El ensayista Siddarth Kara nos ofrece un relato terrible de la trata de personas esclavizadas al abordar el asesinato de más de 130 personas que eran transportadas a bordo del Zorg en 1781. La exministra de Justicia francesa Christiane Taubira firma el prólogo del libro veinticinco años después de la adopción de su ley que reconoce la trata y la esclavitud como crímenes contra la humanidad. Francia, mientras tanto, se abstuvo en marzo de votar a favor de un texto de la ONU que reconocía la esclavitud como uno de «los crímenes más graves contra la humanidad»…
Antes de celebrarse el primer Congreso Mundial Antiesclavista que se organizó en Londres en junio de 1840 el pintor Joseph Mallord William Turner (1775-1851) recibió el encargo de un cuadro para celebrar el acontecimiento. En aquel momento hacía siete años que se había prohibido la esclavitud en el Imperio británico, pero los abolicionistas luchaban para que esta prohibición fuera universal: los franceses, los españoles y los portugueses seguían practicando la trata. William Turner se sumió en la lectura de La historia de la abolición de la trata de esclavos, de Thomas Clarkson en busca de inspiración. Descubrió en el libro el atroz viaje del barco holandés Zorg. Con su estilo inimitable Turner concentró en el lienzo todo el horror de esta tragedia. El cuadro El negrero, que actualmente se expone en el museo de Bellas Artes de Boston y cuyo titulo completo es Negreros arrojando por la borda a los muertos y moribundos; se aproxima un tifón, muestra un barco en el horizonte en medio de una tempestad mientras que en primer plano se adivinan los brazos y piernas encadenados de personas africanas que baten la superficie al ahogarse. Unas criaturas marinas se aprovechan de ese maná en el embravecido oleaje que resalta la luz del atardecer…
El especialista en la esclavitud moderna Siddharth Kara analiza detalladamente en su ensayo Le Zorg. La tragédie à l’origine de l’abolition de l’esclavage (Éditions Paulsen) [El Zorg, la tragedia que fue el origen de la abolición de la esclavitud] una travesía atlántica para transportar a personas esclavizadas (1), una de tantas, que modificó sustancialmente el curso de la historia. Explica lo siguiente: «Después de publicar Cobalt Red: How the Blood of the Congo Powers Our Lives [Cobalto rojo: cómo la sangre del Congo propulsa nuestras vidas], Editorial Saint Martin’s Griffin, 2023, necesitaba una pausa en la intensa investigación sobre la esclavitud contemporánea que llevaba a cabo desde hacía más de veinte años. Los muchos viajes que hice a Congo para documentar las terribles condiciones de trabajo en las minas de cobalto me habían pasado factura. Había descubierto la historia del Zorg unos años antes, cuando estudiaba a fondo la trata, un tema que ya no me abandonó. Al profundizar en mi investigación me di cuenta de que las obras que existían sobre esta tragedia que tuvo unas consecuencias fundamentales eran sorprendentemente raras y estaban repletas de inexactitudes. Decidí escribir el libro para aclarar las cosas».
Con su pluma alerta que sabe gestionar las pausas necesarias para poder tomar perspectiva, Kara nos sume en el centro de un drama atroz en el que la inmunda codicia de un traficante de personas acaba por abrir una brecha en un sistema bien engranado.
William Gregson «saluda el espíritu emprendedor de Hanley»
La fragata Zorg de 107 toneladas zarpó el 27 octubre de 1780 del puerto de Rammekens, en las Provincias Unidas (Holanda). Pertenecía a la flota de la Middelburgsche Commercie Compagnie (MCC), una sociedad neerlandesa dedicada a la trata que había organizado 118 expediciones negreras entre 1732 y 1802. «En su viaje inaugural en 1777 el Zorg embarcó a 246 personas esclavizadas en las costas del Viento y del Oro [África Occidental, véase el mapa más abajo], y desembarcó a 231 sobrevivientes en la colonia holandesa de Saint-Eustache, en el Caribe», precisa Siddarth Kara. Dos meses después de que zarpara el Zorg el apoyo de las Provincias Unidas a la causa estadounidense provocó la ira británica y el 20 de diciembre de 1780 el Reino Unido les declaró la guerra. La consecuencia de ello en los mares: en adelante, cualquier súbdito de Su Majestad podía obtener «patentes de corso y de represalias» y atacar a los barcos holandeses como haría un vulgar barco pirata.

