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El panorama actual augura una escalada del armamento nuclear en vertical, mayores arsenales, y en horizontal, en más estados

Fuentes: Centre Delàs d'Estudis per la Pau

“El peligro asociado al uso de las armas nucleares se encuentra en su punto más álgido desde la Guerra Fría, en un contexto de tensiones políticas crecientes y de adopción de nuevas medidas para ampliar los arsenales con una capacidad destructiva cada vez mayor”.
 
Los nuevos avances en capacidades cibernéticas ofensivas, inteligencia artificial y tecnologías autónomas y su implementación generalizada aumentarían el riesgo de uso de los arsenales nucleares.

Las armas nucleares constituyen un riesgo real que, en los últimos años, se ha intensificado. En marzo de 2026, el peligro asociado a su uso se encuentra en su punto más álgido desde la Guerra Fría, en un contexto de tensiones políticas crecientes y de adopción de nuevas medidas para ampliar los arsenales con una capacidad destructiva cada vez mayor. Los últimos datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) muestran una tendencia preocupante: el mundo está entrando en una nueva y peligrosa carrera armamentista nuclear en un momento en que los mecanismos de control de armas están gravemente debilitados. Y tal como alerta el nuevo informe que publican hoy la Alianza por el Desarme Nuclear y el Centre Delàs de Estudios por la Paz, es predecible una escalada armamentística vertical y horizontal.

Por un lado, los estados poseedores de armas nucleares destinan presupuestos considerables, en algunos casos alarmantemente elevados, a programas de modernización de este tipo de armas. Lo cual indica que estos estados quieren fortalecer el papel que juegan estas armas en sus doctrinas militares. Esto conducirá, previsiblemente, a un aumento de sus arsenales: es la proliferación vertical.

Hoy en día, las armas nucleares aumentan su alcance, potencia, precisión, velocidad, capacidad de carga y sigilo. Como referencia, la bomba empleada en Hiroshima —con una potencia de quince kilotones y responsable de la muerte de 140.000 personas— se describiría hoy dentro de los arsenales como un arma nuclear pequeña.

En el mismo sentido, aunque el número total de ojivas nucleares había disminuido tras la Guerra Fría, esa tendencia está llegando a su fin: el desmantelamiento de ojivas (las más antiguas) se frena, mientras se acelera la modernización y el despliegue de nuevas.

China es el país con el crecimiento reciente más acelerado de su arsenal nuclear, pasando de 500 a 600 ojivas en el último año, y se prevé que este número siga aumentando significativamente durante la próxima década. No obstante, se debe relativizar este dato ya que el arsenal chino queda muy por debajo de los arsenales ruso y estadounidense, que cuentan cada uno de ellos con más de 5.000 ojivas.

Por otro lado, representantes de varios estados no poseedores de armamento nuclear han declarado que se están planteando su adquisición, o bien su participación en programas conjuntos con estados que sí poseen estas armas. Si se confirman estas intenciones, habrá mayor número de estados con armas nucleares, lo cual significaría una proliferación horizontal.

Asimismo, los estados que ya poseen armas nucleares, trabajan en incorporar en estas armas tecnologías como la inteligencia artificial o los sistemas autónomos. En este sentido, las autoras de la publicación destacan que las tecnologías emergentes están aumentando significativamente el riesgo de uso de armas nucleares. Los nuevos avances en capacidades cibernéticas ofensivas, inteligencia artificial y tecnologías autónomas están teniendo ya un impacto muy significativo en las acciones militares convencionales (como se está poniendo de manifiesto en los conflictos de Ucrania, Palestina e Irán), y los expertos coinciden en que su implementación generalizada añadiría una capa más de riesgo de uso de los arsenales nucleares.

Las autoras de la nueva publicación “Armas nucleares: el estado de la cuestión” urgen a la clase política a invertir la tendencia actual: para evitar su uso, sea intencionado o involuntario, es imperativo iniciar un proceso de desarme nuclear con el objetivo claro de su completa desaparición. La humanidad no merece vivir permanentemente con el peligro de sufrir las consecuencias de una guerra nuclear que tendría efectos planetarios irreversibles.

Hasta hoy, el Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP) no se ha mostrado un instrumento eficaz para iniciar un proceso real de desarme nuclear. Desde 2021, cuando entró en vigor el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN), aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2017, disponemos de un mecanismo ad hoc para dirigir y completar este proceso de desarme nuclear. Actualmente hay 74 Estados partes, además de otros 25 signatarios. Más de la mitad de los miembros de Naciones Unidas apoyan el Tratado.

“Debemos instar a los gobiernos de aquellos estados que aún no lo han hecho, sean poseedores o no de armas nucleares, a que se adhieran al TPAN. No hay otra alternativa. Las armas nucleares no son una opción, porque no puede serlo cualquier medida que conduzca a la humanidad a un punto irreversible respecto a su propia destrucción. Nunca debe librarse una guerra nuclear, porque una guerra nuclear nunca puede ganarse. Un mundo sin armas nucleares será un mundo incomparablemente más seguro”, concluyen los autores de la publicación.