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Hong Kong

Sobre paraguas y montajes

Fuentes: Rebelión

En los últimos meses, si bien han sido los sucesos en Ucrania, Gaza, Siria e Irak los que han acaparado la atención de medios de comunicación y organismos internacionales, existen otros hechos, en los cuales la lectura de su desarrollo permite augurar líneas de cambio estructural en el mundo. Hong Kong y sus miles de […]


En los últimos meses, si bien han sido los sucesos en Ucrania, Gaza, Siria e Irak los que han acaparado la atención de medios de comunicación y organismos internacionales, existen otros hechos, en los cuales la lectura de su desarrollo permite augurar líneas de cambio estructural en el mundo. Hong Kong y sus miles de paraguas al cielo no son ajenos a estas pugnas hegemónicas

Uno de esos acontecimientos, está definido por los pasos de contacto entre Rusia-China y la India, concibiendo con ello un nuevo eje de influencia centrado en Asia. Alianza enmarcada en la denominada Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Esto, ha generado la preocupación y la búsqueda de alternativas, que detengan estos pasos de aproximación y consolidación en la mencionada triada, por parte de los actores que tradicionalmente, estos últimos 25 años, han dominado la escena internacional, léase: Estados Unidos y sus socios de la Unión Europea a los que se une Japón.

Los propios medios estadounidenses, entre ellos el Wall Strett Journal, citando a analistas, diplomáticos y políticos estadounidenses señala que «tras varias décadas de sospechas mutuas, Beijing y Moscú van aproximándose uno a otro, desafiando a su vez la anunciada arquitectura de seguridad impuesta por Estados Unidos». Arquitectura que no duda en utilizar todos los medios a su alcance, para mantener e incrementar las políticas hegemónicas de Estados Unidos y sus aliados.

Y, en ese plano, los acontecimientos en Hong Kong no son azarosos, no nacen de la noche a la mañana. Tienen su planeamiento, su origen, su desarrollo y objetivos que van más allá de elevar miles de paraguas al cielo de esta región Administrativa Especial de China y solicitar que el gobierno central no intervenga en la selección de candidatos para las probables elecciones del año 2017. Ocurre, sintomáticamente en momentos que las relaciones en el más amplio espectro: políticas, económicas y militares entre Moscú y Pekín se estrechan, se celebran convenios, se conjugan intereses geoestratégicos, se vislumbran enemigos comunes y han generado un campo de atracción a otra potencia económica y poblacional como es India.

Esto pone nervioso a varios gobiernos, que no desean tener rivales en el afán hegemónico que se han planteado en el mundo. Pero, también perturba a los partidos y movimientos cercanos a Beijing, unidos al establishment empresarial de este gigantesco polo mundial neoliberal en el seno de una potencia que se define como comunista, autoritaria y corporativista donde sus propios líderes políticos han definido su sistema político económico como un «socialismo con características chinas» y «economía de mercado socialista» con restricciones en múltiples áreas como libertad de prensa, acceso a redes sociales, libre formación de organizaciones sociales y políticas -lo que da a Hong Kong una diferenciación importante con el resto del país- con una serie de contradicciones no resueltas y que permiten augurar tensiones y decisiones que pueden transitar por el camino de la violencia en esta Región Administrativa Especial

EL NECESARIO CONTEXTO

Para el cumplimiento de los planes, que pongan en dificultades esta triple alianza asiática -donde se inscribe nuestro análisis de los acontecimientos en Hong Kong- Estados Unidos y sus aliados suelen avanzar en lo que describiré como «montaje de crisis» es decir, aquellas decisiones y actos, que la administración de gobierno estadounidense y sus aliados más cercanos realizan en virtud de conseguir sus objetivos políticos, económicos y militares en determinadas zonas del mundo. Esta tarea es realizada con dinamismo y coordinación entre los organismos e instituciones político-militares de Washington y aquellos que se deban utilizar para conseguir el éxito de los planes planteados.

Son métodos de actuación política y militar, principalmente, que tienen relativo éxito en lo inmediato pero, con resultados a mediano y largo plazo de características catastróficas para los países y sociedades intervenidas. Con cifras de muertos y heridos que desangran al país -en Irak por ejemplo, la injerencia desde el año 2003 a la fecha ha significado la muerte de 1.2 millones de iraquíes. En Siria, desde el año 2011 hasta hoy ha significado la muerte de 210 mil sirios y el desplazamiento del 25% de la población- Con tensión para la región influenciada por estas acciones, que suelen dividirse entre aliados de uno y otro bando.

Gastos militares que se incrementan estratosféricamente, en beneficio de los complejos militares-industriales de las potencias agresoras. Críticas de las sociedades y movilización de los organismos internacionales en búsqueda de cierta legitimidad a las acciones violatorias del derecho internacional. Hecho que tiene su expresión en las últimas semanas con la creación de una «Coalición internacional» auspiciada por Washington y destinada a atacar a Daesh tanto en Irak como en Siria pero, cuyo objetivo final es seguir los intentos de desestabilización del gobierno de Damasco.

Esta política, bajo la administración del Premio Nobel de la Paz y presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama se ha desarrollado a partir de su estrategia del leading from behind (el dirigir desde atrás) surgido a partir de las negativas experiencias de intervención en Irak y Afganistán, principalmente. Con Obama, dicha política ha tenido su expresión en el derrocamiento de Muhamad Gaddafi en Libia, la caída de Hosni Mubarak en Egipto con la posterior desestabilización del gobierno de los Hermanos Musulmanes mediante un Golpe de Estado auspiciado por Washington a favor del Ejército Egipcio, la política de desestabilización en Siria y Ucrania, además del aval y apoyo en todas las esferas a la política de agresión israelí a Palestina.

