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Entrevista a Boaventura de Souza Santos

Los indignados del mundo, por una democracia radical, participativa, directa y comunitaria

Fuentes: Desinformémonos

Los sociólogos son muy buenos para ver el pasado y muy malos para prever el futuro, así que no sé lo que va a pasar, pero lo que los ocupas y los indignados manifiestan es que esta institucionalidad está podrida, piden democracia verdadera y democracia real. Estamos vislumbrando lo que yo llamo una sociología de […]

Los sociólogos son muy buenos para ver el pasado y muy malos para prever el futuro, así que no sé lo que va a pasar, pero lo que los ocupas y los indignados manifiestan es que esta institucionalidad está podrida, piden democracia verdadera y democracia real. Estamos vislumbrando lo que yo llamo una sociología de las emergencias, de nuevos movimientos que apuntan a otras formas de democracia más robustas y que puedan evitar lo que yo llamo el fascismo social.

Estoy seguro de que tendremos que mantener junto con estas formas más radicales la democracia representativa, pero nunca sola. Democracias participativas junto con democracias directas y democracias comunitarias.

Hoy las tecnologías de la información permiten una participación mucho más grande de los ciudadanos en la política y otra percepción de ella. Ahora mismo, por ejemplo, vengo de Bogotá donde la alcaldía es una alcaldía de izquierda, dirigida por Gustavo Petra, y están intentando trabajar con procesos como el presupuesto participativo y la intervención ciudadana.

Entonces, los movimientos de indignados nos dicen que es posible luchar. Nosotros no podemos quedarnos como estudiantes separados de las luchas, tenemos que estar dentro de ellas, es decir permanecer en la universidad y en la lucha simultáneamente, y ese a mi juicio es el aprendizaje.

Lo que es nuevo en relación al siglo XIX, es que a los jóvenes de entonces no les pasaba por la cabeza luchar por la democracia porque en esa época la democracia era elitista y totalmente oligárquica y hoy existen grandes diferencias. Tenemos que mantener este imaginario actual de una democracia radical participativa, directa y comunitaria, me parece que es lo que nos enseñan los movimientos de ahora.

Pero hay que ir más lejos, porque en la calle no se formulan políticas, la calle es un detonador muy importante para mostrar la resistencia, la inconformidad, la indignación, pero tenemos que seguir formulando políticas y para eso hay que tener formas de organización y movimiento.

Para la detonación llevar el movimiento al límite

Los límites, no. Si estamos en la práctica no podemos hacer preguntas teóricas sobre las restricciones del movimiento, porque en la práctica todo tiene límites. Es decir, todas las luchas están acotadas, el problema es llevar los límites al límite, o sea todas las oportunidades de lucha que tenemos debemos de radicalizarlas.

Los límites son decididos por la correlación de fuerzas. Sin correlación de fuerza no vas a ir a ningún lado, y tu trabajo es trascender las murallas, pero no las trasciendes de una manera romántica como si no existieran porque te desplomas, tienes que saber cuáles son estos límites y forzarlos más allá de sí mismos.

La guerra en México

Actualmente México vive un momento muy difícil en la medida en que hay una situación de criminalidad que nos recuerda la Colombia de los años noventa. Es una criminalidad que viene de diferentes ejes y direcciones, y a veces se confunde. Llega desde el propio Estado que colabora con los grupos de criminales, llega desde el narcotráfico y el crimen organizado.

Se vive en una especie de anomia, es decir con los vínculos sociales rotos y debilitados. Hay un sentimiento de que no vale la pena respaldar a la ley ya que esta no castiga a quien debe; existe la sensación de que las normas no conducen nuestra vida y este imaginario de ilegalidad o de trivialización de la legalidad es quizás lo que existe hoy en México. Pero hay que distinguir entre diferentes tipos de criminalidad porque hay que los grupos afectados por estos no son los mismos.

