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Afganistán, los murmullos atronadores de la montaña

Fuentes: Rebelión

Sabemos que jamás los murmullos en Afganistán quedan solo eso y que siempre detrás de ellos, por mínimo que suenen, existe la aspiración a convertirse en rugidos, rugidos de guerra y eso es exactamente lo que desde hace semanas sucede en la remota provincia noreste de Badakhshan, en las alturas de la cordillera del Hindu Kush y fronteriza a Tayikistán a Pakistán, (Ver: Afganistán, el retorno de los viejos espectros).

Lo que en un primer momento pareció un reacomodamiento de algunos mandos rebeldes a los que se les había cortado el negocio ilícito del oro, hora a hora está tomando visos de una insubordinación. Además de grupos locales que se pueden clasificar como antitalibanes, algunos comenzaron a formarse apenas los talibanes recrearon el Emirato Islámico de Afganistán. Esto ocurrió tras la caída de Kabul en manos de los mullahs, en agosto de 2021. Jugadores de peso como India, Pakistán, Estados Unidos, China y Rusia se alinean detrás de uno y otro bando.

El domingo 26, a horas de la tarde, voceros del Frente de Libertad de Afganistán (FLA) informaron que sus hombres habían avanzado en el distrito de Zebak (Badakhshan), después de capturar dos puestos de vigilancia del talibán, tras cuatro días de combates, donde incautaron grandes cantidades de municiones, armas ligeras y pesadas, equipo militar y otros suministros de combate. El mando del talibán no se ha referido a esta información.

El Frente de Libertad de Afganistán (FLA) es una organización formada en 2022 por algunos oficiales y remanentes de la tropa del Ejército Nacional Afgano (ENA), un engendro organizado por las fuerzas de ocupación norteamericanas, que intentaron crear una fuerza local que los suplantara para que pudieran preparar su retirada y que nunca funcionó por la corrupción galopante de la oficialidad y la falta de cohesión de la tropa, ya que nunca el Pentágono parece que se dispuso a entender las serias diferencias tribales y étnicas que hacían prácticamente imposible la unidad. Junto a otro montón de razones, entre las que sobresale la infiltración del talibán entre sus filas, que en muchísimas oportunidades, además de funcionar como informantes, operaron abiertamente en su contra, entregando guarniciones, armamento y organizando atentados, lo que se conoció como ataques green-on-blue, que finalmente se terminó constituyendo en una profunda crisis de confianza en la propia estructura militar de la coalición.

Otras fuentes indican que combatientes del FLA se encontraban en cercanías del embalse de Tupkhana, desde donde disparan contra posiciones del ejército del emirato afgano. Esta es una área particularmente sensible por los importantes yacimientos de gas y petróleo que se han descubierto recientemente en la región y donde se esperaba que se profundizasen los estudios geológicos.

En los días anteriores el FLA informó que al menos 21 combatientes talibanes murieron y otros 40 habrían resultado heridos, entre los que se incluyen algunos oficiales, en el distrito de Zebak, donde los ataques se están produciendo desde mediados de la semana anterior. Los rebeldes atacaron desde diversos flancos, puestos de vigilancia, unidades y posiciones militares del talibán, obligándolos a replegarse. Los heridos debieron ser trasladados en helicópteros hasta el hospital de la ciudad de Faizabad, la capital de la provincia. Voceros del FLA informan que las fuerzas del emirato intentaron, en varias oportunidades, retomar sus posiciones, pero han sido rechazadas, por lo que se han visto obligadas a retirarse.

Mientras que el portavoz de la 219.ª División Omar-e-Salis del emirato, en Badakhshan, informó que hombres armados intentaron ingresar el jueves en la zona de Topkhana, en el distrito de Zebak, pero fueron rechazados por las fuerzas fronterizas.

