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Crecimiento y responsabilidad, lema de la reunión del 6 al 8 de junio en Alemania

Programada la protesta altermundista en la cumbre del G8

Fuentes: La Jornada

La cumbre de los mandatarios de los ocho países más industrializados del planeta, G8, se llevará a cabo en Alemania del 6 al 8 de junio. En el pequeño pueblo de Heiligendamm se reunirán George W. Bush, el italiano Romano Prodi, el canadiense Sthepen Harper, el japonés Shinzo Abe, el ruso Vladimir Putin, el inglés […]

La cumbre de los mandatarios de los ocho países más industrializados del planeta, G8, se llevará a cabo en Alemania del 6 al 8 de junio. En el pequeño pueblo de Heiligendamm se reunirán George W. Bush, el italiano Romano Prodi, el canadiense Sthepen Harper, el japonés Shinzo Abe, el ruso Vladimir Putin, el inglés Tony Blair -en su última salida pública internacional- y el novato presidente francés Nicolás Sarkozy. Los siete serán invitados de la anfitriona alemana Angela Merkel, presidenta en turno del G8.

Del fasto antiguo al mundo globalizado

Rodeados por los bosques de hayas que caracterizan esta región del nordeste de Alemania, los ocho mandatarios se reunirán en el pueblo ubicado a la orilla del mar Báltico, a unos 150 kilómetros de Hamburgo, y fundado en 1793 por el entonces duque Federico Francisco. Desde ese entonces, Heiligendamm se ha transformado en punto de referencia ineludible, siendo uno de los balnearios más preciados de la región. Tras sufrir cierto descuido del régimen de la República Democrática Alemana, hoy es impulsado con fuerza por la presidencia del G8 en mano alemana (misma mano que hoy detenta también la presidencia de la Unión Europea). Con la inversión de algunos millones de euros en la restructuración de los antiguos edificios de estilo neoclásico, que caracterizan la arquitectura del pequeño balneario alemán, Heiligendamm se presenta al mundo de los poderosos otra vez. Heiligendamm, a lo largo del tiempo, fue lugar de vacaciones de los zares rusos que hasta aquí llegaban a descansar y curarse en las aguas del santo malecón o dique sagrado, según se quiera traducir el difícil nombre alemán. Y, hoy como ayer, Heiligendamm se alista para recibir a los zares del mundo globalizado que aquí se reunirán para decidir, una vez más, el futuro del planeta.

Bajo el lema Crecimiento y responsabilidad, la cumbre, según los organizadores, girará en torno a los temas «Estructuración de la economía mundial globalizada» y «Desarrollo de Africa». En la presentación oficial proporcionada por el área de relaciones exteriores alemana, tras reconocer los cambios en los equilibrios de la economía globalizada protagonizados por las economías emergentes -India y China frente a todos-, la presidencia del G8 cuestiona que «las viejas reglas existentes sigan siendo adecuadas para enfrentar los nuevos equilibrios (económicos)». En este contexto, Alemania propone una agenda espesa de argumentos por resolver junto a las «economías emergentes que serán invitadas a participar en la cumbre», es decir, China, India, Brasil, México y Sudáfrica, que tendrán espacio hasta el último día de la cumbre: 8 de junio. Ejes de la discusión entre los ocho grandes, a compartir después con los «nuevos socios», serán la libre inversión en los distintos mercados nacionales, las renovadas reglas para preservar la propiedad intelectual y la creación de una agenda para el Crecimiento Global. Un espacio especial, según las intenciones de la presidencia alemana del G8, lo tendrá el continente africano, por el cual habrá que discutir de reformas estructurales que permitan «paz y estabilidad», la lucha frontal al flagelo del VIH/sida y el reforzamiento de la Fuerza de Seguridad Africana.

