Recomiendo:
0

Satanización de Milosevic

Asesinato en La Haya

Fuentes: Rebelión

La muerte de Svobodan Milosevic en La Haya ha despertado muchas sospechas. El deceso ocurre en un momento en el cual el Tribunal que lo juzgaba se veía enfrentado a una decisión indulgente por falta de pruebas. La prensa occidental ha realizado con Milosevic una de las más monstruosas campañas de satanización que se haya […]

La muerte de Svobodan Milosevic en La Haya ha despertado muchas sospechas. El deceso ocurre en un momento en el cual el Tribunal que lo juzgaba se veía enfrentado a una decisión indulgente por falta de pruebas. La prensa occidental ha realizado con Milosevic una de las más monstruosas campañas de satanización que se haya emprendido jamás, con excepción quizás de la Revolución Cubana, que ha sido el fenómeno político social más agredido y distorsionado por los medios.

Milosevic encarnó el hegemonismo serbio que ha dominado en la región durante muchos siglos. El mariscal Tito fundó Yugoslavia con una población compuesta por tres grupos de población con raíces étnicas eslavas. Se hablaban nueve lenguas: esloveno, húngaro, croata, italiano, serbio, serbocroata, albanés, rumano y macedonio. Se practicaban tres religiones: católica, ortodoxa y musulmana. Se escribían dos alfabetos: latino y cirílico. Con una población de 24 millones de habitantes y una extensión de poco más de un cuarto de millón de kilómetros cuadrados su territorio equivalía a la octava parte de México, la mitad de Francia, similar a Noruega o Nueva Zelandia.
El Islam se implantó en Bosnia Herzegovina tras cuatro siglos de ocupación turca. El norte, católico, industrializado, compuesto de Croacia y Eslovenia, se mostraba más partidario de las potencias occidentales. Bosnia, al centro, tiene más de la mitad de su población musulmana. Macedonia, al sur, estado agrícola favorecía el socialismo. Los eslovenos, con el apoyo de Alemania, iniciaron una guerra contra los serbios para separarse de Yugoslavia, Serbia se negó a reconocer el secesionismo de los eslovenos y contraatacó. Es exactamente lo mismo que hizo Abraham Lincoln en 1861, cuando el sur confederado quiso separarse de los Estados Unidos.
La simplicidad con que los medios estadounidenses juzgaron la situación yugoslava es anonadante. Para la versión maniquea de los americanos, Milosevic fue un dictador y un criminal de guerra Pero la realidad es bien distinta: no hay culpables absolutos ni inocentes categóricos. La historia no puede dividirse en blanco y negro, los hechos están trazados con matices de gris. La propaganda occidental adorna de virtudes a croatas y kosovares, y los presentó como justicieros patriotas y vilipendió a los serbios, a quienes mostraba como agresores crueles.
También hay otra triste realidad: el genocidio cometido contra los bosnios fue infortunadamente cierto, como lo fueron las masacres de serbios. Las llamadas «limpiezas étnicas» constituyen una manera de desembarazarse de minorías raciales que existen dentro de comunidades de signo opuesto. Durante la Segunda Guerra Mundial cien mil serbios fueron expulsados de Kosovo por los albaneses y muchos miles más fueron ejecutados. Aquel mosaico de pueblos es un rompecabezas de difícil armonización.
La composición que hizo Tito de este conglomerado de razas y religiones tuvo la coyuntura favorable de la liberación tras la Segunda Guerra Mundial. La monarquía yugoslava se adhirió al nazifascismo no obstante, Hitler ocupó el país. La resistencia guerrillera tuvo dos grandes frentes: de una parte estaban las guerrillas comunistas con Tito al frente , de la otra, los católicos conservadores, dirigidos por Draja Mijailovich, quien fue fusilado por Tito al terminar la guerra. Durante la guerra los croatas emprendieron una limpieza étnica de serbios y aniquilaron a cientos de miles de ellos en el siniestro campo de concentración de Jasenovac.
El desmembramiento de Yugoslavia comenzó cuando en 1991, en la Cumbre de Maastricht, Alemania anunció que reconocía a las dos repúblicas septentrionales de Yugoslavia, Croacia y Eslovenia, como estados independientes, lo cual le otorgaba a los alemanes una zona de influencia extendida a los Balcanes. Dentro de la geopolítica germana está el viejo sueño hitleriano, mucho más discreto ahora, de recomponer un predominio teutón en una zona que comprende la República Checa–con la anuencia del felón Havel–, Austria y los Balcanes, Holanda y la Suiza alemana.
Ahora la globalización de la economía haría el trabajo que antaño emprendieran, sin éxito, las divisiones panzer. La globalización de las trasnacionales permitiría unos Balcanes tudescos. Detrás del conflicto en Serbia se halla oculto este designio pangermánico.
Es sabido que la CIA puede causar infartos sin dejar huellas, asesinar con las manos limpias sin olvidar vestigios en el terreno. Rusia se niega a aceptar el dictamen de los forenses de Holanda y envió a su propio equipo médico para comprobar las causas reales de la muerte de Milosevic. El desmembramiento de Yugoslavia ha sido estimulado por Alemania y Estados Unidos para dominar aquella región descuartizada. Divide y vencerás, ha sido la norma seguida por Occidente. Milosevic es la víctima más visible de esa pérfida maniobra.