que un hecho es evidente. Los que fueron importados al Líbano para ser catalizadores de la nueva fuerza resultaron estar más interesados en combatir a Israel que en combatir a Hezbolá o a los palestinos y parecieron tomar en serio el consejo del difunto Abu Musab Al-Zarqaui de que los combatientes debieran ir a la frontera de Palestina y combatir.

Además, el punto de vista ampliamente compartido aquí es que al-Qaeda ha llegado de verdad al Líbano y que Fatah al-Islam no es más que la punta del iceberg. Las ‘células’ están en todo el Líbano y se están organizando ampliamente y no sólo en los campos palestinos, donde enfrentan la resistencia de Hamás, Fatah Arafat, y del Frente Popular por la Liberación de Palestina, como en los campos de Chatila y Burj al-Baraneh.

Prácticamente cada día las fuerzas de seguridad libanesas encuentran toda clase de explosivos, coches bomba, almacenes de armas (14 de junio de 2007, otro gran almacén a seis manzanas de Nahr al-Bared) y reciben información de detenidos de Fatah al-Islam, Jund al-Sham y otros salafistas, respecto a docenas de operaciones planificadas, desde atentados a la embajada de EE.UU., a grandes hoteles, centros comerciales y ataques contra fuerzas de UNIFIL. Como informara recientemente Robert Fisk, funcionarios de Hezbolá han asegurado a las embajadas francesa, española e italiana que Hezbolá protegerá las espaldas de UNIFIL y tratará de impedir que al-Qaeda los ataque. El 13 de junio de 2007 se informó sobre una lista de sentenciados de 30 nombres, sólo horas antes de que fuera asesinado el parlamentario Wadid Eido, uno de los nombres en la lista.

La ONU, otro de los objetivos, según informes de la Seguridad Interior, se encuentra en máxima alerta. Una fuente fiable informó al autor el 14 de junio de 2007 que los hombres de Hezbolá guían en realidad discretamente a convoyes de la ONU a lo largo de la línea azul de 120 kilómetros, viajando en cierto modo como pasajeros, frente a ellos y con el equipo electrónico por el que son conocidos. La ONU considera que los servicios de inteligencia de Hezbolá, que pusieron en jaque a Israel durante la guerra de julio de 2006, siguen igual de sólidos actualmente y la ONU aprecia su ayuda.

Seymour Hersh utiliza la palabra «aguda» para describir la preocupación en la Casa Blanca por el renacimiento chií. Como resultado, Hersh afirma que el gobierno de Bush ya no actúa racionalmente en su política. «Estamos apoyando a los suníes en todos los sitios en que podemos contra los chiíes…» Estamos creando… violencia sectaria.» Y describe el plan de financiar a Fatah al-Islam como «un plan clandestino en el que nos juntamos a los saudíes como parte de un programa mayor, más amplio, de hacer todo lo posible por detener la extensión del mundo chií, y simplemente el tiro nos salió por la culata.» En el Líbano existe la amplia creencia en que el Club Welch del gobierno de Bush organizó la entrada al Líbano de afiliados de al-Qaeda y de almas gemelas y que recibieran ayuda de «miembros del club» locales. La embajada de EE.UU. en Beirut y la CIA no confirman ni desmienten la participación en el plan de utilizar a al-Qaeda para enfrentar a Hezbolá.

Parecía que todo se aclaraba perfectamente. De modo muy parecido a la operación de Osama bin Laden apoyada por EE.UU. y los saudíes en Afganistán durante la ocupación soviética, se comprometió dinero (al parecer al Welch Club no se le ocurrió que a veces la historia se repite y que podría resultar difícil devolver su creación a la caja de Pandora). Además había otros bolsillos bien llenos que podían ser aprovechados. Como documenta la revista Forbes, la fortuna de la familia Hariri aumentó vertiginosamente de unos insignificantes 4.100 millones de dólares en 2002 a 16.700 millones y más, a comienzos del año pasado – una actuación estelar incluso según estándares saudíes.

Evidentemente se necesitaba algo de capital iniciador y Bahia Hariri no perdió tiempo en el financiamiento de Jund al Sham en el vecindario Taamar justo afuera de Ain el Helweh, cuyas facciones de la OLP objetaron a que el grupo estuviera dentro de su ‘jurisdicción,’ mientras su sobrino organizó el financiamiento de Fatah al-Islam y grupos suníes salafistas ya existentes incluyendo a Osbat al Ansar y Jund Allah, ambos formados sobre todo por libaneses y reforzados con extranjeros llevados con ese fin. Mohammad Kobanni, el Gran Muftí suní y colaborador de Hariri, es acusado de contribuir «visas para eruditos religiosos» para facilitar el ingreso al Líbano de salafistas afiliados a al-Qaeda.