Este montaje de crisis ha tenido variados destinatarios. Siria, por ejemplo, cuya intervención se comenzó a expresar a partir del año 2011 cuando Estados Unidos, las Monarquías del Golfo, Turquía, Jordania e Israel, decidieron -a partir de la política exterior estadounidense y su influencia en estos países- que era hora de exigir democracia al gobierno de Bashar al Assad. Esto, aunque en gran parte de esos países que apoyan a los opositores a Damasco, la democracia es producto suntuario.

Para conseguir la desestabilización de Siria, que hasta el día de hoy ha sido definido como blanco de decisiones destinadas a derribar su gobierno, los aliados de Estados Unidos, a partir del leading from behind, comenzaron a apoyar a una variedad increíble de grupos políticos, movimientos y facciones, entre ellas grupos fundamentalistas, que al cabo de tres años derivaron no sólo en una fragmentada oposición, sino que en eventuales enemigos de los propios países que los avalaron, organizaron, apoyaron y financiaron con dinero, tropas, armas y logística.

Esta política de intervención ha sido un fiasco y prueba de ello es la ampliación de la influencia de un grupo como Daesh (por su nombre en árabe pero también conocido como Estado Islámico) que no sólo es enemigo de Siria, sino también del gobierno chiita de Irak, de los Kurdos ubicados en el noreste de Irak y de todo aquel que no responsa a su visión radical del islam. Grupo Takfirí cuyo poder de fuego está directamente relacionado con el desconocimiento de la cantidad de armas y dinero que recibió de Arabia Saudita, Israel, Qatar y Turquía por orientación estadounidense.

Política injerencista, que representa un serio peligro para el wahabismo saudita, para las Monarquías del Golfo y los propios ciudadanos occidentales que vieron decapitar a tres de sus periodistas. Daesh, que luego de recibir entrenamiento militar en Jordania, de inflar sus bolsillos con dinero saudí, apertrecharse en bases militares en Turquía, comenzó un lento y sostenido ataque a Siria pero también a Irak, lo que despertó las alarmas de Washington, que comenzó a ver que su hijo putativo comenzaba a parecerse muchísimo a otro hijo olvidado: Al Qaeda.

Otro ejemplo de intervención fallida, peligrosa y obtusa por los alcances que conlleva, es el apoyo al nacionalismo extremo de Kiev, que ha significado tensionar las relaciones con Rusia. Un montaje de crisis, que persigue objetivos más allá de querer una «democracia representativa» para Ucrania y sus habitantes. Objetivos situados en la región del Dombás -también conocida como cuenca del Donéts- en los campos energéticos del Cáucaso, en los territorios de las antiguas repúblicas soviéticas, en el deseo de cercar a Rusia, de aislarlo de Siria, de Irán, de China, del Mar Mediterráneo, sacarlo del Mar Negro, estrangularlo, quitarle el mercado del gas europeo, acercar la OTAN a sus fronteras, encerrarlo entre países que pertenezcan a la Unión Europea, con todos sus derechos o aspirantes eternos, como es el caso de Turquía. Quitarle el aire de una región donde tiene claros intereses.

La acción descrita se expresa, en toda su magnitud, con los hechos en el sudeste de Ucrania, donde tuvo su inició al forzar la caída en febrero del año 2014 del ex presidente Víctor Yanukovich mediante la reedición de la revolución naranja del año 2004, pero ahora en versión Euromaidán. Una plaza atiborrada de manifestantes, bien provistos de armas, de víveres, de acceso a medios internacionales y dispuestos a hacer caer el gobierno, cualquiera fueran las concesiones que se dieran. Yanukóvich era el hombre a dejar caer, pero el hombre a criticar por su política en Ucrania era Vladimir Putin y los dardos comenzaron a ser lanzados al Kremlin.

De esta forma se comenzó a consolidar la idea de aislar a Rusia de Europa, empujarlo al norte, al mismo tiempo que se intensificaba la presión militar contra el gobierno aliado de Bashar al Assad en Siria, donde radica la Base Naval Rusa de Tartus y además impidiendo el desarrollo de una serie de proyectos energéticos que involucraban a Irán, Irak y la propia Rusia. Para el análisis ruso, los acontecimientos derivados del Golpe de Estado en Ucrania, que derribó el gobierno de Vicktor Yanukóvich, el referéndum independentista en Crimea, que determinó la secesión de esta República Autónoma y su petición de incorporarse a la Federación Rusa y el actual estado de cosas entre Estados Unidos, la UE y Rusia muestra, que la relaciones internacionales ha vuelto, a ojos del mundo occidental a reeditar la Guerra Fría y en el caso ruso, a manifestar, que en «su espacio» no permitirá que se le vuelva a cercar como se hizo tras el derrumbe de la ex Unión Soviética.