El frente antitalibán

Sin duda a partir de ahora cada día van a ser más frecuentes en la presa internacional las menciones agrupo armado como el Frente de Libertad de Afganistán, (FLA) cuyo líder es cuyo líder es Yasin Zia el ex jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas afganas, también Viceministro de Defensa y Gobernador de la provincia de Tahar o el del Frente de Resistencia Nacional (FRN) de Ahmad Massoud, cuyo rasgo más prominente es ser hijo de Ahmad Shah Masud, un conocido colaboracionista estadounidense y cabecilla de lo que se conoció como la Alianza del Norte, una de las tantas facciones armadas por la CIA para combatir la presencia soviética en Afganistán (1979-1992), que tras la retirada rusa inició una guerra contra el talibán, los que terminarían por ejecutarlo, por intermedio de un shahid de al-Qaeda, dos días antes de la demolición de las torres de Nueva York, en septiembre de 2011.

El pequeño Massoud, quien se benefició de la fama de su padre durante los 20 años de ocupación norteamericana de su país, interregno en el que, además de poder estudiar nada menos que en la Real Academia Militar de Sandhurst de Londres, ocupó varios cargos en el gobierno de la ocupación.

Tras la huida de los Estados Unidos de Afganistán, el joven Massoud anunció junto al por entonces vicepresidente del país, Amrullah Saleh, la formación de un remedo de la Alianza del Norte que pasó a llamarse Frente de Resistencia Nacional (FRN), que desde entonces y hasta ahora ha tenido escasa o nula presencia en la lucha contra los mullah. Algunos lo ubican en el valle del Panjshir, en la provincia del mismo nombre, a unos dos mil metros de altura y a 150 kilómetros al noreste de Kabul, y donde su padre tuvo su cuartel general. Algunos sectores locales insisten en que las fuerzas antitalibanas no han logrado permear en la voluntad de la población y sus intentos son absolutamente inútiles, lo que la dirigencia de esos grupos niega rotundamente. Otras pequeñas unidades de resistencia han comenzado a aparecer en este último tiempo, como los Pasiban-i-Watan (Guardianes de la Patria) o el Sepahian-i-Mihan (Soldados de la Patria), que continúan operando descentralizados y lejos de base. Es verdadero que hasta ahora estas organizaciones se encuentran fragmentadas entre sí y aparentemente es cierto que están desconectadas de la población, concentradas en búsqueda desesperada de su sustento diario.

Por lo que ahora, fuera de las recientes acciones en la provincia de Badakhshan, hay que tener en cuenta la presencia de la Wilayat Daesh Khorasan, que opera desde 2015, y hasta ahora es el más activo de los grupos que se han articulado contra el gobierno del líder supremo del emirato afgano, el mullah Haibatullah Akhundzada, cuya apariencia monolítica parece que ha comenzado a flaquear (Ver: Afganistán, grietas en el emirato).

Lo que se adjudica a la imposibilidad de estructurar un funcionamiento dinámico del Estado, anquilosado en estructuras casi medievales, sujeto a la imposición de la sharia como fundamento legal, lo conecta con la imposibilidad del incremento de las inversiones externas, romper el aislamiento diplomático, revertir las sanciones internacionales, ni la desconfianza de sus vecinos, ya que carga con el sambenito de ser un santuario del terrorismo. Además de haber caído en el juego del conflicto indio-pakistaní, que incluso ha sumergido a los talibanes en una guerra con Islamabad, la que no termina de definirse, no por el equilibrio de fuerzas, sino porque Pakistán ha optado, seguramente presionado por Estados Unidos, por mantener un discreto alto el fuego. Más allá de estar soportando casi a diario los ataques del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), el grupo que golpea en las regiones fronterizas a Afganistán, de Chitral, Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán, para volver allí en busca de cobijo.

A cerca de cumplirse los cinco años de su victoria, el talibán no ha logrado vencer el estado de inestabilidad y revertir la profunda decadencia económica. Problemática que conjuga el disgusto de su población, sometida a casi cincuenta años de guerras constantes, la misma tropa talibana que no para de sacrificar efectivos y los mandos medios y altos de las estructuras del ejército y gubernamentales que quieren escapar de ese estado constante de conflicto.

Mientras parece que las autoridades políticas de Kabul, lideradas por el clan de los Haqqani, que comprende en su totalidad el marco en el que están atrapados el clero ultramontano de Kandahar, se niegan a bajar sus banderas, que hay que reconocer los condujeron a la gloria a un altísimo costo, con niveles de sacrificio vietnamita, su victoria quedará reservada para los grandes hechos de la historia. Victoria, que ya no le va a servir para acallar los murmullos atronadores de la montaña.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.