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Cómo EE.UU. engañó y contribuyó en secreto para que Pakistán creara su arsenal nuclear

Fuentes: Democracy Now!

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Adrian Levy examina como cinco gobiernos consecutivos de EE.UU., desde Jimmy Carter a George W. Bush fueron cómplices en la creación y la protección del arsenal nuclear de Pakistán. Levy, corresponsal permanente sénior del periódico Guardian de Gran Bretaña, es coautor del nuevo libro «Deception: Pakistan, the United States, and the Secret Trade in Nuclear Weapons.» [Engaño: Pakistán, EE.UU. y el comercio secreto en armas nucleares]

TRANSCRIPCIÓN NO EDITADA

AMY GOODMAN: En Pakistán, hasta 100 personas han muerto durante choques entre musulmanes suníes y chiíes en la región fronteriza del noroeste con Afganistán. Mientras el presidente paquistaní, general Pervez Musharraf, sigue defendiendo su imposición de la ley marcial como una defensa necesaria contra militantes islámicos de la misma región, se informa que responsables militares de EE.UU. consideran una proposición confidencial de armar tribus de esa área contra al Qaeda. Analistas sugieren que EE.UU. se inquieta por la creciente amenaza de inestabilidad de un Pakistán con armas nucleares y está preocupado por la seguridad de las armas nucleares del país. El New York Times reveló el domingo que EE.UU. ha estado utilizando un programa de 100 millones de dólares para ayudar secretamente a Pakistán a proteger su arsenal nuclear.

Adrian Levy habla con nosotros desde Londres. Bienvenido a Democracy Now!

Hablemos de la más reciente revelación del New York Times sobre los cientos de millones de dólares que se dedican al problema de las armas nucleares, según dicen para protegerlas.

ADRIAN LEVY: Bueno, pienso que esto en sí es bastante difícil de precisar ya que los paquistaníes han insistido en mantener una gran opacidad sobre su programa nuclear. Y el acceso que permiten es absolutamente mínimo, porque temen ese acceso pueda concentrarse en algún momento en información para EE.UU. o los israelíes. Y por lo tanto realmente no tengo demasiada – realmente no apostaría demasiado a esta información – sabe, la gran relación entre los militares de Pakistán y el Pentágono. Yo sugeriría, por ejemplo, que hay muchas cosas que son ocultadas.

AMY GOODMAN: Hablemos de Pakistán como fuente de armas nucleares, no sólo para Pakistán, sino para lo que el presidente Bush ha calificado de países que forman parte del eje del mal. Dénos una historia de la industria de armas nucleares en Pakistán y como se relaciona con el resto del mundo.