EL SOL NO SE OCULTA CON UN PARAGUAS

No es posible entender lo que sucede en Hong Kong hoy sin contextualizarlo, sin hacer referencias a Libia, a Egipto, a los sucesos en Siria y la decisión suicida de Estados Unidos y sus aliados, en forma contumaz de consolidar a un Monstruo como Daesh, que parece hoy haberse escapado de sus manos. Es en este panorama donde se inscriben los sucesos de movilización social en Hong Kong, que hacen recordar, con numerosas similitudes, a lo que occidente denominó: reevoluciones de Colores en el ex espacio de Repúblicas Soviéticas (Revolución Naranja en Ucrania. Revolución de los Tulipanes en Kirguistán. La fallida Revolución Blanca en Bielorrusia) como también la Primavera Árabe en algunos países del Magreb – Túnez y Libia, principalmente – con alcances a Malí en el Sahel y Egipto en el Mashrek.

Todas ellas, movilizaciones sociales, notoriamente encabezadas por Organismos no Gubernamentales y grupos de Estudiantes, que fueron acusadas en su oportunidad de recibir directrices de actuación de organismos extranjeros. Con un discurso homogéneo y similar en cada caso, donde apelaba a la acción directa, la no violencia, aunque la realidad distara mucho de esa pretensión. Y una verbalización política anclada en los conceptos de democratización y libertad. Todo ello en el marco pro occidental.

Al cabo de los años esa acusación – catalogada de una mera desviación estilo Teoría de la Conspiración – mostró su fundamento y quedo establecido que esas movilizaciones, exitosas algunas y fracasadas las otras, estuvieron marcadas por el aval y apoyo político, financiero y diplomático de organizaciones, principalmente estadounidenses como la CIA, la Agencia de Estados Unidos Para el Desarrollo Internacional (USAID) el National Endowment For Democracy que según el propio New York Times «se creó para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Central Intelligence Agency durante décadas y que apoya a partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios informativos en docenas de países». Agregando a ese listado a la Fundación Soros . La excusa de la democracia escondía la consolidación a sangre y fuego del orden mundial con hegemonía del Eje Washington – Berlín – Paris, con lógica preeminencia estadounidense.

Estos últimos días los medios de comunicación han informado profusamente sobre la decisión del estudiantado hongkonés, aupado por grupos políticos y organismos no gubernamentales opositores al gobierno del Gobernador Leung Ching Ying de salir a la calle a exigir elecciones democráticas para el año 2017. Esto, tras la decisión del Gobierno de Beijing de limitar el número de quienes pueden presentarse a candidatos, generando con ello -según los opositores- un control sobre las autoridades que podrían, eventualmente, ser electas.

En concreto, los manifestantes exigen que sea eliminado el filtro de candidatos del Comité Electoral -órgano formado por 1.200 hongkoneses- a quienes se acusa de ser afines a Beijing, que es el encargado de dar el visto bueno a los candidatos que pretendan presentarse a las elecciones a gobernador previstas para 2017. Esto podría prestarse a equívocos pensando que Hong Kong no pertenece a China, que se le está coartando su legítimo derecho a la autodeterminación y que está siendo reprimida por el gobierno de Xi Jinping. Pero, hay que recordar que Hong Kong pasó a manos chinas el año 1997 después de 130 años de dominio británico, No es una República autónoma, es una Región Administrativa especial y no un pueblo al cual se le está coartando su derecho a la independencia. No es Cataluña, no es Escocia.

Recordemos que en occidente hace pocos días se vivió una serie de movilizaciones donde centenares de miles de catalanes salieron a las calles para reclamar su derecho a un referéndum para exigir la autodeterminación. De inmediato, la Unión Europea, el Gobierno central de Madrid y las leyes de ese país impidieron la realización de esta consulta soberanista, alegando la inconstitucionalidad de ese proceso ¿Cuál es la diferencia entre esa prohibición y la decisión China de plantearse una forma de gobierno decidida en el plano de su independencia política?

Si las potencias occidentales creyeran tanto en la democracia representativa que suelen defender a ultranza, deberían entonces oponerse esa todo tipo de relación con China a la que acusan de violar los derechos humanos, de tener un régimen totalitario y de reprimir las ansias libertarias de su población -en los suceso de Tian´anmen y ahora en Hong Kong- pero, el poder del dinero, la impronta mundial que posee China en la actualidad impide a esas «democracias» avanzar más allá de la retórica.

Cuando occidente ve en peligro su propia estabilidad son capaces de usar todo su arsenal político, económico y hasta militar con tal de impedir que sus poblaciones cambien el sistema o el modelo, o la forma de aglutinar a distintas naciones. Tal fue el caso de Escocia y un referéndum donde las posiciones nacionalistas sufrieron el mayor ataque comunicacional y de amedrentamiento que se tenga noción en Europa. Finalmente, triunfó la posición determinada por Inglaterra, a contrapelo del deseo de la población escocesa y difícilmente se leyó en la prensa de las potencias occidentales una crítica a las amenazas proferidas contra las posiciones nacionalistas.

En el caso de Hong Kong, el traspaso de soberanía del 1 de octubre del año 1997 de manos de Inglaterra a China, significó otorgar a Hong Kong una serie de derechos y prebendas distintas al resto del país bajo la idea de «un país, dos sistemas» y la consideración de Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China. Hong Kong. Denominación que recoge las características peculiares en el ordenamiento jurídico, económico, legal y social de esta ex colonia (similar a la otra región Administrativa especial y ex Colonia portuguesa: Macao) que respeta un alto grado de autonomía y a la cual le fue prometida, sin fecha precisa, adoptar en este territorio un proceso de elecciones distinto al sistema de centralismo democrático que impera en China.

