Si hace veinte años alguien hubiera dicho que el Banco Mundial publicaría un informe en el que se elogiara la política industrial, se expresara en voz alta la preocupación por la destrucción de puestos de trabajo a causa de la inteligencia artificial y se reconociera que el fuerte crecimiento no ha logrado un desarrollo equilibrado, esa afirmación habría sido recibida con incredulidad.