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Más guerras en el horizonte

Fuentes: Desinformémonos

El portal Asia Times publicó el sábado 11 de abril un análisis interesante sobre las relaciones entre las inversiones económicas y las guerras. Destaca que China invirtió 145 mil millones de dólares en Oriente Medio, pero “no mantiene una presencia militar permanente en esta región volátil”. El resultado, sigue el medio, es “una incongruencia estructural en el núcleo de la política exterior china: ambiciones económicas que dependen cada vez más de una arquitectura de seguridad que Pekín no controla”.

Estados Unidos por el contrario mantiene una fuerte presencia militar en la región, con alrededor de 50 mil soldados, en por lo menos 19 bases militares en Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Además de Siria, Jordania e Irak, donde también tiene presencia militar.


En paralelo, dede 2003 la Armada de Estados Unidos tiene su mayor despliegue en Medio Oriente, con más de una docena de buques, incluyendo los portaaviones que conforman dos grupos de ataque que le permiten desplegar capacidad de poder en toda la región.

Este tremendo músculo militar transmite a las potencias que buscan incrementar su presencia en el mundo, en particular China, la necesidad de incrementar el despliegue simplemente para proteger sus cuantiosas inversiones. Hasta ahora China venía confiando en su capacidad productiva y comercial para expandir su influencia, pero la guerra contra Venezuela, Cuba e Irán llevarán al Dragón a flexionar seriamente sobre este asunto.

Un solo dato puede ilustrar la tremenda asimetría de poder global: Estados Unidos cuenta 128 bases militares formales y un total 750 instalaciones militares desplegadas principalmente en Europa y Medio Oriente, totalizando una presencia en 80 países. China tiene sólo una base militar permanente en Yibuti y una base naval en Camboya. Por ahora China utiliza “bases de apoyo” enfocadas en logística y el control de rutas comerciales de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, pero no instalaciones militares permanentes.

El problema que enfrenta China es que sus cuantiosas y crecientes inversiones corren peligro si no están acompañadas de protección militar. Es la lógica de todos los imperios en la historia. Además, las rutas marítimas de transporte de hidrocarburos y de mercancías pueden verse interrumpidas como sucede ahora con el Estrecho de Ormuz. El estrecho de Malaca es tan o más importante. Une los océanos Indico y Pacífico, y resulta clave para las economías asiáticas y en particular para China.

Si por Ormuz se transporta el 20% del petróleo que se comercializó en el mundo, por Malaca pasa el 25% y 50 mil embarcaciones al año. A diferencia de Ormuz, Malaca tiene una longitud de 950 kilómetros y un ancho muy variable, entre 250 y menos de tres kilómetros. Como puede imaginarse, cortar la navegación es más fácil aún en este escenario.

China ha construido siete grandes islas artificiales en el mar de China Meridional y ha militarizado arrecifes y rocas para asegurar el comercio en su entorno inmediato. Cada isla cuenta con pista de aterrizaje, radares y misiles. Pero más allá de este mar, la presencia militar china no es permanente, lo que puede poner en peligro su principal estrategia global, las Rutas de la Seda, que incluyen millonarias inversiones para lubricar el comercio entre Asia y Europa.

China está en un momento de inflexión a la vista de la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán. Si a su expansión comercial y de inversiones no suma la militar, puede sufrir cuantiosas pérdidas porque sus enemigos están en condiciones de arruinarlas. Si toma la decisión de expandirse militarmente, tendrá que poder financiar un imperio sin que aún tenga el dominio de las finanzas globales. Estados Unidos puede tener un presupuesto militar enorme (de hecho cuatro veces superior al de China) porque utiliza las ventajas que le da el dólar como moneda de reserva, que puede imprimir a voluntad.

Para los movimientos sociales y los pueblos en movimiento es una pésima noticia, porque esta realidad indica que las guerras serán cada vez más extensas e intensas, en lo que algunos ya denominan como un período de “Guerra Sistémica Permanente”. En cada geografía podríamos pensar cómo se va a concretar esta guerra y quiénes serán los perpetradores, para estar en condiciones de afrontarla con el menor costo material para los pueblos.

Una primera tarea consiste en vincular las diferentes geografías que sufren guerras, lo que nos permite entender que en Venezuela y en Massachusetts, en Gaza y en Guerrero, están en juego las mismas cuestiones que atañen a la acumulación por despojo, lo que supone militarización y desplazamiento de poblaciones.

Una segunda es comprender que aunque todas están relacionadas, las diversas guerras implican modos distintos, que van desde la guerra contra el narcotráfico hasta el genocidio de poblaciones. El hilo que las atraviesa es la guerra contra los pueblos, condición necesaria para que el capital convierta los bienes comunes en mercancías.

Fuente: https://desinformemonos.org/mas-guerras-en-el-horizonte/