«Puerto Fragante»- que es el significado de Hong Kong, con 7.2 millones de habitantes y su desarrollo capitalista que la sitúan como una de las ciudades con mayor dinamismo en la producción de bienes y servicios que tienen colocación en todo el mundo, se sitúa en una pequeña porción de territorio que la convierte en el territorio más densamente poblado del planeta. Situada en el delta del Río de las Perlas, en su lado noroeste, Hong Kong tiene una superficie de 1.100 Km2, que se extiende en una parte continental y cerca de 200 isla e islotes, signada, mayormente por reservas naturales. Está dotado de un sistema administrativo y judicial independiente, e incluso su propio sistema de aduanas y fronteras externas.

Hong Kong está considerado uno de los lugares con mayor libertad económica del mundo -el paraíso del neoliberalismo para los amantes de este modelo- con amplias facilidades para fundar, desarrollar y expandir empresas sin las limitaciones que tiene la China Continental. Hong Kong posee con un sistema legal diferenciado, influenciado por el sistema inglés donde el concepto de propiedad privada se impone, lo que constituye a este enclave como el principal centro financiero de China, con un PIB de 230 mil millones de dólares, con la renta per cápita más alta del mundo.

Es en ese marco demográfico, político y económico, que una parte de la sociedad de esta ciudad, principalmente estudiantes y organismo no gubernamentales, comenzaron un proceso de movilizaciones que tiene enormes similitudes a los procesos de movilización que se vivieron en la plaza Tahrir en Egipto y Maidán en Kiev. Esta réplica, sumado a aspectos políticos estratégicos que confrontan a China con Occidente, el desarrollo chino, que le permite competir en amplias áreas del mundo, constituyéndose en rival del capitalismo estadounidense y de la Unión Europea, hace sospechar a las autoridades de Beijing, que detrás de estas acciones se encuentran organismos de inteligencia y políticas tanto de Inglaterra como de Estados Unidos.

Incluso, el nombre de este movimiento de protestas no pretende tener originalidad alguna, ya que toma la denominación del Movimiento Occupy Wall Strett que se manifestó el año 2011 en Nueva York para protestar contra la desigualdad social. En este caso, los manifestantes chinos lo han denominado «Occupy Central with Love and Peace» (Ocupa Central con Paz y Amor) que se instalaría en el dinámico Distrito de negocios de Hong Kong. Presenta ciertas figuras públicas, como es el caso del profesor de derecho, Benny Tai, el sociólogo Chan Kin-man y Chu Yiu-ming, un ministro protestante. Estos son considerados las figuras visibles, moderadas, que son apoyados por partidos políticos opositores al centralismo chino y a las autoridades pro Beijing de Hong Kong, comandadas por el jefe de Gobierno Hongkonés Leung Ching Ying.

Este grupo, que seguramente tomará también algún denominación colorida para hacerla más atractiva ante los medios de comunicación internacionales – ya se ha comenzado a hablar de la Revolución de los Paraguas – faltará ahora asignarle un color llamativo, por ejemplo la Revolución de los Paraguas Multicolores, ha declarado que seguirá en sus actividades de protesta, mientras no cambie la decisión de las autoridades de Beijíng respecto a la elección del ejecutivo de esta Región Administrativa Especial. Occupy Central había convocado una campaña de desobediencia civil no violenta a partir del 1 de octubre, pero adelantó la protesta para apoyar las movilizaciones de organizaciones estudiantiles, que habían convocado sus propias manifestaciones.

Ese día 1 de octubre -que conmemora la fundación de la República Popular China el año 1949- registró la mayor concentración de personas en el Distrito Financiero e Hong Kong, sede de una de las dos bolsas de comercio más importantes de Asia, donde se transan miles de millones de divisas diariamente. Manifestaciones que han ido modificando su convocatoria inicial de permitir elecciones con candidatos no nombrados por Beijing, a críticas al sistema político y la marcha que adquiere la región Administrativa especial de Hong Kong en materias económicas, legales y políticas. Ya se comienza a concretar esta idea cuando líderes estudiantiles amenazaron con ampliar las protestas si no se cumplen sus demandas: el retiro de la ley electoral, a lo que se suma la renuncia del Gobernador de la región Administrativa Especial de Hong Kong, Leung Chung-yin.

«Nos enfrentamos a tres opciones posibles. Sostuvo uno de los dirigentes de la revuelta, el secretario general de la federación de estudiantes, Alex Chow, La primera es ampliar las áreas de protesta en la ciudad, la segunda convocar a una huelga y la tercera ocupar un edificio gubernamental» A esta afirmación se unió uno de los líderes del movimiento Occupy Central, Chan Kim-man quien sostuvo que «el gobernador debe renunciar y sólo entonces podemos elegir un nuevo gobierno y reiniciar el proceso de reformas políticas».

Como en Egipto y Ucrania, el movimiento Occupy central no cuenta con un único líder, ni una sola orientación programática -al menos en el plano de lo visible- lo que hace prever que surjan prontas divisiones que disminuyan la fortaleza de una parte de la sociedad que ha salido a la calle a exigir lo que consideran son derechos indiscutibles, necesarios y que requieren el apoyo externo, como se ha comenzado a leer en los paraguas utilizados por los manifestantes.

Si bien las elecciones, eventualmente se realizarían el año 2017, el anticipo de las protestas y la decisión de los manifestantes de no salir del Distrito Financiero, levanta un perfume Tahrir, Maidán o cualquiera de las Plazas que sirven para titular las demostraciones de fuerza y oposición a determinados gobiernos. Estas protestas con miras al 2017 hace sospechar a las autoridades chinas, que se prepara lo que algunos analistas denominan un Golpe Suave, al estilo venezolano y ucraniano, que no implica tener resultados inmediatos, sino que ir minando la imagen, credibilidad y autoridad del gobierno chino en esta Región Administrativa Especial.