Si se compara lo que pasa en el Distrito Federal con lo que pasa en Guerrero o en Chiapas, no estás en el mismo país, pues son estados con una desigualdad social brutal. En este sentido, podemos decir que el federalismo mexicano ha fracasado totalmente ya que el federalismo fue creado para generar una solidaridad nacional entre diferentes estados y ese fenómeno no existe. Aquí hay una fragmentación nacional y se da también bajo la forma de guerra civil o, como yo la llamo, de guerra incivil, porque parece que es sin ley. Es una guerra en la operan simultáneamente, en varias partes del país, grupos armados, ya sea para defenderse o para atacar.

En este momento el Estado ha perdido el control de la violencia legítima, que es su prerrogativa, y es la que mantiene el orden dentro de los Estados liberales. Ahora se practica una violencia ilegítima sobre la cual no tiene control el Estado, aunque él mismo la ejerce también, junto con otros poderes fácticos que están dominando este país y que se hayan creando una situación real de liberalización de la criminalidad.

Por ejemplo, el día de hoy, me encuentro muy impactado por el asesinato de un profesor del departamento de sociología, cinco minutos antes de que comenzara mi charla en la Universidad Autónoma Metropolitana, esto nos da una idea de cómo la violencia está próxima a nosotros. Hoy fue él, mañana puedes ser tú o puedo ser yo. La violencia tiene una presencia existencial, y esto genera que ya no te sientas protegido en ningún momento, ni de ninguna manera por nadie. El resultado es que la gente empiece a buscar formas alternativas de protección, las cuales pueden ser rondas campesinas, pero también comprar armas del crimen organizado.

Entonces, la primera parte de mi respuesta es que en este país tenemos una multitud de criminalidades, de anomias, y es muy difícil comprender todas sus articulaciones.

Ahora bien ¿hasta qué punto el Estado participa en esto por acción y hasta qué punto participa por omisión? Y por otro lado, ¿cómo podemos salir de esta situación? Yo pienso que lo primero es no desistir, y después encontrar formas de rebelión en contra de este Estado.

La lucha de las ideas y la acción política

Lo que necesitamos hoy, es una reforma, una refundación profunda del Estado, de la democracia y de la justicia. A través de los movimientos sociales constituidos en la alternativa a una política de Estado corrupta e ineficiente.

La batalla tiene que darse y no podemos desistir. Las personas que se encuentran permanentemente bajo amenaza de muerte, o del hambre por esta violencia desatada, no pueden pensar como nosotros, los que estamos en las universidades o relativamente más seguros. Ellos, los continuamente amenazados tiene que pensar en soluciones y nosotros por respeto a ellos debemos de encontrarlas junto con ellos, esa es la única dignidad de los intelectuales y de los activistas: trabajar directamente con la gente y mantener la esperanza, pero no una esperanza romántica.

La organización de la lucha social en México

Durante mi estancia en México hablé con personas de diferentes movimientos sociales y con gente que está involucrada en la lucha social y cada vez más me parece que, en la situación actual, la batalla por la paz podría ser una línea de articulación para todo el movimiento, una línea agregadora, no me parece que sea socialismo, no sé si es justicia social, tal vez. Eso sí, para los indígenas tienen que ser una justicia histórica, no basta con hacerles una justicia social, pero es la paz la que nos dará la posibilidad de hacer otras cosas. Y para esto hay que manejar algunos instrumentos jurídicos, instrumentos del derecho que el Estado creó en una tradición que viene desde lejos y que puede ser emancipadora. Pero no es sólo el derecho, lo que hace falta es la movilización política.

En México lo que falta es una movilización política fuerte, y creo que se puede generar ahora alrededor de la consigna por una paz ciudadana, pero no la paz de los vencedores, sino la paz de los vencidos. Es por lo que hay que luchar hoy.

¿Con qué instrumentos? Con instrumentos jurídicos, pero también con instrumentos ilegales. Mi frontera es la lucha armada, no estoy a favor de la lucha armada, pero luchas ilegales por supuesto que sí. Y es que se tienen que producir luchas ilegales porque desde el poder van a criminalizar la protesta, van a hacer todo para que ustedes no puedan salir a la calle, van a considerarlos terroristas, así lo hacen en Chile, así lo hacen en Perú, así lo han hecho ya en México.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.