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Rusia: el laberinto de Crocus

Fuentes: Rebelión

Los ataques del pasado viernes al centro comercial del Ayuntamiento de Crocus en Krasnogorsk, al noroeste de Moscú, que además cuenta con dos gigantescas salas para diversos tipo de espectáculos, dejaron al menos 133 muertos y más de 140 heridos (números absolutamente provisorios). El hecho ha encerrado a la inteligencia rusa, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) en un laberinto, junto a varias conjeturas acerca de los responsables, las que todas tienen mucha verisimilitud, por lo que no sería nada extraño que al final del hilo de Ariadna descubramos que estaban unidas.

Lo que se conoce, hasta ahora, es que el pequeño grupo de terroristas con uniformes de combate (cinco con barbas, según un testigo), armados además con los clásicos fusiles de asalto Kaláshnikov o AK 44, con un lanzallamas (una innovación en este tipo de ataques), ingresaron a la sala momentos antes del inicio del espectáculo, por lo que el público ya había ocupado prácticamente la totalidad las localidades que superan las 6.000. Abrieron fuego y detonaron explosivos, posiblemente cócteles molotov, con los que iniciaron el fuego que terminó tomando el edificio y haciendo caer su techo.

Un remedo de lo sucedido en Bataclan, la sala parisina que fue uno de los blancos de los ataques terroristas a la capital francesa en noviembre de 2015, dejando unos 140 muertos en total, 90 en el teatro, tras abrir fuego indiscriminado contra el público.

Poco concreto se conoce hasta ahora más que aparentemente se habría detenido varios sospechosos, el primero en cercanías del complejo, y no se sabe si entre el resto de los apresados se encuentra los cuatro hombres, presuntamente perpetradores, que huyeron del lugar en un “auto blanco”.

De inmediato unidades las Spetsnaz (Unidad de designaciones especiales), grupos de elite de las fuerzas especiales, junto a bomberos y la policía, acordonaron el lugar para atender a los heridos y batir el área en busca de más elementos terroristas y el plantado de minas.

Las usinas noticiosas, como es usual en estos casos, comenzaron a tentar conjeturas acerca de quiénes habrían sido los responsables, no solo materiales sino, y fundamentalmente, intelectuales. Por lo que, curándose en salud, de inmediato un comunicado de la cancillería ucraniana avisó de que ellos no tenían nada que ver en el asunto. También lo hizo el grupo Cuerpo de Voluntarios Rusos, una unidad de mercenarios paramilitares, pagados por Kiev, que lucha contra su propia patria, más despreciables no se consigue.

En el plan de lavarse las manos también lo hizo la Casa Blanca y después una pequeña catarata de “yo no fui”, tan sentidos como falsos, por parte de países de la OTAN, que desde hace dos años están sosteniendo, con todo empeño, la guerra contra Rusia.

Ucrania, además de deslindar cualquier tipo de responsabilidades acerca de los hechos del viernes, subió la apuesta para ensuciar la cancha y agregó que la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania (GUR) asegura que detrás del atentado están los servicios secretos rusos, al servicio de Putin.

Lo único cierto es que a las pocas horas de producirse la matanza un comunicado del Dáesh Willat Khorasan (DK) se adjudicaba el atentado. La filial de Dáesh para Afganistán se ha convertido en la principal amenaza para el Gobierno talibán. Pero que cuente con recursos para una operación de la magnitud de la del viernes es imposible haberla realizado de manera autónoma, por lo que, sí o sí, debió contar con un apoyo exógeno. Según la Asociación Internacional de Veteranos Alfa del FSB, más allá de que el atentado del viernes y el frustrado a la sinagoga, el D.K, no pudo realizarlo sin una ayuda exterior, apuntando directamente a Kirill Budanov, el jefe de la inteligencia ucraniana.

El Dáesh afgano opera cada vez con más intensidad dentro del país centroasiático realizando ataques de baja intensidad, ya que carece de medios y estructura para acciones más importantes. Por ejemplo, el día anterior al ataque en Crocus, el DK se atribuyó el atentado explosivo en la ciudad de Kandahar, al sur de Kabul, contra un grupo de personas que esperaban a las puertas del New Kabul Bank, en su mayoría funcionarios, para cobrar sus salarios. El hecho dejó tres personas muertas e hirió a otras 12. En septiembre del 2022 ya había mostrado que tenía a Rusia como objetivo en su amplio abanico de enemigos, atacando su embajada en Kabul.