La Federación Universitaria de Uniones de Estudiantes y Scholarism, un grupo de activistas de estudiantes de preparatoria, esperan también que el boicot impulse una masiva irrupción de la población hongkonesa en las demandas que se han dado a conocer y que en esencia, según lo señalado por esa federación quiere dejar en claro al gobierno chino que «los ciudadanos de Hong Kong no aceptarán sus planes antidemocráticos para las elecciones de la máxima autoridad de la ciudad»

Ante ello, tanto las autoridades hongkonesas como las de Beijing han anunciado que tomarán medidas «prontas y severas» anunciándose, de inmediato por los altavoces de los medios occidentales que puede ocurrir una nueva tragedia estilo Tian´anmen. Así, comienza a tejerse esta red de demandas internas, manifestaciones masivas, demandas políticas y democráticas, opiniones del mundo occidental a través de sus líderes que demandan poner atención a los deseos de la población hongkonesa, advertencias a China de no reprimir estas manifestaciones y un círculo que mueve dinero, medios de comunicación, amenazas, sanciones y desestabilización.

CHINA NO ESTÁ DORMIDA

Pero China no es un país con el cual se puedan plantear conductas sin que ello tenga una respuesta contundente. Xi Jinping no quiere desafíos en parte alguna de su país y Hong Kong no será la excepción. Las autoridades chinas han explicitado que detrás de Occupy Central y los grupos políticos que avalan estas manifestaciones se encuentran «fuerzas externas» y no aceptará que esas fuerzas «se entrometan en los asuntos internos de Hong Kong y menos aceptará el fomento de sentimientos separatistas» Dicho esto lo más probable es que Occupy Central termine siendo desalojado de los lugares que ocupe, sus líderes encarcelados y se realice la elección del ejecutivo hongkonés como lo ha definido Beijing a pesar de los gritos y pataletas de Occidente.

Para la prensa china detrás de los acontecimientos en Hong Kong están las agencias de inteligencia de Estados Unidos, decididas a exportar la experiencia de las «Revoluciones de Colores». Según el periódico chino «Huanqiu Shibao» los líderes del movimiento de protesta Occupy Central, que desde el junio de este año organiza diversas acciones de masas con el objetivo de democratizar el sistema del poder en Hong Kong, participaron en seminarios en el centro Hong Kong-America Center (HKAC por sus siglas en inglés), acusación que se asemeja a las denuncias que la USAID ha promovido en América Latina y Ucrania, actividades desestabilizadoras para ayudar a grupos opositores a los gobiernos de Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia, principalmente. De esa manera, mediante un trabajo organizado, desarrollado y financiado por entidades como HKAC se comienzan a sentar las bases del deterioro político y económico que conduzca a una salida favorable a los intereses de aquellos que promueven el cambio político.

El objetivo de HKCA, definida también como una entidad sin fines de lucro es «promover el entendimiento mutuo entre los chinos y los americanos». Tarea que implica realizar conferencias, seminarios y otro tipo de eventos donde asisten funcionarios del consulado estadounidense en Hong Kong. Eventos donde a los participantes se les habla de la necesidad de promover cambios democráticos prometiendo para ello el apoyo generoso de Washington, además de becas y visas para estudiar en Estados Unidos. Según las autoridades chinas en algunos de estos seminarios, invitados internacionales enseñaron tácticas de acciones de protesta y estrategias de negociación con las autoridades durante manifestaciones, acentuando las exigencias políticas a las que en ningún caso hay que renunciar.

El director del HKAC, el ex diplomático estadounidense Morton Holbrook, nombrado por Estados unidos, para este cargo a finales del año pasado, ha sido acusado por medios chinos de ser un agente de servicios de inteligencia, que lleva ya tres décadas en este ámbito y que además está relacionado con el magnate Jimmy Lai, que financia a la oposición de Hong Kong y que es cercano a el Ex Secretario de Defensa de George W. Bush, el halcón Paul Wolfowitz. «Uno tiene la impresión de que el Centro HKAC, fundado por Estados Unidos, está tratando de aplicar la experiencia de las ‘revoluciones de colores’ en Hong Kong con el fin de influir en la situación interna» remarcó el periódico chino, replicado en la mayoría de los medios de comunicación de este país.

La situación en Hong Kong tiene enormes similitudes con otros procesos de movimientos de protestas sociales, que han terminado desestabilizando a los gobiernos o generando conflictos de alcances regionales, ya sea con la denominada Primavera Árabe o los acontecimientos en Kiev, que despertaron no sólo el fervor nacionalista sino que agudizaron las contradicciones entre Ucrania y Rusia. Aquí no está en discusión la legítima aspiración de quienes desean expresarse, pero esa visión no puede obviar que detrás de estos hechos se mueven intereses que exceden en mucho lo que los propios estudiantes desean. Venezuela y los sucesos acaecidos desde febrero del año 2014, coincidente con los hechos en Ucrania permiten visualizar una política de desestabilización común a gobiernos, que no les son favorables a Estados Unidos y sus intereses.

