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Comunicado de la Asociación ProDerechos Humanos de Andalucía

63º Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en un contexto de crisis

Fuentes: Rebelión

«Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representaciones libremente escogidos» 21.1 «La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público…» 21.3 «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo […]

«Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representaciones libremente escogidos» 21.1

«La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público…» 21.3

«Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo» 23.1

«Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes a su voluntad» 25.1.

Todos los años por estas fechas, desde la APDHA insistimos que en el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos no hay mucho que celebrar.

En nuestro entorno más cercano, a la agravación y prolongación de la crisis se le han sumado las situaciones de violación de los Derechos Humanos que ya veníamos denunciando desde hace años. Las bolsas de marginación y exclusión social, lejos de reducirse, tienden a crecer a costa del aumento del paro y la precariedad, de los problemas de vivienda cada vez más agudizados o el comienzo de recortes en atención e inversión pública que afectan en muchas ocasiones a los sectores más débiles.

La crisis está siendo, en buena medida, una excusa para reorganizar nuestras sociedades de espaldas a los Derechos Humanos y por tanto, de espaldas a las personas. Todo y todos, somos considerado mercancía: desde nuestra fuerza de trabajo hasta los servicios más básicos que garantizan nuestros derechos fundamentales. Ahora lo vemos claro, los derechos hay que ejercerlos y defenderlos o se pierden. Son conquistas sociales, históricas, y como tales es necesario exigir su cumplimiento y denunciar su quebranto.

Desde nuestro trabajo como militantes de los Derechos Humanos vemos, día a día, las grandes contradicciones de este sistema que se gobierna fundamentalmente para los ricos y poderosos y que deja al margen, cuando no condena, a las personas que no tienen acceso a la vivienda y son expulsados en desahucios con cobertura legal pero sin ninguna cobertura ética; a los manteros que han encarcelado por cometer el delito de intentar sobrevivir; a las personas que vienen de otros países y que son tratadas como delincuentes y sospechosas; a las mujeres que ejercen la prostitución que son acosadas por la policía, con el beneplácito de una ordenanzas cívicas aprobadas por una clase política más preocupada por la estética que por la ética; a las personas que están en los nuevos asentamientos de las grandes ciudades y que son levantadas una y otra vez sin darles respuestas sociales a sus necesidades (864 personas desalojadas de los asentamientos desde agosto, con 133 intervenciones sólo en la capital andaluza)… Como en la fábula política de Mouseland que hizo famosa Tommy Douglas, el mundo de los ratones está gobernado por gatos de distinto color, que hacen leyes que son buenas para los propios gatos, pero no para los ratones. La política ha quedado así cautiva de una economía al servicio de los mercados, controlados por aquellos que se benefician directamente de ellos.

En el contexto internacional, si echamos una mirada a nuestro alrededor nos encontramos con una realidad trágica de violaciones continuas de derechos fundamentales. Hacer un elenco completo de estas violaciones sería una tarea de titanes, pero quizás sí podemos traer aquí algunos que abran nuestros ojos a una realidad que, no por lejana, pierde su tragedia:

• La crisis alimentaria del Cuerno de África, en parte provocada y causada por la codicia y manipulaciones de los negocios internacionales, que provocan que 13 millones de mujeres, hombres y niños estén desprovistos de agua, comida y servicios sanitarios básicos.

• La miserable realidad de los niños y niñas soldado que han perdido sus vidas en la Guerra Invisible del Congo… Tan invisible que no nos damos cuenta de que más de 5 millones de personas han muerto desde que comenzó el conflicto.

• La generalización de las violaciones y de los abusos sexuales a las mujeres y niñas en algunos países de Centroamérica, con más de 14.000 denuncias entre 1998 y 2008.

La verdad es que junto a esas realidades, admiramos también a las personas que luchan para sobrevivir y tener condiciones de vida dignas. Como ha ocurrido en el Norte de África y Oriente Medio, donde se han movilizado millones de personas para poder decir «NO» a la falta de libertad. Aunque a consecuencia de esto, muchas personas han muerto, como las 4.000 víctimas de la «primavera árabe» de Siria, y los cientos de personas que han sido encarceladas, como la activista Hanadi Zahlout en Siria por defender la libertad de expresión y los derechos de las mujeres. Igualmente otros cientos de miles se han visto obligadas a dejar sus países para refugiarse en otros territorios.

El aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos recuerda precisamente, la importancia de su defensa. Los Derechos Humanos son, esencialmente, herramientas de lucha por la dignidad humana. Para eso nos han de servir, para seguir y no parar hasta conseguir su cumplimiento, aunque hoy sea más difícil de lo que nos podía parecer. Por eso exigimos que sean las personas, su dignidad, los derechos reconocidos en 1948 los que sirvan de referencia para las políticas económicas: menos primas de riesgo y más hermanos solidarios.