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En sendas exclusivas entrevistas, comandantes insurgentes baluches acusan a Islamabad de apoyar el fundamentalismo

Pakistán, «una amenaza para el mundo civilizado»

Fuentes: Gara

Karlos Zurutuza/Montañas Sarlat   Justo antes de partir nos comunican que el punto de encuentro será «en algún lugar de las montañas Sarlat». Es un macizo de granito, justo en la frontera entre Afganistán y Pakistán, y equidistante de dos bastiones talibanes: Kandahar (suroeste de Afganistán) y Quetta (Baluchistán Este). Dejamos atrás Kandahar por carretera […]

Karlos Zurutuza/Montañas Sarlat

 

Justo antes de partir nos comunican que el punto de encuentro será «en algún lugar de las montañas Sarlat». Es un macizo de granito, justo en la frontera entre Afganistán y Pakistán, y equidistante de dos bastiones talibanes: Kandahar (suroeste de Afganistán) y Quetta (Baluchistán Este).

Dejamos atrás Kandahar por carretera en dirección sudeste, y nos desviamos, desierto a través, apenas cinco kilómetros antes de llegar al puesto oficial de frontera. Cuando el terreno resulta inabordable incluso para la camioneta pick-up, continuamos a pie. Nuestros interlocutores dicen haberlo hecho durante doce horas desde su campamento, al otro lado de la frontera. Son cuatro: Baloch Khan, comandante del Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA) sus tres escoltas, Hayder, Mama y Mohamad, que prefieren no revelar su identidad.

«Esta es una zona de alta presencia talibán pero ellos usan sus propias rutas y nosotros las nuestras», explica el comandante Khan tras las presentaciones. Si hay algo que quiere dejar claro desde el principio es que la insurgencia baluche «es la primera víctima del integrismo que Pakistán inyecta dentro y fuera de sus fronteras». Lo explicará con detalle después.

Divididos por las fronteras de Irán, Pakistán y Afganistán, los baluches habitan un territorio del tamaño de Francia que esconde enormes reservas de oro, gas, uranio. Asimismo, a nadie escapa su importancia estratégica, justo en la encrucijada de numerosos proyectos energéticos y con mil kilómetros de costa a la puertas del Golfo Pérsico, puerto de aguas profundas incluido.

En agosto de 1947, tras la retirada británica de la región, los baluches de Pakistán declararon su independencia tres días antes de que lo hiciera Pakistán. Sin embargo, su territorio sería anexionado por Islamabad en marzo de 1948, provocando una insurrección que dura hasta hoy.

A menudo, la situación en Baluchistán Este (bajo control de Pakistán), se califica como «inestable», o «problemática». Pero sería mucho más fiel a la realidad decir que la región está en guerra.

«Hoy hablamos de siete grupos dentro del movimiento de liberación pero todos compartimos un objetivo común: la independencia de Baluchistán», matiza Khan. A sus 41 años, lleva la mitad de su vida combatiendo en las montañas, «desde que era un estudiante».

Khan declina pronunciarse sobre el número de efectivos del BLA, pero asegura que dicho movimiento se despliega en 25 campos en Baluchistán Este.

Para retratar a su movimiento armado traza un paralelismo con otro mucho más conocido.

«Simpatizamos profundamente con el PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán), ya que se trata otro grupo secular que lucha por sus derechos nacionales», apunta el comandante, subrayando su cercanía con los kurdos. Les une, dice, un origen común pero también un presente en el que la tierra de ambos pueblos está dividida entre varios países (Irán, Iraq, Siria y Turquía en el caso de los kurdos).

¿Podría una consulta sobre la independencia como la de Escocia ser una fórmula eficaz para Baluchistán? Khan se muestra escéptico:

«Antes de un referéndum de autodeterminación tendríamos que trazar unas líneas nacionales y geográficas claras. Por una parte, la región está llena de colonos; por otra, partes de Baluchistán Este quedaron en Punyab y Sindh (las dos provincias limítrofes)», aclara el guerrillero. Sea como fuere, acota, «Pakistán es un país secuestrado por el Ejército y, por lo tanto, todo proceso electoral es una farsa».

Pueblo tradicionalmente nómada, los baluches han suscrito siempre una visión muy moderada del Islam. Ello, unido a su hecho nacional diferencial y al expolio de sus recursos naturales por parte de Islamabad han llevado a Pakistán a trasladar el conflicto a un marco sectario.

19,000 desaparecidos

«Hasta 2000 ni un solo chiíta fue asesinado en Pakistán. Hoy Baluchistán está siendo inundado con criminales liberados de las cárceles que se unen a grupos afines a los talibanes para combatirnos», denuncia el mando militar. Dichos grupos, asegura, actúan «con total impunidad», algo que se añade al preocupante número de desaparecidos.

La Voz para los Baluches Desaparecidos (VBMP), un grupo fundado por algunos familiares de los afectados que aboga por la protesta pacífica, sitúa el número de estos últimos en 19.000 desde el año 2000.

Las cifras son imposibles de confirmar dado que no se ha podido realizar una investigación independiente y exhaustiva. No obstante, el pasado mes de agosto la Comisión Internacional de Juristas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch hicieron un llamamiento conjunto al Gobierno de Pakistán para que éste interrumpa una «deplorable campaña de secuestros y desapariciones sin que se informe del paradero de las víctimas».

Sin embargo, los grupos insurgentes baluches también han sido acusados del asesinato de civiles. En agosto de 2013, el BLA asumía la responsabilidad del asesinato de 13 individuos apresados mientras viajaban en dos autobuses en Mach, a 50 km al sureste de Quetta (la capital de Baluchistán Este).