Tahrir en Egipto terminó con un gobierno totalmente contrario al ideal democrático de decenas de miles de manifestantes cariotas. En Ucrania, Euromaidán devino en la intromisión directa de funcionarios estadounidenses como Victoria Nuland, Secretaria de Estado Adjunta de Estados Unidos Para Asuntos Europeos, reconociendo en abril del 2014 en el Club de la prensa de Washington que su país dispuso de 5 mil millones de dólares desde el año 1991 «dinero gastado en apoyar las aspiraciones del pueblo ucraniano, que quiere tener un gobierno fuerte y democrático que represente sus aspiraciones». Medida destinada a disputar el liderazgo regional a Rusia y acerca a Ucrania a posiciones europeas. O si nos referimos a Libia y darnos cuenta como la intervención de occidente terminó con un Estado que ostentaba Indicadores de desarrollo Humano muy por encima de la media africana, convertido en un Estadio fallido y cuna de movimiento fundamentalistas que tienen en ascuas al Magreb.

«La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado» manifiesta el politólogo estadounidense Gene Sharp, que pone el énfasis en el uso actual de las armas psicológicas, sociales, económicas y políticas; signando con ello que esas son las armas que se utilizan hoy en día para derribar gobiernos que no son afines a los objetivos estratégicos de las grandes potencias, sin tener que recurrir, en lo inmediato, a las armas convencionales. Sharp es autor del ensayo político ‘De la dictadura a la democracia’. En este texto Sharp describe cerca de 200 métodos destinados a derrocar gobiernos mediante una línea de acción que se ha denominado «golpes suaves», que se llevan a cabo mediante una batería de medidas que transitan desde el debilitamiento de la imagen gubernamental hasta la fractura institucional, como sería el caso de lo que se vislumbra en Hong Kong, por más que los medios traten de temperar los acontecimientos a una mera búsqueda de espacios democráticos.

Los «golpes suaves» de Estado se desarrollarían en cinco etapas, que se han ido explicitando en la actual coyuntura hongkonesa (pero que lo visualizamos en Venezuela y en Ucrania) Consisten, básicamente en: una primera etapa denominada «Ablandamiento» donde se genera y promociona un clima de malestar social con denuncias sobre corrupción, rumores y creación de matrices de opinión recogidas por la prensa afín interna y externa. Una segunda etapa «Deslegitimación» que consiste en acusar al gobierno de totalitarismo, acusaciones sobre falta de libertad de expresión y vínculos con ideologías totalitarias o que no dejan expresarse a la sociedad.

Una tercera etapa que Sharp signa como «Calentamiento de Calles» que saca a parte de la población a la calle exigiendo soluciones a problemas de seguridad, económicos y llamados a libertades políticas, generando paralización de la vida cotidiana y ataques a instituciones públicas. Una cuarta etapa: «Combinación de Formas de Lucha» con operaciones de guerra sicológica, toma y ataque a instituciones gubernamentales emblemáticas, creación de opinión sobre la supuesta ingobernabilidad del país. Finalmente, una quinta etapa denominada «Fractura Institucional» donde el llamado es a la renuncia del mandatario, llamado a intervención de fuerzas extranjeras, consolidación de un clima de presión en las calles hacia una virtual guerra civil.

OBJETIVOS MAYORES

Para el analista Raul Zibechi las operaciones que se están viviendo en Ucrania, en Siria y a la que sumamos Hong Kong están destinadas a atentar contra lo que se ha denominado la Ruta de la Seda «considerada una de las vigas maestras del nuevo orden mundial, ya que en los hechos la Organización de Cooperación de Shangai -que involucra a China, Rusia y a la cual se sumará la India, tras la petición de este país el pasado 11 de septiembre de sumarse a la OCS- es un desafío al liderazgo estadounidense en una región donde la superpotencia tiene cada vez menos influencia».

A lo mencionado debemos adicionar el importante papel que están jugando los países agrupados en el BRICS. Bloque de países que comprende a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y que reúnen el 32% del territorio global y con una representación demográfica del 43% del total mundial. Rusia y China se han convertido en parte del nuevo orden internacional emergente, desarrollado en torno a los países BRICS. Señala Zibechi que la nueva Ruta de la Seda, que une dos centros industriales de envergadura: Chongqing en China con Duisburgo en Alemania convirtiendo a China en el primer socio comercial de Alemania y dando un gran varapalo a los intereses económicos y políticos de Washington en el Viejo Continente «está generando un dislocamiento geopolítico de gran trascendencia». La Ruta de la Seda atraviesa en su periplo Kazajstán, Rusia y Bielorrusia, evitando así el tránsito por zonas conflictivas al sur del Mar Caspio.

A esa Ruta terrestre se une la idea de una ruta marítima, que rodeará el Océano Índico, garantizando el intercambio entre China y Europa. Ambas destinadas a ser las mayores rutas comerciales del mundo. Como apoyo a este objetivo, China ha consolidado una red portuaria que incluye bases y estaciones de observación en países como Sri Lanka, Bangladesh y Birmania e incluso Paquistán, donde financió la construcción y operación de un puerto en la ciudad de Gwadar y considerado el primer punto de apoyo al ingreso de China al área de mayor producción de petróleo del mundo con un 66% del total de reservas mundiales, donde circula el 30% del petróleo del mundo y el 80% del crudo que recibe China.

