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Actualizar la ofensiva socialista

Fuentes: Rebelión

Con su ensayo «Actualidad de la ofensiva socialista», István Mészáros (1930-2017) insistió en considerar la profundidad de la crisis del capitalismo a partir de su epicentro, planteando acabar con el autoengaño, ya que “el poder extraparlamentario del capital solo puede ser enfrentado por la fuerza y el modo de acción extraparlamentarios del trabajo”.

A inicios de 1990 Mészáros hizo un necesario balance del proceso que condujo al destino que tendrían los llamados países socialistas del Este. El fracaso de las sociedades poscapitalistas residió en que “impusieron un control político centralizado a expensas del trabajo (…)”. No hay, de parte del autor, el menor resquicio de aquel desencanto propio de quienes sobrevaloraron las perspectivas de emancipación política y económica en las sociedades capitalistas, concluyendo fatalmente con el desarmamiento ideológico de los trabajadores. Por el contrario, indica una salida distinta de las experiencias abocadas al fracaso: “La alternativa al modo de control del metabolismo social del capital solo es factible mediante la articulación de una democracia sustantiva”. Para quien fue profesor emérito de la Universidad de Sussex y miembro de la Academia húngara de Ciencias, “el modo alternativo -socialista- de control de la reproducción resulta inimaginable sin superar la disociación y la alienación existentes. Porque la condición necesaria para cumplir las funciones directas de reproducción material en un sistema socialista es la restitución del poder de toma de decisiones -en todas las esferas de actividad y en todos los niveles de coordinación, desde las empresas productivas locales hasta los intercambios internacionales más amplios- a los productores asociados“.

De manera perspicaz Mészáros puso énfasis en las causas del declive del movimiento obrero europeo y su relación con los partidos llamados a representarlos, adoptando la tesis de que la tendencia de estos a la vía parlamentaria ha servido para debilitar al primero. Recuerda la vigencia de la reflexión de Rosa Luxemburgo, cuando denunciaba que el parlamentarismo se convierte en “un trampolín para quienes quieren hacer una carrera política“, y concluye aseverando que “el poder extraparlamentario del capital solo puede ser enfrentado por la fuerza y el modo de acción extraparlamentarios del trabajo». A lo que Mészáros apunta no es a la renuncia de la vía parlamentaria en sí, sino al desplazamiento del eje que la sitúa como el centro de gravedad exclusivo hacia el que convergen las organizaciones que pretenden encarnar una alternativa al capitalismo. “Los dos pilares de la acción de la clase obrera en Occidente -los partidos y los sindicatos- están en realidad inseparablemente unidos a un tercer miembro del entorno institucional general, el parlamento, con el cual se cierra el círculo sociedad civil/estado político, que se convierte en el paralizador ‘círculo mágico’ del cual parece imposible escapar“ – de ahí que señale la pertinencia de una ofensiva socialista.

La aparente imposibilidad de hacer tabula rasa con un sistema que ha dado incontables pruebas de su tendencia sacrificial, no reposa sino en la alienación de los trabajadores y el callejón sin salida que representa una democracia despojada de horizontes colectivos. “En la actualidad las tan necesarias formas de acción conjunta no pueden concebirse sin la articulación estratégica consciente de un pluralismo socialista que reconozca no solo las diferencias existentes, sino también la necesidad de una adecuada ‘división del trabajo’ en el marco general de una ofensiva socialista“. Cuando la mayor parte de la Humanidad es martirizada, la dominación debe ser combatida con firmeza, llevando a cabo un riguroso balance de lo viejo y una renovada toma de iniciativas. Porque “una conciencia socialista de masas “solo puede ser el resultado de una “acción conjunta auto desarrollada“, que nazca de los “miembros verdaderamente autónomos y coordinados (y no jerárquicamente dirigidos y manipulados) de un movimiento intrínsecamente pluralista“. Si la experiencia de los trabajadores en cada uno de sus ámbitos se pusiera al servicio de la sociedad, sin menoscabo hacia su reflejo vital entendido como una creación única, muchos derechos sociales podrían garantizarse sin paternalismos ni postergación.

Partiendo del análisis de Mészáros sobre la evolución política y social de Inglaterra desde la década de 1990, comprendemos mejor acontecimientos como el Brexit, la reciente expulsión de Jeremy Corbyn del Labour Party, el acuerdo salvado in extremis entre la UE y Londres, el desmantelamiento de la National Health Service (NHA) y las nefastas consecuencias de la epidemia agravadas por la “gestión sanitaria” de Boris Johnson. “En condiciones socioeconómicas cada vez más inestables, se necesitan ‘garantías políticas’ mucho más fuertes que el estado capitalista actual no puede brindar. De ahí que la ignominiosa muerte del ‘estado del bienestar’ no sea sino la admisión abierta de lo que consiste nada menos que en la crisis estructural de todas las instituciones políticas (…)“ En efecto, Mészáros alertó tempranamente sobre el paso del “modo natural del capital“ basado en cíclicas “crisis de diversa intensidad y duración“, a la actual crisis que es “estructural y omniabarcadora”: “la crisis estructural del capital se revela como una verdadera crisis de la dominación en general (…) El actual sistema de dominación está en crisis porque su razón de ser y su justificación históricas han desaparecido, y no hay manipulación ni represión desembozada que puedan reinventarlas”.

En “Actualidad de la ofensiva socialista” Mészáros deja claro que el pluralismo del capital es una farsa que consiste en “una sistemática pérdida de los derechos políticos del trabajo en su confrontación con el capital, bajo la forma que más se ajuste a las circunstancias locales“, citando para ello los ejemplos de Estados Unidos, Italia, Alemania o Inglaterra. De lo cual extrae la lección siguiente: “las demandas más urgentes de nuestros tiempos, que se corresponden directamente con las necesidades vitales de una gran diversidad de grupos sociales – de empleo y educación, de una salud pública y unos servicios sociales decorosos, junto a las demandas inherentes a la lucha por la liberación de la mujer y contra la discriminación racial- son, sin excepción, de tal naturaleza que, en principio, todo liberal genuino puede apoyarlas sin reservas. (…).“ De modo que no se trata de que esas reivindicaciones sean transformadas en una expresión “por separado” con el fin de cumplir una función política bajo una estrategia socialista, sino de fomentar esas demandas con “la participación del frente más amplio posible“.

Blog del autor: http://www.alexanfruns.wordpress.com

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