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El éxito movilizador de los indignados y los próximos retos

Fuentes: Rebelión

El 15 de octubre el movimiento que saltó a la luz pública con fuerza cuatro meses atrás en España y que se ha popularizado mundialmente con el nombre de indignados pasó a medias el reto que se había autoimpuesto de hacer converger todas las protestas que habían ido surgiendo por emulación en el resto del […]


El 15 de octubre el movimiento que saltó a la luz pública con fuerza cuatro meses atrás en España y que se ha popularizado mundialmente con el nombre de indignados pasó a medias el reto que se había autoimpuesto de hacer converger todas las protestas que habían ido surgiendo por emulación en el resto del mundo en una acción de protesta coordinada planetariamente. El reto era difícil e importante. Se trataba de reavivar el espíritu contestatario que recorrió el mundo contra la guerra de Irak, esta vez contra los ataques a las clases populares derivados de la actual crisis económica

En España, los resultados fueron satisfactorios con las masivas manifestaciones en las principales ciudades del país, también las movilizaciones fueron masivas en algunas pocas ciudades europeas como Lisboa, Berlín, Frankfurt, Bruselas o Roma. Más de 900 ciudades de 82 países se hicieron eco de la convocatoria, aunque con menor intensidad.

El hecho de que esa cantidad de países y ciudades hayan secundado a la vez la protesta es ya un éxito importante que apunta a dos razones, la creciente conciencia anticapitalista fruto de los efectos de la crisis, y la importancia de los modernos medios de comunicación, pues sin ellos hubiese sido necesaria una enorme organización mundial para coordinar este tipo de acciones.

Con este preámbulo es necesario, ahora, profundizar en las lecciones de este movimiento mundial. Las aristas para enfocarlo son múltiples y solo nos vamos a ocupar, por el momento, de dos de ellas. La primera sería la disparidad de resultados de la jornada del 15 de octubre. La segunda tiene que ver con el segundo reto que tiene planteado este movimiento, el de la eficacia de sus movilizaciones.

A falta de datos más precisos sobre la incidencia de las movilizaciones, ya hay algunos que llaman la atención y que se pueden empezar a analizar. La primera pregunta sería, ¿Por qué en España el movimiento está más extendido y consolidado que en otros países? La explicación podría encontrarse en tres causas. El elevado porcentaje de población desempleada provocada por la crisis, que alcanza la cifra del 21% y en aumento, lo que convierte a España en uno de los países con más paro de Europa. La profunda decepción provocada por el giro neoliberal del gobierno socialista que ha pasado de ser uno de los más progresistas en Europa en su primera legislatura a encabezar las medidas antipopulares según los dictados de los mercados. Y, finalmente, la pasividad de los sindicatos mayoritarios en España, que tras una huelga general convocada hace 13 meses, volvieron a una actitud de pasividad y concertación con el gobierno.

La segunda pregunta tiene relación con esta primera, ¿por qué ha sido tan escasa la participación de Grecia en la jornada del 15 de octubre? En este país se viene desarrollando una rebelión social continua contra los duros ajustes que está llevando a cabo el gobierno del PASOK bajo la presión de algunos de los grandes poderes económicos mundiales (Bruselas, el BCE y el FMI) y, sin embargo, su participación ha sido débil esta vez. Posiblemente la razón (a confirmar) sea que en Grecia esa rebelión social está impulsada por fuerzas sindicales y políticas sin cuyo concurso las movilizaciones no son amplias. Es decir, las consecuencias de la crisis golpean con más fuerza que en España y, también, existe una fuerte decepción con un gobierno socialista elegido porque iba a defender a las clases populares y que se ha convertido en la mano ejecutora de los poderes económicos internacionales. La diferencia sería, entonces, el distinto papel de los sindicatos. Su papel activo en las movilizaciones griegas hace innecesario un movimiento paralelo para impulsarlas. Esto pone sobre la mesa el problema sin resolver de la relación entre un movimiento como el de los indignados y el movimiento obrero. Quizás esta sea también la explicación para la débil movilización en Francia, donde los sindicatos encabezaron hace un año una dura lucha contra la decisión de Sarkozy de ampliar la edad de jubilación, que acabó con la derrota sindical.