El capitán del Zorg, Jan Wilton tenía la consigna de evitar prudentemente a los ingleses, a pesar de haber zarpado antes de que empezaran las hostilidades. El Zorg, que navegaba con el Aurora, otra fragata de la MCC, echó el ancla el 13 de diciembre de 1780 frente a Cape Mount, en el golfo de Guinea, donde ya estaba anclado el Eendracht, otro barco de la misma compañía. Estos tres barcos holandeses emprendieron su siniestro acopio de personas esclavizadas a lo largo de la costa del Viento. Menos de tres meses después, el 10 de febrero de 1781, la fragata británica Alert al mando del comandante Llewellin arremetió contra el Zorg donde ya se hacinan 120 personas esclavizadas. Jan Wilton no contaba con medios para resistirse y una vez capturado el Zorg, pasó a estar bajo pabellón británico. Unos días después el Aurora y el Eendracht sufrieron la misma suerte. Las 104 personas esclavizadas del Aurora y las 124 del Eendracht fueron trasladadas a bordo del Zorg, a punto de llegar al máximo de su capacidad. Llewellin llevó entonces a sus presas holandesas hacia el fuerte de Cape Coast (en Ghana), en la costa del Oro.
El fuerte estaba dirigido por el gobernador británico John Roberts, que mal que bien trataba de mantener las relaciones con su homólogo del fuerte de Elmina, posesión de las Provincias Unidas. Cuando llegaron a la rada seis barcos holandeses, capturados por dos barcos corsarios de Su Majestad, se tuvo que ocupar tanto de los prisioneros holandeses como de las personas esclavizadas. Con la intención de calmar las cosas, envió a las tripulaciones de las Provincias Unidas al fuerte de Elmina y organizó subastas para vender los barcos y a los cautivos. Así es como Richard Hanley, capitán del William, un barco negrero que había salido de Liverpool el 26 de octubre de 1780, decidió comprar el Zorg y su carga. «Hanley se da cuenta de que de un plumazo puede duplicar los beneficios de la expedición». Una situación que sin lugar a dudas iba a satisfacer a uno de sus inversores, William Gregson, que después de tres años sin beneficios, «saluda el espíritu emprendedor de Hanley».
Un cirujano carente de experiencia al mando
William Gregson es un personaje fundamental de esta historia. Nacido en 1720, era hijo de un modesto estibador y fue cordelero antes de poder invertir sus ahorros en unas expediciones negreras que aportaban más o menos beneficios según los accidentes que hubiera en el mar… «A finales de la década de 1750 se convirtió en un importante comerciante de personas esclavizadas de Liverpool y su fortuna aumentó a la par de su prestigio. Se introdujo en el círculo de los 41 ciudadanos que controlaban el consejo municipal y en 1762 fue elegido alcalde de la ciudad», escribe Kara. Sin embargo, en 1780 sus negocios no iban bien ya que el conflicto con los estadounidenses hacía poco seguros los mares y acababa de perder el Swallow, un barco negrero que había naufragado en su viaje de vuelta desde a isla de Tortola (Islas Vírgenes británicas). Gregson puso sus esperanzas de recuperarse en el William, su nuevo barco que llevaba su nombre.
Con esa idea de multiplicar los beneficios, el 5 de marzo de 1781 Richard Hanley trasladó al Zorg a doce miembros de la tripulación del William y confió el mando al cirujano de a bordo, Luke Collingwood, una elección cuando menos sorprendente: «De las tres cualidades esenciales en un capitán de un negrero (ser un navegante excelente, saber dirigir a una tripulación y tener la costumbre de comprar personas esclavizadas), Collingwood solo posee realmente la última», sostiene Kara. El lugarteniente del William, James Kelsall, que, sin embargo tiene mucha más experiencia, solo obtuvo la plaza de segundo de abordo en el Zorg.
