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Renta Básica de Ciudadanía, entre los mitos existentes y los imaginarios a construir

Fuentes: Rebelión

Los que defendemos la idea de una Renta Básica de Ciudadanía universal, incondicionada y suficiente tenemos enormes problemas para hacernos comprender, tanto en ámbitos cotidianos cómo en ámbitos académicos. Aunque también es cierto que la propuesta ha dejado de ser «exótica» y está cada vez en más debates. A pesar de toda la buena literatura […]

Los que defendemos la idea de una Renta Básica de Ciudadanía universal, incondicionada y suficiente tenemos enormes problemas para hacernos comprender, tanto en ámbitos cotidianos cómo en ámbitos académicos. Aunque también es cierto que la propuesta ha dejado de ser «exótica» y está cada vez en más debates.

A pesar de toda la buena literatura en términos de fundamentación normativa y en términos de posibilidades de llevarla a la práctica política y económicamente, se echa en falta algo que creo que es fundamental, y es (que si bien el argumento del derecho a la existencia conseguimos que aparezca cómo autoevidente, los informes y cálculos financieros y fiscales demuestran la posibilidad de implementación de la medida, y que solo hace falta voluntad política para tomar la decisión), la necesidad de comprender que el discurso que venimos manejando respecto a la RBC choca frontalmente con unos marcos de comprensión muy arraigados en algunos mitos y cosmovisiones que están profundamente interiorizados por parte de las personas, a su vez hemos de reconocer que esos mismos marcos de comprensión, mitos y cosmovisiones influyen en nuestro discurso en la medida, y esto me parece crucial, que usamos un lenguaje y unas construcciones, teóricamente para ilustrar ideas nuevas, que son connaturales con las mismas cosmovisiones. Por ejemplo ,»una RBC universal, incondicional y suficiente acabaría con la pobreza», y definimos la pobreza como el 50% de la renta media.

1º Exponemos pobreza como un problema a resolver, una consecuencia no querida del sistema capitalista, cuando ya aparece claramente que lejos de ser un problema es un pilar básico del propio modelo.

2º Definimos pobreza en términos cuantitativos y dentro de un marco de medición que forma parte de los mismos mitos y cosmovisiones, sin tener en cuenta que las propias palabras, riqueza y pobreza, se deben empezar a interpretar y definir en términos distintos a consumo, crecimiento, PIB, etc.

3º Hablamos de incondicionalidad sin previamente explicar y desvelar, es más, sin explicarnos y desvelarnos a nosotros mismos la influencia aún pesada, enormemente pesada, de la «ètica del trabajo», transmutada y reducida a «empleo-salario», en las condiciones que decida «el dios mercado» para tener acceso a la dosis permanente de practicar «la estética del consumo», término acuñado por Z. Bauman, o meramente soñar con su deseo, sería instructivo recordar también a Erich Fromm en su libro «Tener o ser», cuando decía «el ser humano se ha convertido en un bebé que necesita amamantarse permanentemente a sí mismo», de cachivaches reales, virtuales y simbólicos, añado yo.

4º Los tres puntos anteriores, relacionados entre sí, forman un conjunto que por muy bien que presentemos las pretensiones y los antecedentes históricos de éstas, la calidad de los argumentos en términos éticos, filosóficos, sociológicos, políticos, etc. y la viabilidad financiera de la propuesta, hacen que la misma, o bien parezca una medida que pretende solucionar las «exageraciones y disfunciones», creadas por la economía capitalista en su versión neoliberal, pero sin cuestionar los fundamentos del modelo, (crecimiento, competitividad, utilitarismo y depredación de la naturaleza, etc.), o bien parece otras veces que se la presente como la única forma que adoptará, o podrá adoptar, la hipotética desmercantilización de los medios de la subsistencia humana, propia de un nuevo modelo, por venir, de la mano de conceptos renovados, (desarrollo a escala humana frente a globalización y crecimiento, cooperación frente a competitividad, libertad real frente a dominación, simbiosis con la naturaleza frente a su depredación…) .