ADRIAN LEVY: Supongo, que el punto de comienzo obvio es esencialmente la Némesis a largo plazo de Pakistán, India, y cuando India detonó una bomba en 1974, algo que hizo como respuesta a amenazas desde China, Pakistán redobló todos sus esfuerzos para obtener un programa de armas nucleares. Y se combinó toda una serie de cosas. Tenían un programa de plutonio muy destartalado, que en realidad no iba a ninguna parte y era tremendamente costoso y había sido obstaculizado por oposición de EE.UU., el Reino Unido y otras potencias. En 1974, 1975, apareció un hombre que llegaría a ser identificado como padre del programa de la bomba de Pakistán, un empresario, metalurgo y lingüista, llamado A.Q. Khan, que estuvo en el sitio apropiado en el momento apropiado y trabajaba como traductor técnico en Holanda, llegó a poseer muy simplemente, gracias a una seguridad horrenda, algunos diseños críticos sobre un método revolucionario para utilizar uranio para armar un artefacto nuclear. Se los llevó a Pakistán y el padre de Benazir Bhutto, Zulfiqah ali Bhutto los implanta y así comenzó la lucha por obtener armas nucleares. Hasta 1979, todo el mundo – el mundo occidental – estaba en contra del programa de Pakistán e hizo todo lo posible por inhabilitar ese programa, temiendo la inestabilidad de Pakistán; temiendo una carrera de armas nucleares entre Pakistán e India. De hecho, en un momento, la CIA y el Pentágono evaluaron la idea de enviar un equipo para destruir el programa en una operación clandestina que fue discutida en una reunión con el general Brent Scowcroft. Pero, en 1979, las cosas cambiaron y realmente, eso alteró completamente la actitud de Occidente hacia el programa paquistaní. En 1979, por cierto, los soviéticos invadieron Afganistán y antes de eso, el aliado de EE.UU., la huída del shah de Irán posibilitó el regreso del ayatolá Jomeini y la CIA perdió sus estaciones de escucha, perdió un gran aliado, y Brzyzenski, el Consejero de Seguridad Nacional, sugirió a Carter que EE.UU. reconsiderara por primera vez la regla de oro de la no-proliferación y la tire por la borda para iniciar una nueva relación con Pakistán que se esforzaba por conseguir armas nucleares. Por lo tanto, con la sugerencia de Brzyzenski se comenzó a hacer la vista gorda, por así decir. Pero Carter perdió ímpetu. Recién la llegada de Reagan en 1981 condujo efectivamente a que se implementara esta política. Y entonces vivimos diez años de lo que la gente del Departamento de Estado describe como la permisividad de EE.UU., pero pienso que el resto de nosotros lo describiría como colaboración, encubierta, entre el gobierno de Reagan y los militares de Pakistán, para cementar una relación de seguridad, posibilitando su programa nuclear y realmente – supongo que podemos entrar en algunos detalles al respecto algo más adelante – pero durante esos diez años, se facilitó todo el programa. En 1982 pudieron probar a frío una bomba, lo que significa que la simularon en ordenador. En 1983 repitieron ese proceso. En 1984, los chinos tomaron esa bomba y la ensayaron en caliente, en realidad la hicieron en un terreno de ensayos [inaudible]. En 1987, esa bomba, la bomba paquistaní, había sido fijada bajo un jet F-16 suministrado por EE.UU. y estuvo lista para ser desplegada. Se trataba de un jet vendido con la condición previa de que nunca sería utilizado por Pakistán para su programa nuclear. Y algo que hay que recordar es que todos esos años, durante toda esa cronología que he mencionado, el presidente Reagan le dijo al pueblo estadounidense y al Congreso que Pakistán no poseía la bomba, que Pakistán no podía desplegar una bomba y que no buscaba una bomba. Y así se creó el terreno para el programa de armas de Pakistán. Pero incluso llega a ser más abierto que eso, hubo una verdadera ayuda directa encubierta de EE.UU. a ese programa, suministrada por el Pentágono y la discontinuación de las operaciones de la CIA para inhabilitar el programa de armas por parte de personas oficialmente designadas por Reagan que trabajaron en colaboración con los paquistaníes. Los resultados en los años noventa fueron que Pakistán proliferó porque la ayuda de EE.UU. fue eliminada y EE.UU. volvió la espalda a Pakistán. Y los paquistaníes ordeñaron su programa nuclear para obtener dinero en efectivo, vendiendo a Irán, Iraq, Corea del Norte, Libia, los poderes del Eje del Mal. También sabemos que existe inteligencia que muestra que iniciaron negociaciones serias con Arabia Saudí, Siria, y desde luego también existen contactos tentativos con elementos de al Qaeda.

AMY GOODMAN: Al volver de la pausa, Adrian Levy, quiero hablar de lo que sucedió en 2003, cuando se dijo que toda la culpa por la proliferación a países como Libia y Corea del Norte e Irán y otros la tenía un hombre: A.Q. Khan, y de cómo en 2003 se desarrolla ahora la historia.