El barco navegó varios meses a lo largo de las costas africanas para completar su carga de personas esclavizadas, tratar de reclutar a algunos marineros más y abastecerse de agua. «El Zorg salió de Acra el 18 de agosto de 1781 con 442 personas esclavizadas, 17 tripulantes y un pasajero», señala Kara. «No son unas cifras buenas. […] Un negrero de esta capacidad requiere al menos 30 tripulantes para poder funcionar. Collingwood embarcó casi el doble de cautivos y solo la mitad de tripulación para controlarlos». ¿Un pasajero? Sí, un paria llamado Robert Stubbs, exgobernador del fuerte de Anomabu (Ghana).
Una travesía más larga de lo previsto
Siddarth Kara no se ha contentado con investigaciones generales sobre la trata negrera para contar la triste epopeya del Zorg, sino que también ha investigado las trayectorias de cada uno de los personajes que tuvieron, de cerca o de lejos, alguna relación con su relato. Robert Stubbs, vicepresidente del Consejo de Gobernadores Británicos de la costa del Oro, llegó en abril de 1780 al fuerte de Anomabu a la edad de 53 años acompañado de su hijo de 12 años y con una pésima reputación a sus espaldas. Desde que asumió el cago «infringe el reglamento de la Company of Merchants Trading to Africa (CMTA) al dedicarse al comercio de personas esclavizadas para su propio beneficio». No fue el único delito que cometió: su joven hijo fue nombrado secretario del fuerte, un empleo que estaba remunerado con 80 libras anuales (20.000 euros actuales) y rápidamente fue ascendido al cargo de vicegobernador (200 libras anuales). Pero aún: su desprecio por los representantes de las monarquías locales puso en seguida en peligro las relaciones de los británicos con sus aliados locales, los fantis y los ashantis.
En un encuentro con estos últimos en octubre de 1780 Robert Stubbs «olvidó» entregarles los regalos del rey George III, unos regalos que, al parecer, trocó por personas esclavizadas para su propio beneficio. Los miembros del Consejo de Gobernadores decidieron entonces destituirlo de sus funciones, lo que lograron por la fuerza el 26 de enero de 1781. Se embargaron el oro y los bienes de Stubbs, y fue encarcelado temporalmente. El capitán del William, Richard Hanley, que había desembarcado ese mismo día en Anomabu, aceptó junto con Luke Collingwood embarcar a Stubbs en su barco. De creer a Siddarth Kara, Stubbs abandonó a su hijo sin el menor escrúpulo…
El Zorg se encaminó a Jamaica el 18 de agosto de 1781. Primera etapa, la isla de São Tomé, con la idea de cargar provisiones de comida y agua. «Hay que contar con al menos 52.200 litros de agua para la travesía del Atlántico, que suele durar dos meses. Parece que el Zorg embarcó unos 61.100 litros, una cantidad más que suficiente», escribe Kara. El Zorg salió de la isla el 6 de septiembre y emprendió la travesía del Atlántico. Es de sobra conocido el sufrimiento, enfermedad, la angustia y la tortura que esta travesía suponía a las personas esclavizadas hacinadas en el entrepuente del barco… A finales del mes de octubre seguía sin haber tierra a la vista, a pesar de que el Zorg debería haber llegado a alguna de las primeras islas situadas al este del Caribe, Antigua, Dominicana, Barbados o Tobago…
«Destruir una parte de la carga»
La tripulación y las personas esclavizadas iban muriendo regularmente. Luke Collingwood cayó enfermo y confió el mando a Robert Stubbs para sustituirlo, a pesar de que James Kelsall era el marino con más experiencia a bordo. El 14 de noviembre Stubbs suspendió a Kelsall de sus funciones y lo confinó en su camarote. Los limones de reserva se terminaron y se empezó a propagar el escorbuto. Solo el 18 de noviembre apareció por fin la primera tierra, Tobago. Stubbs no tenía manera de saber si la isla seguía siendo británica (no lo era, Francia se la había apropiado el 2 de junio de 1781) y en vez de arriesgarse a atracar en ella, decidió continuar hasta Jamaica. «El balance ya es terrible en ese momento del viaje. Han muerto 62 de los 443 africanos, lo mismo que 6 de los 17 hombres de la tripulación. De los 11 tripulantes restantes, dos no están en condiciones de prestar servicio, Collingwood y Kelsall. Por tanto, quedan 9 hombres, más Stubbs, para ocuparse del barco y de la carga constituida por las 380 personas esclavizadas sobrevivientes y un recién nacido», cuenta Kara. Una joven esclava que había sido capturada embarazada había dado luz a bordo.