Plan A, B, C… Z del movimiento de protesta

Este año se renueva la protesta altermundista, abandonada parcialmente desde las protestas en Génova en 2001, que retoma las movilizaciones en contra del G8 en la óptica de «investigar los nuevos nexos de la governance global , a la luz del multilateralismo nacido a raíz de la crisis de la política unilateral de Bush». Abandonada la forma de los grupos de afinidad, la novedad de este año reside en dos puntos fundamentales: el primero tiene que ver con el concepto de las movilizaciones que no tendrán el objetivo de asaltar la «zona roja» trazada alrededor de Heiligendamm; el segundo, la capacidad del movimiento alemán de ofrecer una agenda compartida que salva y refleja las diferencias y las identidades de los movimientos no global. En el primer aspecto es importante subrayar el salto de calidad de la movilización, con el ejemplo de las protagonizadas por los migrantes en EU y de los piqueteros argentinos, apunte a sabotear la cumbre más que impedirla físicamente. En este sentido, se prevén bloqueos intermitentes y flexibles que bloqueen el flujo de mercancías y personas desde y hacia Heiligendamm. En el segundo aspecto, el movimiento se propone «construir multitud, así que no habrá bloqueos por identidad, sino cooperación y mutua ayuda entre diferentes». De esta forma, aunque por un lado, entre el 5 y 7 de junio, está pensada una cumbre alternativa en Rostock, organizada por una vasta red de organizaciones sociales del circuito de ATTAC, por el otro, las organizaciones consideradas más radicales y dispuestas a pasar a la acción han podido acordar una semana de movilizaciones que tocarán varios temas de la agenda no global. Desde el tema migratorio, con el previsto asedio al CPT (Centro de Detención para Migrantes) de Rostock, pasando por el tema ambiental y alimentario, con la llegada de las marchas a la sede de la Agro-Bio-Technikum -empresa alemana que investiga los transgénicos aplicados a la alimentación-, hasta el sabotaje a la guerra, con la invasión prevista del Bombdrom, sitio utilizado por el ejército soviético por sus ejercicios (y que hoy el gobierno alemán quiere rescatar con las mismas finalidades) y el bloqueo al aeropuerto de Rostock-Laage, lugar adonde llegarán, el 5 de junio, los jefes de Estado del G8.

Sin embargo, como dicen los organizadores de las movilizaciones, «este es el plan A, porque hay que estar dispuestos a todo, hasta ir a Berlín a protestar, porque no sabemos cuál es el margen de operatividad que nos permitirá la policía». La policía alemana está preparando un operativo que contempla miles de policías -se habla de 12 mil efectivos- antimotines que defenderán los más de 13 kilómetros de valla metálica que protegen el lujoso Kempinski Hotel que recibirá a los «8 grandes». Si esto fuera poco, el gobierno alemán ya decretó la instauración de una vastísima área en donde estará prohibido manifestarse: del 1º al 8 de junio, en una zona alrededor de Heiligendamm de entre 5 y 10 kilómetros quedará prácticamente prohibido manifestarse. Igual advertencia se hace para los alrededores del aeropuerto de Rostock. Tales medidas, que representan «el más importante operativo de seguridad nunca realizado en Alemania», según las palabras del ministro del Interior germano, el democristiano Wolfgang Schäuble, han sido, sin embargo, objeto de críticas no sólo por parte del movimiento. Muchas son las apelaciones a los tribunales que han levantado partidos y organizaciones que participarán en las protestas por «este atentado a la libertad de expresión y manifestación». El 25 de mayo hubo la primera respuesta de la Corte de Schwerin: «la amenaza a la seguridad no es tan grave […] Las manifestaciones podrán llegar hasta 200 metros de la valla». El verde Wolfgang Wieland dijo que «estas medidas van literalmente más allá de lo lícito», mientras que la socialista Ulla Jelpke señaló que el plan de seguridad es «arbitrario y antidemocrático». A estas alturas, los movimientos se preparan para enfrentar cualquier situación que se vaya creando. «Si no habrá operatividad política y de acción», dicen, «habrá que aplicar el plan B, el C y hasta el Z: moverse a todos lados y atacar la economía capitalista.»