ADRIAN LEVY: Bueno, ha sucedido algo notable. Sólo para volver a un poco antes de esa fecha; desde luego, después de 2001, se hizo obvio para todos que sólo había un gobierno militar que reprimía los derechos humanos, conectado presuntamente con el 11-S, con el terrorismo patrocinado por el Estado, con conexiones radicales con al Qaeda, que proliferaba armas de destrucción masiva y que por cierto no se trataba de Iraq, sino de Pakistán. Y el problema que enfrentaba el gobierno de Bush era que su política posterior al 11-S era en gran medida, trabajar con Pakistán como aliado esencial en la guerra contra el terror para permitir que se impusiera la narrativa sobre Iraq y las armas de destrucción masiva en Iraq. Así que en 2003, cuando comenzaron a filtrarse migajas de noticias, noticias de que EE.UU. sabía desde hace años de la proliferación nuclear de Pakistán; una filtración de información que ocurre de manera bastante accidental a través de un grupo disidente iraní bastante desconocido llamado MEK [Muyahidín del Pueblo Iraní] que realizó una conferencia de prensa en Washington, en la que revela que los iraníes han estado desarrollando un programa nuclear, programa de uranio, que está siendo construido en gran parte debido a la largueza de los militares de Pakistán. Entonces Washington se vio forzado a reaccionar ante esta situación. El gobierno de Bush inició una serie de febriles conversaciones con Pervez Musharraf, presidente de Pakistán y estructuró un acuerdo. El acuerdo incluía en gran parte que se indemnizaría a los militares de Pakistán, el aliado Nº 1 en la guerra contra el terror y que, en lugar de mostrar esos actos groseros de proliferación nuclear, – quiero decir los actos más serios de proliferación durante nuestras vidas – en lugar de mostrarlos como la política exterior de los militares paquistaníes, reconfigurarlos como el crimen de un científico canalla y una banda de compañeros y colegas que colaboran con él. Este acuerdo tiene un quid pro quo: A. Q. Khan será sacrificado junto con los científicos, y a cambio, Pervez Musharraf suministrará a EE.UU. inteligencia sobre los aprovisionamientos y la proliferación en función; terminará la proliferación, hay que agregar; será un socio honesto y fiel en la seguridad en la guerra contra el terror, transferirá inteligencia, ayudará con operaciones militares en las áreas fronterizas – en Waziristán, en el Sur de Waziristán, en la provincia de la frontera noroeste. Ayudará a tomar enérgicas medidas contra los talibanes y al Qaeda. Son los términos del acuerdo. De modo que 2003 se funde en 2004, y tenemos a A.Q. Khan en enero de 2004, o febrero, creo que el 4, apareciendo en la televisión de Pakistán en vivo – un gran mea culpa, tomando la responsabilidad personal por esos actos de proliferación y pidiendo disculpas a su pueblo, hablando en inglés. Un discurso muy orientado hacia Occidente y EE.UU. El día siguiente, es perdonado por Musharraf, el presidente, y el día después de eso, Bush hablando desde la Universidad de la Defensa Nacional en Washington, felicita a Musharraf por haber eliminado efectivamente la proliferación nuclear. Una serie extraordinaria de eventos que llevaron a un acuerdo que oculta esencialmente la naturaleza de la proliferación paquistaní.

AMY GOODMAN: ¿Qué evidencia tiene de que George w. Bush, que su gobierno, los militares de Pakistán, fraguaron este encubrimiento?

ADRIAN LEVY: Bueno, sabemos ante todo de 2001, de toda la gente que ayudó a reunir la información, gobiernos extranjeros y también de la CIA y del Departamento de Estado. Se había reunido un masivo expediente de evidencia, que vinculaba de modo muy preciso a Pakistán y a los militares a esos actos de proliferación. La propia CIA había infiltrado elementos en la red de Khan al hacer virar a un proveedor europeo: Un suizo que había estado pasando información sobre la naturaleza de esos tratos y cómo habían sido realizados. Y desde luego hay que recordar que en 2003, se podrá recordar que los libios habían renunciado a su programa de armas de destrucción masiva, cuando el hijo de Khadafi fue a Londres y discutió algún acuerdo para salvar a su padre, para impedir un ataque en su contra, que es lo que temían. El viraje de ese programa así como la información obtenida por la IAEA en Viena sobre el programa iraní muestra la manera como se habían logrado esos acuerdos. Ahora también logramos hablar con numerosos comerciantes europeos y los científicos paquistaníes que estuvieron involucrados en esos acuerdos. Incluso si se sigue brevemente el flujo del dinero, éste provino de cuentas bancarias oficiales del gobierno controladas efectivamente por los militares. Eran acuerdos entre países. Los transportes utilizados fueron transportes militares. Algunos de ellos fueron efectivamente hechos por Pakistan International Airways, otros realizados por transportes militares y algunos fueron efectuados por Shaneen Airways, que es una compañía de transportes de propiedad de los militares. La propia CIA había rastreado los movimientos de ciertas materias primas, por ejemplo, a Corea del Norte. Y al seguir esos movimientos, las operaciones fueron vastas y a menudo involucraron logística militar. Pero algo final que creo que hay que considerar en la naturaleza de Pakistán y la configuración de esos acuerdos, es el proyecto Khan, los laboratorios nucleares en las afueras de Islamabad, en un sitio llamado Kahuta, fueron controlados por unas 20 filas de seguridad. Están los laboratorios en sí, los científicos que trabajan en ellos, y alrededor, hay tantas diferentes organizaciones de inteligencia, inteligencia militar, la Inteligencia Inter-Servicios [ISI], que es la más tristemente célebre y penetrante en Pakistán. Luego hay líneas de agencias de inteligencia de civil de algo llamado el buró de inteligencia IB, y luego están las líneas militares. Todo lo que entra y sale tiene que pasar por un proceso que informa a los militares. Esto nos fue descrito por gente que dirigió la seguridad en Kahuta durante muchos años. Así que la idea de que vastas cantidades de equipamiento, el know-how, los movimientos de científicos clave podían no ser detectados en un país dominado y controlado por los militares paquistaníes es risible.

