La existencia de “fichas” de 597 funcionarios públicos, tanto en actividad como jubilados, definidos como “antifascistas”, confirmaría la persecución política e ideológica de los adversarios.
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Repudio de referentes de DD.HH y de la oposición brasileña al esquema de inteligencia paralelo. El ex ministro de Educación de Lula, Tarso Genro, comparó a la política de fichar adversarios con la que llevaba adelante la Gestapo. Jair Krischke del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos cuestionó al Congreso por su inacción contra el macartismo del gobierno.
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Texto fue firmado, entre otros, por el arzobispo emérito de São Paulo, Claudio Hummes, el obispo emérito de Blumenau, Angélico Sandalo Bernardino, el obispo de São Gabriel da Cachoeira (Amazonas), Edson Taschetto Damian, el arzobispo de Belém (Pará), Alberto Taveira Correa, el obispo prelado emérito de Xingu (Pará), Erwin Krautler, por el obispo auxiliar de Belo Horizonte (Minas Gerais), Joaquim Giovani Mol, y por el arzobispo de Manaus (Amazonas) y ex-secretario-general de la CNBB Leonardi Ulrich.
La proscripción de Lula sigue siendo un tema tabú para el grupo Globo, de hecho, para la clase dominante.
El proyecto político de Bolsonaro es un autogolpe para la instalación de un régimen bonapartista.
Después de la dictadura, los militares brasileños quedaron aislados en la transición a la democracia. En ese momento, la dictadura fue rechazada, por lo que todas las acciones militares fueron rechazadas, consideradas negativas. Era como si Brasil se reencontrara con la democracia, abandonada por los militares con el golpe de 1964 y la dictadura militar de 21 años.
A lo largo de los últimos quince días el país gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro viene sumando más de mil nuevas víctimas fatales del coronavirus cada 24 horas. Son más de dos millones de infectados y casi ochenta mil muertos. Brasil se tomó cuatro meses para llegar al primer millón de infectados. Y escasos 27 días para alcanzar el doble.
Cónsono con las políticas de Washington, las Fuerzas Armadas de Brasil consideran que Sudamérica dejó de ser una región libre de posibles conflictos bélicos y se preparan para intervenir en la “solución” de problemas regionales, así como en la defensa de los intereses brasileños en la selva amazónica y el litoral atlántico.