La RBC no es, ni puede ser, una suerte de neokeinesianismo al que se pueda volver, ni va a forzar al sistema capitalista a fortalecer ningún estado de bienestar a través de una idea de «pleno empleo», que ellos (El Poder) saben que dentro del esquema capitalista y su característica natural de la acumulación, y todavía más en su versión neoliberal es irreal, y por lo tanto mentirosa, el «pleno empleo» siempre ha sido una rareza histórica, limitada geográfica y/o temporalmente y siempre en un contexto de políticas de estado en su apoyo, y la academia debiera ya, de una vez por todas, desenmascarar y denunciar directamente por estrambótica la mentira y la creencia en el «pleno empleo», sin que debiera ser necesario mencionar que ya tempranamente lo evidenció J.C. Sismomdi en su obra «Nuevos principios de economía política»; comprendió Carlos Marx; analizó, probó y describió, con todo lujo de detalles… históricos, económicos, políticos y geográficos Rosa Luxemburgo en su obra «La acumulación del capital»; más tarde, es muy ilustrativo al respecto el artículo de M. Kalecki «Aspectos políticos del pleno empleo», «[…] los dirigentes empresariales valoran más la disciplina en la fábrica que los beneficios que les reportaría el pleno empleo, su olfato de clase les dice que un pleno empleo alargado en el tiempo no debe formar parte de la normalidad del modelo capitalista»; y más actualmente autoras como S. George y V. Forrester apuntan directamente a que el sistema, no ya que no sea capaz de generar un «pleno empleo» en algún momento corto y puntual, sino que directamente tiende a destruirlo descaradamente; en la misma línea, desde sus propios puntos de vista, autores como Pablo Dávalos, Juan José Tamayo y Manfred Max-Neef desenmascaran y denuncian la descarada intención de las élites gobernantes de instalar a todas las poblaciones del mundo en la precariedad, la angustia y el miedo.

La RBC tenemos que defenderla en el sentido de plantearla como una plataforma de tierra firme debajo de los pies de la gente que substituya a las arenas movedizas de la precariedad, el desempleo y la angustia por la supervivencia, y a su vez como contrapeso político del poder de las oligarquías corporativas, pero sin voluntad de permanencia como un fin en sí mismo y sin ofrecer la impresión de que la propuesta es una meta definitiva. A mí me gusta decir que, dada la situación existente, es una necesidad imperiosa visualizar una playa y nadar todos juntos y muy deprisa porque las olas nos están ahogando, pero que las playas, tanto si son refugios como si son cabezas de puente, no son para vivir en ellas, son para seguir avanzando y debatiendo.

La RBC debe ser una propuesta para el presente, que utilizando libremente el marco de comprensión del cambio de época de Antonio Gramsci, no deje que nazcan los monstruos.

«el mundo viejo se muere, el mundo nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos».

Para lo dicho hasta ahora es esclarecedor la reflexión de Z. Bauman en su obra «En busca de la política», «[…] el argumento decisivo a favor de la incondicional garantía social de una subsistencia básica no se hallará […] sino en su significación política o en su importancia para la política: su rol crucial en la restauración del perdido espacio privado-público, y en cuanto a dar contenido a ese espacio privado-público actualmente vacío. En otras palabras, en el hecho de que es condición sine qua non para el renacimiento de una ciudadanía y una república plenas, ya que ambas solamente son concebibles en compañía de gente confiada, gente libre del miedo existencial […] gente segura».

La idea básica de estas reflexiones es la opinión de que el discurso actual sobre la RBC, tanto su parte justificativa como su parte técnica, se ha ganado ya a la gente que se podía ganar, que es a su vez aquella que ya había roto, o por lo menos era crítica con los mitos e interiorizaciones expuestos al principio, es decir la semilla de la propuesta caía en terreno fértil. Pero si se desea que la idea se convierta en sentido común del tiempo presente haciéndose mayoritaria, debe incardinarse en un discurso que retomando aquellas reflexiones intuitivas de autores tan dispares y alejados en el tiempo como Tomás Moro, Thomas Paine, Erich Fromm, Bertrand Russell… las interpretemos, «cepillando la historia a contrapelo» de W. Benjamin, como senderos que si bien no se tomaron, sigue siendo posible transitarlos, y sigue siendo posible y necesario mirarnos en el espejo de los anhelos de las gentes de siempre, esas gentes que siempre son las invisibilizadas de la historia y de la economía, para asentar la propuesta de la RBC como una herramienta del «ahora» que nos permita visualizar los posibles senderos tras «la playa», es decir el posible conjunto orgánico de propuestas coherentes con la descripción y comprensión de las relaciones humanas y con la naturaleza, aspecto éste último siempre olvidado, quizás por lo que Manfred Max-Neef identifica como «antropocentrismo y mito original» en el artículo «Historia, economía y algunas invisibilidades».

La RBC puede ser la llave que abra la puerta a un ser, un tener, un hacer, un estar, (terminología de Manfred), en el mundo por parte del ser humano con arreglo a una nueva economía y a una nueva visión general, la cual Manfred basa en cinco puntos y un principio valórico que, aunque son conocidos y están publicados, merece la pena transcribir.

1º La economía está para servir a las personas y no para que las personas sirvan a la economía.

2º El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.

3º Crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento.

4º Ninguna economía puede subsistir sin los servicios que prestan los ecosistemas.

5º La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo que el crecimiento permanente es imposible.

PRINCIPIO FUNDAMENTAL: Bajo ninguna circunstancia, desde ningún punto de vista, ningún interés económico o proceso para llevarlo a fin, puede estar por encima de la reverencia por la vida.

Es central que el discurso sobre la Renta Básica de Ciudadanía se construya con el mismo grado de autoevidencia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.