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Paisajes fílmicos. Material sensible a la luz

Fuentes: La Madeja

«Hacer una película significa exponer material sensible a la luz.» 1 Ken Loach «Una fotografía tiene dos dimensiones, la pantalla de un televisor también, ni la una ni la otra pueden recorrerse. De un lado a otro de la calle, doblados o arqueados, los pies empujando una pared y la cabeza apoyada en la otra, […]

«Hacer una película significa exponer material sensible a la luz.» 1

Ken Loach

«Una fotografía tiene dos dimensiones, la pantalla de un televisor también, ni la una ni la otra pueden recorrerse. De un lado a otro de la calle, doblados o arqueados, los pies empujando una pared y la cabeza apoyada en la otra, los cadáveres, negros e hinchados, que debía franquear eran todos palestinos y libaneses. Para mí, como para el resto de la población que quedaba, deambular por Chatila y Sabra se parecía al juego de la pídola. Un niño muerto puede a veces bloquear una calle, son tan estrechas, tan angostas, y los muertos tan cuantiosos. Su olor es sin duda familiar a los ancianos: a mí me incomodaba. Pero cuántas moscas. Si levantaba el pañuelo o el periódico árabe puesto sobre una cabeza, las molestaba. Enfurecidas por mi gesto, venían en enjambre al dorso de mi mano y trataban de alimentarse ahí» 2 .

El texto es de Jean Genet. Lo escribió en Beirut, en 1982, pocas horas después de las matanzas de Sabra y Chatila.

Un paisaje es una porción de terreno visto desde un punto. Pero el sujeto que mira no lo hace desde cualquier lugar. Se sitúa para mirar. Este posicionamiento del sujeto frente al objeto, del que el mismo objeto es cómplice, se revela en el paisaje. Un paisaje es, pues, un resultado del que participan el sujeto que mira y el objeto de su observación.

El paisaje que Jean Genet describe con palabras manifiesta a la vez el horror del que ha sido testigo y su posición ante ese horror.

En una secuencia de la película La mirada de Ulises, de Theo Angelopoulos, la niebla vela un paisaje. Durante un paseo por el bosque, se extiende poco a poco hasta apartar de la vista a los personajes. Solo nos llegan sus voces, los sonidos con toda su carga dramática. La pantalla, indiferente, permanece en blanco. Impasible ante un destino que no es fruto del azar sino de las decisiones humanas. Theo Angelopoulos destapa el espanto que no se quiere ver quitándolo de delante de los ojos. Nos obliga a presenciarlo escamoteándoselo a nuestra mirada.

La primera pregunta es la pregunta por la realidad. El sujeto que mira está impelido a una confrontación. Es la realidad lo que enfrenta, y su disyuntiva es, siempre, desde dónde acometerla. Puede ignorarla. Lo que no puede es esquivarla. La primera pregunta es la pregunta por la realidad.

Elegir la posición es definir el paisaje.

Jean Genet sabe que la muerte en Sabra y Chatila no puede filmarse. Encuadrada por la cámara adquiriría un poder perverso. Movería a la simpatía por las víctimas. Incitaría a la compasión. Después, viene la indiferencia. Genet no está dispuesto a ser indulgente. No transige. Quiere dejar constancia de la brutalidad de Sabra y Chatila. Se lo debe a los muertos. No acepta que los muertos se borren. Por eso huye de la imagen. Se decanta por la palabra. La palabra perpetúa el paisaje. El paisaje es real.

«Al principio fue el viaje». 3 Los ojos que descubren un paisaje son los ojos de quienes viajan. «Para mí al comienzo está el viaje» 4 , dice Theo Angelopoulos en una entrevista y en otra añade, «Es la mirada la que lo ha retenido todo. Los cineastas no podemos trabajar sin los ojos» 5 . Retener para contar. Mirar y preservar. Relatar. El viajero posiciona la cámara. Sus ojos no son inocentes. Saben hacia dónde mirar. La película es la mirada del que viaja. Su relato del viaje.

La mirada construye el paisaje.

