Recomiendo:
0

Retirar el soporte vital al FMI

Fuentes: Choike

Mientras los economistas y los políticos discuten qué hacer con respecto a los últimos desafíos que enfrenta el FMI, los grupos de la sociedad civil ya tienen una respuesta clara: retirar el soporte vital al FMI. Durante más de 25 años el mundo ha contado con una respuesta para los países que se encuentran frente […]

Mientras los economistas y los políticos discuten qué hacer con respecto a los últimos desafíos que enfrenta el FMI, los grupos de la sociedad civil ya tienen una respuesta clara: retirar el soporte vital al FMI.

Durante más de 25 años el mundo ha contado con una respuesta para los países que se encuentran frente a una crisis financiera: tomar la medicina del FMI y subirse a la noria que viene aparejada con los préstamos del FMI y Banco Mundial. Esta senda ha funcionado muy bien para las grandes corporaciones de países ricos que ingresan a los países a través de las puertas que han abierto las políticas del FMI y terminan saliendo con masivas ganancias.

Pero para aquellas personas a las que el FMI y el Banco Mundial dicen estar intentando ayudar -los pobres- los resultados han sido muy diferentes, en realidad, absolutamente desastrosos. El FMI cuenta con un inmenso poder: puede llegar a decirle a todos los demás acreedores que interrumpan sus créditos a un país en caso de que este no haya obedecido sus órdenes. En consecuencia, no resulta para nada sorprendente que los gobiernos cumplan con sus exigencias.

Tampoco debería sorprender que cuando un gobierno despide a sus trabajadores, vende las empresas a extranjeros, reduce el gasto destinado a personal de enfermería y maestros, recorta los subsidios de los cuales dependen los agricultores y consumidores pobres, privatiza servicios esenciales como la salud y el suministro de agua, y deja de otorgar créditos a las pequeñas empresas -en otras palabras, siguiendo las instrucciones del FMI- el resultado sea una pobreza más profunda, indicadores cada vez peores en materia de salud, un analfabetismo cada vez mayor y una economía reducida al suministro de materias primas y mano de obra barata a las compañías multinacionales.

El compromiso del FMI con el fundamentalismo del mercado -la convicción de que la solución a todos los problemas radica en abrir las fuerzas de la oferta y la demanda- es tan radical que ordenó a Malawi «comercializar» su entidad de reserva de granos en el año 2001. Si usted quedó perplejo preguntándose por qué una entidad dedicada a prevenir el hambre debería someterse a las fuerzas del mercado, imagínese cómo se habrán sentido las familias de las miles de personas que murieron luego ese año. Se los dejó sin acceso a alimentos una vez que la entidad se vio obligada a vender las reservas existentes para poder «capitalizarse»; antes de poder volver a abastecerse, sobrevino la escasez y los precios se dispararon, quedándose tanto la entidad como los malawianos pobres totalmente desamparados.

Los gobiernos que controlan al FMI -Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Japón- se reunieron en Washington en abril en medio de señales cada vez más claras de que los prestatarios del FMI ya han tenido suficiente de estas exigencias unilaterales y catastróficas en materia de políticas. Al tiempo que los países más pobres, la mayoría africanos, quedan atrapados bajo el dominio del FMI, aquellos países que pueden costearlo -Brasil, Argentina, Indonesia, Uruguay, Turquía- están pagando anticipadamente sus deudas con la institución o se encuentran discutiendo seriamente el tema. Todos ellos manifiestan que no van a contraer nuevos préstamos con el Fondo. El hecho de que estos también sean algunos de los mayores deudores del FMI ha hecho vacilar seriamente a los jefes de la institución ya que esto podría implicar una reducción o aún el cierre de la misma.

Los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales allí reunidos -muchos de los cuales habían expresado a viva voz su preocupación en las semanas previas a la reunión del FMI- se manifestaron satisfechos con la solución que habían delineado.

¿Cuál es el nuevo enfoque para el FMI? Esto no ha quedado del todo claro -principalmente se habló acerca de otorgarle mayor poder a la institución para convocar mini-cumbres de países que se encuentren enfrentando posibles problemas económicos. Sin embargo, si las expresiones de alivio en los rostros de los delegados significan que estos consideran que han salvado al FMI al ampliar el papel que este desempeña en la economía mundial, entonces podríamos estar todos en problemas.

Desde el fin de los arreglos monetarios en el sistema de «Bretton Woods» a comienzos de la década del ’70, el FMI no ha ejercido virtualmente ninguna influencia sobre los gobiernos acaudalados que no requieren de sus préstamos. Si lo que surge de esta última crisis de confianza en torno al papel de la institución es una entidad con renovados bríos para imponer su limitado sello de ortodoxia económica -el mismo que profundizó la crisis financiera asiática al ordenar despidos masivos y mayores tasas de interés, medidas que el mismo FMI admite ahora que pueden no haber sido del todo sabias- entonces la mala fama que el FMI se ha cobrado en América Latina, Asia y África podría extenderse rápidamente a las partes más ricas del mundo.

La gobernabilidad económica mundial no es una mala idea. Pero el FMI no es la entidad que debe llevarla adelante. El Fondo se encuentra ampliamente desacreditado en los países en desarrollo y en las «economías emergentes» luego de 25 años de abusos. Sus intentos por imponer soluciones a gobiernos y ciudadanos que están acostumbrados a tomar sus propias decisiones no habrán de llegar muy lejos. En efecto, la única solución a las prolongadas crisis en África y otras partes empobrecidas del mundo consiste en restaurar la soberanía del pueblo y los gobiernos en materia de política económica.

La obsolescencia del FMI está quedando en evidencia; en lugar de intentar resucitarlo artificialmente al otorgarle nuevas facultades, se lo debería dejar morir de muerte natural.

—-

Walden Bello es director ejecutivo de Focus on the Global South, organización con sede en Bangkok que realiza investigación en materia de tendencias económicas mundiales, y profesor visitante de política económica mundial en la Universidad de California, Irvine.

Soren Ambrose es analista político de 50 Years Is Enough: Red estadounidense para la Justicia Económica Mundial, un grupo de incidencia con sede en Washington dedicado a la reforma fundamental del FMI y Banco Mundial.

Este artículo fue publicado originalmente por Common Dreams y reproducido por Pambazuka News