Hezbolá es el enemigo mortal de al-Qaeda, que considera apóstatas a los chiíes. Por su parte, Hezbolá acusa a al-Qaeda de trastocar el Corán y realizar terrorismo, como dejaran en claro en sus denuncias de al-Qaeda después del 11-S. Pero numerosos observadores locales no esperan que se combatan mutuamente.

Cuando el Club Welch decidió sacar a Fatah al-Islam de su base sureña de Sidón en Ein el Helweh, al campo Nahr al-Bared en el norte del Líbano, la señora Bahia Hariri admite que pagó por la trasplantación, según el Arab Monitor del 6 de junio de 2007. Ante el desastre que sobrevino cuando Jund al-Sham emboscó al ejército libanés el 20 de mayo, la señora Hariri se siente pésimo y generosamente organizó que el ejército diera becas completas a todos los niños de los soldados muertos, 61, el 13 de junio de 2007, un promedio de dos muertos por día, y cinco veces esa cifra de heridos y más de 80 civiles muertos.

Jund al-Sham y Fatah al Islam están unidos por lazos de amistad y familia. Al-Sham suministró algunos de los combatientes iniciales para el establecimiento de Fatah al-Islam. Es también el motivo por el que tantos puntos de control han sido establecidos ahora a lo largo de la carretera Sidón-Trípoli, que canaliza a hombres y material en ambas direcciones. El ataque de Jund al-Sham [JAS] del 4 de junio de 2007, en el campo Ein el Helwe de Sidón contra el ejército fue una reacción directa ante la creciente presión del ejército contra Fatah al-Islam [FAI] en Nahr al-Bared.

JAS ha admitido que tiene vínculos con la familia Hariri y tanto JAS como FAI son financiados por el mismo grifo de dinero de Washington /Riyadh/Hariri (Club Welch). El grupo del 14 de marzo, pero particularmente Saad Hariri, llama ahora a destruir por completo estas dos creaciones del Club Welch, así como el enviado de la Autoridad Palestina, Abbas Zaki, que quiere un reconocimiento mayor de los palestinos y mejores condiciones en el Líbano para los 420.000 refugiados. Zaki también quiere obtener la autoridad del mantenimiento del orden en todos los 12 campos palestinos en el Líbano. El Club Welch objeta a la proposición de Zaki porque teme que los palestinos lleguen a ser demasiado poderosos ¡y que incluso podrían exigir representación en el Parlamento!

El 22 de mayo de 2006, el Club Welch recibió órdenes de la Casa Blanca de liquidar el proyecto del ejército suní del Norte del Líbano después de la horrible matanza del 20 de mayo cuando se hizo obvio que los salafistas estaban fuera de control, más interesados en combatir a Israel que a Hezbolá o a los palestinos, y que se estaban formulando demasiadas preguntas sobre quiénes eran, cómo llegaron al Líbano, quién organizó y facilitó su entrada y respecto a los detalles sobre uno de los «robos de banco» más extraños que jamás se hayan realizado. El 11 de junio de 2007, Michel Aoun, líder del mayor grupo de cristianos en el Líbano exigió una investigación exhaustiva de todo el conflicto de Nahr al-Bared y de la participación del gobierno de Siniora.

Recién en mayo de 2007, Al-Akbar (Argelia) nos recuerda que el Club Welch criticaba al ejército libanés afirmando que se mostraba demasiado favorable a Hezbolá, que tenía a demasiados chiíes en sus filas y que podría no estar al nivel de la tarea de proteger al Líbano, no de Israel, por cierto, sino de los ‘peligros internos.’

El gobierno de Bush no sentía apuro por ayudar al ejército. Todo eso ha cambiado desde los eventos del 20 de mayo y el ataque de Fatah al-Islam contra el ejército que condenó a la futilidad el proyecto del Ejército Suní del Norte. De ninguna manera podían utilizar sus patrocinadores a esos grupos suníes salafistas comprometidos como el catalizador para el Ejército Suní del Norte, de ahí el renovado interés de EE.UU. por el ejército de la República del Líbano.

Por lo tanto el gobierno de Bush se unió a todo grupo que se las diera de patriótico en el Líbano y apoyara públicamente al ejército. El gobierno de Bush aceleró el envío de repuestos y munición, que ya habían sido pagados, para el ejército libanés. En los próximos meses más de 230 millones de dólares deben ser enviados al Líbano para el ejército desde Washington, con financiación, no como regalos.

