Casi como en una película, desde un foro decidieron pelear contra Wall Street usando sus propias armas, y multiplicaron por veinte el valor de las acciones de GameStop, una empresa con poco futuro. La historia puede hacer tropezar a un par de gigantes pero es, sobre todo, otro síntoma del descontento social hacia una élite que no solo le soltó la mano a cualquier forma de solidaridad social, sino que se desinteresa totalmente por la economía real.