AMY GOODMAN: Adrian Levy, ¿y qué nos dice de los agentes de inteligencia despedidos por EE.UU. porque revelaban la complicidad de Washington; la purga de departamentos gubernamentales encargados de rastrear la proliferación nuclear y el paso de informaciones al gobierno de Pakistán sobre las investigaciones de su programa ilícito?

ADRIAN LEVY: Es algo absolutamente crítico. Pienso que lo que ha detectado tiene mucho que ver con la metodología antes de Iraq y durante Iraq. La politización de la inteligencia, la marginación, la ‘monstruoización’ de los responsables de la inteligencia que intentaron hacer su trabajo. En el caso de Pakistán, fue una operación feroz. Un brazo del gobierno contradecía lo que el otro estaba haciendo. Públicamente, los gobiernos decían que la no-proliferación era una regla de oro en el gobierno, y en privado estaban debilitándonos, colaborando. Hay elementos de la CIA que todavía creían que la no-proliferación es la regla dorada del gobierno y dentro del buró, considerando a Pakistán, seguían creyendo que el acuerdo era inhabilitar el programa nuclear de Pakistán. Tenemos el caso de Richard Barlow, un joven agente reclutado para el Departamento de Estado, proveniente de la agencia de control de armas y desarme. A mediados de los años ochenta, trabajó en el buró para Pakistán dentro de la CIA, recibiendo numerosas acoladas, condecoraciones y certificados. Es el preeminente investigador sobre armas de destrucción masiva y Pakistán. Y Barlow comenzó a sacar a la luz, mediante su diligente investigación, considerable evidencia en la distribución de cables, cables enviados por funcionarios del Departamento de Estado sobre su oposición a los cómplices en Pakistán. Comenzó a sacar a la luz un nivel de complicidad, algo que el Departamento de Estado llamaría «clientitis» pero que el público en general comprendería como colaboración, que parecía ser el filtraje de información sobre operaciones confidenciales. Comenzó a excavar un poco más, y descubrió operaciones de la CIA para capturar a agentes militares paquistaníes que operaban en EE.UU., realizando compras, para el programa de armas de destrucción masiva. Esas operaciones eran delatadas a última hora al gobierno de Pakistán. Una operación en particular, involucrando al Servicio de Aduanas de EE.UU. fue totalmente delatada. Efectivamente, presentó los nombres de dos personas designadas en el Departamento de Estado, ambos al nivel de Secretario de Estado Adjunto, que pasaban información al gobierno paquistaní para comprometer esas operaciones. Informó al respecto. Informó también sobre la manipulación y la politización de inteligencia que denunciaba a Pakistán como si estuviera mucho más atrasado en el desarrollo de su programa y su recompensa por hacerlo fue que le hicieron el vacío y lo obligaron a abandonar la CIA.

AMY GOODMAN: ¿Cuáles eran esos altos responsables sobre los que informó? ¿Quién lo hizo? ¿Quién dio el chivatazo a Pakistán?