Estados Unidos ante la realidad del cinturón económico trilateral entre Rusia, China y Mongolia, donde además se proyecta un ferrocarril que llevará el simbólico nombre de «Ruta de la Seda» ha comenzado ha tratado de intensificar su presencia económica en Asia central -de allí su presencia multimillonaria y militar en Afganistán pero, que no ha tenido los resultados esperados. Un Plan norteamericano, que se dio a conocer el año 2011 y que pretende unir a ex territorios de la ex Unión Soviética: Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán, a la India y Paquistán, nucleados en torno a Afganistán y que incluso fue denominado, con escasa originalidad «Nueva Ruta de la Seda». La pugna está lanzada y todos los mecanismos en busca de socios, de mercados y de influencias regionales sirven en este todo vale.

Esa región del Asia Central, posee escasa integración económica y donde avanzan con ventajas, no las ideas estadounidenses, sino más bien las de Rusia y China. En el caso de Moscú, con su proyecto de Unión Económica Euroasiática, firmada en mayo del 2014 y que incluye a Kazajistán y Bielorrusia, donde otra ex república soviética, como Kirguistán ha solicitado su adhesión a la cual se sumaría Armenia. Unión que entrará en vigencia el 1 de enero del año 2015 y contempla el libre flujo de capitales, trabajadores y mercancías, al interior de esa unión y con una política común en áreas como energía, agricultura, industria y transporte

La alianza estratégica entre Rusia y China significa una clara competencia a las pretensiones hegemónicas de la alianza Estados Unidos-Unión Europea, ya sea en Medio Oriente, Eurasia y Asia Central pues se trabaja fuertemente en una vertiente geopolítica y geoenergética que incluye la construcción de un gasoducto para proveer gas ruso a China, como una manera de asegurar el suministro energético para la industria y la población China. Decisión que diversifica el mercado para la energía rusa, sometida a presiones por parte de sus compradores europeos, en el marco el conflicto en Ucrania y las sanciones impuestas a Moscú. A lo que sumamos el objetivo de enfrentar al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP)

La TPP es una zona de libre comercio que se extendería desde Asia hasta Sudamérica y que comprende a Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Malasia, Singapur, Vietnam más los países de la Alianza del Pacifico: Perú, México, Chile y Colombia. Con un población total de 800 millones de habitantes y un PIB que alcanzaría el 40% del índice mundial. China considera que detrás de esta TPP -por sus siglas en inglés- está la decisión de aislarla de su zona geográfica inmediata e ir generando conflictos como ha sucedido con el caso de las Islas Diaoyu, el rearme japonés y dificultades comerciales con Vietnam.

A lo mencionado se adiciona la preocupación en Washington, porque el eje Moscú-Beijing, no sólo va en un camino de acercamiento económico, sino también político internacional en materias como la condena a los ataques a Siria, a Gaza e incluso han mostrado su apoyo a los acontecimientos que permitieron la recuperación de Crimea, por parte de Rusia y la influencia que este país debe ejercer en la solución a los problemas ucranianos. Los analistas chinos amplificados por los medios de comunicación de ese país han dado a conocer el interés de China por avanzar en sus relaciones políticas y económicas con Oriente Medio, lo que, indudablemente es un área de confrontación con occidente y de trabajo común con Rusia que tiene ambiciones similares.

En la última década ese plan chino de reconstrucción de sus relaciones con el mundo árabe, principalmente, denominado «marcha hacia el oeste» ha significado un aumento notable del intercambio comercial entre China y la región medioriental, que pasó de 30 mil millones de dólares a 250 mil millones y se tiene previsto, al actual ritmo de crecimiento que en la primera década ese flujo llegue a los 650 mil millones de dólares. Todo ello en le marco de la consolidación de la «Ruta de la Seda» que pretende integrar las distintas zonas geográficas de Asia en torno a medidas de intercambio y cooperación, acompañadas de decisiones de inversión en infraestructura vial, ferroviaria, portuaria y sobre política, donde la cercanía con Rusia es fundamental.

Indudablemente este plan de «marcha al oeste» ha despertado las alarmas en Washington y toda medida que frene esta iniciativa ha sido tomada en las mesas de análisis y decisión de la política-militar estadounidense. Hong Kong en ese escenario, es un área de confrontación útil para Estados Unidos pues distrae a Beijing de preocupaciones extramuros y genera un daño de credibilidad en el respeto a los derechos humanos que suelen ser los argumentos esgrimidos contra los enemigos de Washington, pero no con la actuación de sus administraciones, que suele realizar a lo largo de sus intervenciones en el mundo.

Lo descrito debe sumar el imán que los proyectos de unión entre Rusia y China generan en el resto del continente asiático. Por ejemplo, l a petición de incorporación de India y la participación activa de repúblicas como Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán con el objetivo fundamental, definida en la carta fundacional de la OCS de garantizar la seguridad regional y combatir el terrorismo, el separatismo y el extremismo, que son elementos muy presentes en los conflictos internos de estos países, con claras ramificaciones e influencias externas. Marco de acción que ha tenido expresiones de ejercicios militares como fue el «Ejercicio Antiterrorista Internacional» que reunió a fines del mes de agosto a 10 mil soldados de distintas unidades militares y aéreas de China, Rusia, Kazajistán, Kirguizistán y Tayikistán.

Como también los primeros ejercicios navales conjuntos entre China e Irán en el Golfo Pérsico, donde a fines de septiembre participaron buques de la Armada china destinados a la protección de la navegación en el Golfo de Adén, teniendo en cuenta que China es hoy el primer comprador de crudo saudí y en sus objetivos estratégicos no permitirá que las rutas que lo abastecen del oro negro sean obstruidas. Las alianzas y pasos de acercamiento múltiples tuvieron su expresión también con la India. La Agencia de Noticias Xinhua señaló, en una nota informativa, publicada el pasado 19 de septiembre que la visita del premier chino Xi Jinping a su homólogo indio Narendra Modi a la India consolida los pasos destinados a diseñar un nuevo orden mundial.