Un marinero descubrió hacia el 20 de noviembre que el agua almacenada no se correspondía exactamente con las cuentas que se habían hecho cerca de Tobago. Solo quedaban 20 toneladas (unos 9.000 litros), es decir, dos litros por persona al día en caso de que el Zorg llegara a Jamaica en una semana. Robert Stubbs decidió no racionarla. El 27 de noviembre apareció una tierra a la vista, ¿era Jamaica o la isla enemiga de la Española, ocupada por los franceses y los españoles? Stubbs hizo cálculos… y decidió que se trataba de esta última. Había que continuar… Veinticuatro horas después la ausencia de tierra en el horizonte demostraba que se había equivocado. Había que dar media vuelta y remontar 330 millas con viento sur, a razón de entre 30 y 35 millas al día. La situación era crítica. El 29 de noviembre de 1781 Kelsall se reincorporó a su cargo.
Ese mismo día los tripulantes se reunieron para decidir qué hacer respecto a las reservas de agua. Kara escribe: «Se hace una propuesta. ¿Quién la hace? Nunca se sabrá. Lo que es seguro es que tras las discusiones “se decidió por unanimidad destruir una parte de la carga de personas esclavizadas para salvar al resto, racionar al máximo el agua a los tripulantes y a las personas esclavizadas restantes para que no perecieran”. De este modo la tripulación del Zorg eligió la muerte para salvar su piel».
Entre 123 y 133 personas esclavizadas arrojadas al mar
El siniestro plan se ejecutó inmediatamente: los marineros seleccionaron una a una a las personas esclavizadas, a las que llevaron al camarote de los oficiales y arrojaron por la ventana. Ese día fueron arrojados a los tiburones 55 mujeres y niños, incluido el bebé nacido a bordo. Al día siguiente, 30 de noviembre, de nuevo fueron arrojados a las negras aguas 42 hombres, de dos en dos, encadenados el uno al otro. Los días siguientes se repitió esa inmunda tarea. Al final fueron arrojadas al mar entre 123 y 133 personas esclavizadas. Otras diez se suicidaron a lo largo de los días siguientes para no sufrir la misma suerte.
El Zorg llegó finalmente a Jamaica, a la bahía de Black River, el 22 de diciembre de 1781 con una tasa de mortalidad a bordo de más del 50%. Un diario de Jamaica, el Cornwall Chronicle, publicó el siguiente aviso: «El Zorg, al mando del capitán Collingwood, llegó recientemente desde África a Black River, en una situación extremadamente desesperada. Después de una travesía de unos cuatro meses, se vio arrastrado por una fuerte corriente a sotavento de la isla. Al haberse agotado prácticamente el agua, sus hombres se vieron obligados a la lamentable necesidad de arrojar por la borda a más de 130 personas, la única manera probable de preservar la vida de la tripulación y del resto de la carga».
El 28 de diciembre los agentes de William Gregson, Coppels & Aguilar anunciaron una venta: «SE VENDE, por parte de Coppels & Aguilar, en Black River, el miércoles 9 de enero, a bordo del barco ZORGUE, capitán Luke Collingwood, proveniente de la costa del Oro, ÁFRICA, 200 jóvenes NEGROS escogidos, coromantíes, fantis y ashantis». ¿Su precio? Unas 36 libras por persona (9.300 euros actuales). Collingwood no se beneficiará de este modesto éxito comercial: murió poco después en Jamaica. El Zorg, por su parte, fue rebautizado como el Richard, en homenaje al capitán Richard Hanley que se lo había quitado a los holandeses y murió a bordo del William. El Richard llegó sin problemas a Liverpool el 30 de julio de 1782. Su historia, sin embargo, no acabó ahí.