ADRIAN LEVY: Hay sólo un nombre que le puedo dar oficialmente: Bob Peck, quien lamentablemente ya no está entre nosotros y era Secretario de Estado Adjunto, era uno de ellos. El segundo, se lo puedo decir, es uno de los más destacados – sigue siendo uno de los más destacados diplomáticos de EE.UU. Pero por razones legales, no se nos permite nombrarlo. Aunque existe evidencia sustancial que lo identifica, pero nuestro equipo legal nos ha pedido que no lo nombremos hoy. Ahora bien, debería agregar sólo una cosa más antes de que pasemos a la segunda fase de la ‘monstruoización’ de Barlow, el menoscabo de Barlow. Debería decir que hay otros personajes y sujetos que se repiten en todo esto y el otro es el general Inesoll, quien llegó a ser Oficial Nacional de Inteligencia para armas de destrucción masiva bajo Reagan. E Inesoll, realmente, en una sesión a puertas cerradas del Congreso, deformó y mintió abiertamente sobre información relacionada con Pakistán a fin de apoyar la relación en la seguridad. Y fue apoyado por funcionarios que estaban un poco por debajo de su persona entre los designados estatales y políticos, y por la CIA, en una acción que, según antiguos responsables estatales, hizo que numerosas personas en el Departamento de Estado se sintieran un profundo cinismo respecto a los gobiernos. Pero si reanudamos con Barlow, cuando se va al Pentágono a trabajar para Dick Cheney, entonces Secretario de Defensa. Le encargan casi de inmediato que escribiera una estimación de inteligencia para que Cheney vaya donde el presidente en 1988, 1989, sobre el estado de las cosas con Pakistán. En su informe para Cheney, le dice lo que le he dicho a usted. Toda la cronología de eventos respecto al ascenso del programa de Pakistán y la colaboración de EE.UU. en el mismo. También hace un punto específico de que Pakistán sigue haciendo adquisiciones para el programa y que ha adaptado sus cazas jet F-16 suministrados por EE.UU. como su plataforma para lanzar una bomba nuclear. Lo próximo que se sabe, literalmente como de un día para el otro, es que desaparecen las aprobaciones de seguridad de Barlow; comienza una maligna campaña de rumores en el Pentágono acusando a Barlow de ser un espía en potencia, adúltero, borracho, y su mujer Cindy, que también está en la CIA, también se le opone enérgicamente. Esto podría sonar notablemente como otro caso, el caso Plame-Wilson. Y es esencialmente, el mismo reparto de personajes, en la periferia. En el caso Barlow están involucrados una vez más Louis Scooter Libby, Stephen Hadley, Paul Wolfowitz, Dick Cheney, Eric Adelman, quien sigue en el Pentágono negociando con Pakistán. Todas estas personas giran alrededor del caso de Barlow, ayudando a difundir las calumnias. Y realmente costó años hasta que una triple investigación del Inspector General para la CIA, el Departamento de Estado y el Pentágono, dictaminó prácticamente por unanimidad que Barlow fue calumniado monstruosamente y que nunca trabajó contra su país. Y sus abogados descubrieron que su informe para Cheney había sido reescrito. Reescrito para que dijera exactamente lo contrario de lo que había escrito: que Pakistán no tenía la bomba, que no avanzaba en su programa, que no podía utilizar jets estadounidenses F-16 para desplegar su bomba. Y la razón fue que el Pentágono estaba considerando en 1989, 1990, una nueva venta de F-16 por un valor de varios miles de millones de dólares, a su cliente: Pakistán.

AMY GOODMAN: Adrian Levy, usted escribió sobre cómo el presidente Bush y el general Musharraf han estado muy unidos y quiere terminar con su revelación sobre cómo Pakistán ha estado alentando a los resurgentes del talibán y al Qaeda y continúa con su mercado negro nuclear.

ADRIAN LEVY: Ciertamente. Pienso que existe una configuración falsa que parte del Pentágono que es que si Musharraf cae, los islamistas tomarán el poder y tendrán sus dedos sobre un gatillo nuclear. Es un argumento falso presentado a fin de continuar con la condición de clientes de los militares de Pakistán con los de EE.UU. De hecho, si uno analiza el historial militar de Musharraf’ y considera sus hechos en lugar del dogma, lo que descubre es que los militares paquistaníes y Musharraf en particular, han estado manipulando la facción islamista. Quiero decir lo que los militares en su conjunto han hecho desde 1988, cuando Benazir Bhutto llegó por primera vez al poder: establecer una coalición islamista para atacarla enconadamente. Repitieron lo mismo en 1990, con el fondo para sobornos de 16 millones de dólares. Y el propio Musharraf reanimó en 1995 la guerra de Cachemira llevando a 10.000 extremistas suníes que entonces incendiaron el dividido Estado de Cachemira a fin de hacer sangrar a India. Ese elemento de islamistas unió sus fuerzas con facciones de al Qaeda, con los talibanes en 2006, 2007. Las estimaciones nacionales de inteligencia al respecto y la inteligencia publicada sobre el tema muestran tanto en el Reino Unido como en Europa que esas facciones – esas milicias suníes suministraron nuevas fuerzas a los restos de al Qaeda y a los talibanes en el área de Waziristán. La interferencia continuó. El Departamento de Estado de EE.UU. proscribió a 17 organizaciones suníes prohibidas por el presidente de Pakistán. Todas resucitaron bajo nuevos nombres después de 2005. Dijo que desradicalizaría a la sociedad, que ayudaría a controlar a escuelas religiosas que tienden a aprovecharse de pobres y empobrecidos en las áreas tribales. Aumentaron a 13.000. Quiero decir que lo que hemos visto es que Musharraf y los militares respaldan fuertemente su propia agenda. La agenda es desestabilizar Afganistán, crear allí un gobierno que sea favorable a Islamabad. Son objetivos, que en realidad son muy contrarios a los objetivos de Occidente. Sin embargo, el bombeo de miles de millones de dólares en dinero no localizable para los militares paquistaníes ha continuado desde 2001 y nos quedamos con la posición en la que Pakistán carece de democracia, la democracia es debilitada, y acabamos de aumentar la inestabilidad.

AMY GOODMAN: Adrian Levy, gracias por haber estado con nosotros.

http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/11/19/1450222