A principios de marzo la inteligencia rusa, el FSB, había frustrado un ataque planeado contra una sinagoga en la región de Kaluga, cerca de Moscú. Respecto a este hecho, desde la embajada norteamericana en Moscú, pocos días antes había salido un comunicado que indicaba que “no hay razón para dudar” de la presencia de muyahidines en la capital rusa y que planeaba atacar grandes eventos, incluidos conciertos, por lo que advertía a sus ciudadanos que evitasen grandes reuniones.

Una larga historia…

Rusia tiene una larga historia de acciones terroristas en su territorio, inicialmente durante la Segunda Guerra Chechena (1999-2009), cuando se produjo una oleada de ataques explosivos en diferentes edificios en Moscú, Buinaksk y Volgodonsk, matando a 300 personas en septiembre de 1999, pocos después de que Vladímir Putin asumiera el cargo de Primer Ministro. Acción que fue continuada en octubre de 2002 cuando unos 50 combatientes chechenos asaltaron el teatro Dubrovka de Moscú tomando a cerca de 900 rehenes. La retoma del edificio y los combates que se libraron significaron la muerte de 170 personas.

Dos años después un grupo de 30 combatientes chechenos asaltó una escuela en la ciudad de Beslán (Osetia del Norte), tomando de rehenes a unas 1.200 personas, en su gran mayoría alumnos. En el operativo murieron 334 personas, de ellas 186 niños.

Este tipo de ataques continuaron prácticamente hasta 2017 contra trenes, subtes, mercados y aeropuertos, pero nunca produjeron tantos muertos como los tres primeros. Aunque sí ciudadanos rusos han sido víctimas de atentados de grupos terroristas fuera de su país, como el que se produjo contra el vuelo 9268 de Metrojet el último día de 2015 sobre el desierto del Sinaí (Egipto), en el que murieron todos los pasajeros, 217, casi en su totalidad rusos, que regresaban de sus vacaciones en un balneario de mar Rojo, además de morir los siete tripulantes. El ataque fue revindicado por la Willat Sinaí, adherente al Dáesh.

Respecto al frustrado ataque a la sinagoga de Kaluga el pasado día 7, por parte de las fuerzas de seguridad rusa lo confirma un comunicado del día 9 del Comité de Seguridad Nacional de Kazajstán (KNB) en el que reconoce que dos ciudadanos de su país habían sido asesinados, tras el allanamiento de efectivos rusos el día 8 en una vivienda en el pueblo de Koryakovo, en la región de Kaluga

Los dos terroristas, ejecutados, habían ingresado a Rusia a fin de febrero. Los ciudadanos kazajos, al igual que el resto de los países de Asia Central, a excepción de Turkmenistán, no necesitan visa antes de los 90 días.

Está claramente confirmado, incluso por el propio expresidente Donald Trump, que los Estados Unidos han utilizado en reiteradas oportunidades muyahidines tanto del Dáesh como al-Qaeda en diversas y numerosas oportunidades.

Tras las operaciones rusas contra el terrorismo en Siria, que han devastado a esa fuerza formada por Washington y financiada por Catar y el Reino Saudita, la inteligencia iraní denunció en 2015 que muchos de los muyahidines provenientes fundamentalmente de Asía Central, (Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) acorralados por los bombardeos rusos en Siria, fueron trasladados al norte de Afganistán por helicópteros norteamericanos, lo que terminó conformado la hoy tan mediática Willat Khorasan, para combatir a los talibanes. El chasco de Siria es lo que ha motivado al Dáesh a intentar vengarse del presidente Vladímir Putin, incluso varios contingentes viajaron a Ucrania para combatir a favor de Kiev.

De todos modos, y más allá del apuro de la prensa internacional a dar por bueno que el ataque en Crocus ha sido obra de hombres del Dáesh, nada se puede dar por seguro. Llama la atención que en este ataque, de haber sido realizado efectivamente por integristas musulmanes, se haya planeado con vías de escape, ya que en este tipo de operaciones los atacantes, como ha sucedido en multitud de oportunidades, no hayan ido pertrechados con chalecos explosivos, más allá de que pueda ser cierto que la circunstancia no les hubiera sido posible confeccionarlos, los combatientes suelen hacerlo hasta el final para convertirse el Shahid (Mártir), para alcanzar con seguridad el paraíso prometido y no quedar atrapados en el laberinto de Crocus junto a sus mandantes.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.