Una demanda de indemnización por una «calamidad inevitable»
William Gregson, que era un experimentado hombre de negocios, no había dejado de asegurar su nuevo barco, el Zorg, después de que Richard Hanley le anunciara su captura. El asegurador que estaba al frente del grupo de inversores se llamaba Thomas Gilbert. El barco estaba asegurado por un importe de 2.500 libras (640.000 euros) y las personas esclavizadas, por 30 libras cada una. «Los seguros tal y como los conocemos hoy en día (desde la cobertura de automóviles hasta la indemnización por catástrofes naturales) se basan en gran parte en principios elaborados en la época de la trata negrera por compañías como Lloyd’s», precisa Kara. Sin ellos, los comerciantes de personas esclavizadas nunca habrían podido reunir las fortunas necesarias para financiar las expediciones negreras.
Aunque las pólizas de seguro excluían de sus cláusulas a las personas esclavizadas que morían por causas naturales o se suicidaban, en general preveían una indemnización para aquellos que eran ejecutados en caso de insurrección, con un límite del 3 % al 5 %. Pero no se contemplaba el caso de las personas esclavizadas arrojadas al mar en ausencia de insurrección… William Gregson aprovechó ese vacío: el 1 de enero de 1783 solicitó al grupo Gilbert que se le pagaran 30 libras por cada esclavo fallecido durante el viaje del Zorg. La aseguradora se negó a pagar. El caso se llevó al tribunal del Banco del Rey (2). Se fijó un juicio para el 6 de marzo de 1783 presidido por el lord juez, el conde de Mansfield.
El caso Gregson contra Gilbert se juzgó en Londres, en la gran sala del Guildhall (3). El único testigo que declaró fue Robert Stubbs; no se disponía de ningún diario de a bordo. La matanza se presentó como una «calamidad inevitable», un simple «accidente marítimo». «Las personas muertas no son vidas perdidas en ese relato, sino pérdidas sufridas por los demandantes; la tragedia se reduce a una cuestión de daños económicos», subraya Siddarth Kara. El tribunal emitió rápidamente su veredicto, favorable a Gregson. Aunque las aseguradoras estaban furiosas, iban a tener que pagar.
Los abolicionistas se apoderan del caso
Será una carta anónima la que acuda en su ayuda: una carta publicada el 18 de marzo en el Morning Chronicle por alguien que había asistido al juicio (de creer la investigación Siddarth Kara, se trataba sin duda del sacerdote anglicano abolicionista James Ramsay, 1733-1789) insistía enérgicamente en el horror de los actos que se habían cometido a bordo del Zorg, pero también en la absoluta falta de humanidad de la esclavitud. In cauda venenum (4), la carta acaba con estas palabras: «Es de destacar que nuestro parlamento encuentre en cada sesión tiempo para examinar y reglamentar la manera de matar una perdiz para que no se cometa ningún abuso y el animal sea abatido con dignidad, pero que nunca haya considerado necesario preguntarse por la manera en que cada año más de 50.000 desventuradas personas, que nunca han causado el menor daño, son arrancadas de su patria por los peores monstruos que pueda producir este país».
Unas cuantas palabras en un periódico que llegaron en un momento en que las pocas personas que se oponían a la trata buscaban una manera de denunciar su falta de humanidad. Gustavus Vassa descubrió la carta anónima el 18 de marzo. Este hombre originario del antiguo reino de Benin, que había sido esclavo él mismo y había nacido como Olaudah Equiano (publicó su autobiografía en 1789) se sintió aterrorizado, a pesar de conocer perfectamente los horrores de la trata. Se precipitó entonces a casa del «único hombre de Inglaterra capaz de hacer algo», según Kara. Este hombre es Granville Sharp (1735-1813), jurista, abolicionista desde un principio y que ya se había dado a conocer al defender la idea de que un esclavo que escapara de sus amos en suelo británico podía ser proclamado libre. Para Sharp, que había escrito varias obras destinadas a demostrar la ilegalidad del la esclavitud, la historia del Zorg suponía una ocasión para hacer valer sus ideas. Como los armadores no habían presentado los diarios de a bordo ni los registros del barco, convenció a las aseguradoras de que presentaran al tribunal del Banco del Rey una solicitud de celebrar un nuevo juicio. La vista de dicha solicitud se fijó para el 21 de mayo de 1783.