La nueva generosidad del gobierno de Bush hacia el ejército del Líbano debe ser vista en perspectiva y no ser confundida con la ayuda militar y económica para Israel. Durante los últimos 10 años, la ayuda promedio de EE.UU. al Líbano (sobre todo para la reconstrucción después de ataques israelíes con armas estadounidenses) ha sido de aproximadamente 33 millones de dólares por año. Hay que comparar esa cifra con los 15,1 millones de dólares por día para Israel con un promedio anual de 5.700 millones. Por cierto, Israel, un poco más grande que el Líbano, tiene aproximadamente un 0,06% de la población del mundo, pero recibe más ayuda de EE.UU. que toda Sudamérica, Centroamérica y África (menos Egipto) en su conjunto. Del total de ayuda externa de EE.UU. a los demás 195 países miembro de la ONU, Israel recibe más de un cuarto de todo el presupuesto de ayuda externa de EE.UU. O mirándolo de otra manera, cada familia israelí recibe aproximadamente 6.000 dólares en ayuda de EE.UU. por año, las familias estadounidenses 3.300 dólares y las familias libanesas 12 dólares. Los palestinos reciben 29 centavos por familia.

Según informaciones de prensa de Beirut del 12 de junio de 2007, un oficial del ejército libanés declaró en una entrevista con el Daily Star: «Nosotros (el ejército libanés) también sospechamos que EE.UU. está presionando a otros países occidentales y árabes para que no nos suministren armas, y que sólo nos provean con municiones y vehículos para el apoyo logístico.»

Dijo que un paquete de ayuda militar prometido por Bélgica a fines del año pasado, que incluía 45 tanques Leopard-1, 70 transportes blindados de tropas y 24 cañones autopropulsados MI 09, había sido enviado repentinamente a otro país sin una explicación clara de Bruselas.

«Funcionarios en Bélgica habían hecho la promesa… y nosotros habíamos hecho todos los arreglos necesarios antes de que repentinamente cambiaran de opinión y dijeran que habían vendido las armas a otro país,» dijo el oficial.

Un funcionario del Ministerio de Defensa belga dijo el 8 de junio que ‘la donación de equipos fue cancelada por las preocupaciones del gobierno belga sobre la situación político-militar en el Líbano.» Traducción: el gobierno de Bush está preocupado deque puedan ser utilizados contra Israel.

El mismo constreñimiento del ejército libanés por el gobierno de Bush ocurrió con los nueve helicópteros de ataque franceses Gazelle donados por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) que pueden ser vistos a diario zumbando a lo largo del campus de la Universidad [US]americana de Beirut [AUB] por la costa hacia Nahr al Bared. Los Gazelle llegaron con ametralladoras de 20 mm., pero sin misiles antitanque HOT. El ejército libanés declara que se le dijo que «los misiles no fueron incluidos porque eran viejos y necesitaban reemplazo.» Según un ex antiguo portavoz de UNIFIL. Timur Goksel, que ahora enseña en la AUB, es un asunto simple y rápido colocar los misiles.» A pesar de ello, sin los misiles la fuerza aérea libanesa envía los Gazelle a la acción contra Fatah Al-Islam en el campo de refugiados Nahr Al-Bared, con ametralladoras, básicamente para expulsar a francotiradores de los techos.

Mucha gente en el Líbano cree que Washington y Tel Aviv están ajustando al ejército libanés para que sea una fuerza de policía interna del Club Welch con la capacidad de combatir a los palestinos o a Hezbolá si es necesario, pero que definitivamente no recibirá las armas necesarias para proteger al Líbano contra Israel.

En las últimas tres semanas ha habido numerosos arrestos de palestinos por el ejército libanés afuera de Nahr al Bared y entre Trípoli Beirut, y se habla de torturas. Human Rights Watch condenó ayer esas prácticas y si no cesan el ejército puede perder gran parte de la buena voluntad que ha estado recibiendo del público.

Hace dos semanas, el secretario general de Hezbolá, Hassan Nassrallah, advirtió de la necesidad de respetar una ‘línea roja’ en los ataques contra el ejército así como en el ingreso a Nahr al-Bared.

Si bien ha sido criticado en algunos lugares, Nassrallah parece haber tenido razón en su consejo a la luz de las altas bajas y de la humillación sufrida por el ejército y la destrucción de al-Bared y de las víctimas civiles.

Un estudio recién publicado por el Instituto Fafo para Estudios Internacionales Aplicados se concentró en el perfil socio-económico de Nahr al-Bared y concluyó que aproximadamente la «mitad» de los residentes empleados de Nahr al-Bared podrían perder sus puestos de trabajo e ingresos como resultado del conflicto.

«A diferencia de otros campos de refugiados en el Líbano, la mayoría de los refugiados en Nahr al-Bared trabajaba dentro del campo,» informó Age A. Tiltnes, investigador del estudio y coordinador para Oriente Próximo.