Finalmente, ¿Cómo explicar la debilidad de las manifestaciones fuera de Europa, y especialmente en países menos desarrollados? Hay excepciones donde se han producido movilizaciones más fuertes, claramente explicables, como en Chile, dónde desde hace meses tiene lugar una fuerte movilización estudiantil. Pero Asia y África especialmente han quedado bastante al margen de la jornada de protesta. Muchos países de esos continentes, y otros de América Latina, están sufriendo con dureza las consecuencias del aumento del precio de los alimentos, fruto de los movimientos especulativos, y sus condiciones de vida son mucho peores que las existentes en la Europa en crisis. Posiblemente aquí la causa se encuentre en su percepción de que el movimiento de los indignados está originado en países desarrollados contra el desmantelamiento de su Estado de Bienestar, cuando ellos llevan sufriendo consecuencias más graves a las que se han sido poco sensible desde los países desarrollados. Esto pondría sobre la mesa el problema de la relación del movimiento de los indignados con los movimientos sociales del mundo no desarrollado.

Recordemos un hecho que puede pesar en este sentido. Hace unas semanas una potente movilización de indignados sacudió Israel en torno al problema de la vivienda, pero estuvo ausente la solidaridad con el pueblo palestino. No se trata de negar que no haya activistas en el movimiento de los indignados que no vengan luchando desde hace tiempo a favor de la causa palestina y del mundo no desarrollado, se trata de la percepción que puede trasmitirse a este mundo y que refuerzan acontecimientos como el citado de Israel.

Abordemos, ahora, el segundo aspecto que mencionábamos al principio, el de la eficacia, partiendo de una constatación, el hecho de conseguir una movilización de conciencias y sacarlas a la calle como ha ocurrido este 15 de octubre es ya un síntoma de su eficacia. Pero la discusión no es tanto en torno a la eficacia para movilizar como a la eficacia para obtener resultados. Un ejemplo, la eficacia movilizadora contra la guerra de Irak fue un éxito, pero la eficacia en resultados un fracaso, no pudo impedir la guerra. Otro ejemplo de eficacia movilizadora y fracaso de resultados fue la dura batalla de los sindicatos franceses de hace un año.

Las manifestaciones callejeras pueden ser una trampa si se terminan convirtiendo en un fin en sí mismas, si lo más importante termina siendo demostrar que se tiene capacidad de movilización. Y pueden ser un grave error si la estrategia en la que se enmarcan es la de cambiar el mundo sin tomar el poder, porque se convierten en formas de presión frente a un tercer actor, un gobierno, para que acceda a sus demandas. Y si el gobierno tiene el apoyo electoral de una mayoría de la población (que no sale en manifestaciones, pero le vota) la batalla la tiene ganada. Y si las movilizaciones desgastan a ese gobierno y es sustituido por otro que continua sus políticas, como en el caso de Obama o Papandreu, el capitalismo sigue imponiendo sus intereses y agenda.

El movimiento de los indignados nació una semana antes de que se celebrasen elecciones regionales y locales en España. El resultado de esas elecciones fue una victoria contundente del conservador Partido Popular. Al día siguiente de las manifestaciones exitosas en España del 15-O, El País, un periódico próximo a los socialistas españoles, publicaba una encuesta donde señalaba que el Partido Popular seguía aumentando la distancia respecto al PSOE y que su victoria en las elecciones del 20 de noviembre sería por mayoría absoluta. Si se cumpliese este pronóstico, e Izquierda Unida no fuese capaz de canalizar electoralmente el descontento existente y la decepción con el PSOE, la eficacia mostrada en las importantes movilizaciones del 15-O sería una victoria pírrica. Esta contradicción tan evidente en España puede extrapolarse a otras partes del mundo.

El movimiento de los indignados ha mostrado su capacidad para la movilización, su principal reto ahora es demostrar que puede alcanzar sus objetivos, lo que pasa, en primer lugar, por ser definidos claramente.

Nota:

Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog : http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección: http://www.scribd.com/sanchezroje

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.