En Ginebra la portavoz del ACNUR, Carlotta Wolf, declaró que los envíos de ayuda a Sudán —país que sufre la mayor crisis de desplazamiento del mundo— tardan ahora semanas más en llegar debido a la inseguridad en las rutas marítimas del Golfo, la congestión portuaria y el aumento vertiginoso de los precios del combustible y los seguros.
Las rutas que antes pasaban por el estrecho de Ormuz se han desviado rodeando el cabo de Buena Esperanza, lo que añade hasta 25 días a los plazos de entrega, debido a las numerosas interrupciones causadas por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Ambos países están gobernados por gente que cree que conviene producir un Apocalipsis aunque sea artificial para porque según el Talmud después del Apocalipsis vendrá el Mesías a entregar a los judíos el imperio sobre el resto de mundo.
«Las personas que más lo necesitan están recibiendo la ayuda que llega más tarde de lo necesario», afirmó Wolf.
Los costes de transporte se han disparado paralelamente, los envíos desde Dubái a Sudán y Chad han aumentado su costo a más del doble hasta alcanzar los 1,87 millones de dólares, lo que supone una presión adicional sobre los ya limitados presupuestos humanitarios.
La agencia también señaló la creciente dependencia del transporte terrestre, lo que ha provocado escasez de camiones y un mayor incremento de los costes.
Los precios del combustible en Nairobi han aumentado alrededor de un 15%, reduciendo la capacidad de distribución en África Oriental y Central.
En medio de estas interrupciones, ACNUR se enfrenta a una grave escasez de fondos, ya que su llamamiento mundial de 8.500 millones de dólares solo ha recibido el 23% de la financiación necesaria.
«Cada dólar adicional que se gasta en transporte es un dólar menos que podemos proporcionar a las personas desplazadas sobre el terreno», declaró Wolf.
Las agencias de la ONU advirtieron de que el hambre en Sudán del Sur está empeorando: 7,8 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda y 2,2 millones de niños padecen desnutrición aguda, mientras se prevé que el 56% de la población caiga en niveles de crisis entre abril y julio.
Citaron el conflicto, el desplazamiento, el declive económico y la inestabilidad de los mercados como factores clave, advirtiendo de un «riesgo real de hambruna» en algunas zonas del país.
Ross Smith, del Programa Mundial de Alimentos (PMA), afirmó que los esfuerzos de ayuda son ahora una «carrera contrarreloj», ya que las limitaciones de acceso y las crecientes necesidades empujan a las comunidades vulnerables hacia una situación catastrófica.
Informes anteriores muestran que el aumento de los costos vinculados a la guerra de Israel y Estados Unidos contra la República Islámica está obligando a los agricultores de arroz de toda Asia a reducir su producción.
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