«Los tres magistrados evalúan la gravedad del caso: es la primera vez que un armador pide ser indemnizado por la muerte de africanos no insurgentes. Su decisión tendrá graves consecuencias para la economía negrera de Gran Bretaña, que en aquel momento está en su apogeo», escribe Siddarth Kara. El conde Mansfield resumió en su introducción el caso y los hechos que había contado Robert Stubbs. Una frase pasará a la historia: «La cuestión que se planteó al jurado era la de la necesidad: no cabía duda alguna (aunque fuera chocante) de que el caso de las personas esclavizadas era el mismo que si se hubieran arrojado caballos al mar». ¿Eran comparables a animales las personas esclavizadas negras, embarcadas a la fuerza? ¿Eran meras mercancías? Los abogados abolicionistas atacaron: «¡La vida de un ser humano vale lo mismo que la de otro, con independencia de su complexión y de su color! ¿Está dispuesto este tribunal a decir que en esas circunstancias estos señores tenían derecho a arrojar al océano a 130 personas vivas?».
La humanidad en segundo plano
Siddarth Kara relata con una precisión muy cinematográfica todas las discusiones. John Lee, abogado principal de Gregson: «Su señoría lo sabe, en nuestras provincias de las Antillas las personas esclavizadas son bienes inmuebles, transmisibles por herencia. Resulta sorprendente que hasta ahora toda la argumentación ha consistido en rebatir lo que da por sentado la póliza de seguros: que son bienes». Sin embargo, los debates no se cerraron con la cuestión de la humanidad de las personas esclavizadas, sino con un detalle que a priori era anodino. Robert Stubbs cuenta incidentalmente en su nueva declaración que la noche del 30 de noviembre de 1781 se empezaron a acumular nubes sobre el Zorg y que el 1 de diciembre se llenaron 6 toneles con agua de lluvia. Este maná caído del cielo no impidió a los marineros tirar a otras 26 personas esclavizadas por la borda, a pesar de que disponían de suficiente agua para aguantar unos veinte días con media ración.
La «necesidad» que habían mencionado los abogados de William Gregson no se sostenía. Peor aún, el hecho de que hubieran seguido sacrificando a las personas esclavizadas dejaba imaginar un propósito aún más oscuro: ¿y si los dueños del barco, al saber que estaba asegurado, hubieran decidido sacrificar a las y los esclavos más débiles, a aquellos de los que no podrían obtener con su venta un precio superior al que garantizaba la póliza de seguro? El orden en el que habían sido arrojados al mar las personas esclavizadas, primero las mujeres y los niños, después los hombres más débiles, y ello para preservar a los hombres más fuertes, permitía imaginar que a bordo se hubiera podido pensar en defraudar al seguro.
El 22 de mayo de 1783 los jueces aceptaron la petición de las aseguradoras. Se podía celebrar un nuevo juicio. Al darse cuanta de que la situación cambiaba, William Gregson renunció a cualquier acción judicial y reanudó su macabro comercio como si nada hubiera pasado. «El George, como se llama ahora el Zorg, efectuará entre 1783 y 1794 ocho nuevos viajes triangulares (5) a beneficio de la familia, viajes con los que introdujo a 2.933 africanos en las plantaciones del Caribe. Gracias a los beneficios de su comercio de personas esclavizadas, Gregson entrará en las finanzas al fundar el banco William Gregson, Sons & Co., que después será comprado por el Liverpool Royal Bank, el cual acabará absorbido en el gigante mundial Barclays», explica Kara.
Una lucha repleta de dificultades y jalonada de fracasos
Después del juicio, que Granville Sharp consignó cuidadosamente, no ahorrará ningún esfuerzo para dar a conocer el caso el Almirantazgo, al primer ministro, a los dignatarios de la Iglesia… Mientras que los primeros no se dignaron responder, el pastor Peter Peckard inició una larga correspondencia con Sharp. Peckard fue nombrado vicerrector de la Universidad de Cambridge en 1784, «un cargo que le da derecho a redactar el tema del prestigioso concurso anual de disertación en latín». En 1785 planteó esta provocadora pregunta: ¿Es legítimo reducir al prójimo a la esclavitud en contra de su voluntad?
El joven Thomas Clarkson (1760-1846) ganó el concurso con su Ensayo sobre la esclavitud y el comercio de la especie humana, en particular de los africanos. Clarkson tomará poco después la decisión de dedicar su vida a luchar contra la esclavitud.