Fuentes gubernamentales hablaban de civiles punyabíes que volvían a casa para celebrar el final del Ramadán (el mes de ayuno musulmán). El comandante Khan comparte otra visión con GARA:

«De 40 individuos que viajaban en dos autobuses retuvimos a 25 y, finalmente, ejecutamos a 13 tras comprobar que tenían vínculos con las Fuerzas de Seguridad pakistaníes», asegura Khan, manifestando su desaprobación ante el hecho de que los medios de prensa internacionales «se nutran exclusivamente» de las cabeceras afines al Gobierno.

«La comunidad internacional debe entender que Pakistán es una amenaza para el mundo civilizado ¿Por qué ayudar a una serpiente que se limita a alimentar a grupos fundamentalistas por todo el mundo?», espeta el guerrillero, antes de reemprender el largo camino de vuelta a su campamento.     

 

Allah Nazar, Comandante en Jefe del Frente de Liberación Baluche

«Pakistán entrena a yihadistas del Estado Islámico en Baluchistán»

«Es donde más periodistas han sido asesinados en Pakistán. Los informadores locales han de autocensurarse para evitar el encarcelamiento, o algo peor», explica a GARA Ahmed Rashid, el reconocido periodista y escritor pakistaní. «Por otra parte -añade- los periodistas extranjeros que intentan informar desde Baluchistán Este son deportados y vetados, incluso en el caso de que escriban sobre dicho conflicto sin pisar el terreno».

Afortunadamente, el veto sobre este periodista tras haber trabajado en la región con anterioridad no fue obstáculo para poder conversar con Allah Nazar, comandante en jefe del Frente de Liberación Baluche (BLF). A través de un teléfono satélite, habla con GARA desde un lugar sin especificar en Makran, el extremo sur de Baluchistán Este, donde se despliega el BLF.

-El pasado mes de agosto supimos de enfrentamientos directos entre el BLF y Lashkar-e-Khorasan, un grupo presuntamente vinculado con el Estado Islámico. ¿Es la suya la primera línea en la batalla contra el fantasma del integrismo?

-Todo el mundo sabe que Pakistán está amamantando movimientos fundamentalistas por todo el mundo. En Baluchistán lo hace para contrarrestar el Movimiento de Liberación Baluche pero, hasta el momento, la estrategia ha resultado fallida. Lashkar-e-Khorasan está liderado por el mulá Omar (ciudadano iraní, no confundir con el líder de los talibán) pero no es más que otro grupo yihadista más patrocinado por el Ejército y los Servicios Secretos paquistaníes.

-¿Constituye el EI en Siria e Iraq una amenaza para Baluchistán?

-Sin duda. Le puedo decir que hay más de cuatro campos de entrenamiento del EI en Baluchistán Este: uno en Makran, otro en Wad -a 900 y 315 kilómetros al sur de Quetta respectivamente. Hay un tercero es en el área de Mishk de Zehri -200k al sur de Quetta- donde hay más de 100 hombres armados entre árabes, pastunes, punyabíes y otros. Están allí con la ayuda de Sanaullah Zehri (líder tribal local). El cuarto campamento está cerca de Chiltan, cerca de Quetta. Estos campamentos, y un número creciente de células islamistas, están siendo gestionados y patrocinados por los Servicios Secretos paquistaníes. En realidad puede que estemos hablando de un secreto a voces. El Ministro del Interior paquistaní, Nisar Ali Khan, declaraba recientemente en el Parlamento que en la misma base naval de Karachi -principal puerto paquistaní- se dirigen las actividades de grupos religiosos radicales. Así que tenemos también al Ejército y, por supuesto a los talibanes paquistaníes trabajando en estrecha relación con el EI. Su presencia aquí es tan abrumadora que incluso distribuyen panfletos por nuestras calles llamando al reclutamiento.

-La zona donde opera el BLF, en el extremo sur de Baluchistán Este, se ha convertido en un escenario donde la minoría zikri -rama local sufí entre los baluches- parece estar sufriendo una campaña de exterminio. ¿A qué obedece esta situación?

-Los baluches jamás hemos discriminado a nadie por motivos de étnicos o religiosos. Esto no es nuevo, y obedece a la acción conjunta de grupos como Tahafuz-e-Hudood-ullah, Al-Jihad, Lashkar-e-Islam, Al-Furqan, Ansar-ul-Islam… todos activos en Baluchistán y con fuertes vínculos con el EI.

-¿Pero no es menos cierto que incluso sectores cercanos a la insurgencia baluche han acusado al BLF de asesinar civiles a los que califican de «colonos»?

-Es cierto que Pakistán lleva años intentando desequilibrar la balanza demográfica en Baluchistán Este a través de punyabíes y pastunes pero le puedo asegurar que no hemos cometido crímenes. Nosotros nos reservamos nuestro derecho a eliminar a todo aquel que haya colaborado con los Servicios Secretos paquistaníes, o cualquier otra entidad que se dedique a asesinar baluches. Todas las ejecuciones que hemos llevado a cabo se han producido tras una investigación exhaustiva de cada caso.

-¿Desea lanzar un mensaje a la Comunidad Internacional?

-Uno muy fácil de entender: si el mundo civilizado se decide a apoyar al Movimiento de Liberación Baluche y contribuye a la creación de un Estado independiente, el creciente islamismo patrocinado por Pakistán acabará por fracasar. De lo contrario, éste se convertirá en una pesadilla no sólo para Baluchistán, sino también para el resto del mundo. La situación actual en Oriente Medio es prueba elocuente de ello.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.