Ulises recorre Europa. Los paisajes que afrontan sus ojos son muchos. La cámara los ilumina. Pero hay uno que no se le somete. Angelopoulos no puede arriesgarse a que la cámara, al enfocarlo, lo transfigure, le haga perder su fuerza delatora. Y así, precisa filmar en blanco. Es la ausencia la que alumbra el paisaje. La ceguera del blanco es el lugar que escoge para hacerlo emerger. El paisaje es real.

«Encuadrar es excluir»6, dice Susan Sontag. Pero encuadrar es, también, incluir. Hacer visible lo invisible. Devolverle su sitio a lo que está y no se ve. Retornar a su lugar lo que se ha arrinconado. Encuadrar es un acto de resistencia.

El cometido de la cámara es hacer tangible el paisaje.

Lamerica de Gianni Amelio. Un barco surca las aguas del Adriático. Los migrantes se amontonan, invisibles, en cubierta. Solo la nave, rodeado por el vasto océano, está presente en el paisaje. Repleto y vacío. No hay rastro humano. Se pierde en la distancia de los números. Entonces, la cámara destruye el paisaje. Lo aniquila. Lo hace pedazos. De sus fragmentos, surgen los rostros. Las caras. Una a una. Todas las caras. Y, cómplices, devuelven la mirada al sujeto que las filma. Nos miran directamente a los ojos: «¿Y adónde iremos mañana?»7 «De horizontes me fabrico una hamaca»8. El paisaje se ha deshecho. En su lugar, hay mujeres y hombres. Ahora la nave es una promesa. La cámara no puede ser más explícita.

Un paisaje es una fracción de terreno que se avista desde un lugar. Pero los ojos no son inocentes. Se posicionan al mirar. Retener para contar. La primera pregunta es la pregunta por la realidad. Encuadrar es la decisión primigenia.

TRES BREVES NOTAS AL TEXTO:

  • Theo Angelopoulos falleció en enero de 2012. Lo atropelló accidentalmente una moto conducida por un oficial de policía mientras rodaba en Atenas su última película El otro mar. El filme versaba sobre la situación económica y social actual de Grecia.

  • El dieciocho de septiembre de 2012 se cumplía el trigésimo aniversario del asesinato de 3.000 refugiados palestinos, en su mayoría ancianos, mujeres y niños, en los campos de Sabra y Chatila por las falanges cristianas libanesas con la complicidad y el apoyo del ejercito de Israel. Una lección de esperanza en las masacres de Sabra y Chatila de la Dra. Ang Swee Chai, mantiene viva su memoria. Rebelión, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=155528

  • Mientras escribía estas líneas, el gobierno español vulneraba la Ley de Extranjería y sus compromisos internacionales con respecto al derecho de asilo de las personas migrantes y procedía a la expulsión de setenta y tres mujeres y hombres del Islote Tierra. La guardia civil los entregaba a las autoridades marroquíes cuyas fuerzas de seguridad han sido denunciadas reiteradamente por malos tratos y que, sin duda, los habrá abandonado a su suerte, como otras veces, en la frontera con Argelia, en mitad del desierto.

Fuente: La Madeja nº 3. Paisajes/monográfico

http://descargas.localcambalache.org/lamadeja_3.pdf

Notas:

1 DE GIUSTI, Luciano (1999), Ken Loach, Bilbao, Ediciones Mensajero, P. 7, cita procedente de SILVESTRE Roberto (1995) , Un pool di occhi puliti, Cinema & Libertá, Roma, Edizioni Minimum Fax.

2 GENET, Jean (1984), Cuatro horas en Chatila, Traducción Antonio Martinez Castro para CSCAweb.

3 SEFERIS, George, Poema citado por Theodoros Angelopoulos en La mirada de Ulises (1995).

4 MUÑOZ, Abel (2012), Entrevista a Theo Angelopoulos, La tempestad, Blog Intermedio.

5 CHESSA, Alberto (2008), Para endulzar el tiempo que pasa, entrevista a Theo Angelopoulos, Minerva.

6 SONTAG, Susan (2003), Ante el dolor de los demás, Madrid, Editorial Alfaguara, p. 57.

7 BERGER, Jon (1996), Distancia, Páginas de la herida, Madrid, Colección Visor de poesía, Editorial Alfaguara, p. 119.

8 BERGER, Jon (1996), Poemas de emigración, Páginas de la herida, Madrid, Colección Visor de poesía, Editorial Alfaguara, p. 132.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.