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¿Fin de la tregua diplomática entre Pekín y Taipei?

Fuentes: Rebelión

La reanudación de relaciones diplomáticas entre China y Gambia desató diatribas y especulaciones de todo tipo en Taiwan. Pekín normalizó las relaciones con Banjul al término de la última gira exterior del presidente Ma Ying-jeou, que le condujo a Guatemala y Belice. Las relaciones entre Gambia y Taiwan permanecían en suspenso desde que se notificó […]

La reanudación de relaciones diplomáticas entre China y Gambia desató diatribas y especulaciones de todo tipo en Taiwan. Pekín normalizó las relaciones con Banjul al término de la última gira exterior del presidente Ma Ying-jeou, que le condujo a Guatemala y Belice. Las relaciones entre Gambia y Taiwan permanecían en suspenso desde que se notificó la ruptura unilateral por parte del primero en 2013. Desde entonces, Pekín había rechazado las reiteradas peticiones del país africano para restablecer los vínculos oficiales. Ahora, un SMS comunicaba a Taipei la noticia, eludiendo usar el teléfono rojo establecido tras la cumbre de Singapur, en noviembre pasado, entre Ma y Xi.

La interpretación más extendida de la decisión continental apunta al lanzamiento de una clara advertencia a la presidenta electa Tsai Ing-wen. Dos meses después de las elecciones del 16 de enero y a otros dos del 20 de Mayo, fecha de la investidura, el primer balance de Pekín no es del todo satisfactorio y probablemente quiere así enviar un mensaje al PDP respecto a las negativas consecuencias de las resistencias a aceptar sus exigencias para mantener la estabilidad en el Estrecho, esto es, el reconocimiento del Consenso de 1992 y del principio de una sola China, renunciando de forma clara y expresa a cualquier ruta independentista.

Tsai ha pedido «buena voluntad y confianza mutua», pero existe una enorme brecha entre lo que de ella espera la sociedad taiwanesa y lo que anhelan las autoridades continentales. El enfriamiento es un hecho.

Taiwan mantiene relaciones diplomáticas con 22 países, de los cuales 6 pertenecen a Oceanía, 6 a América Central, 1 a América Latina, 5 al Caribe y 3 a África, además del Vaticano. Esta primera red de aliados se completa con 41 oficinas de representación comercial y cultural que dan vida a cierto activismo y presencia internacional lastrada por el hecho del no reconocimiento de Naciones Unidas como un estado soberano. Taiwan es un Estado de facto pero no de derecho.

Bien es sabido que la situación de los aliados diplomáticos de Taiwan es precaria, tal como reconoció recientemente el ex ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Ou. Aun así, para Taipei es vital mantener cierto margen de maniobra a nivel internacional. En los últimos años se ha mantenido estable en virtud de la tregua diplomática pactada entre PCCh y KMT, incluso avanzando en su presencia en determinados espacios de la ONU donde no se requiere la condición de Estado para participar contando para ello con el nihil obstat de China. Pero la victoria del PDP cambia el escenario. En la propia África, Santo Tomé y Príncipe, que este año afronta elecciones presidenciales, podría ser el siguiente. Su presidente Pinto da Costa visitó a título privado en junio de 2014 Pekín y Shangai, en teoría para captar inversiones. Le podrían acompañar Swazilandia y Burkina Faso. La posición internacional de Taiwan se vería entonces seriamente socavada.

Durante su campaña, Tsai prometió ensanchar el espacio diplomático de Taiwan pero la condición previa es un entendimiento con China. Todo lo demás es un brindis al sol. Si China chasquea sus dedos, de golpe, más de la mitad de los aliados podrían cambiar de bando.

Fuentes próximas al PDP, quizá adelantándose a un escenario pesimista, se afanan ahora por relativizar la importancia de los aliados toda vez que su escasa influencia internacional -manifestada en las vicisitudes de su apoyo en la ONU, claramente a la baja- le resta utilidad. En términos comerciales son marginales y en lo político poco o nada pueden ayudar a viabilizar los intereses taiwaneses. Las únicas relaciones útiles serían, dicen, las mantenidas con Tokio y Washington pese a su carácter no oficial

Es de esperar que Pekín siga presionando por esta y otras vías (reduciendo las visitas turísticas a Taiwan, por ejemplo, o en materia comercial) o utilizando la palanca de la comunidad empresarial para conminar a Tsai a desoír a los más radicales independentistas de su formación, pero no puede descartarse un efecto rebote contrario al esperado. A fin de cuentas, quienes votaron al PDP sabían lo que hacían y el rechazo a las políticas procontinentales del KMT influyó significativamente en su derrota. Sea como fuere, a corto plazo, no parece probable que la presidenta electa satisfaga los requisitos exigidos por el PCCh.

En una reciente entrevista concedida a la CNN, el presidente saliente Ma Ying-jeou reconoció que tanto él como el presidente Xi son conscientes de que no existen condiciones políticas para la unificación. Xi, no obstante, al referirse a Taiwan en anteriores ocasiones, ha lanzado no pocas advertencias sobre las graves consecuencias del alejamiento de la isla de la senda marcada por el continente. En el Foro Boao, el representante taiwanés Vincent Siew reclamó a Li Keqiang la separación de «política y economía», pero nada es más irreal a día de hoy. China podría aceptar otra velocidad pero no un cambio de dirección.

El restablecimiento de relaciones China-Gambia es un claro y primer aviso. Si Tsai no tiene en cuenta los intereses de Pekín en su discurso de investidura el próximo 20 de Mayo, podría desencadenar otras «sanciones», incluida la suspensión de los cauces de negociación existentes. Pekín reclama a Tsai un claro gesto de acercamiento a sus tesis.

Podemos relativizar el dato asumiendo que técnicamente no se ha roto la tregua no oficial puesto que Gambia ya no era aliado de Taiwan. Las propias autoridades continentales aseguran que las políticas principales siguen vigentes y «nunca se alterarán con los cambios de la situación política en Taiwan», pero todo ello siempre queda supeditado a la aceptación de los postulados esenciales.

La advertencia es contundente y aboca a Tsai a un ejercicio de aproximación a China aun a riesgo de distanciarse de su propia base social. Congraciarse con el statu quo o reconocer la existencia «histórica» del Consenso de 1992 no es suficiente para Pekín.

La decisión de Gambia implica que, por el momento, China no tiene intención de socavar activamente las relaciones diplomáticas de Taiwan sino solo demostrar que nada le resultaría más fácil que su colapso.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.