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Medio Oriente: el derecho a la resistencia

Fuentes: La Jornada

Del 16 al 19 de noviembre de este año tuvo lugar en Beirut, Líbano, la Conferencia Internacional en Apoyo a la Resistencia convocada por Hezbollah, el Partido Comunista Libanés, el Movimiento del Pueblo, el Foro Unidad Nacional y otras organizaciones de la sociedad civil libanesa. Asistieron a la misma más de 400 delegados procedentes de […]

Del 16 al 19 de noviembre de este año tuvo lugar en Beirut, Líbano, la Conferencia Internacional en Apoyo a la Resistencia convocada por Hezbollah, el Partido Comunista Libanés, el Movimiento del Pueblo, el Foro Unidad Nacional y otras organizaciones de la sociedad civil libanesa. Asistieron a la misma más de 400 delegados procedentes de todo el mundo que representaban partidos, organizaciones políticas, sindicales y toda la gama de los movimientos en contra de la guerra, antineoliberales y antimperialistas, que manifestaron en primer término su admiración y reconocimiento al pueblo libanés por su histórica victoria frente a la agresión militar de Israel de este año, librada con el apoyo de Estados Unidos.
Los participantes de la conferencia analizaron las variadas dimensiones de la agresión permanente y continua del sionismo y el imperialismo en contra del mundo árabe y el islamismo como parte de la estrategia global para impedir el desarrollo independiente de los pueblos del mundo y para intentar detener la resistencia popular que se extiende con renovado vigor en varios puntos de la geografía mundial.

Se denunciaron los proyectos político-militares en marcha por parte de Israel y Estados Unidos que pretenden balcanizar el Medio Oriente a partir de estimular y crear conflictos internos de naturaleza política y confesional con el objeto de apoderarse de los recursos de la región y lograr su control estratégico.

Se rechazó la interpretación basada en el supuesto «choque de civilizaciones» que propagan los ideólogos y los medios de comunicación estadunidenses y europeos (estos últimos con hipocresía y mayor grado de sofisticación) y se le identificó como uno de los fundamentos que en la batalla de las ideas se utilizan para criminalizar el mundo árabe y estigmatizarlo en el marco de la llamada «guerra contra el terrorismo». Se rechazó la imagen distorsionada que transmiten los medios de comunicación al servicio del imperialismo, que identifica a los resistentes y patriotas como «terroristas» y «fanáticos».
Se establecieron los mecanismos de coordinación para garantizar los apoyos solidarios entre todos los movimientos de resistencia que se opongan a la alianza imperialismo-sionismo, estableciendo o fortaleciendo relaciones entre las corrientes de izquierda, democráticas y nacionalistas en el mundo islámico y en otras regiones del planeta. Se vio la necesidad de reconciliar las perspectivas de izquierda con aquellas que sostienen un nacionalismo antimperialista tanto en los países árabes como en otras regiones, en aras de seguir desarrollando una perspectiva intelectual revolucionaria que profundice los objetivos de liberación nacional y social, desarrollo y democracia. En una lucha de resistencia con las complejidades presentes en Líbano, Palestina, Irak o Jordania es necesario superar las divergencias que puedan surgir en los ámbitos religiosos, étnicos y nacionales para presentar un frente unificado a la fuerte alianza que conforman los intereses regionales y mundiales del sionismo y el imperialismo; es necesario unificar todas las formas de resistencia a la ocupación colonial y neocolonial que propugnan Estados Unidos e Israel, considerando que la unidad del pueblo ha sido clave en las recientes victorias contra la ofensiva sionista-imperialista en el Medio Oriente.

Se consideró muy importante vincular la solidaridad con la resistencia de los pueblos árabes a todas las luchas que en los ámbitos regionales se libran contra la globalización capitalista neoliberal. Es necesario reconocer que el Medio Oriente, en particular Líbano, Palestina e Irak, es actualmente el frente de batalla frontal contra el imperialismo estadunidense y sus aliados sionistas, y que la derrota de sus políticas en esta área, en el terreno político y militar, puede explicar en parte el avance de las fuerzas de izquierda en otras zonas del mundo.

Se decidió integrar una red mundial coordinada con los distintos movimientos de resistencia y organizaciones políticas y sociales árabes para poner en práctica un trabajo permanente de comunicación, debate y acciones de apoyo, iniciando con un llamado a celebrar cada año el 20 de marzo como el día de solidaridad con la resistencia del pueblo de Irak contra la ocupación neocolonial estadounidense; el 12 de julio por la victoria histórica el pueblo libanés contra la agresión sionista, y el 20 de septiembre en apoyo a la heroica lucha del pueblo palestino para ejercer su pleno derecho a la autodeterminación nacional.

Se resolvió establecer una corte árabe de conciencia que juzgue a los criminales de guerra y a los perpetradores de crímenes en contra de la humanidad, en particular los cometidos en contra de los pueblos de Líbano, Palestina e Irak. Se especificaron algunos de estos crímenes: asesinato indiscriminado de civiles; desplazamiento de población temporal o permanente; destrucción de viviendas, edificios públicos y privados, puentes, carreteras, plantas eléctricas, puertos, aeropuertos, depósitos de alimentos y todo tipo de infraestructura urbana; daño irreversible al medio ambiente (especialmente a las costas libanesas, con serias repercusiones en el mar Mediterráneo); destrucción de los medios masivos de comunicación, incluyendo radio y televisión.

Estos acuerdos ­y otros que no menciono por limitaciones de espacio­ son un paso importante para unificar las luchas en torno al derecho irrenunciable de los pueblos del mundo a la resistencia en todas sus formas contra el imperialismo, el sionismo y todas las fuerzas enemigas de la humanidad.