Antes del conflicto, un 63% de la fuerza laboral en Nahr al-Bared trabajaba dentro del campo. El estudio menciona «la destrucción física» como la principal dificultad que los refugiados enfrentarán cuando traten de reiniciar sus antiguos trabajos. Dos tercios de los negocios no podrán funcionar por la copiosa destrucción: edificios demolidos, incluyendo oficinas, talleres y negocios, así como calles arruinadas y una infraestructura sanitaria y eléctrica destruida.

«No tendrán puestos de trabajo ni sustento cuando vuelvan,» dijo Tiltnes, agregando que se necesitarán «inversiones y ayuda externa» para volver a levantar a los desplazados. Como la mayoría de las escuelas en Nahr al Bared han sido destruidas, unos 5.000 niños en edad escolar están sin salas de clase (un tercio de los residentes de al Bared son menores de 15 años y casi la mitad tiene menos de 20).

Otras secuelas del fracasado proyecto del «ejército suní» incluyen la creciente evidencia de que el gobierno de Bush juega el mismo papel en Líbano que en Iraq. El líder chií iraquí Moktada Sadr afirma que EE.UU. está detrás de la violencia sectaria en Iraq y del cisma entre los grupos étnicos iraquíes y las dificultades económicas del país. Llama a una «resistencia cultural» contra las influencias de EE.UU. y lo que llama el ataque de EE.UU. contra el Islam.

Los puntos de vista de Sadr resuenan en el Líbano donde las diferentes confesiones se dan cuenta cada vez más de que el «gran apoyo» del gobierno de Bush para «la joven democracia» puede ser de corta vida y rápidamente abandonado si el Líbano sigue resistiendo a Israel.

En Iraq, donde el Ejército Islámico es uno de los grupos sunitas armados más fuertes y mejor organizados, responsable por docenas de ataques contra las fuerzas estadounidenses, y opuesto a al-Qaeda, ambos grupos parecen haber dirimido sus diferencias y haberse unido contra la ocupación del gobierno de Bush. Parece bastante probable que, a pesar del ataque de ayer contra la mezquita chií Imam el-Askary, los grupos suníes y chiíes en el Líbano podrán evitar la continuación de la guerra de destrucción mutua.

En el Líbano, se escuchó una evidencia de tolerancia mutua suní, chií y cristiana en el sermón del domingo pasado (10 de junio de 2007) por el patriarca maronita Nasrallah Sfeir, en Beirut este.

El patriarca maronita se mostró conciliatorio hacia la población musulmana, incluyendo a Hezbolá, pareció consciente de la positiva amistad y cooperación chií-cristiana que fue alentada por el desaparecido Imán Musa al-Sadr, que trabajó con la dirigencia cristiana en el área de Sidón, pronunciando a veces sermones en iglesias y participando en un matrimonio cristiano. El patriarca maronita es consciente de que durante la guerra de julio de 2006 hubo muchas ocasiones en las que cristianos ofrecieron refugio a vecinos chiíes durante los ataques israelíes. Casos como en Aita al-Shaab cuando después de días de ataques de artillería y bombardeos israelíes algunos de los residentes pudieron salir de los refugios y escapar a la cercana aldea cristiana de Rmeish donde encontraron refugio. Israel parece haber evitado a veces el bombardeo de aldeas cristianas excepto en casos como Qana. La protección chií para cristianos incluye esfuerzos durante las masacres drusas de cristianos en los años sesenta del Siglo XIX en las montañas al este de Beirut por ayudar a que estos llegaran a la seguridad en el sur del Líbano, así como la Fatua chií publicada en la época de las masacres turcas de armenios en 1906 declarando que era el deber religioso de los musulmanes ayudar y proteger a los cristianos.

Una de las impresiones duraderas de algunos estadounidenses durante la guerra de julio de 2006 en el Líbano fue el espectáculo de soldados musulmanes de Hezbolá, protegiendo a cristianos que buscaban refugio de los soldados y bombas israelíes, dentro de su Gruta Sagrada de Qana donde, según la tradición cristiana, la Virgen María pidió a su hijo Jesús que hiciera vino para los aldeanos pobres que se reunieron viniendo de las aldeas circundantes para presenciar el evento.

Algunos de nosotros olvidamos los dos milenios de estrecha amistad entre todas las religiones en la «tierra sagrada del norte» del Líbano donde Jesús frecuentemente visitó a amigos para escapar a la hostilidad de los sanedrines del sur y para disfrutar de las aldeas y del mar en Tiro y en Sidón.

Cuando el Papa Benedicto habló el otro día con el presidente Bush y expresó su preocupación por la seguridad de los cristianos de Iraq, incluyó su ansiedad por los 18.000 cristianos iraquíes que se calcula han sido muertos por las bombas y la artillería de EE.UU. Muchos cristianos iraquíes escapan a Siria y el Líbano por las tradiciones de tolerancia religiosa de esos países.

Y el contragolpe continúa…

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http://www.counterpunch.org/lamb06152007.html