Los acuerdos firmados entre estos dos gigantes económicos y demográficos abarcan una docena de convenios en el plano de inversiones, comercio y energía nuclear y definidos como parte del «proceso histórico de revitalización nacional en ambas naciones emergentes» decisiones que van más allá de afinidades ideológicas – que no las poseen – y se afirman estrechamente en objetivos geopolítico que enfrentan necesidades, visiones y hasta adversarios comunes.

En una interesante nota publicada en Rusia Today, este medio ruso señalaba que Inglaterra estaba viendo con inquietud, desde el punto de vista occidental la posible adhesión de nuevos países a la OCS pues asusta la perspectiva de una especie de OTAN liderada por China… Moscú y Beijing pueden tener dudas sobre la importancia que ambos países debe prestar a la Organización de Shanghái. Sin embargo, ya en su forma actual, el grupo permite extender la influencia de Pekín a cada vez más nuevos territorios» Según los británicos, es una herramienta con la que Pekín «lentamente, de una manera desordenada y sin ningún objetivo evidente a la vista» está construyendo una nueva orden mundial.

Esta visión se ve refrendada por lo que los propios medios chinos dan a conocer, que explicitan este cambio de paradigma de una China dormida (ese Dragón metafóricamente en hibernación) con esta nueva China que sale al mundo en plenitud. La cadena estatal china CCTV difundió una entrevista con uno de los generales del Ejército del país, Sun Siqin: en ella, este militar explicaba el por qué del aumento de los gastos militares del país. «China siempre fue un país pacífico y lo es hasta hoy en día por hoy tenemos algo que defender ya que nuestras empresas están muy presentes en los mercados globales. Tenemos que proteger nuestros intereses marítimos, sobre todo cuando somos capaces de hacerlo y la cooperación con los países del mundo para asegurar el acceso y la seguridad en los océanos es una obligación directa para China. Ciertos países de Occidente a menudo tratan de crear coaliciones para desafiarnos. Las cuestiones de Taiwán, las islas Diaoyu, el mar de China Meridional son todas importantes para la integridad. ¿Qué quieren que hagamos?», se preguntó el militar chino.

Los políticos chinos saben qué hacer y contestar a occidente y así lo señalo el Ministro de Asuntos Exteriores de ese país, Wang Yi, al señalar que «Los asuntos de Hong Kong son asuntos internos de China, y todos los países deberían respetar la soberanía de China. Creo que, en cualquier país, en cualquier sociedad, nadie permitiría esos actos ilegales que violan el orden público. Esa es la situación en Estados Unidos, y es la misma situación que hay en Hong Kong» concluyó Wang, quizás recordando con ello los acontecimientos y disturbios sociales en la ciudad estadounidense de Ferguson, donde no se escuchó a país alguno solicitar «moderación» a las fuerzas policiales estadounidense para reprimir las manifestaciones de la mayoría negra en esa localidad. O moderación frente a las intervenciones en Siria, Libia, Irak o en cualquier lugar donde las fuerzas norteamericanas se hacen presente.

Kerry fue más allá en esta petición al sostener que su país apoya el reclamo de los manifestantes hongkoneses que piden elecciones libres el año 2017 «como sabe China, sostuvo Kerry, apoyamos el sufragio universal en Hong Kong de acuerdo con la Ley Básica, y creemos que una sociedad abierta con el nivel más alto posible de autonomía y gobernado por la ley es esencial para la estabilidad y prosperidad de Hong Kong». Palabras que despertaron la indignación China y la réplica del Ministro Wang Yi para quien el respeto a la soberanía China en el trato de sus asuntos internos «es también un principio básico que gobierna las relaciones internacionales» afirmación dada a conocer en su exposición de la posición China frente a los hechos en Hong Kong durante una reunión con el Secretario de Estado norteamericano John Kerry en una conferencia de prensa conjunta en la Casa Blanca.

Al cierre de este análisis, el centro financiero de Hong Kong seguía bloqueado por los manifestantes agrupados en Occupy Central y estudiantes universitarios y secundarios, que exigen al gobierno central de Beijing la celebración de elecciones el año 2017 sin un listado previo aprobado por las autoridades chinas. Petición que difícilmente será concedida por las autoridades del PCCH que no ven con buenos ojos el desarrollo de programas políticos y elección de candidatos fuera de los marcos establecidos al efecto. Sobre todo cuando ya las acusaciones respecto a la injerencia de potencias occidentales en el movimiento se han dado a conocer, acusando a agencias, y organizaciones, principalmente norteamericanas, destinadas a provocar movimientos desestabilizadores en una región Administrativa China de características particulares.

Para los manifestantes hongkoneses, los paraguas representan un símbolo de protección ante el gas pimienta, las bombas lacrimógenas y los carros lanzaguas. Para las autoridades chinas es sólo una muestra más de los montajes que suelen hacerse desde fuerzas hostiles a China, utilizando para ello herramientas simbólicas, similares a los tulipanes, las primaveras, las revoluciones de colores y otras denominaciones que esconden simplemente, la pugna hegemónica por objetivos más allá de una elección el año 2017 bajo los parámetros de la democracia representativa occidental. La mesa está servida en la pugna entre las grandes potencias y contra ello los paraguas suelen ser volteados por el viento.

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