Apostar por el retorno de algo parecido a una era de compromiso entre las clases es una ilusión y un error de diagnóstico. Cualquier proyecto político de izquierda comprometido con el socialismo y la democracia debe apostar por una estrategia de ruptura con el capitalismo. El lema de las ocho horas —ocho, ocho y ocho— sigue siendo relevante hoy en día. No era una simple demanda reformista; era una reivindicación revolucionaria sobre el propósito de la vida humana. Y quiero argumentar que todo el proyecto socialista es, al final, una lucha sobre esa cuestión.