El 22 de mayo de1787, cuando tuvo lugar la primera reunión de los 12 miembros fundadores de la Sociedad para la Abolición de la Trata de Esclavos, en la que se nombró presidente a Granville Sharp, una de sus primeras decisiones fue la de difundir profusamente el ensayo de Clarkson. Fue el comienzo de la lucha de los abolicionistas, una lucha que será larga, repleta de dificultadas y jalonada de fracasos. En 1791 se rechazará un primer proyecto de ley de abolición de la trata. Otro proyecto, presentado un año después por William Wilberforce (1759-1833), logró la prohibición gradual de la trata, que se fija para el año 1796, aunque en realidad no se obtuvo hasta marzo de 1807 gracias a la abnegación de Sharp, de Clarkson, de Wilberforce y del conjunto del movimiento abolicionista. La esclavitud, por su parte, acabará en 1838, cinco años después de la Slavery Abolition Act [Ley de abolición de la esclavitud] de 1833.
Aceptar, pedir perdón y reparar
«El juicio del Zorg fue el primero que se celebró en un tribunal británico para debatir la cuestión de saber si las y los esclavos africanos eran personas o bienes, seres humanos o animales», sostiene Kara. «Después de la audiencia de Westminster Hall en 1783, que gracias a Granville Sharp se transcribió íntegramente, se reveló por fin a la opinión pública la naturaleza inmoral y absolutamente desastrosa de la trata negrera. El debate de civilización iba a continuar durante las décadas siguientes y a llevar a la abolición de la trata atlántica».
Volver hoy en día sobre esta tragedia no es trivial para un escritor que dedica la mayor parte de sus investigaciones a la esclavitud contemporánea. «No creo que la mayoría de las naciones implicadas en la trata negrera hayan valorado o aceptado plenamente la magnitud del daño que infligieron a los pueblos de África durante más de 350 años», afirma. Sus palabras cobran relevancia en el momento en que una resolución de la ONU, que se aprobó a finales de marzo [de 2026] por 123 votos a favor, 3 en contra (Estados Unidos, Israel y Argentina) y 52 abstenciones (entre ellas la de Reino Unido y los Estados miembros de la Unión Europea, incluida Francia), declara que «la trata de las personas africanas reducidas a la esclavitud y la esclavitud racializada de estas personas es uno de los crímenes más graves contra la humanidad» y condena esta «injusticia, que es la más inhumana y persistente cometida contra la humanidad».
El texto pide a los Estados que emprendan un proceso de justicia para repara los daños del pasado, sobre todo que formulen excusas formales, paguen compensaciones a los descendientes de las víctimas, establezcan políticas de lucha contra el racismo, y restituyan los bienes culturales y espirituales saqueados. «Muy pocos estudiantes son conscientes de la verdadera falta de humanidad de la trata negrera. Mientras no conozcamos toda la verdad sobre lo que ocurrió, es imposible aceptarlo y mucho menos plantearse la cuestión de las reparaciones», concluye el autor.
Nicolas Michel es novelista y periodista. Ha colaborado con Arts Magazine, Jeune Afrique, Long Cours. En 1999 obtuvo el Premio Goncourt a la primera novela con Un Revenant (Gallimard) y en 2023 publicó Oxcean (Éditions Talents haut)
Notas de la traductora:
(1) El autor utiliza la expresión «Passage du milieu», tomada a su vez de la historiografía anglosajona («Middle passage») que designa la travesía del océano Atlántico que padecieron las personas esclavizadas africanas enviadas a América para ser explotados en las colonias.
(2) En inglés King’s Bench o Queen’s Bench. Es el nombre que recibían varios tribunales en los dominios de la Commonwealth y que eran tribunales superiores encargados de litigios importantes. En su origen en el siglo XIII el tribunal estaba presidido por el rey o la reina en persona, y de ahí su nombre.
(3) Edificio de la City de Londres que fue escenario de importantes juicios durante varios siglos.
(4) Expresión latina que toma como imagen la figura del escorpión y significa «El veneno está en la cola», en referencia a una sorpresa no deseada que surge en el último momento.
(5) Se refiere a los viajes entre América, Europa y África siguiendo las rutas comerciales en el océano Atlántico entre estos tres continentes.
Texto original: https://afriquexxi.info/Esclavage-Les-femmes-et-les-enfants-d-abord
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


